Hasta en los más pequeños municipios, los alcaldes son elegidos por la población presentándosecon un proyecto. ¡Pero, no en Europa! El que se denominará a partir de ahora Presidente de Europa ha salido de la sombra, de una sala acolchada del Consejo Europeo de Bruselas, tras múltiples negociaciones de pasillo, de combinaciones diversas, de nombres cuchicheados al oído. Nunca ha expuesto públicamente su visión de la Europa del mañana, sus propuestas para salir de la crisis, menos todavía ha esbozadolas condiciones de una nueva solidaridad entre los pueblos europeos. Entre esta gente, ¡la consanguinidad domina! A cubierto de las miradas de los pueblos, los poderosos se cooptan entre ellos asegurándose evidentemente que el elegido no haga sombra a sus iguales. ¡Qué espectáculo tan desolador! ¡Qué ejemplo más clarificador del antidemocratismo europeo!
A pesar de que los promotores del Tratado de Lisboa no han cesado de explicar desde hace cinco años que lo novedoso e importante de este texto residía en las instituciones nuevas que iba a crear. Pues bien el primer acto de la puesta en práctica del Tratado hace estallar a la vista de todos, las contradicciones que genera su criatura ultraliberal. Son, de hecho, las contradicciones intercapitalistas e intraeuropeas las que estallan a plena luz.
Y ahora se nos da la lata con críticas sobre la personalidad de loselegidos,el señor Van Rompuy, presidente y la señora baronesa Ashton ministra de Asuntos Exteriores.Para mejor enmascarar los problemas de fondo a los que están confrontados los pueblos europeos. Europa, no puede ser una máquina de fabricar competitividad de todos contra todos, de organizar vuelos charter comunes para expulsar afganos o de establecer registros y ficheros policiales.
Al contrario, el futuro de una Europa eficaz pasa por un gran proyecto social, democrático, solidario, pacifico, ecológico. Si los dirigentes europeos sólo se plantearan el objetivo limitadode armonizar la fiscalidad y los niveles sociales al alza, ya darían un gran paso hacia una nueva solidaridad europea.
Pero constatamos con claridad quedesde el presidente del Parlamento Europeo al presidente del Consejo Europeo, del presidente de la Comisión Europea a la Alta representante de asuntos “exteriores”, es el ultraliberalismo y el militarismo a todos los niveles.El presidente del Consejo será el concienzudoejecutor de los dogmas del Tratado de Lisboa al dictado de sus iguales. La Alta Representante de Asuntos exteriores dispone de un gran poder. Vicepresidenta de la Comisión Europea, presidirá el importante Consejo de ministros de Asuntos exteriores y, sobre todo, dirigirá el nuevo “servicio europeo de acción exterior”, dotado de 6.000 funcionarios. Su papel será presionar a los Estados “para mejorar progresivamente sucapacidad militar” y llevará a cabo su acción internacional en el marco de la OTAN, como estipula el Tratado de Lisboa.
¡Éste es el fondo de lacuestión!Sin embargo es urgente buscar vías de paz en Irak, en Afganistán y en Oriente Próximo,ir al desarme, promover la cooperación y el codesarrollo para salir del hambre y para que la cumbre de Copenhague impulse un nuevo desarrollo humano sostenible.
Por una Europa social, solidaria, ecológica, democrática, pacífica, no podemos rendirnos ni bajar la guardia.
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