1. INTRODUCCIÓN
Crisis financiera, crisis económica, crisis social. El nuevo siglo empieza con uno de los mayores retos que la historia contemporánea ha conocido. En agosto de 2007 se empezaba a evidenciar que los problemas en el sector inmobiliario estadounidense iban a repercutir a las economías de todo el mundo, y así fue; en otoño de 2008 las bolsas de las grandes potencias iniciaban una caída en picado hasta mínimos históricos. Esta situación ha llegado a tal punto que en España ya se registra un 8% e parados, más de cuatro millones de personas. Sin embargo, ¿la problemática actual se reduce a un desbarajuste en un sector concreto de la economía? No. nalistas de todo el globo coinciden en que el sistema capitalista falla, y que las écadas de opulencia habían cegado a avariciosos personajes que ahora piden ayuda a las arcas del estado. Por ello, las calles de grandes ciudades empiezan a abarrotarse de personas que piden un cambio, ya que muchas de esas vidas rozan el límite de la desesperación. Uno de los movimientos que más visible se ha hecho en los últimos meses es el de masas de estudiantes protestando en distintos puntos de Europa por las inminentes reformas universitarias que los gobiernos de sus países están impulsando. Pero, ¿qué relación guarda la crisis económica con el movimiento estudiantil? En esta investigación se trabajará bajo la hipótesis de que en realidad las reivindicaciones de los universitarios no son por una ley concreta, ino que son protestas contra un modo de producir conocimiento al estilo neoliberal.
Dicho de otro modo, el fracaso de las economías ha producido una situación de malestar generalizado que ha despertado las conciencias de los estudiantes para luchar en contra de una reforma, que a pesar de que empezó hace ya diez años, sigue los patrones de la doctrina que ahora vierte a la sociedad global al
dramatismo.
Aludiendo a argumentos de estudiantes e intelectuales, analizando artículos de prensa y recurriendo a teorías clásicas de los movimientos sociales, la intención de este trabajo es demostrar que las reivindicaciones de los estudiantes en contra del Espacio Europeo de Educación Superior es, en realidad, una lucha antisistémica surgida de un contexto de desazón generalizada. Por ello, en primer lugar se analizaran los antecedentes históricos que relacionan el movimiento estudiantil con las crisis económicas, y posteriormente explicaremos la lógica del porqué ha sido este colectivo uno de los más activos en el contexto actual, poniendo el acento en el caso español y catalán.
 
2. ANTECEDENTES
Acabado el período de guerras de inicios del siglo XX y entrada la fase del capitalismo de Bienestar, la clase obrera, el movimiento social clásico por excelencia, se había transformado para cambiar de forma contundente su rol en la sociedad. Ahora las necesidades básicas estaban cubiertas gracias a los sistemas de protección estatales, y el incremento de la calidad de vida permitía que pequeños lujos estuvieran al alcance de todos, como poseer un coche o enviar un hijo a la universidad. A pesar de que no se vivía en situación de igualdad y justicia completa, los cambios estructurales que trajo el Estado de Bienestar desmovilizó y acomodó a las clases obreras. La época en que las reivindicaciones se dirigían a las condiciones materiales de los obreros había terminado, y las nuevas protestas que surgieron posteriormente se centrarían en nuevos valores nunca antes propugnados.
Sin embargo, todos estos cambios en el sistema supusieron su propia destrucción. Al gasto estatal que suponía la educación pública, el sistema de pensiones por el incremento de la esperanza de vida y la obra pública, se le añadió la crisis del petróleo y la incorporación de nuevas tecnologías en las industrias. Esto implicó dejar en la calle a muchas familias sin trabajo que al mismo tiempo pedían sus ubsidios de paro. Consecuentemente, los Estados se vieron sometidos a una gran presión fiscal que difícilmente podían asumir y se vieron forzados a incorporar nuevas medidas.
Con la llegada de la década de 1970 y el fracaso de los Estados de Bienestar, a política económica mundial dio un giro hacia el capitalismo neoliberal propugnado por Friedman y sus seguidores, tales como Thatcher, Regan o Bush padre, que criticaban el modelo intervencionista de Bienestar y lo culpaban de la crisis. Este cambio supuso la aplicación de nuevas medidas encaradas hacia la liberalización del mercado y a la no intervención estatal en los asuntos económicos. Así pues, todos los bienes y servicios disponibles en la sociedad debían estar regidos por las leyes de la oferta y la demanda. Los gobiernos debían ser agentes del pueblo y no un distribuidor de favores y beneficios que se entrometía en la vida de las personas  DeLong, 2008). Este modo de producir vio su momento de máxima expansión con la caída del bloque soviético en 1989, y se propagó por todo el planeta (a excepción de algunos países que se resistieron al cambio como China). De este modo, la oportunidad de convertir los viejo sistemas comunistas en modelos socialdemócratas fue frustrada por el gran auge de las ideas liberales (Hobsbawm, 1978).
 
Sin embargo, este modelo económico que se veía venir en la década de 1960 fue el motivo principal de las revueltas estudiantiles de finales de 1960 e inicios de 1970. El hecho proviene de que las universidades habían evolucionado hasta el punto de concentrar toda la vida intelectual. Todo aquel que tenia interés por la vida erudita ingresaba en la vida académica abandonando las comunidades de culto a las que anteriormente pertenecían (Chomsky, 1973). La masa crítica obrera había pasado a un segundo plano y ahora los estudiantes tomaban las riendas de la acción colectiva. Sin embargo, estos jóvenes, como los que ahora se movilizan, no estaban emprendiendo una revolución social ,sino más bien una revolución cultural, tal y como mantienen algunos autores como Eric Hobsbawm o Paul Ricoeur, que al
respecto del mayo del 1968 dice: Los signos son ahora elocuentes. El Occidente ha iniciado una revolución cultural que es la suya propia, la revolución de las sociedades industriales avanzadas, aunque se haga eco o se tome elementos prestados de la revolución china. Es una revolución cultural porque pone en cuestión la visión del mundo, la condición de vida que subyace de las relaciones humanas. Esta
revolución ataca el capitalismo, no sólo porque es incapaz de implantar justicia social, sino también porque consigue demasiado bien engañar a los seres humanos con su estrategia inhumana a un bienestar cuantitativo. Ataca la burocracia no sólo porque es onerosa e inefectiva, sino porque coloca a los hombres en una situación de esclavos respecto a la totalidad de los poderes, de las estructuras y de las relaciones jerárquicas, respecto a las cuales han quedado alienados. Finalmente, ataca el nihilismo de una sociedad que, igual que un tejido cancerosos, no tiene ningún fin más allá de su propio crecimiento. Ala ser confrontada con una sociedad sin sentido, esta revolución cultural trata de hallar el camino que lleva a la creación de bienes, de ideas, de valores, en relación con sus fines. La empresa es gigantesca;
requerirá años, décadas, un siglo entero...(Chomsky, 1973).
El movimiento era de cariz internacional, ya que había estallado de forma simultánea en distintos puntos del planeta como la Universidad de Columbia, París, Ciudad de Méjico, Praga e Italia. A pesar de todo, la movilizaciones no lograron su objetivo de replantear la sociedad a la que el mundo se precipitaba. Ismael Serrano en su canción sobre el mayo francés lo expresaba así: que tras tanta barricada, y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, al final de la partida no pudisteis hacer nada, y bajo los adoquines no había arena de playa1. Así pues, a partir de aquel momento se inició una etapa de consumo desesperado, acumulación de capital y flexibilización del mundo laboral que ha provocando desigualdades entre estratos sociales y países de todo el planeta. No obstante, la crisis económica actual ha puesto de manifiesto que, lo en ese momento parecía abundancia de riqueza era una sobreestimación del sistema.
 
Un sistema que fuera de estar autorregulado, está manipulado por grandes corporaciones, bancos y organismos supranacionales. Todo ello ha provocado una oleada de movilizaciones que aún podrían no haber llegado a su punto más álgido. En este contexto entra el movimiento estudiantil actual que, al igual que apareció en a finales de 1960 con la crisis de los Estados de Bienestar y la crisis del petróleo, ahora se manifiesta en la nueva crisis. Giovanni Arrighi en su libro Movimientos Antisistémicos sostiene que la llama del 1968 aún no se ha apagado y que perdura el espíritu de querer alterar el equilibrio de poder en el sistema social mundial a favor de los grupos subordinados. Podría ser que la reciente movilización estudiantil sea una segunda parte de aquel movimiento que quedó inacabado, y que ahora, aprovechando el contexto de deslegitimación del sistema capitalista, estén dando el pistoletazo de salida a una revolución hacia el cambio social.
 
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