Tras la detención del presidente del Deutsche Post, Klaus Zumwinkel, el selecto club de los evasores fiscales de Liechtenstein no para de crecer. El pequeño reino de Liechtenstein, de apenas 35 mil habitantes y 50 mil fundaciones, ampara enormes cantidades de capitales que evaden impuestos y ocultan actividades delictivas.
  Alois von und zu Liechtenstein, sucesor de la saga, jefe del Estado y propietario del banco Liechtensteinische Landesbank (LLB),  ha prometido una mayor cooperación con la fiscalía de Bochum encargada de la investigación de numerosas denuncias de fraude fiscal. Mayor cooperación pero buscando “soluciones sensatas” para sus clientes: 1) Ofrecer una amnistía para los clientes. 2) Suministrar información a los gobiernos interesados siempre y cuando no se les aplique penas excesivas. 3) Notificación primero a los clientes de que sus datos se pueden hacer públicos para darles tiempo a tranferir su dinero a otros paraísos fiscales.
  De todas maneras, el primer ministro de Liechtenstein, Otmar Master, para evitar falsas expectativas ha declarado: “No levantaremos el secreto bancario”.
  La saga de los Rechtenstein, como otras sagas,  lleva muchos siglos de experiencia desde que en 1569  Carlos I encabezó la lista de los príncipes soberanos del pequeño reino.
  ¿Hasta cuando?
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