En pro de un “salto cualitativo” en la criminalidad
Su misión es producir en salto cualitativo en la capacidad de ejercicio del crimen y del terror desde los cuerpos armados del país y del poder establecido, incluido el programa de formación de unidades para-militares con participación de ciertas mafias haitianas.
La experiencia del Estado dominicano en esos menesteres está ya lejana y jamás pudo ser comparable a la de Colombia.
Los crímenes del Estado trujillista y de sus bandas civiles, en cuanto a niveles de crueldad y masividad, fueron en realidad juego de muchachos al compararse con lo que se ha producido en  Colombia en la guerra sucia desatada por el Estado de ese país y sus padrinos imperialistas.
Igual la barbarie militar y el bandolerismo de los doce años de Balaguer (1966-1978).
Pero además, esos aspectos de la represión quedaron atrás, como también la eficiencia y compactación militar  No han tenido continuidad sistemática.
Las FFAA y la Policía Nacional han sido afectadas por una corrupción desintegradora, por altos grados de indisciplina e ineficiencia. Se han gangsterizado a lo civil, descuidando la ideologización y formación cavernícola.
Su criminalidad es de otro tipo, carecen de mística guerrerista, de intensa formación en la crueldad y el terror sistematizado. Carecen de liderazgo duro y padecen de un relajamiento, de una significativa dispersión política y una gran desmoralización.
Los militares y policía se la buscan por doquier y son usados por los civiles de más poder económico para tareas ajenas a sus instituciones. Pero además no son pocos los que tienen conciencia democrática y se resisten a jugar el papel de verdugos de su pueblo.
Si ayer, en tiempos de Balaguer, por “motus propio” no pudieron crear organizaciones para-militares fuertes y establecidas, ahora sus capacidades y disposición en ese orden son menores. Ya esos cuerpos ni siquiera cuentan con los cuadros criminales ideologizados tipo Pou Castro, Salvador Lluberes Montás, Enrique Pérez y Pérez, Caonabo Reynoso, Viriato Brito y otros.
Sus asesinos son de otro tipo, menos corporizados, y abundan los que no quieren mancharse de sangre.
De ahí el esfuerzo tutelar del gorilismo colombiano.
Montoya y los suyos están tratando de darle a los cuerpos castreses dominicanos otro tono, otro nivel de eficacia criminal. Tienen entre sus tareas la de ayudar a formar bandas paramilitares, oficiales y unidades de tropas especiales parecidas a las de su país. Están procurando “calificar” más a los Linces, los Topos, los Swats; fanatizándolos, insensibilizándolos al extremo.
Están trabajando para crear “cachazas mentales” que posibiliten un ejercicio militar, policial, paramilitar y para-policial con altos niveles de agresividad y crueldad crueldad.
Están enseñando a aterrorizar en mayor escala, incluidas las transferencias “tecnológicas” correspondientes.
Hay jefes militares y policiales dominicanos comprometidos con esos planes y muy particularmente el actual jefe de la policía, está colaborando intensamente con esos propósitos.
Están adoctrinando para la guerra sucia. Para hacer lo que hacían los militares en El Salvador y Guatemala, y lo que ahora han retomado los golpistas hondureños. Y mucho más, tal y como actúan los genocidas colombianos.
Tienen conciencia de que la ola de cambios progresivos habrá de llegar aquí y a los demás puntos del continente todavía bajo dominio de las derechas, y se preparan para tratar de impedirlos con un fuerte despliegue de fuerza y terror.
En esos planes macabros están metidos empresarios mafiosos, algunos de ellos con fuertes vínculos con grupos y autoridades haitianas, que operan desde Santiago de los Caballeros.
Aquí el plan es preventivo y paulatino, pero con conciencia de la importancia del país en el Caribe, frontera imperial.
Al permitir, al darle luz verde a ese malvado plan, Leonel Fernández está cometiendo un crimen de lesa patria, y en su caso no se puede alegar ignorancia, pues conoce perfectamente de que se trata.
La ubicación del general Mario Montoya aquí en el país no es cualquier cosa y quienes se consideren ser de izquierda, personas de convicciones democráticas, seres humanos defensores de la libertad de expresión y del derecho a vivir, no deben mostrarse pasivos(as) o indiferentes frente a éstas ominosas perspectivas.
¡Hay que salirle al paso con vigor!
¡Hay que detener y derrotar esos planes macabros!
 
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