Buscar  
La confianza
La crisis mundial de la actualidad es sobre todo crisis de confianza. Del mismo modo que Cicerón atribuye la decadencia del oráculo de Delfos a la disminución de la credulidad humana,
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 23-12-2008 a las 15:05 | 782 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/la-confianza
Compartir: Publicar en Facebook Publicar en Twitter Publicar en Meneame Publicar en Google Buzz Publicar en Technorati Publicar en Delicious Publicar en AlternativeWeb

y sugiere que su funcionamiento se debió al artificio de los sacerdotes, la crisis mun­dial económica del capitalismo es una merma de la confianza consecuencia del abuso de los gestores sociales.

  Si en los paí­ses de la Vieja Europa todavía la ética protestante, como factor de cohe­sión social, sostiene al sistema aunque a duras penas, la del nacionalcatoli­cismo en Es­paña ha sucumbido. Pero tampoco ha sido reemplazada ni por otra civil (configurada con ji­rones de la clásica) ni por la marxista. Así, en unos países más que en otros, la confianza va de­jando de ser el motor espiritual del modelo. Y si la quiebra de la confianza empezó a manifestarse en el capita­lismo postindutrial, con el financiero se ha hecho fos­fatina. En resu­midas cuentas, la pér­dida generalizada de confianza ha terminado siendo otra vuelta de tuerca más en el pro­ceso de de­bilitamiento gradual del capita­lismo a secas, que tiene que vérselas además con la escasez creciente y galopante de los recursos del planeta.

  Esto sucede cuando ya venía cuarteado el sistema por la cons­cien­cia del común de las ciudadanías relacionada con una obviedad: que el enriquecimiento de unos cuantos se produce a costa de la po­breza absoluta de muchos y el empobrecimiento de los más. La sen­tencia 297 de Publio Siro, citada por Séneca en La ira, 11,8,2: Lu­crum sine damno alterius fieri non potest (“no puede haber prove­cho para na­die sin daño ajeno”), y la de Al­ciato: "Ex damno alterius utili­tas", “del daño de uno surge el provecho de otro” han sido reiterada­mente obviadas y ocultadas por la pedagogía del sistema...

  No es que no nos fiemos los consumidores de productores e inter­me­diarios; ni que los ciudadanos no nos fiemos de los políticos; es que ni los ciudadanos se fían entre sí excepto si son de la misma fac­ción. Y en medio de todo ese barullo, los bancos, correa de transmi­sión capitalista, tampoco se conceden entre ellos el me­nor cré­dito: tan escarmentados están con los endosos trampo­sos que han terminado desencadenando directamente la crisis en que se en­cuentra el sistema todo.

  Y el caso es que sin confianza la sociedad capitalista no puede funcio­nar. La mayor parte de las transacciones y acuer­dos -y no sólo los mercantiles- se basan en la promesa, en el compro­miso y en la buena fe. La fides es fundamental. Y en la mayo­ría de los casos se ve que la intención ayer, cuando se sella­ron, fue espuria y maliciosa.

  Siempre la deslealtad, la delación, la desnaturalización y la traición fueron vicios generalmente provechosos. Pero es que si en otro tiempo fueron perseguidas, hoy se promueven desde las instancias me­diáticas como lo más rentable de la sociedad capitalista. ¿A quién extraña, pues, una crisis de confianza anunciada y no sólo en lo económico sino también en la relación meramente humana?

  Otro día hablaré de la evaporación de la virtud. No como ñoño y debilitador elemento pedagógico del nacionalcatolicismo vinculado casi exclusivamente a “castidad”; algo también presente en el reino de los yanquis en lo que sesgadamente se ceban sus predicadores. Me refiero a la virtud intemporal como factor de la forja del carácter individual que se opone a la peda­gogía del exceso y también al ejer­cicio sistemá­tico de la desmesura, de la molicie y de la ociosidad. Valor eterno, para el individuo, desde la Antigüedad hasta el Huma­nismo. Valor sólo reemplazado e interpretado luminosamente por la ética de Marx que tampoco rige en Occidente. Así, ni aquí ni allá hay ya ética religiosa, ni hay ética civil, ni aristotélica, ni tampoco, claro está (salvo en los países socialistas), ética marxista -excepto entre los que no contamos. No hay ética de ninguna clase, y, en conse­cuencia, tampoco confianza, piedra angular de toda sociedad.

  Y el caso es que este sistema, que la necesita en altas dosis para re­montar el vuelo, sospecho que jamás la volverá a encon­trar. A ver qué pasa…

 
 
Más información:


Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago)
Microdonación de 2 euros
Donación de importe libre


Comentarios (1)

#2.- La confianza da asco

Colgado de Internet|24-12-2008 12:24

Habiendo a la venta más productos que los que los consumidores están en condiciones de comprar (un millón de pisos sin vender, tres millones de pisos vendidos pero vacíos, esperando la posibilidad imposible hoy, no de ser habitados, sino de  especular con ellos), habría de estar loco quien se armara de "confianza" (¿confianza en qué?) y se pusiera a consumir ¿Quién va a comprar otro piso más para seguir especulando, si ya tiene tres con los que no sabe que hacer y por los que le ofrecen menos que lo que le costaron?

La crisis no es de confianza: es de sobreproducción relativa (el mundo está lleno de pobres que no pueden comprar y los almacenes llenos de stocks que no se pueden vender) y toda la vida de Dios esto se ha resuelto o bien con la apertura (conquista) de nuevos mercados o con guerras megadestructivas que permitan reiniciar el cada vez más estúpido sistema que hemos dado en llamar capitalista.

O esto, o la Revolución.

Así que no nos engañemos con los habituales subjetivismos desorientadores.

Valoración: 0    |  Avisar provocación

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada

Más información en Kaos en la Red
Análisis de la Comunicación Internacional Opinión

Col-lectiu Kaos en la Red - Carrer Ramón Llull 132 Terrassa, el Vallés Occidental (Paísos Catalans)