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La agonía del Capitalismo II
Gabriela Palacios | España | 1-12-2009 a las 18:41 | 672 lecturas
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El germen de la familia

El orígen de la civilización nos remonta a la prehistoria, donde el ser humano no conocía la moralidad como concepto, pero sí su práctica.
Aún nómadas, las tribus eran dirigidas por el jefe que imponía su fuerza y su monopolio sexual al resto de los machos. La caza suponía la única posibilidad de supervivencia, que no siempre era segura, la propiedad de bienes (que no existía) tampoco, y mucho menos el futuro.
Y los únicos que podían prometerlo eran los hombres, que desarrollaban su creatividad en armas y artilugios mientras la mujer, condenada por la carga de la maternidad, se veía obligada a la repetición de las tareas domésticas. La vida y crearla era un accidente; pues, además de inutilizar a la mujer, condenaba a la tribu a cuidar a los nuevos miembros; lo cual no era fácil de permitirse por la escasez de alimentos y para evitarlo recurrieron al infanticidio.
En contra de crear vida, asesinar era digno de respeto; un papel sólo digno de hombres, matar a las fieras y las tribus enemigas.
Ocurrió que tras volverse éstas sedentarias, el campo requería de todos los miembros de la futura comunidad, siendo el lider innecesario. Y por ello los hombres optaron por hacer valer sus derechos. Asesinaron y engulleron al jefe, a fin de adquirir su fuerza y privilegios. Más, aquella victoria de la libertad sexual y poder creó un conflicto de liderazgo entre los vencedores que terminó por resolverse con el triunfo de los derechos comunes. Cada hombre correspondía a cada mujer y viceversa.
Y como tribu sedentaria, necesitaba de la agricultura para abastecerse y para ello precisaba mano de obra. La natalidad pasó a considerarse un obsequio y la maternidad una virtud. La mujer adquirió un papel fundamental en la comunidad hasta el punto de convertirse en la dirigente, que nunca la impositora.
Nació el matriarcado, nació el comunismo primitivo.
La línea que definía  la gens era exclusivamente materna, ya que no era asegurada la paternidad de los hijos y éstos, eran educados en sociedad al no existir el sentido de propiedad filial. La colectividad reinaba en todos los pertenecientes a ella.
Y, con el tiempo, ocurrió la desgracia de la añoranza de un lider (el pater en su día asesinado), aquel déspota representante de la individualidad, el poder y los privilegios.
Y la única forma que tenía el hombre para igualarse a aquella idelización fue inventar chamanes y hechiceros, los únicos merecedores de la sabiduría y posesiones.
Se sustituye el comunismo y se inventa la propiedad.
El excedente de producción era apropiado por aquellos supuestos semidioses frustados, tomando también como propiedad a la mujer esclavizándola, para asegurar la herencia de sus pertenencias a sus hijos también sometidos, tal y como sigue ocurriendo en las sociedades capitalistas.
Jamás ha sido ni será la familia la máxima representante de desarrollo y organización. Ya su mismo significado la delata. Famulus, palabra con la cual designaban los romanos a un esclavo, su conjunto era llamado familia.

Gabriela Palacios.
http://la--observadora.blogspot.com
 
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