Asistimos al ascenso imparable de una crisis global que empezó por la exagerada subida de precio del petróleo, y se siguió luego por el descubierto de un agujero negro sin precedentes y sin fondo en los sectores financieros y el estallido de la burbuja inmobiliaria que unidos entre sí han ido arrastrando a otras industrias y negocios provocando un desempleo sin precedentes en los países ricos desde la segunda guerra mundial.
Se ha originado una crisis global gravisima que tiene su origen en el capitalismo especulativo, y, por tanto, en la codicia sin freno de los ricos y de sus gobiernos dóciles. Y no deja de resultar alarmante que aún así aumenten con toda desfachatez tanto los gastos militares como la corrupción de los cargos políticos en todas partes.
Ante una situación extrema como esta se encuentran tan desamparados los trabajadores como amparados los banqueros y los dueños de las empresas, con una tímida voz al fondo de unas organizaciones llamadas sindicatos obreros pidiendo paciencia a los obreros en lugar de exigir justicia a gobiernos y patronos.
No es de extrañar que los sindicatos, como las iglesias, no cesen de perder fieles.
Si tuviesen acceso a los debates parlamentarios los que sufren tan graves problemas que sólo encuentran la calle como vía de escape para darlos a conocer,- siempre con la policía dispuesta a sacudir,- sería mucho más sencillo solucionarlos a la vez que expresión de democracia verdadera, hoy ausente. Es cada vez más urgente que todos los colectivos sociales y laborales estén representados por ellos mismos y no por organizaciones sindicales burocratizadas, financiadas justo por los gobiernos sobre los que tendrían que ejercer presión. Por tanto, las soluciones no pueden estar en manos de burócratas a sueldo o políticos dotados de buenas intenciones en el mejor de los casos, que ante todo miran los intereses particulares de su propia organización y se pasan los años que separan unas elecciones de otras estudiando programas que atraigan votantes, a sabiendas que no los habrán de cumplir.
Sin participación efectiva de los ciudadanos en todos los órganos de decisión en todos los niveles nunca habrá un solo gobierno verdaderamente democrático que asuma la defensa de los intereses de las múltiples necesidadesde los muchos colectivos.
Es más que evidente la poca capacidad de solucionar los problemas por los políticos a los que los engañados/sumisos/ignorantesvotantes eligieron en las urnas. Esto es lo que sufren los trabajadores que no encuentran cumplido ese derecho al trabajo y a la vivienda que exigen los derechos humanos y defienden las Constituciones de los Estado; los estudiantes que se ven sometidos a programas de estudio hechos a sus espaldas; las amas de casa que no son compensadas por su aportación colectiva al bienestar social; la sfamilias que no pueden pagar su hipoteca a los usureros de la Banca. Pero también afecta como efecto secundario a individuos o colectivos con ideas y propuestas alternativas consideradas por los gobiernos como sembradores de -para ellos -indigestos cultivos ideológicos y privados de voz a no ser que se conviertan en compensadores del propio sistema, como ciertas onG.
Ahora bien, para que no haya dudas sobre “cómo el Sistema se interesa por el pueblo”, podemos estar horas viendo o leyendo noticias referentes a lo que dicen los futbolistas o sus entrenadores, lo que opinan los políticos unos sobre otros sin olvidar los discursosde los cocineros, sector laboral, por cierto, mucho más prestigiado y escuchado que los obreros en paro, los maestros, los médicos alternativos, los sociólogos concienciados, los profesionales de la asistencia social o los poetas, por poner algunos ejemplos  llamativos. 
Todo esto es grave, claro está, pero muchos no lo pueden percibir o no les importa si lo escuchan, porque viven en la creencia de hallarse en el mejor de los mundos: su tele funciona, su coche está en elparking, sus vacaciones están aseguradas , sus niños están en el colegio, y les hacen creer que sus células madre y la clonación con esas sus células van a conseguir su inmortalidad para seguir viviendo del mismo modo Todo eso parece tan verdad... (¿Para cuántos de los seis mil millones de habitantes de este Planeta es verdad? y sobre todo: ¿por cuánto tiempo? El precio a pagar lo demuestra la salud de la Tierra y de sus habitantes. Y desde luego, lo estamos sintiendo en los bolsillos y en el cambio climático, del que se habla mucho menos de lo necesario.
El cambio climático, sin embargo, marcará pronto el ritmo de nuestras vidas en un proceso paralelo al derrumbe económico y al descontrol hacia el estamento político cada vez más policiaco, más dependiente de las multinacionales y menos diplomático. Despertemos ya del sueño de la abundancia y de la democracia capitalista, por favor. ¿Tiene, acaso, alguna perspectiva de pervivencia una economía basada en sucesivas “burbujas” que una tras otra estallan y se desvanecen dejando tras ellas cada vez más paro, cada vez más pobres, cada vez más ricos y cada vez más partes del Planeta arrasadas por estos en beneficio propio? Escuchemos, observemos, pensemos. Dejemos la pasividad. Interesémonos por los que nos rodean y por los que viven mal en nuestro enfermo y amenazado Planeta. Despertemos nuestra conciencia.
Si lo que vemos a diario en los noticiarios o leemos en la prensa es cierto, (y los dramas y miserias que no vemos y no nos cuentan supera en muchísimo a lo que vemos y nos cuentan), existen otras realidades mucho menos halagüeñas que convendría superponer por un momento a los supuestos logros de progreso y bienestar con que el Sistema capitalista pretende hacer creer que es capaz de crear paraísos.Con esta misma imagen de esperanza, tan falsa como Judas, hipnotiza y conforma a muchos de los habitantes de los países de la abundancia en declive y encandila a los pobres de los países sometidos por el hambre, la injusticia, la inseguridad y la guerra. Pero las miserias que genera este Sistema no se pueden ocultar; no sólo porque sabemos que 1 de cada tres habitantes de la Tierra es pobre por su causa sino porque estos, los pobres, no se encentran siempre en países remotos, sino en Europa o Estados Unidos, como es el caso de los más de ocho millones de pobres oficiales (que irán siendo más cuanto mayor vaya siendo la crisis) existentes en España, o los 30 millones de extremadamente pobres en los opulentos Estados Unidos, que habrán engrosado en número en los últimos años y seguirán haciéndolo por la misma razón. Porque en los USA no sólo se acabó para siempre el sueño americano: lo que se acabó y se acaba allí y en todo el mundo es el sueño del capitalismo. La avaricia de los ricos rompió el saco. Ahora no existe un solo país del mundo sin inmensas bolsas de desamparo, desempleo enfermedad y pobreza. Fíjense en un país como Austria: medio millón de pobres. No existe una sola ciudad en los países ricos sin su correspondiente bolsa de marginados, pobres, sin-techo y enfermos. No existe un solo barrio sin su cuota de desheredados forzados, y apenas si existe un sólo edificio sin un vecino que se encuentre por debajo del nivel mínímo de bienestar económico o social por viejo, por parado, por alguna de las muchas enfermedades de larga duración, por hipotecado con bajos salarios, por desestructuraciones familiares….por tantas razones…
Despertemos, miremos la realidad frente a frente. Midamos nuestro grado de responsabilidad con todo eso. Abandonemos la pasividad. Pero no creamos, ni por un momento que los movimientos de protesta vayan a cambiar el mundo: como mucho su apariencia: como siempre,por demasiado circunstaciales y externos.  Aunque hubiese líderes revolucionarios que tomasen la dirección del mundo, las conciencias no cambiarían. Los líderes no cambian conciencias, las arrastran en una dirección u otra según leyes externas: oposición de los contrarios, correlación de fuerzas, razones estratégicas o tácticas, intereses del partido del líder…
Cambiar conciencia exige un trabajo interior, y sin él no hay un mundo social evolucionado, porque no se puede cambiar la conciencia por decreto. Ya desde Platón conocemos cuán imposible resulta edificar una república dirigida por sabios. La sabiduría no es contagiosa, pero la idiotez lo parece.
En el siglo dieciocho la Ilustración absolutista quiso algo parecido con el mismo resultado final, porque todoeso no es más que un prejuicio utópico más d eintelectuales engreídos que creen poseer la verdad y ejercen su poder para imponerla. Las revoluciones del siglo XX fueron intentos de conseguir lo mismo, y muchos partidos que se dicen revolucionarios no han renunciado a ese sueño de “todo para el pueblo, pero contando poco con él”. Observen la Historia. Incluso la Historia oficial no puede ocultar que todo intento de los pueblos por conseguir su autonomía de poder para gobernarse al margen de políticos profesionales   y burócratas y liberarse de la explotación y la tiranía, acabó bajo otras formas de explotación y tiranía, de la que una gran parte de responsabilidad correspondió no sólo a supuestas vanguardias de distintos signos políticos, sino a la Iglesia Católica, al falso cristianismo cuyos crímenes dirigidos por la Jerarquía y apoyos a la extrema derecha son bien conocidos. Léase al respecto Historia criminal del cristianismo, de Karlheinz Deschner, publicado en español por la editorial Roca.
Finalmente, todo por el pueblo, y todo contra el pueblo vienen a ser lo mismo mientras sea el mismo pueblo quien no cambie sus valores éticos individuo a individuo para configurar finalmente un pensamiento colectivo capaz de acabar paso a paso con esta sociedad de la injusticia y la violencia y dar un salto cualitativo hacia la justicia, la igualdad, la libertad y la fraternidad en el marco de la unidad, tal como nos pidió Cristo y nos pide también la conciencia revolucionaria cuando se posee.
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) | |
| Microdonación de 2 euros | Donación de importe libre |