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Mujeres de maíz
Hay que reivindicar el papel de las campesinas en la producción agrícola y alimentaria y reconocer el papel de las “mujeres de maíz”, aquellas que trabajan la tierra.
Esther Vivas | 7-9-2010 a las 17:18 | 1030 lecturas | 3 comentarios
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En los países del Sur, las mujeres son las principales productoras de comida, las encargadas de trabajar la tierra, mantener las semillas, recolectar los frutos, conseguir agua...... Entre un 60 y un 80% de la  producción de alimentos en estos países recae en las mujeres, un 50% a nivel mundial. Éstas son las principales productoras de cultivos básicos como el arroz, el trigo y el maíz, que alimentan a las poblaciones más empobrecidas del Sur global. Pero a pesar de su papel clave en la agricultura y en la alimentación, ellas son, junto a los niños y niñas, las más afectadas por el hambre.

Las mujeres campesinas se han responsabilizado, durante siglos,  de las tareas domésticas, del cuidado de las personas, de la alimentación de sus familias, del cultivo para el auto-consumo y la comercialización de algunos excedentes de sus huertas, cargando con el trabajo reproductivo, productivo y comunitario, y ocupando una esfera privada e invisible.  En cambio, las principales transacciones económicas agrícolas han estado, tradicionalmente, llevadas a cabo por los hombres, en las ferias, con la compra y venta de animales, la comercialización de grandes cantidades de cereales... ocupando la esfera pública campesina.

Esta división de roles asigna a las mujeres el cuidado de la casa, de la salud, de la educación y de sus familias y otorga a los hombres el manejo de la tierra y de la maquinaria, en definitiva de la “técnica”, y mantiene intactos los papeles asignados como masculinos y femeninos, y que durante siglos, y aún hoy, perduran en nuestras sociedades

Sin embargo, en muchas regiones del Sur global, en América Latina, África subsahariana y sur de Asia, existe una notable “feminización” del trabajo agrícola asalariado. Entre 1994 y 2000, las mujeres ocuparon un 83% de los nuevos empleos en el sector de la exportación agrícola no tradicional. Pero esta dinámica va acompañada de una marcada división de género: en las plantaciones las mujeres realizan las tareas no cualificadas, como la recogida y el empaquetado, mientras que los hombres llevan a cabo la cosecha y la plantación.

Esta incorporación de la mujer al ámbito laboral remunerado implica una doble carga de trabajo para las mujeres, quienes siguen llevando a cabo el cuidado de sus familiares a la vez que trabajan para obtener ingresos, mayoritariamente, en empleos precarios. Éstas cuentan con unas condiciones laborales peores que las de sus compañeros recibiendo una remuneración económica inferior por las mismas tareas y teniendo que trabajar más tiempo para percibir los mismos ingresos

Otra dificultad es el acceso a la tierra. En varios países del Sur, las leyes les prohíben este derecho y en aquellos donde legalmente lo tienen las tradiciones y las prácticas les impiden disponer de ellas. Pero esta problemática no sólo se da en el Sur global. En Europa, muchas campesinas no tienen reconocidos sus derechos, ya que a pesar de trabajar en las explotaciones, igual que sus compañeros, la titularidad de la finca, el pago de la seguridad social, etc. lo tienen, habitualmente, los hombres. En consecuencia, las mujeres, llegada la hora de la jubilación, no cuentan con pensión alguna, no tienen derechos a ayudas, cuotas, etc.

El hundimiento del campo en los países del Sur y la intensificación de la migración hacia las ciudades ha provocado un proceso de “descampesinización”. Las mujeres son un componente esencial de estos flujos migratorios, nacionales e internacionales, que provocan la desarticulación y el abandono de las familias, de la tierra y de los procesos de producción, a la vez que aumentan la carga familiar y comunitaria de las mujeres que se quedan. En Europa, Estados Unidos, Canadá... las mujeres migrantes, acaban asumiendo trabajos que años atrás realizaban las mujeres autóctonas, reproduciendo una espiral de opresión, carga e invisibilización de los cuidados y externalizando sus costes sociales y económicos a las comunidades de origen de las mujeres migrantes.

La incapacidad para resolver la actual crisis de los cuidados en los países occidentales, fruto de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, el envejecimiento de la población y la nula respuesta por parte del Estado a estas necesidades, conlleva la importación masiva de mano de obra femenina de los países del Sur global, destinada al trabajo doméstico y de cuidado remunerado.

Frente a este modelo agrícola neoliberal, intensivo e insostenible, que se ha demostrado totalmente incapaz de satisfacer las necesidades alimentarias de las personas y el respeto a la naturaleza, y que es especialmente virulento con las mujeres, se plantea el paradigma alternativo de la soberanía alimentaria. Se trata de recuperar nuestro derecho a decidir sobre qué, cómo y dónde se produce aquello que comemos; que la tierra, el agua, las semillas estén en manos de las y los campesinos; de combatir el monopolio a lo largo de la cadena agroalimentaria.

Y es necesario que esta soberanía alimentaria sea profundamente feminista e internacionalista, ya que su consecución sólo será posible a partir de la plena igualdad entre hombres y mujeres y el libre acceso a los medios de producción, distribución y consumo de alimentos, así como a partir de la solidaridad entre los pueblos, lejos de las proclamas chovinistas de “primero lo nuestro”.

Hay que reivindicar el papel de las campesinas en la producción agrícola y alimentaria y reconocer el papel de las “mujeres de maíz”, aquellas que trabajan la tierra. Hacer visible, lo invisible. Y promover alianzas entre mujeres rurales y urbanas, del Norte y del Sur. Globalizar las resistencias... en femenino.


http://esthervivas.wordpress.com
 
 
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Comentarios (3)

#3.- Vaya, vaya...

07-09-2010 22:03

Oye troskos, ¿Los de las censuras y las purgas de opiniones no éramos los "estalos"?

Valoración: -11    |  Avisar provocación

#4

Sarsamarcuello|07-09-2010 22:43

Esther, me temo que esó de que la mujer está recluida en la esfera privada en el sur global es in cliché a deconstruir. La idea de que la mujer en el sur soporta una división sexual del trabajo igual a la de nuestras abuelas s una proyección absurda y en parte colonialista. 

No se puede generalizar, pero las mujeres en el Africa Negra no solo cultivan si no que vende directamente los excedentes en los mercados, como bien dices, que no debemos olvidar son el lugar público por excelencia del continente Negro.

El empobrecimiento de las mujeres no solo es efecto de los patriarcados locales y del robo al campesinado por parte del capital... Las colonizaciones hna tenido un componente patriarcalizante muy fuerte y muy desconocido. El trabajo capitalista asalariado no solo erradica el trabajo, la socialización y la economía comunitaria, si no que también exige una mayor división sexual del trabajo, fuerza a la transición de la familia extensa a la nuclear, a la fijación de la mujer en el hogar y el trabajo reproductivo. Los procesos "colonizadores", desde la conquista de america, hasta el canadá, los imperios coloniales en áfricaen el S.XIX buscaron homologar los patriarcados locales al patriarcado capitalista europeo y hay casos documentados en los que los europeos implementaron el patriarcado en sociedades extraordinariamente más igualitarias que lo que pueda ser la nuestra (Sobre los Montagnais-Naskapi, vease Eleanor Leacock Mitos de la dominación masculina.)

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#6

08-09-2010 04:10

No borréis el comentario nº 1, porque demuestra a la perfección de qué tipo de gentes provienen ´los rebuznos en internet y los rumores sobre Izquierda Anticapitalista.

Unos trabajan, piensan y crecen, mientras que los otros se enfadan desde la cuneta.

Agur!!

Valoración: 4    |  Avisar provocación

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