Federico Colorado y Mauricio Funes
No sé si nuestro flamante presidente se ha tomado tan a pecho el título de “El Negociador “, o pretende pasar a la historia como el presidente que tenía esa supuesta capacidad: la de negociar.
Pues lo hace muy bien hay que reconocerlo, especialmente cuando se trata de favorecer a la derecha. Pues un gobierno del “cambio”, con mucha más correlación en los sectores populares, no es capaz de romper definidamente con esa tradición de hacer negocios con los cargos públicos. La palabra negocio devine del latín nec y otium, que se lee “hacer lo que no es ocio”; sin embargo para los romanos otium significaba “lo que se hacía por dinero o por una gratificación”.
En el caso de la nueva elección del Fiscal General de la República Romeo Barahona, siervo del capital salvadoreño, esto parece encontrar una explicación lógica, precisamente, cuando en el primer destello de “negociador”, nuestro presidente fue capaz de concertar que un peón de la banca quedará en la Corte Suprema de Justicia.
¿Con quién quiere quedar bien Mauricio Funes?.¿ De quién necesita gratificación?. Pues las puertas del cielo para Funes ya están abiertas y para el pueblo salvadoreño la realidad salta hacia sus ojos. Hoy la finta aquella de que la correlación de la derecha en la Asamblea Legislativa es adversa y que el aparato estatal está blindado por Arena, es la excusa para no tener el valor suficiente para enfrentar semejante inclinación para favorecer a la derecha no es viable.
Las mascaras se están cayendo para todos, también para el presidente Funes, pero igual para el Fmln, que pretende aparecer como que esto era parte de la estrategia. Sin embargo, su “domesticación” llegó a su máximo nivel y su propio verdugo es el flamante presidente.
Están tiradas las cartas, se cayeron los velos. De aquí en adelante no se puede esperar nada más que más neoliberalismo. Más asistencialismo tipo Ignacio Lula Da Silva y más de lo mismo con formar de hacer políticas gubernamentales con ciertas diferencias, pero con la misma esencia.
En los próximos cinco años veremos cómo el gobierno del “cambio”, quedará frente a la historia. Como el gobierno que administró la crisis capitalista, en los momentos del neoliberalismo o del gobierno que erigió en el poder total a otro sector de la oligarquía en detrimento de la oligarquía financiera. Nada más.
La tarea de la izquierda, es entonces, luchar contra una derecha remozada, que encontró en Funes el aliado perfecto para mantener el estatus quo, adormeciendo a los sectores populares por un buen tiempo y continuar endeudando al país para que la crisis no les afectara dramáticamente y contra la desde ya pseudoizquierda representada en el Fmln, que hace todo lo posible por negar a los sectores populares y que trabaja fielmente por mantener el estatus quo. Una tarea muy difícil, pero que en las arenas de las luchas intensas por la vida, la conciencia crece, especialmente cuando la crisis se mezcla con el sentimiento de traición. El pueblo debe de ir por el cambio, hoy sin mascaras y desde abajo.
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