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Los dos 10 de marzo
El 10 de marzo de 1945, el imperio yanqui perpetró, en Japón, el peor atentado terrorista de la historia y, siete años después, fue autor de un golpe militar que provocó un baño de sangre en Cuba.
Carlos Rivero Collado | Para Kaos en la Red | 10-3-2010 a las 16:12 | 1923 lecturas | 30 comentarios
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Así quedaron, en el barrio obrero de Tokío, los restos de unas 150,000 personas, en más de un 90% niños, mujeres y ancianos.

Hoy se cumplen los aniversarios de dos grandes crímenes del gobierno imperial de Estados Unidos, uno en Japón, en 1945, otro en Cuba, en 1952. En aquél, fueron quemados vivos unos 150,000 seres humanos; en éste, un golpe militar, a ochenta días de unas elecciones generales, provocó el peor baño de sangre en la historia republicana de Cuba.

1-. La obra maestra del Imperio Terrorista

Jamás se ha producido un crimen mayor al que el imperio perpetró aquel día en Japón. No fue una acción de guerra, pues el cuartel general del Primer Ejército Japonés, el más importante del país, y el Palacio Imperial, en el que se encontraba Hirohito, no fueron impactados ni por una simple bala, a pesar de que se encontraban a pocos kilómetros del barrio obrero de Tokío.

Fue, en el más estricto sentido del concepto, un atentado terrorista, el peor, el más cobarde, el más infame, el más monstruoso que recuerda la violentísima historia de la especie humana.

A principios de marzo de aquel año 1945, los aviadores de guerra del imperio ya habían asesinado, en las principales ciudades de Japón, a cientos de miles de civiles inocentes, o sea no combatientes. La venganza había sido en extremo desproporcional a la ofensa, ya que en el ataque a Pearl Harbor habían muerto militares que se hallaban en los barcos destruidos o personas que trabajaban en las bases naval y aérea, no cientos de miles de niños, mujeres y ancianos ... en sus hogares, escuelas, guarderías, asilos, centros de trabajo, parques, hospitales, ciudades abiertas.

El ataque a Pearl Harbor, tres años y medio antes, había sido perpetrado por oficiales de la fuerza naval japonesa, no por el pueblo japonés, al que no se le consultó si quería o no que se atacasen las bases hawaianas ni si deseaba o no involucrarse en algo tan terrible como una guerra mundial.

Hay que analizar el ataque a Pearl Harbor no sólo desde el punto de vista de lo que aquella acción representó para la historia, o sea “un ataque a traición”, sino desde otros ángulos aun más criminales.

En primer lugar, el imperio no tenía –ni tiene-- ningún derecho a estar en Hawai. En 1893, Hawai era un país libre, habitado por unos cien mil seres humanos y gobernado por una reina tan sensible que caminaba sola, sin escolta, por las calles de Honolulu y componía poesías y canciones que ella misma cantaba, acompañada de su pueblo, en los parques de la ciudad. El país no tenía ejército y la policía era muy pequeña, pues el delito era casi inexistente. Entonces, varios empresarios, en su mayoría de Massachusetts, que tenían intereses en las industrias del azúcar y la piña, armaron a una banda de 300 delincuentes, asaltaron el poder del país, obligaron a la reina Liliukalani a huir a Filipinas y crearon una “república libre”. Una escuadra naval del imperio se situó frente a Hawai para apoyar a los golpistas en caso de que el golpe no tuviese un triunfo fulminante. Cinco años después, esta república “libre” se anexó al imperio, tal y como había hecho Tejas medio siglo antes.

Si se hubiera hecho un plebiscito en 1893, más del 98% del pueblo hawaiano hubiera apoyado a su reina y rechazado a los bandidos que la derrocaron. Teniendo todo esto en cuenta, hay que convenir que Barack Obama no nació en Estados Unidos, sino en unas islas ocupadas a la fuerza por el imperio estadounidense.

En segundo lugar, Roosevelt y los altos mandos del Pentágono sabían que una escuadra japonesa se estaba aproximando a Hawai y que un ataque a Pearl Harbor era inminente, pues a principios de diciembre de 1941, la Inteligencia naval de EU había descifrado el código secreto de la armada japonesa. Roosevelt y los altos jefes militares no alertaron a las bases de Pearl Harbor porque necesitaban que Japón iniciara las hostilidades para justificar la entrada de este país en la guerra y ya no sólo contra Japón, sino contra los otros países del Eje. Al complejo militar-industrial-terrorista lo que le interesaba era la guerra para que su gran industria bélica ganara una inmensa fortuna, no la vida de sus militares en Hawai.

De haber seguido siendo Hawai un país libre después de 1893 y, sobre todo, de haber actuado Roosevelt como un gobernante sensato, no un feroz imperialista, aquel ataque japonés no se hubiera producido, pues la escuadra del imperio en Hawai era más poderosa que la japonesa que se le acercaba y hubiese salido a su encuentro en alta mar, en cuyo caso los japoneses no hubieran podido perpetrar ningún ataque furtivo.

Al igual que en todos los otros bombardeos, el objetivo del de aquel 10 de marzo, no fue destruir fortalezas ni concentraciones de tropas ni puestos de mando; sino asesinar en el menor tiempo posible a la mayor cantidad de niños, mujeres y ancianos para sembrar el más absoluto terror en la población civil. En este caso, a la que vivía en el barrio obrero de Tokio, un perímetro de 24 kilómetros cuadrados, seis de largo por cuatro de ancho. En esta área vivían un millón doscientos seres humanos. No eran soldados ni funcionarios del gobierno ni gente importante: eran obreros o familiares de obreros que vivían en casas humildes y padecían el fugaz terror de la guerra y el eterno terror de la vida, la miseria.

Había aquel día en el barrio obrero muy pocos hombres adultos porque el servicio militar obligatorio era ya para todos los hombres de 16 a 62 años inclusive, y los soldados no estaban en las ciudades, sino en los cuarteles y las trincheras de las costas. Por lo que, del 1.2 millones de seres humanos que se hallaban en el barrio aquel día, más del 90% eran niños menores de 16 años, viejos mayores de 63 y mujeres de todas las edades. Había en aquella zona muchas industrias pequeñas en las que trabajaban las mujeres, los niños de diez a quince años y los viejos. Las casas eran de madera.

A doce kilómetros, se hallaba el Cuartel General del Primer Ejército Japonés, protegido por treinta mil soldados y cientos de altos oficiales. A siete kilómetros, estaba el Palacio Imperial, en el que se encontraba Hirohito.

La barbarie comenzó a las 10 y media de la noche del día 9 y concluyó un poco antes de las cinco de la mañana del día 10.

330 superfortalezas B-29 perpetraron la monstruosa masacre ultraterrorista. La primera oleada estaba formada por doce aviones Pathfinders que crearon un círculo de fuego alrededor del barrio obrero para que los cientos de aviones que llegaron después lanzaran sus bombas dentro del área señalada. Media hora después, decenas de aviones tanques lanzaron miles de galones de gasolina. Entonces llegaron los B-29 que lanzaron 1,665 toneladas de bombas incendiarias, entre ellas las M-18 y las M-69, éstas expandían el fuego a 35 metros del punto de explosión. Cuatro escuadrones aéreos tuvieron la misión de volar a muy baja altura para ametrallar a las pobres gentes que trataban de escapar del gran anillo de fuego.

La misión del imperio terrorista era asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar con calor, asesinar con candela, asesinar con humo, asesinar con bombas, asesinar con balas, sencillamente asesinar ... y no soldados, sino niños, mujeres y ancianos.

Avivado aun más el incendio por los llamados vientos de cuaresma, de unos 40 kilómetros por hora, el barrio obrero se convirtió en una inmensa hoguera, en el fuego más asesino que haya existido, con temperaturas de hasta 1,800 grados Farenheit. El incendio se podía ver a 240 kilómetros de distancia.

Los pilotos terroristas vomitaban por el intenso olor a carne humana quemada: ellos eran los terroristas menores porque los grandes terroristas –los que no sólo no hicieron nada para evitar la guerra, sino que la aceleraron-- estaban, a buen resguardo de la lejana candela, en la Casa Blanca, el Pentágono y Wall Street ... o asoleándose en Palm Beach, arrullados por la exquisita eufonía de las olas de espuma al llegar, suavemente, a la orilla.

Si, como efecto de una fantasía que estuviese más allá del tiempo y el espacio, Esquilo, Sófocles y Eurípides hubiesen visto aquel soberbio drama, no se habrían atrevido a narrarlo en todos sus detalles.

Por la mañana, las 270,000 pobres viviendas estaban reducidas a cenizas y, sobre ellas o a su alrededor, yacían más de 100,000 cadáveres carbonizados como los que se ven en la foto que encabeza este artículo. Más de 45,000 personas murieron unas horas después o en los días siguientes. Más de 300,000 sufrieron quemaduras, muchas de ellas graves. 900,000 perdieron su hogar. Del total de muertos, más de 60,000 eran niños.

2-. ¿Fue, realmente, Batista el autor del 10 de marzo cubano?

Por ahí, perdidos en la inextricable maleza de mis papeles y libros, acumulados en casi sesenta años de estudio incesante, hay muchos apuntes que tomé de varios diálogos que sostuve con mi padre –Andrés Rivero Agüero-- sobre aquel golpe de Estado. El día que los encuentre, tal vez los publique en una serie de artículos o en un pequeño libro. El me pidió que no lo hiciera hasta después de su muerte y ya falleció hace más de trece años.

Mi padre sostuvo una relación politica muy estrecha con Fulgencio Batista desde el año 1929, cuando éste era sólo un soldado. Se conocieron en un tren que iba rumbo a Oriente adonde iban a pasar las vacaciones de verano, Batista a Banes, mi padre a Santiago.

Mucha gente cree que mi padre fue ”un producto de Batista”, que todas las altas posiciones que ocupó fueron concedidas, como una gracia o un favor personal, por su amigo Batista, o sea que mi padre no era nadie y Batista lo hizo, incluyendo su elección como presidente, en noviembre del 58, cargo del que no pudo tomar posesión por el triunfo de la Revolución.

Pero esa historia es muy distinta, porque si no hubiera sido por mi padre, Batista no hubiera llegado ni a segundo teniente, y con esto, sin quererlo, quizás le esté haciendo una grave crítica a mi padre, a pesar de lo mucho que lo quise y lo recuerdo con inmenso cariño porque, como he dicho otras veces, fue un hombre de grandes virtudes personales, aunque también de graves errores políticos, que pudieran resumirse en un solo nombre: Batista.

En 1929, mi padre tenía 24 años y cursaba primer año de Derecho en la Universidad de La Habana porque no había podido estudiar de niño, ya que era tan pobre que vivía en una zona rural en la que no había escuelas, y había terminado su primera enseñanza a los 19 años y la segunda a los 24.

Dos años después, comenzó a trabajar como “pasante” --auxiliar de trabajos legales-- en el bufete de Carlos Manuel de la Cruz, un prominente abogado que fue una de las figuras políticas más importantes del país en la década de los 30. Y fue mi padre quien, siendo sólo Batista un simple sargento-taquígrafo, lo introdujo en el círculo de las figuras políticas que frecuentaba aquel bufete, entre ellas varios de los que después formaron parte de la Pentarquía, un gobierno colegiado de cinco miembros que tomó el poder después del levantamiento militar del 4 de septiembre contra un presidente impuesto por el imperio yanqui.

A través de mi padre, en ese bufete, Batista se relacionó, sobre todo, con el periodista Sergio Carbo, quien quedó a cargo de los ministerios de Guerra, Marina, Gobernación y Comunicaciones de la Pentarquía.

Fue, precisamente, Sergio Carbó quien, usando las prerrogativas de sus cargos, nombró a Batista jefe del ejército y lo puso al frente de aquel levantamiento de las clases militares contra la oficialidad y el presidente Céspedes, a pesar de que otros habían dirigido la asonada militar, sobre todo Pablo Rodríguez. No teniendo tropas bajo su mando, Batista no podía dirigir aquel levantamiento a no ser que Carbó, con la anuencia de los otros miembros del gobierno en ciernes, o sea la Pentarquía, lo situara al frente del mismo.

Al día siguiente de haberlo puesto Carbó al frente del ejército, Batista se entrevistó con el embajador Sumner Welles, colocándose desde entonces al servicio incondicional del imperio.

Esa larga relación convirtió a mi padre en el más cercano colaborador y consejero de Batista por muchos años y ésta era la posición que tenía en el verano de 1951, cuando, a raíz de la muerte de Eduardo Chibás, se comenzó a planear el golpe de Estado contra el presidente Prío Socarras que se perpetraría, el 10 de marzo de 1952.

Cuando aquello mi padre iba a Cuquine, la finca-residencia de Batista, dos o tres veces a la semana, y a partir de principios de febrero del 52, todos los días y muchas veces se quedaba a dormir allá para seguir reunido con Batista.

No teniendo a mano, en este momento, las notas sobre las conversaciones con mi padre sobre el 10 de marzo, lo que voy a escribir va a ser de memoria. No veo por qué mi padre tuviese que mentirme en aquellas conversaciones privadas. No eran declaraciones públicas ni testimonios para un libro ni nada de eso. Era el alma de un político honesto –uno de los pocos ministros de Batista que no se aprovechó de sus cargos para hacerse rico—que le confiaba sus secretos, en las horas silentes de la noche, a un hijo que también tenía la misma pasión por la política.

Esto fue lo que, en síntesis, me dijo mi padre sobre el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952:

A) Batista sabía que iba a perder las elecciones de junio de 1952, pero asimismo estaba convencido que así ganaran “ortodoxos” o“auténticos”, los partidos mayoritarios del país, se iba a producir una guerra entre esos dos grupos políticos y que, pasado el cuatrenio 1952-56, el pueblo iba a estar tan cansado de la violencia política –que había estado presente, también, en los gobiernos del 44 al 52--, que lo iba a ver a él como el candidato de la paz y a elegirlo presidente.

B) Cuando Chibás se dio el tiro aquella noche del 5 de agosto de 1951, mi padre y Batista estaban haciendo campaña política en la ciudad de Pinar del Río. Era de noche y Batista se estaba afeitando. Mi padre se le acercó y le dio la noticia. Batista exclamó: “¡Que no se muera ... que no se muera!”. Mi padre no entendió en aquel momento aquella reacción. Unos meses después se dio cuenta que si Chibas hubiese vivido, Batista no hubiera dado el golpe militar y, sobre todo, que ya desde antes de aquel día había agentes del gobierno de Estados Unidos que lo estaban presionando para que tomara el poder por la fuerza, pero sabían que con Chibás vivo no era posible porque era tanta la influencia que ejercía sobre el pueblo que éste se hubiera lanzado a la calle y hubiese fracasado el golpe o habría habido cientos o miles de muertos, en cuyo caso el fracaso hubiera sido mucho mayor.

Batista había estado al servicio del imperio desde septiembre del 33, pero su astucia política y su natural inteligencia, a pesar de su gran ambición personal, le hacían ver que era mejor esperar a 1956 que perpetrar un hecho de esa naturaleza en una fecha tan cercana a las elecciones y nada menos que por el candidato del que se sabía que iba a perder los comicios.

C) A la sazón habia varios oficiales del ejército que querían derrocar a Prío Socarrás y trataban que Batista se pusiera al frente del golpe, pero nada se había acordado al respecto.

D) Muerto Chibás, los agentes del imperio arreciaron sus presiones para que Batista diera el golpe. Con esa extrema ignorancia que los dirigentes políticos y diplomáticos del imperio han tenido siempre sobre los demás países y muchas veces sobre el suyo mismo, creían que, de triunfar Roberto Agramonte, el heredero de Chibás que estaba al frente en todas las encuestas políticas, Cuba sería declarada república socialista dependiente de la Unión Soviética ... como si eso hubiera sido tan fácil.

E) Por supuesto que había que ser bien estúpido para creer que eso podía hacerlo un presidente que fuese producto de una elección multipartidista en la Cuba de 1952, un país penetrado hasta las entrañas por el capitalismo norteamericano, cuyas exportaciones e importaciones dependían, casi en su totalidad, de Estados Unidos, con unas fuerzas armadas proimperialistas que eran dirigidas por una oficialidad ignorante y retrógrada y, además, con una burguesía capaz para los negocios, pero mediocre para todo lo demás, que veía en Estados Unidos el olimpo, el nirvana, el paraíso. Eso nada más que podía hacerlo una Revolución dirigida por héroes que tuvieran un gran apoyo popular y un conocimiento adecuado de la relación de fuerzas entre los dos gigantes de la Guerra Fría: el imperio y la URSS ... y que estuviesen dispuestos a morir por su causa. Ni Chibás ni Agramonte ni Hevia ni Marinelo ni Prío ni Grau ni Núñez Portuondo ni ningún otro líder político de aquella época podía ni siquiera soñar con hacer nada de eso.

E) El hecho cierto fue que, a partir de noviembre de 1951, Batista empezó a reunirse en la biblioteca de Cuquine con ciertos estadounidenses que aunque no se identificaban, mi padre estaba seguro que se trataba de agentes del gobierno de Truman, fuesen de la CIA, el Pentágono o el Departamento de Estado. Batista le pedía a mi padre que no participara de estas reuniones, con lo que aumentaba sus sospechas.

F) A la sazón, el gobierno de Prío Socarrás se había convertido en uno de los más corruptos en la historia del país, situación que supieron aprovechar Chibás y Agramonte, para hacerse de un gran apoyo popular.

G) Batista le confió a mi padre, finalmente, en enero del 52, que el Departamento de Estado de Washington consideraba que el triunfo de los ortodoxos era el triunfo de los comunistas, y que él tenía que evitarlo ocupando el poder por la fuerza. Sabiendo que eso no era cierto, mi padre arreció su campaña para disuadir a Batista del golpe de Estado, consejo que, en principio, –según mi padre— Batista aceptó.

G) A mediados de febrero, Batista le confió a mi padre, finalmente, que el Departamento de Estado y la CIA consideraban una “traición a la democracia y la libertad” que se permitiera “el triunfo de los comunistas disfrazados de ortodoxos” y que si no consumaba el golpe militar, el gobierno de Estados Unidos iba a tomar contra él varias represalias, entre ellas la confiscación de su edificio en la Quinta Avenida y la Calle 42, de Nueva York, y su cuenta bancaria en el First National City Bank de la propia ciudad. Lo amenazaron, además –segun él--, con solicitar su deportación a Estados Unidos para procesarlo por ciertas transacciones ilegales que había hecho en la adquisición del edificio de Nueva York. En octubre de 1952, Batista dejaba de ser senador de la república y, al perder su inmunidad, podía ser deportado. Sobre todo si los ortodoxos estaban ya, entonces, en el poder.

H) Mi padre siguió insistiendo con Batista que no diera ese paso y cada vez que lo hacía, él le daba la misma respuesta: “No tengo otra salida, Andrés, no tengo otra salida”.

I) Al comprender mi padre que su dramático esfuerzo para evitar el golpe no iba a dar resultado, le dijo a Batista que la única manera que él podía continuar a su lado, como en los 23 años anteriores, era si le permitía entrar con él en Columbia. Según mi padre, dos o tres días antes del golpe, se acercó a Batista y, casi al oído, le dijo: “Eso que van a hacer ustedes es una locura que les puede costar la vida si les falla algo. En esa locura estoy yo comprometido desde mucho antes del 4 de septiembre, por lo que quiero correr la misma suerte que corran ustedes”.

J) Batista cambió los destinos de Cuba, entrando a las 2 y 32 de la madrugada por la Posta 4 del campamento militar de Columbia, cuartel general del ejército, en un automóvil manejado por el capitán Luis Robaina. El capitán Dámaso Sogo, oficial de día, le dio la orden a los soldados que lo dejaran entrar. Un rato después, la soldadesca lo aclamaba, alborozada, en el mando central del cuartel. Era el inicio de un nuevo régimen que llevaría al país a la guerra civil y, eventualmente, a la Revolución.

K) Mi padre entró en Columbia aquella madrugada en el automóvil que iba detrás del de Batista, al lado de Andrés Domingo Morales del Castillo y de Justo Luis del Pozo y del Puerto. ¿Hizo bien? Por supuesto que no, pero hay que reconocer, al menos, que lo hizo para serle leal a su amigo de veinte años, a su cofradía política, a su partido, a su gente, a lo suyo. Debió haber pensado en ese momento que la lealtad mayor es a la patria, no al partido, pero ¿qué decir, entonces, de los miles de senadores, representantes, gobernadores, alcaldes, concejales y funcionarios públicos de todos los niveles que apoyaban a Prío Socarras hasta el día antes del golpe y después se unieron a Batista. Esos también fueron leales ... pero al dinero. Aquella rampante corrupción capitalista y la estupidez criminal del imperio, fueron los dos mejores aliados que tuvo Batista aquella madrugada para perpetrar el golpe de Estado.

¿Me decía la verdad mi padre al contarme todo aquello que precedió al 10 de marzo o mentía para exculpar, en parte, a su amigo Batista de un hecho que le trajo a Cuba tanta sangre? ¿No quería, realmente, Batista que Chibás se muriera para no tener que acatar la orden del imperio dando el golpe? ¿Pensaba, realmente, Batista que el pueblo lo iba a elegir en 1956 a pesar de que las encuestas en el 52 le daban tan solo un 6% en la intención de voto? ¿Se resistió, inicialmente, Batista --quien había sido siempre muy ambicioso-- a las presiones del gobierno de Truman para dar el golpe y sólo lo aceptó cuando lo amenazaron con encausarlo en EU y pedir su extradición? ¿Le decía eso a mi padre para justificar el golpe o era cierto que el imperio lo había chantajeado de tal forma?

No puedo responder a estas preguntas, pero si todo aquello que mi padre me contó hubieran sido sólo falacias, habría sido la única vez, desde mi nacimiento hasta su muerte, que me dijera una sola mentira.

Aquella mañana del golpe, el periodista Luis Ortega Sierra fue al campamento de Columbia a cubrir para el diario Prensa Libre un hecho que, por muy repulsivo que fuese para él, no dejaba de ser histórico –esto que sigue no me lo contó mi padre, sino que lo dijo el propio periodista en un artículo que publicó en El Diario-La Prensa, de Nueva York, con motivo de la muerte de mi padre en noviembre de 1996--.

Al poco rato, Ortega se encontró con mi padre, de quien era buen amigo. En ese momento llegaban a Columbia dos agregados militares de Estados Unidos a darle a Batista el tácito reconocimiento del imperio al golpe militar. Mi padre se acercó a Ortega, señaló con discreción a los militares yanquis y, mordiendo con fuerza el tabaco, como hacía cada vez que algo le disgustaba, masculló:

--Esos carajos fueron los que le dieron el crancaso. 

El crancaso de esos carajos le costó a Cuba miles de muertes.

Dos 10 de marzo, un solo autor, el imperio

 
 
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Comentarios (30)

#1.- Experimento con Japon

10-03-2010 16:27

Cuando se tiraron las dos bombas atomicas contra Japon este pais estaba ya rendido, sin defensa aerea ninguna y sometido a bloqueo, era cuestion de dias o meses que se rindiera, pero EEUU queria con la utilizacion de las bombas dos objetivos, 1º Amenazar y dar un aviso a la URSS, 2ºExperimentar que efectos tenían bombas sobre poblacion real tanto fisica como psicologicamente; si hasta experimentaron con sus propios soldados los efectos de la radiacion sin que estos lo supieran. Así pues el que se declara máximo perseguidor de armas de destruccion masiva no solo es paradojicamente el que más posee, sino el primero en utilizarla en poblacion civil. Eso si como fueron los vecedores con ellos no hubo ningun tribunal por crimenes contra la humanidad, como decian los romanos ya, Bae victi (¡hay de los vencidos!)

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#3.- UN IMPERIO MONSTRUOSAMENTE MONSTRUOSO

Conrado M. Rangel|10-03-2010 17:44

Te felicito, una vez más, Carlos, por estos estudios históricos que tanta luz echan sobre hechos que aún están un poco oscuros.

Yo había leído sobre el gran bombardeo incendiario a Tokío aquel día de 1945, pero no conocía ciertos datos que ahora tú das en este artículo. Sólo un gobierno monstruosamente monstruoso es capaz de haber hecho aquello. El martirio más terrible que puede sufrir un ser humano es el de morir quemado y fueron niños, viejos y mujeres; niños, viejos y mujeres, Carlos, ¡qué monstruos!

Cuando el 10 de marzo, yo tenía diez años, pero ya en mi casa de Matanzas mi papá hablaba mucho de eso y en mi familia todos fuimos muy opuestos al régimen de Batista y apoyamos al 26 de Julio y a la Revolución, pero, sin quitarle culpa a Batista sobre el golpe, creo, como tú, que el gobierno yankee tuvo también mucha culpa. Batista era para ellos el mercenario ideal que se puso al servicio del ultracapitalismo yankee mucho más que todos los otros gobernantes que tuvo Cuba.

No le hagas caso a este cobarde que puso el comentario 2, faltándote el respeto. Por su seudónimo se da uno cuenta que pertenece a lo más bajo de la cloaca de Miami. No debían borrarlo para que el lector los conozca. Ese es un modelo que nos beneficia.

Un gran abrazo.

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#4.- Uno de los mejores artículos de don Rivero

Héctor Hernández Pérez (de Güines y a mucha honra)|10-03-2010 18:12

Rápido, don Rivero, porque me tengo que ir a trabajar. Gran artículo, uno de los más documentados. Usted es el bravo y si fuera músico sería El Bárbaro del Ritmo. Nadie escribe como escribe usted. Para mí es un honor haberlo conocido personalmente y espero que nos visite otra vez.

No estoy totalmente seguro que ese enlace o link que puso el del comentario 2 tenga algún virus, pero con esa basura de seudónimo que usa hay que esperar cualquier cosa de un sujeto así. Yo ni muerto accedo a un link de ese sujeto.

Un saludo y mis respetos también a don Conrado.

Y ahora a acurralar que la cosa no está muy buena.

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#5

juan|10-03-2010 19:21

Amigo Carlos, nada se puede agregar sobre lo que escribes, habiendo podido lucrar con llevar tu apellido, elegiste ponerte del lado de los de "Verguenza contra dinero" Ojalá te tengamos muchos años dándonos estas lecciones, un abrazo fraterno.

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#6.- Una brillante tarea

Antolín Hidalgo|10-03-2010 21:24

No hay nada como ir a la memoria histórica para entender lo que sucede en el mundo presente. Por ello es que la labor del profesor Carlos Rivero Collado es altamente encomiable. Yo la disfruto enteramente y, a veces, imprimo algunos de sus artículos y se los entrego a  mis alumnos que pueden leer  español aquí en la Universidad de Nueva York (NYU). 
Lo del bombardeo incendiario a Tokío fue, como muy bien dice Carlos,  uno de los crímenes más grandes de la historia, quizás el peor.
El 10 de marzo en Cuba nunca tuvo razón de ser y no entiendo cómo un hombre tan sensible y culto  como el doctor Andrés Rivero Agüero pudo verse envuelto en aquello. Estoy seguro que su hijo tampoco lo comprende. A veces las pasiones y militancias políticas nos llevan a cometer graves errores, por eso es que yo nunca me he metido ni me meteré en la política. 
Un abrazo, Carlos, y sigue con tu brillante tarea... 

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#7

raf|10-03-2010 21:24

Luego la gusanera se pondrá a hablar de los "crímenes de Castro". le dan la vuelta a la Historia y los héroes son colocados en el lugar de los villanos y viceversa. El cinismo asquea. Enhorabuena, una vez más, señor Rivero. Gracias por su artículo.

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#10.- Eran son unos salvajes

Apolonio|10-03-2010 21:42

Lo que los norteamericanos hicieron en Tokio, Hiroshima y Nagasaky no lo ha hecho nadie ni antes ni después. ¿Qué tenían que ver los niños, las mujeres y los ancianos de esas ciudades con lo que hicieron Tojo y su camarilla con el consentimiento cómplice de Hirohito?
Había  razón en ahorcar a Tojo después de la guerra y si se lo hubieran hecho a Hirohito creo que hasta el pueblo japonés lo hubiera entendido, pero no habia que achicharrar a tantos miles de niños y de mujeres y de ancianos.Eso  nada más que lo podían  hacer gente extremadamente enferma y monstruosa como Curtis LeMay, jefe de la aviación, con la complicidad de Roosevelt y después de Truman.
La verdad es que eran unos salvajes. SIGUEN SIENDO UNOS SALVAJES. 
Mi apoyo a todo lo que usted escribe, señor Rivero. 

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#11.- libro esclarecedor sobre papel USA en guerra mundial

ecoe|10-03-2010 22:37

El mito de la guerra buena
Jacques bR Pauwels
Editorial Hiru 2002

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#12.- EE.UU ?? CONTINUA IGUAL!!

Lía|10-03-2010 22:38

Sr. Carlos R. Collado, primero mis Gracias!! por el elogio que hace sobre mis comentarios, Luego como que inmerecido lo que le digo? es Ud., Profesor, Historiador y un Intelectual como pocos, yo solo cursé la escuela primaria y hace muchímos años, como tengo que sentirme ?
Yo lo admiro por sus notas que me dan placer leer, aparte estar orgulloso de portar el apellido de su padre a pesar de  reconocer que tuvo aciertos y  errores, que  no cabe ninguna duda. lo hizo por lealtad a una idea.
EE.UU... pienso que nada  cambió, solo han pasado los años, y SI, mataron de la manera más monstruosa, cometieron los peores crímenes que muchos aborrecimos,  y que nunca  pudimos admitir  porque no fueron condenados, como  NO lo serán jamás, ni por lo que continúan haciendo. Leí hace unos días en Kaos la nota de un periodista que denunciaba que fueron ejecutados niños y jóvenes  encadenados, mientras la Otan y Washington hacen silencio. Da asco que pregonen que son democráticos, mientras invaden Países dando Golpes de Estado, buscando armas nucleares que no existen y que pongan Bases en A.Latina para controlar el paso de  la droga, ¿Que desfachatez más grande!! QUE MENTIRA!!
Perdón Sr. C. R. Collado, por salir del contexto de su nota. Tampoco tengo el polder de síntesis que Ud., aplica en sus artículos.
Gracias por todo!! Con sus artículos continúo nutriéndome y con la mayoría de los comentarios de algunos lectores que son inteligentes.
Lía/Argentina

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#13.- pobre gente

alicia|10-03-2010 23:41

Lo mas incomprensible es que el pueblo japones haya olvidado esa y otras canalladas, siendo hoy el mas firme aliado anticomunista de la Casa Blanca,

Si yo fuera japonesa   hubiera sembrado un alma kamikaze dentro de mi, para un dia lanzarme contra esa vergonzosa Estatua de la Libertad, pero de noche, cuando no pueda morir un inocente, sino yo misma gritando FUERA MENTIRAS 

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#14.- Líderes afroamericanos exigen a la dictadura castrista que ponga fin a su insensible desprecio por los negros cubanos.

11-03-2010 00:01

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#15

11-03-2010 00:11

R.C quiere revisar la historia y su ceguera y demagogía de inventar fabulas,cuando todos sabemos que los japoneses eran aliados del ejército fascista alemán e Italiano,y el ataque a la isla los norteamericanos le dierón la respuesta que merecía en ese momento,casí siempre el pueblo tiene que pagar los errores de sus gobernantes,como mismo ocurre en Cuba que el dictador a involucrado a los cubanos en guerras imperiales en africa y A.L.Su vicción sobre el conflicto de la segunda guerra mundial está demasiado parcializado y huele a fanátismo y un poco de frustración porque no lo dejan entrar a su tierra natal.

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#16.- A UN CRETINO-CRIMINAL DEL GENERO COMPUESTO (COMENTARIO 15)

Conrado M. Rangel|11-03-2010 00:58

Mira, imbécil, en primer lugar no se dice viccion, sino visión; fábula se escribe con acento, pero dieron no.
Hay que ser muy canalla para decir, refiriéndose al bombardeo del 10 de marzo del 45 a Tokío:   "los norteamericanos le diéron (el acento es tuyo) la respuesta que merecía en ese momento".
O sea que HICIERON BIEN los cientos de B-29 que asesinaron a 150,000 seres humanos, casi todos niños, mujeres y ancianos y  no le tiraron un solo tiro al cuartel del primer ejército ni al palacio de Hirohito.
Esa frase tan salvaje nada más que la puede decir un fanático de la escoria de Miami, o sea de la  cloaca de Estados Unidos.
Por eso ustedes jamás llegarán a ningún lado, fracasarán en todo y ni sus huesos regresarán jamás a Cuba.
La imbecilidad de ustedes rompe todas las medidas. 
Sigan, sigan enviando comentarios para que las personas normales de todos los países de habla  española que leen Kaosenlared  los conozcan. 

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#19

11-03-2010 11:23

Y acaso valian mas las vidas de los japoneses que los de Pearl Harbour?,

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#20

11-03-2010 11:43

Pear Harbour fue un montaje posiblemente, los jefes de EEUU lo sabian poco antes del ataque  y dejaron que el ataque se perpretara (incluso poco antes del ataque  salieron de Pear Harbour los buques y portaviones más importantes, hasta ahí llega la canalla), con esto no justifico el fascismo japones, pero siempre paga el pueblo humilde las decisiones de los fascistas el emperador sigue ahí como si nada. Y gusanera ya se que lo único que os preocupa es vuestro trasero, así que no espereis solidaridad de los demas, solo quereis enrriqueceros a costa de lo que sea y de quien sea, cosa que es una ingenuidad por vuestra parte, pues os lo venden como facil de hacer, vosotros mimos decis que no os importa lo que pase en otros lugares. Sabez que los que tienen aqui vuestra ideologia os desprecian y sacan muchos votos diciendo q  contra los inmigrates mano dura, y los que os defendemos somos la gente de izquierda, pero esos se va a acabar como sigais así pues uno no tiene vocacion de santo

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#21.- El que yo naci

Yuslan Sajor|11-03-2010 14:11

y ese dia fue el que yo naci en un oscuro monte de Las Villas, cerca del Escambray y rodeado de una pobreza que mis padres llevaban estoicamente como se lleva el arado que se resiste a herir la tierra del guajiro

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#22.- ¿Fabula?

Apolonio|11-03-2010 16:04

El señor del comentario # 15 dice lo siguiente:

--R.C quiere revisar la historia y su ceguera y demagogía de inventar fábulas, cuando todos sabemos que los japoneses eran aliados del ejército fascista alemán e Italiano, y el ataque a la isla los norteamericanos le dieron la respuesta que merecía en ese momento-

Por supuesto que este señor no sabe una palabra sobre la Segunda Guerra Mundial y cree que la justa respuesta (a lo de Pearl Harbor) que los norteamericanos le dieron a Japón fue matarle a decenas de miles de niños y dejar vivos en sus cuarteles a decenas de miles de soldados del ejército más importante del país –entre ellos a 26 generales-- y, en su palacio, a Hirohito.

En cuanto a “la fábula” a que se refiere, le respondo que con este artículo su autor no ha dicho nada nuevo ni propio ni ha descubierto el Mediterráneo. Todo el que tenga un mínimo de cultura histórica sabe que aquel gran acto de terror fue, exactamente, como el autor de este artículo lo describe.
Y si el señor del comentario 15 lo duda le aconsejo –ya que por supuesto vive en Miami porque se le nota a mil millas de distancia—que busque el servidor Google en su computadora y escriba --The Tokyo Great Firebombing of March 9-10, 1945” y verá que este artículo no tiene nada de fábula.

A no ser que él crea que todo aquello no fue nada más que un montaje fotográfico ... “como el de Abú Ghraib para dañar a Estados Unidos”.

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#23.- Matanza de niños

Aguinaldo|11-03-2010 18:01

La matanza de niños siempre ha sido el objetivo de las "valientes" fuerzas imperialistas. Busca en Google "Matad a los mayores de diez años"

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#24

super moe ronga|11-03-2010 21:02

para el #23 http://www.google.com/search?sourceid=navclient&aq=hts&oq=&;ie=UTF-8&rlz=1T4SKPB_enUS359US360&q=Matad+a+los+mayores+de+diez+a%c3%b1os  se te fue la guagua.

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#25.- LAS INDECENCIAS DE UN MICROPÉNICO

Héctor Hernández Pérez.|11-03-2010 23:23

Para que el lector vea el grado de extrema indecencia de estos señores –o este señor—que se dedica a ofender a don Rivero y a muchos otros articulistas, entre ellos nada menos que al Máximo Líder de la Revolución Cubana, fíjese en el seudónimo que usa este individuo del comentario 24 de este artículo y de muchos otros.

Escribe como ‘super moe ronga’, antes sólo ponía ‘moe ronga’. Discúlpenme que tenga que escribir esta palabra, pero MORRONGA –que suena exactamente igual que moe ronga—es la palabreja que lo más bajo de la escoria cubana usa para referirse al ógano sexual masculino, el pene.

El uso de ese seudónimo lo denuncia como lo que es, la basura humana, lo más bajo de la escala social, la cloaca.

Al poner ahora el “super” que antes no ponia, quiere dar la impresión de que el fenómeno le ha crecido.

Si embargo, yo creo que es todo lo contrario. Creo que el hombrín es micropénico.

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#26.- ALGO QUE SE ME OLVIDO (al del comentario #19)

Héctor Hernández Pérez, el de Günes, a mucha honra|11-03-2010 23:56

Este señor, que no tiene el valor de poner ni siquiera un seudónimo, dice: ‘¿Y acaso valían más las vidas de los japoneses que las de Pearl Harbor?’.

¡Qué bárbaro! Así son estos enloquecidos sujetos de lo peor de Miami que, como ha dicho don Rivero muchas veces, pertenecen sólo al 1 o al 2% de la emigracion cubana de Miami. Suponiendo que sean el 5%, como también ha dicho don Rivero, entonces el 95% no pensamos así, gracias a Dios. La actitud de 570,000 cubanos de Miami contra la de 30,000. Y eso es a todo tirar porque es casi imposible que 30 mil cubanos formen ese fantasma que se llama ‘exilio’.

En Pearl Harbor murieron alrededor de 2,600 militares o personas que trabajaban en la base naval y la Base Aérea de Hickman que estaba muy cerca de los muelles de Pearl Harbor. No hubo un solo muerto fuera de esas bases.

En Tokío, aquel diez de marzo del 45, fueron achicharrados más de 140,000 seres humanos, casi todos niños, mujeres o viejos mayores de 63 años. Antes, ya la aviación yankee había matado a cientos de miles, también niños, viejos y mujeres.

Unos días después de lo que pasó en Tokío, el imperio yankee hizo lo mismo en Nagoya y otras ciudades. En agosto, mató a 120 mil en Hiroshima y 45 mil en Nagasaki.

Y este salvaje justifica todo eso por lo que sucedió en Pearl Harbor.

El y los que piensan como él son tan asesinos como los que ordenaron todos aquellos crímenes contra niños, mujeres y viejos

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#27.- una forma muy particular, la facha, derrotada y juzgada en Nuremberg por criminales......

12-03-2010 11:31

una forma muy particular de ver la Historia del señor Rivero del escrito. Más vista que la "charito" y que no aporta nada como no sea para lavar la imagen de resentidos nazis y del demencial y teocrático expansionismo nipón sobre China, entre otros: El nazi, el fascista y el franquista/falangista español.........
En relación a Cuba, deberías empeza en tu "historia"   por la  imposición imperial y sanguinaria de españa a  José Martí y a la Independencia de la Isla en 1898.............Y luego seguir con lo demás...............LOS PROBALEMAS DEL FASCIO ESPAÑOL con los yankees o con los ingleses en Gibraltar u otros. QUE SE LOS RESUELVAN ELLOS!, y que salgan a dar voces ELLOS a la calle.......La izquierda y los antifascistas NO LES LAVAMOS LA CARA ni hacemos ni decimos sus discursos de fascio........

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#28.- ¿Quién será el loquito del comentario #27?

Apolonio|12-03-2010 14:42

Desde que estoy leyendo Kaos nunca había leído un comentario con tantos disparates como ése.

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#29.- Respuesta a los comentarios (1)

Carlos Rivero Collado|12-03-2010 16:50

(Comentario 1) Concuerdo con usted. Antes del salvajismo de Hiroshima y Nagasaki ya el gobierno de Kantaro Suzuki estaba haciendo gestiones para que se aceptara la rendición de Japón. Lo único que pedía ese gobierno era que se respetara al emperador Hirohito como símbolo del sintoísmo, principio religioso que existía en ese país por más de 1,500 años. Truman se negó rotundamente y se hubiera negado a TODO porque el objetivo del imperio no era que Japón se rindiera, sino aterrorizar al mundo con su poderío nuclear, sobre todo a la URSS, y también, como dice usted, conocer los efectos biológicos y pisicológicos que esas bombas nucleares tendrían en el ser humano. Y para eso quemaron vivos a más de 140,000 seres humanos en esas dos ciudades, en má de un 90%, también, niños, mujeres y ancianos. Esa es la historia, monda y lironda, y sólo los incondicionales del imperio la niegan. Mis afectos.

Conrado M. Rangel (Comentario 3) efectivamente, hermano, aquello fue monstruosamente monstruoso, ésa es una excelente definición. Los cobardes que insultan y esconden sus nombres, como el del comentario 2, no me ofenden ni me faltan al respeto porque no les hago caso. Y es bueno que escriban para que los camaradas los conozcan, para que se den cuenta que ese tipo de gente es la que se nos enfrenta. Fuerte abrazo.

 

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#30.- Respuesta a los comentarios (2)

CRC|12-03-2010 16:53

Héctor Hernández Pérez (Comentario 4) Tú eres un camarada admirable, Héctor, porque combinas al intelectual con el obrero y trabajas muy duro. Siéntete orgulloso en ser un autodidacta. Hay muchos autodidactas que superaron a los genios de las ciencias y las letras, entre ellos nada menos que Leonardo. Un abrazo.

Juan (Comentario 5) Muchas gracias por tus defensas. Me gustaría vivir muchos años si mantuviese la salud, amigo Juan, pero preferiría marcharme con la frente alta, como aún la conservo, antes de convertirme en un viejo cañengo que tenga que caminar con muletas o en sillas de ruedas o estar postrado en una cama o algo así. Un abrazo.

Dr. Antolín Hidalgo (Comentario 6) Un abrazo, mi querido profesor, siempre me estimulan sus comentarios que, a veces, se ausentan. Es un alto honor que sus alumnos lean este modesto esfuerzo que hago tratando que se entienda mejor el presente conociéndose mejor el pasado. Es que, realmente, no se pueden comprender los hechos si no se conoce el proceso que condujo a los hechos. Sé que hay mucha gente que sólo suele leer sobre lo que sucede en el presente, sobre todo si son chismes y vulgaridades, pero ésos son los que nunca aprenderán nada.

Raf (comentario 7) Efectivamente, ésos nunca ven los errores y crímenes del imperio, sólo los que ellos les conviene para su propaganda. Son los mismos que dijeron que Abú Ghraib fue un truco fotográfico para difamar al gobierno dre EU. Hasta eso llegan. Mis afectos.

 

 

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