Ocasionalmente puede hacerlo, pero lo normal es que simplemente busque entretener. Por su propia naturaleza, raramente ofrece un punto de vista constructivo por sí misma; se usa como parte de una protesta o disensión, y tiende simplemente a establecer el error en los temas, más que proporcionar soluciones. El último ejemplo de sátira elevada al cubo es  Rebelión en la granja. Durante el siglo XX la sátira se trasladó desde los medios impresos a los audiovisuales. Pero si es cierto que entretiene, también lo es que la sátira no hace daño que es lo que el pueblo, harto de abusos, desearía. Sólo drena la repulsión que provocan los caciques del país.
  En todo caso se recurre a la sátira porque las democracias débiles tienen un empeño feroz en asumir entre todos las mentiras con las que se han fabricado. Pero si una democracia está a medio hacer y además están viciados sus orígenes (monarquía y constitución puestas ahí por unos cuantos albaceas que gestionaron el tránsito; tránsito a su vez que se produjo bajo el engaño de un referéndum que se aprobaría deprisa y corriendo para evitar la grave amenaza del golpe militar que sustituría al Franco de cuerpo presente), la vida política y ciudadana como fraude alcanza niveles de escándalo.
  Leyendo los periódicos, escuchando los debates u oyendo a las voces tertulianas de la especialidad, las riadas de basura y de odio que circulan por las rotativas, los platós y los cientos de círculos mediáticos propiedad de la derecha, véase cómo responden en la mayoría de los casos tanto la izquierda como los que tienen firme la vocación de sensatez: con la relativamente fácil fórmula de la sátira,  con ironía y  con mordacidad contenidas; siempre a la defensiva, siempre cuidando no caer en la tentación de mirar atrás removiendo politicas nefastas y  tantas causas de la causa…
  Véase cómo todos los que hacen crítica, con sátira o no, embisten contra la política no menos nefasta y los políticos que acentúan la privatización y contra la derecha que gobierna en autonomías y municipios, pero rara vez mientan la causa.  Bien sea por desmemoria, por pereza o porque no quieren que el rodillo deje de funcionar y de producir réditos a los que ya tienen blindada su vida muelle (entre los que se cuentan justo los periodistas que hacen crítica desde los medios ordinarios o los políticos en los parlamentos comunes), los críticos olvidan el parto distócico de esta democracia. Pero no a todos se nos olvida dónde está y desde cuándo data el foco de los vicios.
  Con la ironía pertinente y con la agudeza acostumbrada, los medios y los periodistas más conspicuos de la izquierda arremeten todos los días contra las simplezas y las provocaciones de la derecha. Todos los días cada asunto, cada declaración o cada pronunciamiento de la derecha y del clero que levantan ampollas entre la gente de bien, son respondidos inmediatamente con una batería de ironías y de guasa civilizadas que derrochan imaginación. Son respondidas, sí, pero sin hacer (el género de la sátira es así) la más mínima mella y menos el más mínimo daño a la apropiación progresiva de la riqueza y del poder, y también de los recursos que dan acceso a ambos, por parte de la derecha española insoportable. La sátira está bien, un magnífico instrumento expresivo que entretiene, pero cuando no hay otra alternativa al desahogo porque impera el régimen despótico. Pero en una democracia pretendidamente “libre”, tratar con ironía pertinaz asuntos graves para divertir es, o puede ser, si se abusa de ella, una frivolidad que encima sirve para engrasar el sistema.
  Es muy mala señal  para la medición de la salud democrática tener que abordar los temas constantemente con humor y no tanto desde la indignación que provocan constantemente la derecha y el clero. Nos harán mucha gracia a todos, pero más a la derecha y al clero que se ríen además al comprobar que, mientras los demás elaboran ingeniosidades, ellos se apropian cada día de más cuotas de poder y  se llenan  los bolsillos. Entre tanto la izquierda política y mediática se dedica a darle al magín en lugar de dar un puñetazo en la mesa.
  Un pronunciamiento popular es lo único que cabe en este jardín donde ya no sabemos dónde meter las inmundicias y la privatización, pues todo ya es excremento. Por eso todo el mundo alegre pero serio llama a este engendro democracia basura.
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#1.- "democracia"-BASURA Y REPRESIÓN A GRANEL.
VOX POPULI.|02-07-2009 18:04
No vivimos en una auténtica democracia. Esto no pasa de la categoría de cortijo o finca particular de los mismos de siempre o de sus herederos ideológicos/capitalistas.
Evidentemente el que protesta en serio (y por ende pacíficamente, sin violencia) pasa a estar en la diana de los "demócratas"; de forma legal y "democrática", faltaría más. Ordenanzas, códigos penales aplicados con saña, reglamentos municipales, leyes de seguridad ciudadana y cosas de este tipo.
En tiempos del Terrorista de Estado (Franco para más señas), también había leyes y todo era legal y justo (entonces no se llamaba "democrático", sino justo).
La sátira cuando son temas tan serios y graves no pasa de una bufonada que encima, sí, suele dar más alas a los totalitarios (ahora algunos "demócratas" de toda la vida).
Salud.
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#2.- Esperemos
Ninsfor|02-07-2009 20:17
que este pronunciamiento al que haces referencia tenga lugar en las urnas. Sin embargo, dada la escasa difusión que tienen los partidos de izquierda-izquierda no creo que por las urnas se consiga un cambio. No bastan los buenos propósitos: hay que llegar y saber llegar al pueblo llano. Hacen falta lideres comprometidos y carismáticos que sepan además, hablar la lengua de la calle. Hay que empezar a trabajar ya, y no un mes antes de las elecciones. De no ser asi esto va para muy largo. Saludos.
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