La suma de acontecimientos que vienen sucediéndose en la Comunidad Foral los últimos dos meses, son reflejo de la situación convulsa que vivimos en Euskal Herria: el Gobierno español ha detenido a 21 personas, ha permitido que se torturara a 17,  ha prohibido más de 20 movilizaciones, ha ilegalizado 3 organizaciones políticas y sociales, 7 personas han sido hospitalizadas; Nafarroa ha alcanzado una cifra record de prisioner@s polític@s; ETA por su parte, ha mantenido actividad armada con atentados como el realizado en contra de la Universidad de Navarra; las diferentes formaciones políticas realizan movimientos de calado y se posicionan ante el nuevo escenario.
Sin duda, la trascendencia de estos movimientos en Navarra, está estrechamente ligada al papel determinante de este herrialde en el conflicto político y armado.
Vivimos
momentos de cambio. Una etapa trascendental en el devenir de los próximos años. Las bases que se asienten estos meses serán las que configuren el futuro cercano de nuestro país. Es por ello que todos y cada uno de los agentes de la escena política intentan reubicarse de la mejor manera posible.
El
bloque españolista pretende perpetuar el modelo actual. Un marco jurídico que mantenga encorsetada la capacidad de decisión de la ciudadanía navarra, asegurando de esta manera la unidad territorial española. Todos y cada uno de los movimientos de los últimos meses – no cambio de gobierno capitaneado por el PSN en el verano del 2007, acuerdos estratégicos entre UPN y el PSN en materia presupuestaria y de inversión, ruptura del pacto UPN-PP –, todos, inciden en un mismo camino; blindar el modelo político jurídico que supedita Navarra a España.
El capítulo de la ruptura sólo se puede entender desde una óptica de reubicación de la línea política de UPN, incidiendo nuevamente en la vertiente navarrista. “La política del PP impide que nosotros ganemos espacio por el centro” declaraba Miguel Sanz el pasado domingo 2 de noviembre en una entrevista concedida al periódico español ABC (justo el mismo día en que 10 cargos de UPN abandonaban públicamente UPN para pasar a integrar el refundado Partido Popular de Navarra). Clarificadora revelación: UPN debe volcarse en agrupar los sectores de centro derecha navarros, para reconducir un más que evidente descontento y una posible fuga a PSN en las elecciones de 2011. La derecha en Navarra renueva discurso y práctica política, pero no lo olvidemos, juntos o por separado, con un objetivo común: mantener la indivisible unidad territorial española.
NaBai intenta adaptarse al nuevo escenario de pacto entre UPN y PSN. Ha dejado de ser un agente necesario para la configuración de un Gobierno alternativo al de la derecha. Su presencia en el escenario que se avecina pierde peso y sus expectativas de futuro pasan por demostrar su capacidad para realizar una oposición diametralmente opuesta a la realizada hasta ahora. Su doble razón de ser (marginar y vaciar de votos a la izquierda abertzale, y alcanzar cotas de gestión en el gobierno de Navarra), clarifica el escenario actual.
La izquierda abertzale ha mantenido viva la ilusión por una Euskal Herria independiente y socialista en el espectro abertzale y de izquierdas navarro, impidiendo que el pragmatismo reformista de la coalición se convirtiera en la fuente de alimentación exclusiva de estos sectores. Sus ansias de poder (llegando a vaciar de contenido su de por sí escasa base programática en las negociaciones por alcanzar un acuerdo con el PSN, en el post-electoral verano de 2007) y el reparto de un pastel cada vez más lejano, son el pegamento de sectores con características antagónicas (por lo menos en su ideario fundacional). Actualmente, las luchas de poder internas y el futuro orgánico de la coalición, mantienen sumergida en un debate a la dirección de la coalición. Crecen la preocupación por el futuro cercano de la coalición y las comprensibles dudas por el futuro de cada uno de los agentes políticos que la componen.
La
izquierda abertzale insiste en la necesidad de alcanzar un escenario democrático en el que todos los proyectos puedan ser defendidos en igualdad de condiciones, y en ausencia de violencia. Vive momentos de extrema dureza por el cúmulo de agresiones judiciales y policiales que padece. Pero afronta el futuro con convicción y determinación en la consecución de ese escenario.
Los acontecimientos de las últimas semanas son fiel reflejo de la existencia de un conflicto político y armado, y de la centralidad de Navarra en el mismo. El Gobierno de España y el Gobierno españolista de Navarra, saben que la izquierda abertzale mantiene su compromiso con el cambio. Que somos un movimiento insobornable. Son conscientes a su vez de las posibilidades reales de resolución del conflicto formuladas durante el proceso de negociación y del enganche social que estas tesis tuvieron y podrían tener en un futuro en la sociedad navarra. Y perciben con preocupación la solidez ideológica de las tesis de la izquierda abertzale. De esta manera, la represión pretende amedrentar y colapsar la iniciativa política de la izquierda abertzale, consciente el Estado Español de una cuestión: Navarra es parte indispensable de la resolución del conflicto político y armado.
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