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La intifada silenciosa
Se cumplen 34 años de la ocupación marroquí del Sáhara. El pueblo saharaui continúa en el destierro y en la lucha por su liberación. La comunidad internacional asiste cómplice.
Miguel Díaz | 12-11-2009 a las 10:18 | 351 lecturas
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En esta semana se cumplen 34 años de la firma de los acuerdos Tripartitos de Madrid, en los que España, Marruecos y Mauritania rubricaron el acta de defunción del Sáhara Español, la provincia 51. Con ellos se bendijo la ocupación y la tiranía sobre el pueblo saharaui. También fue el punto de inicio de la guerra de liberación del Sáhara, de la República Árabe Democrática Saharaui (RASD), organizada en torno al gobierno del Frente Polisario, contra Marruecos. En este tiempo son muchos los hitos que pueden enumerarse, la gran mayoría atropellos contra la población saharaui: vulneración de las resoluciones de la o­nU y el referéndum de autodeterminación contenido en el ‘Plan Baker’, expolio de recursos naturales (fosfatos, pesca…), represión, campos de minas, construcción de un muro, traiciones de los sucesivos gobiernos españoles, desde el franquismo en sus estertores, pasando por las promesas de apoyo “hasta la victoria final” de Felipe González, a las dos legislaturas de Aznar –de apellido árabe- o el actual Zapatero, afanado en su entreguismo a Marruecos, con venta de armamento pesado incluida. Sólo la solidaridad de la población civil da lugar a la esperanza, con lazos férreos de fraternidad en la lucha por la liberación.

Han pasado 34 años, tras los que aún una voz grita en el desierto. En un grito unánime, que clama la liberación de su pueblo. Son voces desnudas. Enérgicas y vitales, como los colores de las melhfas que visten sus mujeres. Y retumban en la inmensidad de los mares de arena desde hace ya 34 años.
Sus vidas constituyen una intifada cotidiana y silenciosa, con la que sobreviven cargados de coherencia en el peor trozo de tierra del planeta, ese pedazo de infierno que ascendió a la superficie en el principio de los tiempos. Un lugar donde la vida es impensable. Imposible. Pero no para los saharauis. Un pueblo que ha hecho de la tiránica hamada su punto de espera. Su campamento base hacia la liberación. Y ya van 34 años.

34 años completando un milagro diario, el de sobrevivir y soñar. El de mantener la esperanza en la liberación. El anhelo de culminar el éxodo del desierto, sin ayuda de más dios que el coraje y su firme convicción. Atravesando mares rojos en el inhóspito desierto y parapetando las embestidas de todas las plagas bíblicas. Son ya 34 años de victorias diarias en su intifada silenciosa.
Mientras, asisten al expolio y al destierro con alegría y generosidad “el rencor es una carga demasiado pesada en el desierto”. Y junto a esa intifada del ejemplo, las voces valientes que claman por la libertad al otro lado del muro, ése que como otros –Palestina, USA-México, Ceuta y Melilla..- aún no tiene aniversario de su caída ni tantos intereses influyentes que lo empujen a la destrucción. En los campamentos de Tinduf y, con especial fuerza en los territorios ocupados, los últimos de la pirámide quieren ser profetas en su tierra. Y no se callan. Aunque lluevan porrazos y las cárceles se llenen de mártires, que son agredidos incluso en la misma sede judicial ante el juez que los ‘juzga’. Ellos siguen gritando. Gritando mientras miran de frente a sus agresores, sin miedo a lanzarles sus reivindicaciones y clavárselas en los ojos.

Los otros, los perros de presa del tirano Mohamed VI, un narcotraficante con corona y halos de divinidad, miran al suelo para no ver en el rostro al que agreden la humanidad que ellos han desterrado -incluso más allá de la hamada- o cegarse con la dignidad del ser al que pisotean. Y que saben que volverá a levantarse. Lo saben, porque así ha sido en estos 34 años de intifada.
34 años en los que toda la arena del desierto parece hacer cegado los ojos de los gobernantes y las Naciones Unidas. Que permanecen esquivos a la justicia y permisivos a la tiranía y la invasión. Política y económica. Por obra y omisión. Marruecos, España, EE.UU., Francia, o­nU… Tras los que la vía diplomática y la buena voluntad ya no son salidas creíbles.

La intifada debe continuar. ¡Sahara Libre!

 
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