Sam Houston, el 'libertador' que propagó la esclavitud
1-. Veamos algo del presente antes de ir al pasado
Hace apenas cuatro meses, las encuestas de opinión pública en Estados Unidos informaban que menos del 28% del pueblo apoyaba a George Bush y que las causas eran las guerras de Irak y Afganistán y la grave crisis económica; además: las torturas, defendidas hasta en público por Bush y Cheney; el espionaje doméstico; las violaciones al derecho internacional; el excesivo abuso de poder, como la destitución arbitraria de varios magistrados que no estaban de acuerdo con el Ejecutivo; la corrupción y el despilfarro de las grandes compañías transnacionales que se beneficiaban con las guerras; la protección de los grandes capitales domésticos mediante planes de estímulo artificial a la economía de casi un trillón de dólares, y el abandono de  programas médicos, sociales, educativos y culturales que afectó a más de 150 millones de personas.
Unos meses antes, cuando Obama le discutía a Hillary Clinton la nominación del Partido Demócrata, el hoy Presidente planteó que el triunfo de la Senadora significaría el regreso al pasado, o sea al gobierno de su esposo, y que el país necesitaba cambiar no sólo al presente gobierno, sino evitar, además, a los anteriores. Esa fue la causa principal de que Hillary perdiera la postulación, a pesar de que al principio de la lucha partidista aventajaba a su oponente.
Ya candidato, Obama dijo que el senador John McCain era la continuación de Bush. El dilema electoral se planteó en estos términos: Hillary era el pasado; McCain, el presente; Obama, el futuro, o sea el cambio. Fue por eso, y sólo por eso, que el pueblo eligió al joven e inexperto senador por Illinois nacido en el extranjero (Hawai  fue ocupado violentamente por una banda armada de estadounidenses, sobre todo de Massachusetts, en 1893, en contra de la voluntad de todo el pueblo hawaiano, y anexado al imperio cinco años después; si pudiéramos aplicar con carácter retroactivo la Ley de Tratados, aprobada por la Convención de Ginebra, en 1969, la anexión de Hawai es ilegal porque fue procurada mediante ‘la amenaza o uso de la fuerza’, como estipula el Artículo 52 de dicha Ley, y, por ello, la presente ocupación yanqui viola el derecho internacional por lo que, desde este punto de vista, Hawai no es territorio esatadounidense; y en su caso no hubo  tratado porque la depuesta reina Liliukalani jamás aceptó el robo de su patria)
El escenario de hoy luce distinto, pero, en rigor, es casi igual. Bush se ha retirado a su mansión de Texas y no se le ha llevado ante la justicia para que responda por sus crímenes, lo que destruye el mito de que Estados Unidos es ‘el país de las leyes’. Las violaciones cometidas por Bush fueron mil veces peores que las de Andrew Johnson, cuya destitución fue aprobada por la Cámara, en 1868, y sólo faltó un solo voto para que lo fuera en el Senado, o sea para que fuese efectiva; que los de Richard Nixon, quien fue obligado a renunciar no por sus matanzas, o sea por sus guerras –Vietnam y Cambodia--, sino por la fruslería de Watergate; y que los de Bill Clinton, cuya destitución fue aprobada por la Cámara, pero no por el Senado. Ahora Bush, que no sufrió ninguno de aquellos procesos legales, vive en paz, en su hogar, junto a su familia, rodeado de varios agentes de seguridad que, en vez de apresarlo, lo protegen.
Si no se juzga a George Bush, Richard Cheney, Donald Rumsfeld, Colin Powel y Condoleeza Rice por la muerte de más de 700,000 seres humanos en Irak, Afganistán y Pakistán, entre ellos más de 200,000 niños –graves sospechas indican, además, que pudieran ser culpables también por las tres mil muertes de aquel memorable 11 de septiembre—entonces todos los prisioneros federales y estatales, casi dos millones, y los presos que están esperando juicio, deben ser excarcelados, incluyendo los que están en Death Row aguardando su ejecución. O la ley se aplica por igual a todos los ciudadanos o la ley no existe y, si no existe la ley, no pueden existircárceles ni presidios, que no son instituciones, sino instrumentos de la ley.
La gran mayoría de esos dos millones de prisioneros perdió su juicio porque no tenía dinero para pagar un abogado privado –siempre tan caro—y tuvo que aceptar la ‘defensa’ de un ‘public defendant’ –procurador público--, cuya misión es cumplir los deseos del fiscal, no del acusado, y éste tuvo que aceptarun ‘plea bargain’ –acuerdo previo a la sentencia—por el que se declaraba culpable sin que se le celebrara un juicio normal, o sea sin el debido proceso legal –due process of law-- en el que recibe una condena que siempre es mayor que la que hubiera obtenido, de ser hallado culpable, si lo hubiese defendido un abogado privado. De ahí que la gran mayoría de la población penal de este país, integrada por gente pobre, está presa injustamente porque o es inocente del todo o está cumpliendo condenas más extensas que las que debió cumplir. Su crimen no fue su delito, sino su pobreza.
¿Tiene sentido que se haya enjuiciado a Andrew Johnson sólo por haber destituido, violando leyes menores, al secretario de guerra Edwin Stanton; a Richard Nixon, por haber aprobado la entrada secreta a la oficina de McGovern en Watergate, y a Bill Clinton, por el sospechoso escándalo sexual de Mónica Lewinsky … y no a George W. Bush y su infame cuadrilla por haber provocado la inmensa masacre de cientos de miles de seres humanos?
¿Tiene sentido que Los Cinco de Cuba, que lejos de haber violado la ley estaban defendiéndola, estén cumpliendo largas condenas de presidio en este país, algunas de ellas perpetuas, por tratar de evitar acciones terroristas contra su patria, y Los Cinco de Bush, que perpetraron una de las agresiones terroristas más sangrientas de la historia, estén disfrutando de libertad, en sus hogares, en su propio país, y percibiendo retiros de cientos de miles de dólares al año?
Obama, por su parte, engañó a los millones de afiliados al Partido Demócrata, ya que su gobierno está integrado por las figuras más prominentes --y en algunos casos más conflictivas, como la bailarina … oh, quise decir el bailarín--, del gobierno de Clinton, y ha traicionado al pueblo de Estados Unidos –al menos, por ahora--, pues su gobierno no ha cambiado en nada el desgobierno de Bush y, en cuanto a la guerra de Afganistán y los bombardeos a Pakistán, está actuando en una forma aun más agresiva que la de Bush.                                               
          Cerrar la cárcel de Guantánamo nada significa si no se clausura la Base Naval de Guantánamo, que el imperio mantiene por la fuerza, violando el derecho internacional y enfrentándose a la voluntad del gobierno y el pueblo de Cuba. La bella retórica de combatir el excesivo calentamiento global, darle atención médica a toda la población, resolver la grave situación de millones de inmigrantes ‘ilegales’, acabar con los sangrientos conflictos en el Cercano y Mediano Oriente y mitigar la grave crisis económica, ha sido, por ahora, sólo eso, retórica, promesa, palabrería, ‘muela’ como diría cierto tipo de cubano.
La realidad palpable y visible es que no se está haciendo nada en favor de la ecología; no se le está dando asistencia médica gratuita –como en los países civilizados-- a casi 50 millones de seres humanos, entre ellos más de veinte millones de niños; se sigue encarcelando y deportando a los inmigrantes ‘ilegales’ –¿cómo puede ser ilegal un mexicano en Texas y California? En California y Texas los ilegales son los gringos--, y separando a los hijos nacidos aquí de los padres nacidos allá; se prolonga la salida de las tropas invasoras de Irak y se aumentan la agresión a Afganistán y Pakistán; se combate falsamente la crisis económica con planes de rescate que sólo favorecen a los que siempre han sido favorecidos y endeudan a los que siempre han estado llenos de deudas por muchos años, y se empeora el grave conflicto del Cercano Oriente con el apoyo incondicional al régimen sionista de Israel que ahora con Netanyahu será aun más agresivo.
2-. El dilema de Barack Obama
¿Es Obama culpable de todo este engaño, de todo este crimen? Es probable que no lo sea, aunque, si lo fuese, lo sería sólo por complicidad, no por culpa propia. Obama es sólo un peón del ajedrez imperial, aunque no el de las torres, tan inútil al principio del juego, sino el del rey o la reina, cuyo objetivo es dar dos pasos, o uno, para que las piezas fuertes hagan su labor. La reina, los caballos y los alfiles, y luego las torres, son el imperio, o sea el complejo militar-industrial del que hasta Eisenhower tuvo que reconocer que fabricaba situaciones imprevistas de guerra, o sea provocaciones, --autoatentados terroristas como el del Maine y otros-- para aumentar su poder e inmensa riqueza. (¿Qué habría dicho, si viviese, el Comandante de Normandía sobre las misteriosas implosiones de las Torres Gemelas de Nueva York y el ‘ataque’ al Pentágono por el más fantasmagórico avión del que se tenga noticia?
El peón de la Casa Blanca esta ahí, al centro del juego, visible y útil algunas veces; pero si trata de estorbar las funciones de las piezas grandes, deja, entonces, de ser un peón, y se convierte en un Kennedy montando en limosina abierta por las calles de Dallas y sonriéndole a todo el mundo.
Obama luce ser un buen hombre con fe en el mejoramiento humano, pero … ¿de qué le vale? ¿Cómo puede cambiar, no ya en los dos meses que lleva en el poder, sino hasta en cuatro u ocho años, la naturaleza de un imperio al que jamás le ha importado la libertad de las naciones ni la vida de sus ciudadanos?
Es probable que Obama pensara que podía hacer un cambio. Con ello probó, no sólo ingenuidad, sino, además, cierta ignorancia sobre la historia del gobierno de su país, o sea del imperio. Ningún presidente, ni el más poderoso y popular de todos, Franklyn Delano Roosevelt, pudo cambiar en nada la esencia violenta del imperio … por eso murió de muerte natural, aunque temprana.
El imperio, pues, sigue siendo el mismo: con una inagotable historia de crímenes que comenzó aun desde antes de que el país fuera independiente, ya que el Sullivan Raid se perpetró en 1779, cuando los libertadores luchaban no por fundar un país libre, sino un imperio aun más liberticida que el que entonces los subyugaba.
Veamos ahora otro capítulo más de esta película de terror nada ficticia: la infame guerra de agresión y exterminio del imperio al México de cultura milenaria.
2-. Un acuerdo a boca de cañón y punta de bayoneta
Mientras la capital y las ciudades principales del país estaban ocupadas por las tropas enemigas, se firmó en el poblado de Guadalupe, Estado de Hidalgo, el 2 de febrero de 1848, un tratado por el que México tuvo que entregar a Estados Unidos los territorios de Alta California y Santa Fe de Nuevo México, y reconocer la anexión de Texas al imperio. Ese inmenso país forma hoy los Estados de Texas, California, Nevada, Nuevo México, Arizona y Utah y partes de Colorado y Wyoming (hay que repetir que si pudiéramos aplicar con carácter retroactivo los acuerdos de la Convención de Ginebra en 1969, el Tratado Guadalupe-Hidalgo es ilegal porque fue firmado cuando el país estaba “bajo el uso de la fuerza”) .
México tenía, antes de perder a Texas, 4.276,000 kilómetros cuadrados. Se quedó con 1.958,000 km2 –incluyendo la venta posterior del territorio de Gadsden o La Mesilla, de 77,000 km2) , o sea perdió el 54.4% de su territorio nacional, ó 2.318,000 km2. Pocos países del mundo tienen hoy el territorio que México perdió que, además, estaba formado por tierras muy fértiles, no por desiertos calcinantes ni tundras heladas: en Europa: sólo Rusia; en Africa: Sudán, Zaire, Argelia y el Congo; en Asia: la Rusia asiática, China, India y Kazajtán; en América: Canadá, EU, Brasil y Argentina; en Oceanía, sólo Australia. El despojo, pues, fue gigantesco.
Las tierras que el imperio le quitó a México convirtieron a Estados Unidos en una potencia mundial. Se extrajo más oro de California de 1848 a 1858, que el que se había extraído en todo el mundo en los 150 años anteriores. Más del 90% del petróleo que en el Siglo XX convertirían a EU en una potencia industrial, estaba en las tierras de México o en su plataforma marítima. Sólo Texas, que tiene hoy menos de la tercera parte del territorio que le quedó a México, posee mayor extensión de tierras fértiles que todo México. California es el Estado más rico y poblado de Estados Unidos y el tercero en extensión, después de Alaska y Tejas. Su población es el 12% de la de todo el país. Texas es el tercer Estado más poblado y rico, después de California y Nueva York. En las otras tierras que eran de México hay, también, abundante caudal agrícola y minero.
¿Perdió México toda esa inmensa riqueza sólo por “la traición de Santa Ana, que se la vendió a los gringos”, como dicen los mexicanos que han sido desinformados, por más de siglo y medio, por la oligarquía nacional, que ha tratado de ocultar aquella abominable masacre para complacer al imperio? ¿O la perdió después que su pueblo combatiera con gran heroísmo contra una fuerza militar superior, y extremadamente brutal, y derramó ríosde sangre para defender a su patria de la avaricia del vecino, como afirmamos quienes no tenemos que ocultar la verdad para satisfacer al imperio?
Para que se entienda hasta donde fue monstruoso aqueldespojo, debemos ir un poco más allá en la historia de ambos países.
3-. La manifestación de un destino brutal
Cuando México alcanzó su libertad en agosto de 1821, ya Estados Unidos era un imperio que amenazaba con expandirse hasta el Pacífico. Aquellas trece colonias originales que, ya en 1791, formaban quince Estados, dominaban una posesión imperial que llegaba de las Appalachias al Misisipí, que había formado parte de la Nueva Francia que el Imperio Británico conquistó en la Guerra de los Siete Años y Estados Unidos heredó después de la independencia.
En 1803, Francia le vendió a EU el Territorio de Louisiana –Louisiana Purchase--, con una extensión de 1.147,000 Km2, que llegaba de New Orleans a Canadá y del Misisipí a las Rocallosas, con excepción de las tierras que pertenecían al Imperio Español y que después formaron parte de México. Tanto el primer cónsul Napoleón como el presidente Jefferson violaron las constituciones de sus respectivos países –en EU, la de 1787; en Francia, la de 1801-- al no convocar a sus asambleas legislativas para que aprobaran una operación de tal magnitud, como ordenaban ambas constituciones, por lo que puede afirmarse que, desde el punto de vista de la ley fundamental, la venta y compra del Territorio de Lousiana no tiene validez jurídica, por lo que es ilegal la ocupación yanqui de las tierras que integraban el Louisiana Territory y que hoy forman seis Estados del país –Arkansas, Missouri, Iowa, Oklahoma, Kansas y Nebraska-- y partes extensas de otros nueve,--Minnesota, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nuevo México, Montana, Wyoming, Colorado y Louisiana--.
En 1817, el general Andrew Jackson, genocida de la población autóctona de su país, invadió la Florida y, unos años después, en 1821, Fernando VII se la vendió a EU, traicionando a su patria y violando la Constitución Española de 1812 –Constitución de Cádiz o ‘la Pepa’, como le llamaron los gaditanos, porque fue aprobada el 19 de marzo, día de San José—, que lo obligaba a reunir a las Cortes para una decisión de tal magnitud, y no lo hizo. Por su parte, la Constitución de EU no le concedía poderes al presidente Monroe, --como no se lo había concedido a Jefferson en la operación de la Louisiana-- para efectuar esa compra. El Congreso tenía que aprobar un addendum a la Constitución de EU que le confiriese poderes a Monroe para ello, pero no lo hizo. Por lo que, desde el punto de vista constitucional, la ocupación yanqui de la Florida es ilegal.           
El 2 de diciembre de 1823, al presentarle su Séptimo Estado de la Unión al Congreso de Estados Unidos, Monroe delineó la política exterior de su país basada en el ideal imperialista que unos años después el periodista John L. Sullivan, de Nueva York, llamaría Destino Manifiesto, o sea la expansión del país hasta el Pacífico a todo coste –guerras, chantajes, masacres, intrigas, magnicidios, terrorismo … lo que sea-- , ocupando el inmenso territorio que pertenecía a México y, además, la parte del llamado Territorio de Oregón que aún estaba en manos del Imperio Británico y las tierras que aún no habían sido ocupadas.
4-. Texas: la libertad de la esclavitud
Basado en esta ambición expansionista, el imperio comenzó a penetrar la zona norte del extenso Estado mexicano de Coahuila-Texas y se encargarían de esa violenta misión muchos de los anglos que habían participado en las matanzas de la población autóctona y en la criminal invasión a la Florida, y que vivían en los Estados en los que había gran población de esclavos, sobre todo Tennessee y Kentucky. No sólo querían añadirle nuevos territorios al imperio, al que ya le sobraban holgadamente las tierras de acuerdo a su población, sino, además, y en muchos casos sobre todo, expandir la esclavitud, o sea aumentar el valor de sus propiedades, de su riqueza, ya que el esclavo era una mercancía de compra-venta, un commodity, no propiamente un ser humano con sensibilidad y familia y sufrimientos y alegrías y ansias de libertad.
México, por el contrario, fue el primer país de América en abolir la esclavitud. En 1824, el Congreso prohibió la entrada de esclavos al país, eliminando la trata, y declaró que, a partir de ese momento, todo hijo de esclavo nacía libre. El 15 de septiembre de 1829, el Congreso puso fin a la esclavitud en todo el país, que en ese momento llegaba de Oregón a Guatemala.
Esto afectaba a los miles de anglos esclavistas que se habían establecido en Texas desde unos meses antes de la independencia, cuando el gobierno colonial español le concedió a Moisés Austin, gratuitamente, unos 200,000 acres de tierras de óptima calidad para que residieran en ellas trescientas familias de anglos, acuerdo que después respetó, y aumentó, México. Aunque Moisés murió a los seis meses, su hijo Stephen prosiguió, y superó, la labor de su padre y, en unos años, ya se habían asentado en Texas decenas de miles de anglos que recibieron sin costo alguno otros cientos de miles de acres de tierra tejana, o sea mexicana … los mismos que después no serían leales al país que los había acogido con tanta generosidad y del que eran ciudadanos, muchos de ellos de nacimiento, sino a Estados Unidos, o sea a su imperio.
Un heroico general de la independencia, don Manuel Mier y Terán, planteó, con buen juicio, que los mexicanos deberían poblar y fortalecer la región de Texas, o sea el extenso territorio norteño delEstado Coahuila-Texas, región que tenía entonces más de un millón de kilómetros cuadrados, para no quedar en minoría respecto a la población anglo, pero eran ya los años en que el país comenzaba a sumirse en la lucha fratricida entre los centralistas, agrupados en torno a Antonio López de Santa Ana, y los federalistas, que aspiraban a que los Estados, entonces sólo 19, tuvieran cierta autonomía y un poder compartido con el ejecutivo nacional.
Santa Ana, ya en el poder en 1833, fortaleció algunas guarniciones tejanas; pero pocos mexicanos siguieron los consejos de Mier y Terán, de manera que, hacia 1834, los anglos representaban más del 80% de la población de Texas y poseían unos 5,000 esclavos. Había menos de 7,000 mexicanos que, en su gran mayoría, eran pacíficos campesinos que cultivaban sus tierras. A esto contribuyó que algunas bandas armadas de anglos llegaban a los hogares de los mexicanos y asesinaban a familias enteras, hombres, mujeres, ancianos y niños. Huyéndole a este terrorismo étnico, miles de familias abandonaron sus tierras y se refugiaron en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.
Fue el fin temprano de la esclavitud en México el que impulsó a los ‘patriotas’ del imperio a luchar por la independencia de Texas. Estaban dirigidos por los aventureros Sam Houston, William Travis, Jim Bowie, Davy Crockett y otros, ninguno de ellos nacido ni asentado en Texas, sino llegados de otros Estados, sobre todo Tennesse --tierra del asesino Andrew Jackson, presidente de EU de 1829 a 1837--, para crear conflictos separatistas, con el beneplácito de la Casa Blanca, y la ayuda directa de los gobiernos y las compañías de los Estados sureños en los que el negocio principal era, más que la agricultura, la esclavitud. Davy Crockett (David Stern Crockett), quien después pelearía en la Batalla de El Alamo, en San Antonio de Béjar, y otros que llegaron con él, se habían destacado en la guerra de exterminio contra la nación Creek, en la que fueron asesinados miles de seres humanos. Después Crockett fue elegido tres veces congresista federal, por Tennesse, y perdió su cuarta eleccción. Su fracaso electoral se debió a que, a pesar de que había participado en la matanza de la nación Creek, se negó a apoyar después en el Congreso la monstruosa ley conocida como Indian Removal Act –Acta de Remoción de los Indios—promovida por el presidente Jackson, que provocaría  la mayor masacre de ‘indios’ en la historia de Estados Unidos, en la que fueron asesinados más de cien mil seres humanos, entre ellos más de treinta mil niños … y su oponente electoral sí la apoyaba. ¿Increíble, no? Pero cierto.
La semana que viene, en la segunda parte de esta película de terror basada en hechos históricos, continuaremos con el gran negocio de la esclavitud en Texas, su ‘independencia’ y su posterior anexión al imperio, que violó la Constitución de Estados Unidos porque fue anexado como territorio, no como Estado, como debió haber sido, ya que como territorio sólo necesitaba la mayoría simple en el Congreso, y como Estado, la de las dos terceras partes de los congresistas, y no la tenía: esto, como es lógico, fue una abierta violación constitucional. Veremos, además, las matanzas perpetradas en el norte de México por el general Zachary Taylor, el segundo asesino más grande de la población autóctona de su propio país, después de Jackson, y Presidente de EU tres años después. En la tercera parte, veremos las masacres cometidas en Veracruz y Ciudad de México por el general Winfield Scott, el tercer asesino más grande de la población autóctona de su país, después de Jackson y Taylor, y candidato presidencial por el Partido Whig, en 1852. En la propia tercera parte veremos el heroísmo del pueblo mexicano en las batallas de Churubusco y Chapultepec frente a una fuerza militar mucho más poderosa, y el fin de la guerra.
Frankenstein, Drácula, La Mosca, Psicosis y Viernes 13 también tuvieron varias partes, pero eran sólo ficticias ☼
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#1.- Un buen homenaje a la historia de México
Conrado M. Rangel|12-03-2009 00:24
Con este artículo se honra  la historia de México en su lucha por evitar la desmembración de su territorio a mediados del Siglo 19 y debe ser leído por quienes no conocen la forma violenta en que se formó el imperio yankee o por quienes ya la conociamos pero queremos refrescar  lo que se nos había olvidado un poco.
¡Viva Mexico y su heroico pueblo!
¡Viva el pueblo de Estados Unidos,  que no es culpable de los grandes crímenes históricos de su gobierno!
¡Abajo el criminal imperio yankee, enemigo de los pueblos de Estados Unidos, México, Cuba, Irak, Afganistán, Pakistán  y muchos otros  del mundo!
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#2.- Bueno lo de México, no lo de Obama.
Antolín Hidalgo|12-03-2009 02:13
1) Creo que  Rivero Collado se apresura  en su crítica al presidente Obama, quien ha dado pasos positivos que sitúan a EEUU  en una vía  muy distinta a la de Bush y sus antecesores, en cuanto a lo de la  ecologia, el espionaje doméstico, las torturas, la economia, la educación, la politica exterior, sobre todo el trato a América Latina  y otras cuestiones básicas. Obama acaba de decir que los estudiantes deben estar más tiempo en las escuelas para que puedan equipararse a los  de otros países: eso es una gran cosa y hay que aplaudirla. El otro día Michelle Obama  estuvo en un asilo para niños desamparados cercano a la Casa Blanca: primera vez que una Primera Dama hace eso.  Hay que darle un poco más de tiempo al actual mandatario para hacer un juicio sobre su obra de gobierno. 
2) En lo de México estoy de acuerdo en  que fue la expansión de la esclavitud la causa principal del levantamiento de los anglos en Texas, en que la guerra contra México fue un gran crimen del imperio yankee que fue condenado por Lincoln y otros prominentes hijos de este país,  en que Houston, Crockett, Bowie y los otros no eran nada más que unos aventureros criminales y en que el pueblo mejicano peleó con gran heroísmo para defender a su patria. 
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#3
El que más dice|12-03-2009 02:22
Este hombre na ma que habla de historia, compadre! No puede hablar de otra cosa? Ahora lo que hay es que hablar de pelota y de lo que le pasó a Lage y Pérez Roque no de lo que paso hace siglos. A quién le importa eso?
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#4.- recomendar el sitio web
erubiel camacho lopez|12-03-2009 04:36
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#5.- Corrección a mi artículo
Carlos Rivero Collado|13-03-2009 01:12
Cuando mencioné el tamaño del Territorio de la Louisiana que el presidente Jefferson le vendió al cónsul Napoleón, en 1803, violando ambos las constitu-ciones de Estados Unidos y Francia, puse por error que la extensión del territorio era de 1.147,000 KM2, en vez de poner 2.147,000 KM2, o sea 828,800 millas cuadradas. El territorio que hasta ese momento tenía Estados Unidos era de alrededor de unos 2, 450,000 KM2, por lo que casi duplicó su territorio con esa compra ilegal. El despojo que le haría a México cuarenta y cinco años después, por la aun mayor ilegalidad de la guerra, fue de 2.318,000 KM2, más extenso aun que el que tenía el Territorio de la Louisiana y casi del tamaño de las trece colonias originales, además de Vermont y Maine, más el territorio imperial que había formado parte de la Nueva Francia y que Estados Unidos ocupó desde su nacimiento como república.
También trató de robarse a Cuba,  pero ... no pudo
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