Todo el mundo está ya de acuerdo (¡lo que les ha costado reconocerlo!) en que el fraude en las elecciones afganas a favor del actual presidente, Karzai, ha sido masivo. Aunque habría que añadir que los resultados electorales proclamados ahora no son sino el resultado de duras negociaciones de Karzai con los enviados de las principales potencias occidentales. Siguen sin tener nada que ver con la voluntad del pueblo afgano. El ex-enviado de la UE en aquel país dice que no cree que la comunidad internacional pensara por un instante que no iba a a producirse tal fraude. Algo muy compartido por mucha gente.
Así que, después de 8 años de invasión, resulta que al presidente que se ha estado apoyando, cuyas relaciones familiares con la corrupción y el tráfico de drogas eran ya un secreto a voces, un tramposo compulsivo que en cualquier país democrático tendría que retirarse de la política por haber organizado semejante fraude, se le pretende legitimar en una segunda vuelta electoral. ¿Alguien puede pensar que, como se dice ahora,el problema ha sido la presencia de 200 agentes electorales corruptos?.
¿Dónde quedan las mentiras que justificaban la ocupación?. Nadie puede creer ya que se invadía Afganistán para impulsar la democracia, los derechos de las mujeres o el bienestar de la población después de este panorama electoral, de que Afganistán esté en el lugar 181 de 182 en el Informe sobre el Desarrollo Humano 2009 de la onU, de que según ese mismo informe de 2007, la violencia contra las mujeres haya alcanzado "proporciones endémicas" o de que según Amnistía internacional "el pueblo afgano sigue sufriendo una mala gobernanza, una corrupción endémica, un sistema de justicia débil e inútil y una ausencia de respeto por los derechos humanos y el Estado de derecho".
En 2009 las víctimas directamente ligadas a los combates son ya mayores que en todo el año 2008. Del dinero que supuestamente va para "ayuda", o "reconstrucción", no llega a esos fines ni el 40%, quedándose en su mayor parte en gastos militares y en pago de corrupciones. Quienes se están beneficiando de la masacre afgana son las grandes empresas que van detrás de los ejércitos y las empresas privadas de seguridad. La única producción que va viento en popa es la de opio.
Los objetivos de la guerra eran coloniales. Estados Unidos y sus aliados querían dominar un país situado en una región estratégicamenteclave. Y los ejércitos que están realizando la ocupación no pueden designarse sino como ejércitos coloniales.
El nuevo premio Nobel de la Paz, Barak Obama, que desde marzo ha duplicado el número de soldados norteamericanos en Afganistán, está pensando que estrategia utilizar. Y a la cabeza de quienes le dan consejo (o mejor, le presionan) se ha situado un militar, el jefe del ejército en Afganistán, que le pide 40.000 soldados más. Como siempre en las guerras, los que toman cada vez más protagonismo son los jefes militares.
El gobierno Zapatero, que busca desesperadamente compensar los desencuentros con los Estados Unidos en el caso de Irak y Kosovo, se está implicando totalmente con su admirado amigo americano. En unas semanas rondarán los 1700 efectivos militares españoles en Afganistán (700 de ellos de forma temporal ligada a las elecciones). Es el mayor contingente del ejército español en el extranjero. Además, Zapatero ha prometido a Obama una participación de la Guardia Civil en la construcción de unas fuerzas de seguridad afganas. No hay ningún límite a la presencia de tropas españolas en aquel país.
¿Qué pinta el ejército español en Afganistán?. "Si no se está en Afganistán, no se puede estar en el G20".El estado español pretende estar en los foros de las grandes potencias del Norte. Quiere ser un aliado respetado de los Estados Unidos. Eso tiene un precio. Y lamentablemente el gobierno "socialista" está dispuesto a pagarlo a costa de los derechos de las poblaciones del Sur.
Y no solo. La presencia de tropas españolas en una guerra a miles de kilómetros de la península, no solo significa un derroche de dinero que vendría mucho mejor, sobre todo en tiempos de crisis, para atender necesidades sociales sino que, como siempre ha ocurrido, dicha presencia militar no hará sino reforzar las tendencias más antidemocráticas en el estado español, el chauvinismo hispano, el papel del ejército, los héroes militares... Las guerras coloniales en la historia de España siempre las han acabado pagando los trabajadores y los pueblos oprimidos de la península.
Los ejércitos extranjeros no son la solución. Ocho años lo demuestran. La solución está en la propia sociedad afgana. Las tropas españolas, la OTAN y los EEUU deben salir inmediatamente de Afganistán. La sociedad tiene que reclamarlo movilizándose. Ya es hora de salir del letargo en el que nos encontramos. Zapatero, marchándose de Irak, no hizo sino responder a la demanda de millones de personas en la calle. La sociedad debe volver a movilizarse para que se vaya de Afganistán, para que rompa su alianza con la OTAN. En esa línea estamos trabajando en Iruñea, y en otros puntos de Euskal Herria y del estado. Probablemente pronto, la última semana de noviembre, empecemos a ver un primer despertar ciudadano.
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