Occidente, con su materialismo, se ha comido al mundo, pero le está siendo imposible digerirlo. Por tanto, se está convirtiendo en un organismo cada vez más enfermo, tanto por su exceso de materialismo como por su glotonería.
Basado en conceptos como el de finitud y realidad limitada a la experiencia sensorial y mental ya superados por la física cuántica y la teoría de la relatividad, no es tarea fácil explicar en un artículo por qué el pensamiento materialista ha llegado a ser un pensamiento filosófico con diversas ramas y un paradigma científico, todos  contestados por parte de la Física cuántica, la mística moderna y los experimentos de psicología transpersonal. Y mientras estos movimientos se abren paso, el materialismo subsiste como sistema económico y   como método de análisis histórico;   se convierte en conductismo psicológico, en pragmatismo político, en religión institucional con sus múltiples Iglesias y formas de culto y en horizonte existencial de muchas vidas. También, en verdugo. Es una hidra de mil cabezas.
Tampoco es fácil agotar los argumentos acerca del por qué de este modo de pensar y de organizarnos en contra de las leyes de la vida y de las leyes del Cosmos, ni de cómo todo esto nos conduce al desastre, por más que esto último va siendo cada vez más evidente para las gentes de nuestra generación.
Ahora bien, si algo resulta fuera de toda duda es que nos hallamos inmersos en un tipo de civilización donde el Becerro de Oro ha terminado por triunfar.
Si consideramos el lado espiritual de la vida, que nos afirma como seres de energía y por tanto inmortales, a lo largo de un proceso de miles de millones de años ha ido adquiriendo forma y ramificando sus aspectos lo que en un principio, fue un acto de rebelión contra Dios en los planos elevados en que nos hallábamos como seres puros con nuestro nivel de energia intacto. Dirigida por espíritus dotados de tanto poder que consiguieron atraer hacia sí a muchos otros, la mayoría inmensa de los seres devenidos posteriormente a humanos fuimos convencidos de que era posible un Universo paralelo al divino, dotado de leyes propias y opuestas a las del Creador. Eso debería conducir a la destrucción de Su Obra. Se pretendía conseguir que los átomos espirituales de todo lo creado giraran en sentido inverso para modificar así por completo la estructura de la Creación y disolverla en el éter original con el fin de tener un nuevo tipo de Creación con un poder compartido con Dios por los inductores y cabecillas del proceso. Ser como Dios e ir en Su contra es ,pues, un sueño al que los poderosos de este mundo y quienes les sirven no han renunciado. Basta mirar sus hinchados egos en las pantallas, sus idas y venidas y sus bailes de salón en salón de reuniones y conferencias exhibiendo sus narcisistas carátulas. Todos ellos son ambiciosos y enemigos de la paz.
Ese pensamiento, el pensamiento de la Caída, nacido de la no aceptación de la Ley del amor altruista, del emitir y recibir desinteresado por parte de determinadas altas jerarquías espirituales y sus seguidores, fue, por tanto, una rebelión contra el Uno o Espíritu Santo, que conduciría inevitablemente a la división y separación.
Esta fragmentación de la totalidad en partes alejadas entre sí que pretenden explicar el Todo desde su pequeña parcela irrisoria, la veríamos crecer a lo largo de la Historia potenciada por un sector de los rebeldes que- al contrario que algunos de los primeros en levantarse- nunca se arrepintió y tomó el Planeta Tierra como base de operaciones. Por eso es fácil encontrar la fragmentación de todo, cualquiera que sea el campo de actividades humanas que observemos. Este hecho ha marcado la historia de la humanidad de tal manera que hasta premios Nóbel deFísica comoDavid Bohm, siquiatras, como Stanislav Grof, y muchos otros investigadores consideran la fragmentación-que conduce a la división de la conciencia y al conflicto-  como   un importante obstáculo para la evolución en todos  los   aspectos. No es posible, se concluye por todos ellos, integrarse en la Totalidad (no pensar en ella como idea, no como un acto mental, sino como algo vivencial) sin superar la fragmentación. La fragmentación es sentimiento de separación de la conciencia personal con respecto al conjunto; de uno con respecto a otro, y finalmente contra toda ley cósmica. Ello hace posible el cainismo en todas sus versiones, que es potenciado diariamente mediante políticas de agresión, separación entre seres humanos y guerras continuas. Su lema es siempre el lema de todo lo satánico: ata, separa y domina. Esta es la base de la política mundial, de la economía , las religiones institucionales y de la mayor parte de las relaciones entre grupos con intereses propios que pretenden ventajas a costa de otros y vivir precisamente de la cosecha de energía negativa que siembran en nosotros. Tal cosa es posible por la credulidad general a los poderosos, a su cultura y a sus iglesias, que pasan a controlarnos precisamente por nuestra aportación de energía desde nuestro rechazo al semejante y a la unidad cósmica, a la naturaleza y al reino animal… hasta el punto de hallarnos sumidos en este dramático cambio climático.
Es de este modo, muy abreviadamente expuesto, cómo la rebelión en los mundos superiores de la energía cósmica a la que pertenecemos como parte inseparable, nos condujo a la fragmentación, a la división, al materialismo, y con él a más divisiones, enfrentamientos, expolios y destrucción.
La cultura de la muerte, la pasividad, la sumisión y el pensamiento cautivo ha tomado cuerpo en este mundo contra la cultura de la vida, la libertad, la hermandad y la justicia. Por estas y por otras razones muchos nos rebelamos contra este Sistema. Por suerte, caerá, pero la velocidad de su caída es directamente proporcional al empuje de nuestras conciencias personales. Digo de nuestras conciencias, no de nuestros fusiles de asalto. Cada uno es libre de creer en lo que quiera, pero el ejemplo de procesos como en Bolivia, Venezuela, Ecuador o Nicaragua evidencia que los pueblos toman conciencia de que es posible una revolución social pacífica, cuya fragilidad, y lo mismo su fuerza, van a depender del mencionado empuje de las conciencias de todos por la unidad y contra la fragmentación en cualquier aspecto. La lucha por la unidad es la lucha por el futuro de la humanidad. Todo proceso en su contra es un proceso contra las leyes de la vida, del Cosmos y de Dios. Sus enemigos lo saben y no cesan de intentar dividirnos a unos contra otros para someternos a su antojo. Dejarnos o no es nuestra decisión y nuestra responsabilidad.
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#1.- Algunos sí lo llevamos a la práctica.
ana|07-11-2009 13:08
muy interesante y es lo que yo vengo a pensar.  Realmente he conocido muy poca gente que ponga en práctica esta forma de vida justa con el mundo, la inmensa mayoría habla pero no la aplica. No se paran a pensar, miran al vecino y no dentro de ellos.....¿ceguera escogida voluntariamente quizás? en fin, ahí queda mi reflexión, espero que la monja forcades que tanto acapara últimamente estos medios se la empiece a aplicar en su persona.
por experiencia.
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#3.- A propósito de la monja Forcades
08-11-2009 18:19
Me ha gustado mucho la denuncia que hace en su vídeo sobre la vacuna de la gripe.De no ser monja y estar sujeta a la autoridad de superiores que a su vez obedecen al Papa, tal vez hubiese denunciado la actitud del Vaticano,que se ha molestado por estas declaraciones y se lo ha hecho saber.Como siempre, el Papa se muestra   amigo de la verdad y del lado de los pueblos.¿Tendrá la Iglesia acciones en este negocio de las vacunas? No sería de extrañar.
Por lo demás, y volviendo al contenido del vídeo, es suficientemente esclarecedor y hay que estar preparados para todo.Este sería un buen motivo para organizar la   desobediencia civil  general en caso de que se hiciera obligatoria la vacuna.
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