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Mass media
No hay mejor medio para alienar a la tribu, para hacerla inmune a las desgracias humanitarias que se justifican mediante discursos ampulosos basados en la sinrazón del militarismo y la codicia.
Santiago Quiroga | Para Kaos en la Red | 14-8-2008 a las 21:49 | 1238 lecturas
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En numerosos foros se suele tratar someramente el poder de atracción que tiene la televisión en la sociedad. Se ha revestido este problema de una fina dosis narcótica de psicología, que a mi parecer no es suficiente para explicar este enigma que obnubila a la población mundial. El medio es el mensaje, decía Mac Luhan, y los mass media han aceptado este axioma como precepto para poder rentabilizar su siniestra actividad. Alegóricamente, la pantalla transmite una realidad que fluye como un torrente de lodo, que bebemos sin filtrar, puesto que nuestras papilas lo identifican como agua cristalina. La ingesta prolongada de lodo provoca una mutación en la escala de valores del "primer mundo". Sus síntomas son: consumismo desenfrenado, individualismo patológico, codicia, resignación ante una masacre humanitaria diaria (50.000 muertes), racismo, clasismo, etc.
 
Ahora ya conocemos, pues, la existencia de una enfermedad que se proyecta como una de las pandemias más nocivas para la supervivencia de la humanidad. Hemos averiguado su ubicación, el hemisferio norte principalmente y también la fuente de vertidos, la pantalla de televisión. ¿A qué se deben estos vertidos?, sería la pregunta definitiva que falta por contestar. Es muy sencilla, se debe a los intereses de las grandes corporaciones y en segundo lugar, al lucro de los gobiernos que siguen una política capitalista neoliberal. El FMI, el BM y la OMC son cómplices supervisores de la pérfida hegemonía imperialista que ejercen las empresas multinacionales sobre países esclavos, pobres y desamparados en la indiferencia fratricida de la comunidad internacional.  
 
No hay mejor medio que la televisión para alienar a la "gran bestia", como denomina Alexander Hamilton a la población mundial, para hacerla inmune a las desgracias humanitarias que se justifican mediante discursos ampulosos basados en la sinrazón del militarismo y la codicia. No existe un método más eficaz que la parabólica para asegurar la supervivencia de un sistema cimentado en el consumismo compulsivo, en la desigualdad y en la discriminación, siendo el aletargamiento social cómplice del "laissez faire, laissez passer". Los mismos consorcios mediáticos (locales e internacionales) que a diario manipulan y falsifican información sobre la situación de América Latina, África, y Oriente próximo o que a diario deforman la comprensión del proceso de concentración de riqueza en pocas manos y esconden la relación causal: depredación capitalista igual a pobreza y exclusión social, son los mismos que abogan por la resolución de conflictos armados en sus anuncios corporativos.
     
 
Con el ocaso de la industrialización y el origen de la Sociedad de la Información y la Comunicación, el desarrollo de la industria destinada a la coacción de la población a través del control de opiniones y actitudes ha ido in crechendo. Sin embargo, el nacimiento de instituciones de control de pensamiento se remonta al Ministerio de Información de Gran Bretaña, a principios del S.XX, y al Comité de Información Pública, ideado por Woodrow Wilson. Entre los integrantes de este Comité se encontraba Edward Bernays, quien se refirió a los logros del control de pensamiento con estas palabras: "la maquinación de consenso, [...] la esencia misma del proceso democrático".
   
Si a comienzos del siglo pasado, con un déficit ostensible de medios tecnológicos, tuvieron gran éxito estas instituciones de coacción cognitiva, con el desarrollo científico e informático actual, la propagación del mensaje único y la capacidad para influenciar a la opinión pública mundial se hace aún más patente. Cada día estamos expuestos a la ominosa influencia de los grandes lobbies de la comunicación mundial: Prisa, Vocento, Recoletos, etc., observando impertérritamente la programación impuesta, en la que goza de un mayor prestigio el informativo diario. Analicemos pues a estos programas de adoctrinamiento y desinformación que gozan de tan buena fama.
   
En primer lugar, la jerarquización y estructuración de la información en un telediario es totalmente anárquica, se mezcla la política con una fiesta cultural, los deportes con un homicidio, evitando la adecuada retención de ideas por parte del televidente. La neurociencia revela que la memorización de información depende sustancialmente de la correcta organización y estructuración de la misma, por lo tanto, el caos de noticias al que está expuesto el espectador no ayuda en absoluto a que comprenda y reflexione sobre la realidad que le rodea. Cuando nuestra psiquis interpreta titulares e informaciones inconexas, deja de analizar el por qué y el para qué de cada información, convirtiéndose en receptora amnésica del mensaje único al que esta expuesta toda la humanidad. Las grandes guerras del S. XX estuvieron marcadas por el derroche armamentístico y humano que ocasionaron. Es probable que en esta centuria que se avecina las operaciones militares ya no se organicen en torno a la colonización militar para controlar un territorio, sino a partir  de la colonización mental para controlar a la tribu mundial.
 
Hay una concepción generalizada mediante la cual se proyecta este nuevo siglo como una etapa de liberación axiológica, de secularización, de emancipación de las trabas morales a las que estuvo sujeta la humanidad durante miles de años. Pero no somos conscientes del yugo que subyace a cada mensaje que sale de la caja de los deseos, de las necesidades impuestas por el propio sistema. No somos libres, pues la liberación del Ser Humano está sujeta al reconocimiento de no poseerla.
http://insurxente.blogspot.com/2008/08/mass-media.html
 
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