Aunque alguien me corrige: “No son muertos sino zombis.” Pero no, porque yo hablo de muertos y no de resucitados o herederos del pasado y habitantes de este tiempo al cual se han acomodado. Que no me refiero, pues, a todos esos políticos, oficiales u oficiosos, que hoy habitan por las laderas pobladas de la Sierra del Barbanza. Ni tampoco me refiero a otros que hayan resultado aparentemente vivos cuando, en realidad no son, sino momias ambulantes de un tiempo que, sin haber llegado nunca, por más que hubiese sido esperado, como se espera a Godot , ya se ha ido y sin que pudiesen éstos, por lo tanto, ni gozarlo, aunque, siquiera, esto sí, llegasen a presentirlo.
Llegaban de todas partes. De Poniente y de Levante. De El Ferrol, de A Coruña o de Santiago. Fueron igual que los mensajeros, errantes. Traían la buena nueva. La entregaban, y sin pernoctar siquiera, sin pararse a descansar ni un instante, se iban a otro lugar a renovar su quimera. Nada pedían a cambio del sueño que regalaban, el cual se lo habían procurado desde sus mismas entrañas, durante años de angustia, como si fuese una perla. Cuando menos el mensaje, que era tan sólo un recital de palabras, que a cada lugar llevaban, brillaba como las perlas que encantan con su belleza las voluntades más cándidas, sedientas de toda luz. Y aquella luz de las perlas a éstos les encantaba, aunque fuese reflejada, porque la luz natural les había sido negada, en tanto que habían nacido, como hijos de la noche más oscura, entre las sombras angostas del reinado de tinieblas bajo el cual, más tarde, se habían amamantado, desarrollado y crecido. ¿Cómo no oír el mensaje de la luz, en cuanto se abrió un resquicio en el cielo que, por supuesto, ellos también desconocían y amaban, y aunque fuese reflejada, si tan sedientos estaban?
          Tanto fue así que al oír el declamar del mensaje, se entregaron, como nadie, en alma y cuerpo a la causa ,hasta perecer por ella... De ilusión, porque hay quien piensa que la ilusión también mata. De todos modos, ¡qué importa!. Los muertos, eran los hijos del mal. Y a quienes les heredasen, si lo de ellos es existir como zombis, poco les iba importar de dónde fuese la luz que contenía el mensaje. Ni, acaso, mucho menos les importase ni la causa por la cual las perlas nacen para perecer, después de regalarnos su brillo.
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#1.- Sí,
28-10-2008 22:24
¿Pero de qué va?
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#2.- Pues, precisamente,
29-10-2008 10:18
Va de eso que estás pensando.
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