Sobre el balance se ha escrito mucho, y se escribirá todavía más, ha habido mucha controversia teórica en estos setenta años de existencia. Pero a diferencia de otros tiempos, ahora contamos con una perspectiva histórica mucho más meridiana.
  No hace mucho que un alto funcionario respondía a mis argumento con una referencia irónica sobre las “internacionales obreras” ante el silencio (cómplice) de cargos sindicales y municipales de la izquierda realmente existente. Actualmente, la última y más pequeña internacional obrera se inserta en una nueva fase, un tiempo  todavía incierto en el que el sistema está sufriendo un descrédito acelerado, y la izquierda instalada ni tan siquiera es capaz de imponer reformas moderadas como las que, por poner un ejemplo, impulsaron los laboristas de la escuela de Michael Foot, casi un extranjero en el “new” laborismo. El hecho de que ni dicha izquierda, ni tampoco las burocracias sindicales muestren el menor interés por modificar un poco una correlación de fuerzas que los condena ser meros gestores, demuestra que no hay nada que esperar de ella. Están inmersos en el mismo “engranaje” que Obama, prisioneros de la dinámica “realista” que se va deteriorando ya que, de hecho, ellos se benefician de un pasado de luchas cada vez más lejano, más ajeno a su cultura de la política como negocio, como una forma de hacer carrera.
  Ya no quedan reformistas, los movimientos que existen, que se están creado después del naufrago desencadenado tras la caída del muro y todo lo demás: en la vida política el socialismo dejaba de ser la solución a ser el problema, de manera que en el pensamiento instalado no hay soluciones a lo existente, y comunican una concepción según la cual por más que todo vaya mal, lo peor es intentar cambiarlo. En esta tesitura, el primer estado del giro en la situación o parece que vaya a ser una movilización parcial del institucionalismo (político o sindical), sino de algo que se a parecer más a lo que sucedió en los tiempos de…la Primera Internacional.
    En ese contexto inusitado aparece la idea de una V Internacional, o sea una propuesta en el horizonte que, por más que se le puedan hacer reparos, representa un salto en relación a una situación en la que la verdadera Internacional. La del gran dinero, ha ido actuando casi en la más absoluta impunidad, con ejemplos tan escalofriantes como el de la Trilateral, tinglado al que, al parecer, pertenecen Felipe González y la actual ministra de Sanidad, socialistas como Bettino Craxi o Tony Blair…En esa apuesta, la IV representa una corriente internacional sobre la que el “tovarich” Salvatore Cannaro norma en estas misma página. Cannaro no habla de lo que hay que hacer (eso era posible cuando el movimiento era retenido por los “aparatos”, ahora el movimiento se tiene que recomponer), no plantea una guerra de escuelas (por disputar “hegemonías”), simplemente informa de cómo se está avanzando aquí (Portugal, Francia), y allá (Filipinas, Rusia), de las convergencias y debates…
      Qué dicha información aparezca cuando algunos de los tribunalistas franceses  (Bernard Henri-Levy), o locales (Cullá), entre otros, muestren su preocupación por el pañuelo de una camarada del NPA, demuestra que están nerviosos. Evidentemente, no hay argumentos como no hay ética ni nada que no sea la “carrera” en los medios, la recompensa obtenida por viejos izquierdistas ahora bien colocados porque ellos tienen un arsenal para la ocasión. Por cierto, el que escribe garabateo un artículo sobre nuestro lustre historiador cuya cátedra parece tener n pie en el consulado sionista y otro en el neoliberalismo “soberanista” de CIU donde los seudocristianos se combinan con los seudodemócratas (en realidad les une la política como negocio), pero pienso que en realidad no hay debate, no hay argumentos, lo que se trata de ofrecer un vulgar amalgama (el velo de la airada nepista con el “caucus” racista de Vic)…Lo importante4 es que están molestos, inquietos.
      Como sucedió con la AIT, la recomposición será una nueva composición, y la punta de lana será las nuevas generaciones con todas sus contradicciones y problemas pero con un par de cosas claras, tales como que nada se conquistará sin la movilización social, y que no hay nada que hacer en las instituciones como sea aporrearlas para hacer agitación. Pero esto que parece tan senillo como lo pudo ser en el siglo XIX, requiere de una sabiduría política capaz de tener respuestas a odas y cada una de las preguntas que planea una situación extraídamente complicada. Por ejemplo, ahora no nos podemos equivocar en el feminismo, en el ecologismo, en la denuncia de las prácticas sectarias y burocráticas…
    Sobre la historia de la Cuarta Internacional, servidor ya había escrito en estas mismas páginas de Kaos una treintena de artículos desde ánulos muy diversos, y todos ellos están reunidos en formato libro virtual gracias a los amigos de El Arbres de Fahrenheit con el título Trotsky y los trotskismos…
      En su prólogo se cuenta que su edición fue postergada para facilitar la edición e Trotskismos, de Daniel Bensaïd, editado por El Viejo Topo con un buen número de notas y con epílogos de Miguel Romero y mío,  tratando en ambos casos los episodios nacionales, vistos desde el ángulo de dos veteranos de la LCR que todavía seguimos en la misma cuerda aunque no en la misma onda. A parecer, el secreto de esta continuidad no radica en la aplicación del “legado” o del “programa”, radica en su adecuación crítica y convulsiva a las nuevas exigencias, así fue en los años sesenta-setena, y así será ahora.  No tengo interés en suscitar controversias con otras variaciones del mismo tronco, pero me parece fundamental recalcar tres consideraciones…
    Primero que por mucho que se haya dicho y repetido, la Cuarta Internacional no ha cambiado de barricada en ningún momento por mucho que se haya podido equivocar en otros…Segundo, se ha respetado la existencia de una mayoría, y tercero, las minorías han gozado de derechos
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