Jorge aprendió a leer y a escribir a los 20 años de edad porque padecía de dislexia aguda; pero, al morir, tenía una sólida cultura en historia
Mi hermano no combatió en una Revolución, ni peleó en una guerra, ni hizo labor de inteligencia fuera de su patria para protegerla del terrorismo, ni escaló el Everest, ni salvó a un niño de un edificio en llamas, ni llegó al Polo Sur, ni descubrió la cura de una enfermedad. Su heroísmo fue distinto.
1-. El bohío que pudo ser palacio
Con dos años de edad, mi hermano fue el primer cubano que llegó a Estados Unidos después del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, a las seis de la mañana.
Para que se entienda esto, debo hablar de nuestro padre, Andrés Rivero Agüero, quien fue, por más de treinta años, un aliado cercano de Fulgencio Batista, y lo hubiera sustituido como Presidente sino hubiese sido por el triunfo de la Revolución.
¿Cometió nuestro padre, tan cerca de Batista, graves errores? No seré yo quien lo responda, ya que otros aún lo hacen medio siglo después. Prefiero hablar, con brevedad, de su vida: un campesino de tierra adentro que nació en un bohío de piso de tierra, quedó huérfano a los siete años,tuvo que realizar de niño las tareas más agobiantes del campo y no sabía leer ni escribir a los 14 años; pero, a los 25, ya era concejal y presidente del ayuntamiento de Santiago de Cuba; a los 33, abogado y Licenciado en Derecho Diplomático; a los 36, Ministro de Agricultura; a los 43, organizador principal de un partido político; a los 47, Ministro de Educación; a los 49, Senador; a los 52, Primer Ministro; a los 53, Presidente-electo de la república y, a partir de entonces, desterrado para siempre de su patria.
Tres cosas debo destacar en favor de mi padre:
a) Como Ministro de Agricultura, en 1941, realizó uno de los mayores repartos de tierra que se habían hecho en el país, el de Uvitas, al norte de la Sierra Maestra, noble empeño que se malogró, unos meses después, porque el Embajador de Estados Unidos, un testaferro de la United Fruit, influyó en Batista para que dejara sin efecto el reparto y las tierras pasaran a ese monopolio, lo que provocó la renuncia de mi padre.
b) Como consejero político de Batista hizo todo lo posible para convencerlo de que no diera el golpe militar. Debo mencionar, además, que, aparte de la ambición excesiva de Batista, fue el gobierno de Estados Unidos, a través del Departamento de Estado y la CIA, el que lo presionó al máximo para que diera el golpe con el fin de evitar el triunfo del antimperialista Partido Ortodoxo en las elecciones de junio de 1952. Mi padre fue testigo excepcional de varias reuniones que Batista sostuvo con agentes de la CIA, en enero y febrero del 52, en las que se planeó el golpe.
c) Pudo hacerse multimillonario en el poder, pero, al triunfar la Revolución, llegó al exilio sin dinero y lo único que el nuevo gobierno le confiscó fue nuestra casa, que se le estaba pagando a un banco, y una cuenta de 7,400 pesos, un poco más de lo que ganaba en un mes, pues era senador y ministro, sueldos injustos que no habían sido puestos por él.
Mi padre fue, por supuesto, una rarísima excepción en un gobierno de crimen y corrupción. Fue rara avis entre aquellas aves de rapiña.
En su libro ‘La culpa es de todos’, señaló que hubo muchas personas, quizás cientos de miles, que fueron cómplices del golpe, sobre todo los 123 alcaldes, de un total de 126, que se unieron a Batista después del hecho, a pesar de que ninguno lo apoyaba el día anterior, y los senadores y representantes y gobernadores y concejales y funcionarios y empleados del gobierno derrocado, que pasaron a formar parte del gobierno derrocador, y los sesenta mil miembros de las fuerzas armadas que habían jurado lealtad a la Constitución, y la traicionaron.
Era la república neocolonial, sin principios ni objetivos, de la que mi padre formó parte --no había otra--, y en la que él no fue, ciertamente, revolucionario ni socialista.
El día en que nació mi hermanito fue la primera y única vez que vi a mi padre bailar. A mi madre, una española de Salamanca que había llegado a Cuba de nueve años, le gustaba bailar la música cubana y siempre se quejaba de que mi padre no lo quería hacer. Pero aquel día, 5 de octubre de 1956, sí bailó mucho mi padre, solo, como un loco bien vestido y sonriente y hasta con sombrero de jipi, por los pasillos de la Clínica Miramar. Tenía 51 años y mi madre, 43. Nunca pensamos quepudiera tener un hijo a esa edad. Como era un poco gruesa no parecía que estuviese encinta. Nunca vi a mi padre tan feliz como aquel día. Sus tres prioridades fueron siempre la familia, la cultura y la política. En ese estricto orden.
Unos meses después, fue nombrado Primer Ministro. Ya se preveía que iba a ser el candidato presidencial.
Vivíamos en el Biltmore, el reparto que ahora se llama Siboney, al oeste de La Habana, en una casa de dos plantas.
Cuando mi hermanito tenía un año y medio, mi padre le regaló un pequeño caballo, un pony, que fue lo que él más quiso en su temprana niñez. Un soldado que era miembro de la escolta de mi casa lo montaba todas las tardes en el pony y le daba vueltas por todo el reparto.
La última imagen que guardo de mi padre mientras vivíamos en Cuba, fue la de la madrugada del 30 al 31 de diciembre de 1958. Unos días antes, la policía había descubierto un complot para asesinar a mi familia: unos jóvenes estaban cavando un túnel que llegaba hasta debajo de nuestra casa para colocar una bomba de 50 libras.
Era casi la una de la madrugada, la casa estaba oscura, todos dormían, eso creía yo. Al pasar por la sala vi algo sobre un mueble. Prendí una luz y era mi padre, que estaba recostado en una butaca, mirando fijamente hacia el techo. Estaba solo. Treinta hombres armados rodeaban la casa, mirando hacia todas partes. Había un tanque de guerra en la esquina y sobre el techo de la casa, una ametralladora calibre 0.50. Mi padre lavantó la cabeza y me miró con inmensa tristeza.
Se levantó de la silla, bajó la cabeza y dijo, casi sin voz:
--No se puede gobernar contra el pueblo …
Al día siguiente triunfó la Revolución. Mi padre, que había sido elegido Presidente el mes anterior e iba a tomar posesión un mes y medio después, se convirtió, sin embargo y para siempre, en un desterrado.
2-. El avión en picada y la lealtad del imperio
Aquella madrugada de año nuevo mi padre viajó a Santo Domingo y nosotros a West Palm Beach, una aldea aun más aburrida que Miami. Al llegar en el quinto avión que había salido del aeropuerto militar de Columbia y llegar al aeropuerto civil de West Palm Beach, mi madre fue la primera persona en bajar del avión, con mi hermanito en los brazos, pero antes de llegar a tierra lo colocó en la escalerrilla y él dio un salto a la pista, lleno de alegría, pues no se imaginaba, por supuesto, lo que sucedía. ¡¿Quién nos iba a decir, en ese momento, que aquel niño exultante iba a vivir el resto de su vida fuera de su patria y a morir en su juventud!
A partir de aquel día, lo único que hacía Jorge era hablar de su caballito, su pony. Decía “ballito”, y lo mencionaba a cada rato, mirándome con un gesto de asombro y enojo, con una mirada inquisitiva. Me hacía una pregunta constante: “¿mi ballito?” Era lo único que decía, pero con su mirada tal vez me preguntaba:
--¿Por qué ya no tengo caballito? ¿Qué tiene que ver mi caballito con todo esto? Mi caballito no era batistiano ni nada de eso …
En febrero del 59 mi madre, mi hermana y mi hermanito fueron a Santo Domingo a reunirse con mi padre. El gobierno de Estados Unidos le negó la entrada a este país, a él, que era aliado de ese gobierno, sobre todo después de 1952. En mayo viajaron a México y me reuní con ellos en Saltillo, Coahuila, en julio, para ayudarlos a cruzar la frontera de Estados Unidos, aunque no como “mojados”, por razones obvias. Unos amigos ricos de Miami, que habían sido sus compañeros en el gobierno, pusieron un dinero y mi tío Emilio contrató a un piloto norteamericano para que nos fuera a buscar a México y nos llevara a Estados Unidos.
Aquello fue una escena de terror. La avioneta Cessna de cinco plazas aterrizó en plena Carretera Panamericana, la 85, a las seis de la mañana, un poco al norte de Ciudad Victoria. En el momento en que iba a aterrizar de norte a sur, venía desde el norte un autobús lleno de pasajeros. Por suerte yo tenía una pistola. Corrí unos setenta metros y me paré en medio de la carretera apuntándole al chofer del autobús, quien se detuvo, hasta que mi padre, mi madre y mi hermanito montaron en la avioneta. Fui el último en entrar y me situé en el asiento al lado del piloto, pero, en la tensión y el corretaje, no cerré bien la puerta derecha del avión. Cuando estábamos a unos mil metros de altura, la puerta se abrió de súbito y el avión cayó en picada. Teníamos puestos los cinturones de seguridad, por eso fue que no caímos al vacío. Mi hermanito gritaba, mi madre estaba aterrorizada, mi padre estaba sereno, abrazado a ellos, resignado a morir en pocos momentos. El piloto abrió de un golpe brutal la puerta que estaba a su lado y el avión se estabilizó cuando estaba a menos de cincuenta metros de la tierra. Llegamos a Corpus Christi un rato después, bajo la lluvia, al propio aeropuerto privado del que había salido el piloto.
Mi padre vivió el resto de su vida plenamente convencido que la dislexia aguda de mi hermano había sido provocada por el terror que sintió en la avioneta. Por estudios sobre el cerebro que realicé treinta años después, supe que mi padre tenía razón. Antes había creído que el problema de mi hermano era efecto de la edad de mi madre al dar a luz.
¿Por qué el gobierno yanqui le negó la entrada normal a mi padre que había sido un firme aliado de Estados Unidos? ¡Ah, el imperio … el imperio!
3-. El desafío
Quizás por aquel cariño que le tuvo al caballito que de niño perdió, fue por lo que, ya de joven, se hizo practicante del ahimsa, el principio Jainista que prohíbe matar a ningun ser vivo. Era, por supuesto, vegetariano y tenía la casa llena de perros y gatos. Condenaba lascorridas de toros, la caza y la pesca. Decía que los zoológicos eran presidios en que los inocentes estaban dentro de rejas y los criminales fuera. Una vez estaba viendo una corrida de toros por televisión, lleno de furia, y cuando el toro le dio una cornada al torero se puso de pie, alzó una mano y exclamó: “¡Ole!”. Decía que la especie humana no se habrá civilizado hasta que deje matar a otras especies.
Ayudaba a todos los desamparados que veía. Una vez pasó frente a uno, sacó su cartera y, como viese que estaba vacía, le regaló su reloj. Después que le daba una limosna a un mendigo, yo le decía:
--La miseria no se combate así, Jorge, sino eliminando al capitalismo.
--Eso lo sé yo muy bien, mi hermano, pero hasta que eso llegue, ese infeliz va a comer caliente hoy.
--¿Y si se lo toma en cerveza?
--Tiene derecho, yo también me doy mis traguitos de vez en cuando.
Casi todo se lo gastaba en los mendigos y en sus animales. Tenía en su modesta casita cuatro gatos y tres perros, entre ellos uno moribundo que aún vive y varios otros que rondaban la casa y les daba, también, de comer. Los perros nunca peleaban con los gatos, al contrario, dormían juntos y, a veces, unos sobre otros. Uno de los gatos era el bicho más horrible del mundo: cojo, tuerto, sin una oreja, con el pelo de alambre, de color gris entre oscuro y cenizo con manchas purpúreas, los dientes fuera de la boca, y el rabo de tirabuzón siempre erizado y dando golpes en el suelo aun cuando dormía. Era de miedo. Yo le decía:
--Jorge, si Frankenstein ve eso se desmaya.
--Yo lo veo de lo más lindo, chico.
Una vez me invitó a comer a su casita y fue entonces que me enteré que era Jainista y practicaba el ahimsa. Y que no había perdido su agudo sentido del humor. Una cucaracha se subió a la mesa. Era inmensa, parecía un ratón vestido de frac. Cuando la fui a tirar de la mesa con un periódico para matarla en el suelo, interpuso una mano y exclamó:
--¡No, no, no, no hagas eso! ¡Nuuuunca hagas eso!
Tomó una servilleta, cogió a la cucaracha, con sumo cuidado, por la parte posterior, la llevó fuera de su casita, la colocó suavemente sobre el césped, regresó a la mesa, siguió comiendo como si nada, y entre bocado y bocado, me dijo:
--Esa cucaracha es amiga mía, se llama Josefina, me viene a ver todas las tardes para comer aquí conmigo y a veces trae a Paco, su marido.
--¿Y cómo puedes diferenciar al macho de la hembra, Jorge?
--El macho es más serio … y come menos.
Cuando entrábamos en los supermercados y pasaba frente a las pastas de dientes, movía una mano con furia, cerraba los ojos, y exclamaba:
--¡Mira pa’ eso, veinte marcas de pasta de dientes distintas … si todas las dentaduras son iguales, chico! El exceso de consumo en el capitalismo está destruyendo la vida en el planeta. Es lo que siempre hablamos.
Pasaba mucho trabajo para leer, por su enfermedad, a pesar de que era muy inteligente. Su anomalía estaba en los nervios ópticos que envían la información leída a los centros del cerebro, pero su memoria era prodigiosa y lo que oía o veía en imágenes no se le olvidaba nunca. Yo le hablaba mucho de historia y eso para él era mejor que leer, por su gran memoria auditiva. Aun así, leía lo más que podía, porque por varios años viví lejos de él, en otros países. Leía media hora y tenía que descansar otro tanto, porque le dolia mucho la cabeza, pero aun así seguía leyendo, porque su mayor placer era hablarme de historia, sobre todo la de Mesopotamia y Grecia, cuando yo lo iba a ver o hablábamos por teléfono, y para estimularlo le decía: “eres el Herodoto de Miami, Jorge”.
Eso para él era la felicidad suprema porque se daba cuenta que había vencido a la vida que con tanta crueldad había tratado de vencerlo, que aunque no había podido ir a la escuela, no era un ignorante sino todo lo contrario, porque sabía más de historia que muchos universitarios.
En los días en que el imperio invadió Irak, en marzo del 2003, se enfermó de la furia y, a cada rato, exclamaba, no dentro de su casa, sino fuera, para que lo oyeran todos los vecinos, y en su empleo, rodeado de sus compañeros de trabajo:
--¡Permitieron el saqueo del Museo de Bagdad, adonde estaban las más antiguas reliquias de la civilización sumeria! ¡Bestias! ¡Están bombardeando a Ur, Lagash, Nínive y Babilonia! ¡Monstruos! ¡Están destruyendo los puentes sobre el Tigris y el Eufrates, los ríos-padres de la civilización! ¡Perros imperialistas! ¡Están arrasando a Bagdad, la ciudad más culta del mundo en los Siglos IX y X, la ciudad dorada de al-Rashid y al-Mamun, sede la Casa de la Sabiduría! ¡Salvajes ignorantes! ¡Están destruyendo la cuna de toda la cultura humana: las ciencias, la filosofía, la literatura, las artes, el derecho, la economía, la ingeniería, la arquitectura, todo, chico, todo, todo! ¡Eso es una infamia! –vociferaba--.
Se había casado, pero su matrimonio no podía durar en un medio como éste en que la pobreza y la cultura no inspiran compasión ni amor, sino desdén y odio, y vivió casi siempre solo.
Como no pudo asistir a la escuela, no tenía diploma ni siquiera de sexto grado y, por ello, trabajaba como obrero de mantenimiento en el Dinner Key Marina, en Coconut Grove, junto a la alcaldía de Miami.
Unos meses antes de su muerte se hizo amigo de varios dueños de yates y les decía horrores del capitalismo y el imperio. Ellos sonreían y no se molestaban, a pesar de que todos eran ricos. Le tomaron afecto, por su problema en el lenguaje, porque era muy cariñoso con todo el mundo y muy honesto y porque amaban también a los animales (en su velorio, habría más de treinta estadounidenses llorando porque sabían que él era enemigo del gobierno de Estados Unidos, o sea del imperio, no de Estados Unidos, es decir de su pueblo. De éste era todo lo contrario, aun con aquéllos cuyas ideas eran contrarias a las de él)
Mi padre vivió en Miami, en la pobreza, el resto de su vida. Nunca dejé de admirarlo, a pesar de que, a partir de 1968, mis ideas políticas fueron opuestas a las de él. Porque hay un sentimiento entrañable, distinto a la política, las ideologías, la historia, y eso lo hemos visto en la forma tan respetuosa y afectiva en que Fidel y Raúl Castro se han referido siempre a Angel, su padre, un gallego que durante la guerra de independencia de Cuba peleó en favor de España, su patria, y llegó a ser, veinte años después, un próspero terrateniente en el norte de la provincia oriental. En el libro “Secreto de Generales”, de Luis Baez, no hay un solo general cubano, ni uno solo, que, al referirse a su niñez y juventud, haga la más mínima crítica de sus padres, al contrario, todos hablan de ellos con inmenso respeto y agradecimiento, a pesar de que casi ninguno era revolucionario ni socialista.
Voy a la tumba de mi padre todos los meses y, de pie, en silencio, mentalmente, dialogo con él. Recuerdo su voz sencilla, cálida, sensitiva, culta sobre todo, a la que aún le quedaba algo del acento oriental. Recuerdo los momentos felices, pero también las agrias discusiones políticas quetuvimos a partir del 68. El creía en el capitalismo, aunque no en el imperio; yo le decía que era lo mismo. Me hablaba de los países de Europa que eran lo uno y no lo otro y yo le ripostaba que no eran imperios porque no tenían la fuerza, pero sí la mala intención. Siempre se opuso al bloqueo económico del imperio a Cuba, pero no lo decía en público por el extremo fanatismo de este medio en que vivía. Ya era muy viejo. Mi madre, una heroína de la familia y el trabajo de la que hablaré en otra ocasión, trabajó como peluquera –el propio oficio que tenía cuando mi padre la conoció en 1935- hasta los 80 años y, al retirarse, le dio la peor delas enfermedades, alzheimer, demencia senil o arterioesclerosis aguda, que la martirizó por cinco años hasta su muerte, en la que ya no quedaba ni un mínimo rastro de la bella mujer que había sido.
Una vez, a fines de los años 80, mi padre me dijo: ‘si yo hubiese nacido en Cuba en esta época no habría sido analfabeto a los catorce años’.
Murió el 8 de noviembre de 1996, a los 91 años de edad.
4-. El pacto
El 18 de diciembre del 2005, mi hermano sufrió un derrame cerebral, un stroke. Como no había sido masivo, tuvo tiempo de llamar al 911, el teléfono de emergencia de la policía, y decir lo que le sucedía antes de perder el conocimiento. Como vivía en un lugar humilde, en la Calle 9 entre las avenidas 43 y 44 del suroeste, el rescue se demoró casi dos horas en llegar. Si lo hubieran llamado de una zona de ricos, habría llegado en menos de cinco minutos. Lo llevaron al Hospital Coral Gables, el más cercano … y el peor según me enteraría después, cuando ya era muy tarde. Allí lo fui a ver tan pronto me llamaron. Tenía paralizada la parte izquierda del cuerpo, pero hablaba y hasta se reía de los chistes que yo le hacía para animarlo. Lo único que le preocupaba era que sus animales comieran. Yo le decía que no se preocupara, que ya su vecino los estaba alimentando. Una noche me apretó con fuerza una mano, me miró, fijamente, y me dijo:
--Acuérdate del pacto.
--¡Hombre, Jorge, si ya te vas a ir para un centro de rehabilitación! En unos meses ni te vas a acordar de lo que pasó.
--No lo olvides –insistió, con la propia mirada--.
Como el Dinner Key Marina es propiedad del gobierno municipal, tenía un buen seguro por ser empleado gubernamental.
Ya el 28 de diciembre estaba mucho mejor y se esperaba que lo enviaran a un centro de rehabilitación hasta que se recuperara del todo.
Entonces, los dueños del hospital y los médicos que lo atendían se dieron cuenta que, si no hacían algo, tendrían que darle de alta y la cuenta sólo ascendería a unos quince o veinte mil dólares a lo sumo. Era muy poco. Mi hermano, con su buen seguro, valía el triple, al menos el doble. Había que hacer algo. La mercancía no podía írseles de las manos tan pronto. Entonces se pusieron a experimentar con él, como han hecho con cientos de miles, quizás millones, de pacientes, algo que es de amplio conocimiento público en este país.
Dos días después dijeron que era diabético, lo que ni él mismo sabía, y que había que amputarle un dedo de su mano derecha en el que se había hecho una herida. Parece que le pusieron un coagulante para que no le llegara sangre al dedo amputado y lo que hizo fue que no le llegó tampoco al cerebro, pues el grave peligro de los médicos en Estados Unidos, sobre todo en Miami, no es sólo su excesivo mercantilismo, sino la incompetencia criminal con la que actúan o sea el malpractice.
No creo que los médicos pensaran que se iba a morir por esa operación, o sea que iban a matar a ‘la gallinita de los huevos de oro’, sino que le iba a traer otras complicaciones, o sea otras operaciones y tratamientos, para que la cuenta subiera mucho más, quizás con la esperanza de que llegara a los cien mil dólares. Como el seguro era bueno, la mercancía era valiosa. ‘De todas formas no lo va a pagar él’, tal vez pensaron. Se equivocaron: la ganancia fue menor.
A partir del día de la amputación, mi hermano sufrió varios strokes y murió el 6 de enero del 2006, a los 49 años de edad. Había llegado a esta ciudad con dos años de edad y jamás renunció a su ciudadanía cubana, ni en espíritu ni en papeles, al igual que nuestro padre. Al igual que yo.
Unos días después del velorio y la cremación, varios miembros de nuestra familia inmediata viajamos en lancha a unas quince millas al este de Miami y echamos al fondo del mar la urna de bronce que contenía sus cenizas, para cumplir el pacto que habíamos hecho él y yo hacía varios años: que el sobreviviente debía cremar el cadáver del otro y lanzar las cenizas fuera del espacio terrestre y de las aguas territoriales de Estados Unidos mientras este país fuese un imperio.
Varias personas, de ésas que practican el capitalismo en toda su vulgaridad, me decían con insistencia: “¡métele un sue al hospital!”, o“¡métele un sue a los médicos!” (sue: demanda juidicial para obtener una ganancia económica). Nunca lo hice. Mis hermano tampoco lo habría hecho si el muerto hubiese sido yo.
Mi hermano defendió siempre la causa del pueblo palestino. Si viviese, condenaría hoy, en la forma más vibrante, este nuevo crimen en Gaza en el que han sido asesinadas, hasta ahora, más de 550 personas, entre ellas unos cien niños, y heridas más de 3,000, muchas de las cuales están muriendo a cada momento por falta de medicinas, plasma sanguíneo y equipos médicos, como han denunciado los galenos que las atienden. Como se sabe, los sionistas invadieron el país hace tres días y los tanques y la artillería siguen asesinando a cientos de palestinos, mientras los imperialistas prohíben la entrada en el país de médicos y medicinas. Operación que tiene el apoyo total del imperio yanqui.
Jamás olvidaré que el día en que le regalé su primera enciclopedia se echó a llorar, escondido en el baño, para que no lo viera. Tenía 23 años, hacía sólo tres que había aprendido a leer. Como le llevaba diecisiete años, siempre pensé que moriría después que él. Yo era, más que su hermano, su mejor amigo y siempre andábamos juntos. El para mí fue el HEROE. Un héroe sin sangre ni asaltos ni retiradas ni hostilidades ni armisticios ni medallas ni desfiles. Un héroe que venció al más absoluto de los tiranos, la biología, y no lo hizo con bombas, sino con libros ☼
    ***En mi artículo de la semana que viene, titulado ¡BARBARIE!, haré un análisis actualizado de la masacre sionista en Gaza y proseguiré, brevemente, el estudio sobre los turbios orígenes del imperio en 1783.
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#3.- El despiste de Katiuska (¿o Ninoska?)
Hector, el de Güines|06-01-2009 17:44
    ¿Cómo puedes ser tan necia  de creer que Granma va a hablar de Rivero Agüero como habló su hijo en este escrito  para respetar su memoria y recordar a  su hermano que murió un día como hoy, hace tres años? 
   
Nadie te ha creido que vives en el Parque Trillo. Quizás viviste cerca de allí en tu juventud, pero hoy vives en Miami, se te nota a las mil leguas.
Su hermano Jorge fue digno de toda admiración, Rivero, y lo que le hicieron en ese hospital se lo han hecho aqui a mucha gente. Yo conozco muchos casos de gente que hoy estaría viva si no hubiera caído en las manos de esos matarifes que por dinero son capaces de matar hasta a su madre.
Quiero repetir una vez más mi absoluta condena a lo que han hecho los asesinos sionistas en Gaza con el apoyo total de Bush. 
Rivero le recomiendo que en ese articulo que usted anuncia (Barbarie) saque una foto que anda por ahi en el que se ve a Bush y a Olmert reunidos en la Casa Blanca. Ese es el binomio de la muerte. ¡Han asesinado a más de cien niños, como dice usted en su escrito! ¡Qué bárbaros!
Yo leí hace unos meses su escrito "El Imperio de los Cien Herodes" en que usted hace una relación de los ninos que ha asesinado el imperio americano dede hace muchos años. Ahora lo está haciendo otra vez a través de los judíos.
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#4.- La repugnancia de los cobardes
Héctor Hernández Pérez, el de Güines|06-01-2009 18:05
¡Qué tipos más cobardes y repugnantes son éstos que ponen comentarios con sinónimos y  hasta sin ellos! ¿Por qué ocultan su nombre? ¡A qué o a quién le temen?
Este del comentario 2 es un imbécil que no ha leído nada de lo que Rivero ha publicado en Kaos y que ha sido dedicado sobre todo a temas históricos. Para hablar de su hermano Rivero no tiene que tener rigor científico.  Es un escrito sentimental sobre su hermano al que se ve que él quiso mucho.
Por supuesto, un cobarde  como usted, Comentario 2, no puede entender eso.
Al igual que a Katiuska o Ninoska,  a usted se le ve la oreja de Miami a mil leguas.   
Esta gente lo odia, Rivero, porque usted los ha bombardeado con cultura y eso para ellos es peor que si le hubiese tirado bombas.
Y discúlpeme otra vez por enviar un comentario, pues yo sé que usted nos ha pedido que no lo hagamos, pero estos tipos la verdad que me dan rabia. ¡Qué cobardes son! Probablemente sea una sola  persona que la envidia  le está comiendo el  hígado.
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#5
06-01-2009 18:10
Rivero ser hijo de papa no te da derecho a cambiar la historia, tu padre fue un batistiano como lo fue Diaz Balart y se aprovecharon bastante de la leche que daba la vaca. Batista fue tambien de cuna humilde pero la inteligencia la puso a su provecho para hacerse uno de los mafiosos y corruptos mayores de nuestra America al servicio de los yanquis.
Admiro tu comprencion de la realidad Miamense y de la necesidad de un acercamiento a la Revolucion cubana.
Lamento que tu hermano se haya convertido en una victima de esa realidad.
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#6.- PRE kastro Cuba: PARAISO TERRENAL
el berraco|06-01-2009 18:14
dice el autor del articulo: Prefiero hablar, con brevedad, de su vida: un campesino de tierra adentro que nació en un bohío de piso de tierra, quedó huérfano a los siete años,tuvo que realizar de niño las tareas más agobiantes del campo y no sabía leer ni escribir a los 14 años; pero, a los 25, ya era concejal y presidente del ayuntamiento de Santiago de Cuba; a los 33, abogado y Licenciado en Derecho Diplomático; a los 36, Ministro de Agricultura; a los 43, organizador principal de un partido político; a los 47, Ministro de Educación; a los 49, Senador; a los 52, Primer Ministro; a los 53, Presidente-electo de la república y, a partir de entonces, desterrado para siempre de su patria.
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#7.- No, Cuba no era un paraíso terrenal
Juan sin Tierra|06-01-2009 18:25
El del comentario 6 (Pre Kastro Cuba: paraíso terrenal) no entendio el articulo de Rivero Collado.
Señor: el que un hijo defienda a su padre de esa forma dando datos que son absolutamente ciertos y que los conoce mucha gente, no quiere decir que el autor haya creído que era el paraiso terrenal, sino todo lo contrario. El aclara que su padre era una "rarísima excepción" en ese país y que por muchos años sus ideas fueron opuestas a las de su padre.
Antes de hacer un comentario, lea bien el articulo que va a comentar.
Lo felicito Rivero  Collado por esta forma tan sensible de recordar a su hermano y a su padre y estoy de acuerdo con usted que eso es lo mismo que han hecho los máximos dirigentes y los generales de Cuba pues yo también leí el libro de Luis Baez que me lo enviaron desde España. 
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#8.- Tiene mucha razon, en parte, el del Comentario 5
Juan sin Tierra|06-01-2009 18:39
Si, señor, Rivero Agüero fue uno de los jerarcas de la dictadura de Batista y yo no creo que su hijo haya negado nunca eso. No fue como Díaz Balart, fue mucho más que Diaz Balart, fue la segunda figura del regimen. Diaz Balart era una papa pequeña (small potato)    en ese régimen.
Pero lo que su hijo Carlos señala en este articulo sobre su padre, o sea su parte humana y positiva, ya muchos la conocíamos. No se puede culpar a todos los miembros de un gobierno de los crímenes y los robos de ese gobierno. Hay niveles, hay diferencias, muchas veces bien agudas. Por supuesto que un hombre como Rivero Aguero nunca debió pertenecer a un regimen de bandidos y asesinos como el de Batista.  Fue una tremenda  contradicción.  
El artículo no era sobre Rivero Agüero, sino sobre Jorge Rivero Collado. Lea la digna historia de ese joven que yo conoci por referencia de algunas amistades mías. Analice lo que sufrió y el gran sacrificio que hizo para cultivarse y las ideas antimperialistas que tenía. Eso es lo que vale del escrito. Usted se ve que no es de la escoria de Miami, Comentario 5, sino todo lo contrario. Comprenda y no critique. Deje que la escoria lo haga.
Valoración: 4
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#9.- Sin palabras
Ariel Cruz|06-01-2009 18:51
Con toda claridad digo que no tengo palabras para valorar la honestidad y la grandesa de palabras de Carlos.
  Yo tengo algunos recuerdos en mi niñes de que en mi casa se hablaba de su padre
pero lo que nunca pude imaginar era que tubiera un fin de esa forma,nada que el la vida todos tenemos nuestras historias. 
Valoración: 2
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#12.- No, Rivero Agüero no fue como Díaz Balart, por supuesto que no
Conrado M. Rangel|06-01-2009 19:29
Discúlpeme, Rivero, por enviar comentario. No lo hice la semana pasada atendiendo al ruego suyo, pero hoy necesito responderle al del Comentario 5. Mire, señor, usted esta confundido. Yo conocí a Rivero Agüero y hablé varias veces con él en Miami hace más de 20 años. Yo no se por qué usted pone los nombres de Diaz Balart y Rivero Aguero juntos.
El Dr. Rivero Aguero fue una persona decente que cometio el gran error de pertenecer a lo de Batista. Diaz Balart era un esbirro, uno de los peores del régimen de Batista. No confunda la gimnasia con la magnesia.
Si no es por Rivero Aguero, los combatientes del Moncada no hubieran salido del presidio de Isla de Pinos en mayo del 55. Rivero Agüero era el lider  de la mayoria senatorial y si no es porque él apoyo la ley propuesta por Juan Amador Rodriguez, Fidel, Raul, Almeida, etc. se hubieran tenido que meter en la cárcel hasta el fin del gobierno de Batista. Quizas la historia hubiera sido muy distinta.
Para los enemigos de la Revolucion, fue un crimen lo que hizo Rivero Aguero al ser el hombre clave en la liberacion de los combatientes del Moncada, pero para los amigos de la Revolución, y se ve que usted es uno de ellos, lo menos que deben hacer es agradecerle a Rivero Agüero que por haber sido el factor decisivo en la liberación de Fidel Castro es por lo que, después, hubo UNA REVOLUCION.  Es usted el que no debe tergiversar la historia.
 
Valoración: 4
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#16.- El infeliz del Comentario 14 no sabe ni adonde vive
Juan, sin Tierra|06-01-2009 20:02
Usted no vive en New Jersey, usted vive en Miami y se expresa como tal. Usted oyó campanas y no sabe de donde viene el eco. Usted firma el comentario como "Cubano de West New York" y en el texto pone que vive en Jersey City. 
Usted no sabe ni lo que está hablando, señor. De West New York a Jersey City hay como diez  kilómetros de distancia y por el medio esta todo el largo de Unión City.
Por supuesto que en New Jersey hay mucha mejor atencion social que en la Florida. Miami es el fondillo de Estados Unidos, señor, eso lo sabe todo el mundo.
Señores: antes de mentir por lo menos vean un mapa.
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#22.- Un pie en West New York y el otro en Jersey City
Juan sin Tierra|06-01-2009 20:28
Chico, mira es que no me di cuenta que tú eres el Espíritu Santo y que tienes el poder de la ubicuidad, o sea de estar en dos lugares al mismo tiempo.
Así que eres de WNY y me esperas en JC. Compadre, eso no lo dice ni Trespatines.
Mira, escoria de Miami, tú no has estado en New Jersey ni de visita.  Inventa otro sitio. Te puedes poner, por ejemplo: Cubiche de Allapatah. Te pega mejor.
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#26.- Mi último comentario
Juan sin Tierra|06-01-2009 20:56
Rivero Collado tiene toda la razón: no se puede entrar en esta sección de comentarios. Como  dijo en su artículo anterior:  "dejemos que la escoria se revuelva en su propio excremento".   
La escoria es  irredimible.
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#27.- Jorge Rivero Collado: breve historia de un heroe
Marcelo Sánchez|06-01-2009 21:10
Sr. Rivero, he leído con emoción su comentario último y casi todo de lo que ha publicado. Mis respetos para usted, a la fina memoria de su hermano, de su señora madre y de su padre,  que aunque estábamos en bandos opuestos sólo los enanos espirituales desconocen los méritos del adversario. Un abrazo.
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#37.- La escoria y la cloaca
Héctor Hernández Pérez, el de Güines|07-01-2009 06:18
Es increíble que a un artículo tan humano y decente como éste se le añadan comentarios tan asquerosos y es aún más increíble que quienes borran esos comentarios no lo hayan hecho aún. Me imagino que Rivero les pidio que no los borraran para que el lector vea hasta donde puede descender esa repugnante escoria de Miami que, como dice él mismio,  es sólo un pequeño grupo y no representa para nada a los cubanos emigrados que vivimos en Miami.
Están furiosos con Rivero Collado porque ellos defienden la masacre de Gaza y él  la condena, porque defienden a Bush en  Irak y Afganistán, y él  lo condena,  porque defienden las torturas de Abu Ghraib y Guantanamo, y él las condena,  porque defienden todos los  crímenes que el gobierno de Estados Unidos ha cometido en toda su historia, y él los expone con detalle y los condena en  una forma que tenemos que compartir todos los que sabemos un poco de historia. 
Ese es el problema. Y van a seguir insultando a Rivero Collado aunque hable de la flora y de la fauna o de los niños recién nacidos o de la atrmósfera. No insultan lo que escribe, sino a él mismo porque lo odian, porque defiende la justicia,  y ellos son la maldad, la cobardia,  la cloaca. Eso es todo. 
Usted debe sentirse honrado  con lo que dice esa escoria,  amigo Rivero Collado. Esos  insultos  son halagos.
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#38.- El gran crimen de Rivero Collado
Tales de Mileto|07-01-2009 08:41
Aunque no en este articulo, usted lleva varios meses, señor Rivero Collado, escribiendo de historia, dando miles de datos sobre la formación del imperio norteamericano, las guerras que ha ocasionado, los errores de sus gobernan-tes, etc. etc. Ha hablado mucho, además, de las guerras en que se ha envuelto la humanidad en el siglo XX y XXI. También  de filosofia, economía  y    religión (he leído todos sus artículos y  la entrevista que le hizo Kaosenlared hace unos meses)
 
¡Hombre, por Dios, señor!  ¿Usted no se da cuenta que  hay muchos aqui en Miami que si lo leen y tratan de entenderlo  les puede pasar lo mismo que a su hermano? 
¡Dele suave, amigo, que estamos en Miami no en la Atenas de Pericles!
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#40.- Al chusma del cuarto 39 del solar de Yeya
Tales de Mileto|07-01-2009 18:06
Mira, escoria miserable, ni eres profesional ni eres nada, eres el mismo que siempre envias comentarios insultantes, hable Rivero Collado  de lo que hable. Parece que vives de esto, que te pagan igual que le pagan a quienes lo hace por TV Marti, a tanto por insulto.
Eres el mismo que te firmaste "camillero del hospital", ofendiendo la memoria de un hombre noble y heroico como Jorge, eres el mismo que a veces escribes sin seudónimo o usando, otra veces, varios. 
¡Cobarde! Si Rivero o cualquiera de sus amigos nos acercamos a menos de veinte metros de ti,  te da un infarto. Rivero va al  Versailles y a La Habana Vieja a cada rato. ¿Por qué no vas allí y le dices en su cara lo que ahora le dices amparado en el silencio? 
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#43.- El foso lleno de excrementos de la escoria de Miami
Hector, el de Guines|08-01-2009 04:29
Este que puso el Comentario 42 representa a esa monstruosa escoria de Miami que no respeta ni a los muertos. Adonde descienden estas ratas  no desciende nadie. Son el asco del mundo. jamas podran regresar a Cuba. Sencillamente jamas. Allá no queremos culebras como ésta.
Se debe leer la digna historia de Jorge Rivero Collado, su lucha contra la enfermedad, su integridad politica y personal, su decencia y compararla con esta rata que puso ese comentario. 
Las cucarachas son seres honorables al lado de esa gentuza cobarde y repugnante.
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#46.- insulto
rivera|08-01-2009 19:44
Sr rivero fue Ud el que fue y vivio en Cuba unos anos.
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#49.- Al que falseó el Comentario 48
Héctor, el de Güines|09-01-2009 03:49
Por supuesto que  Carlos Rivero Collado no fue el que envio el Comentario 48, sino el mismo tipejo de la escoria de Miami que quizás sea el que pone TODOS los comentarios vulgares y excesivos. Ahora en éste se la tiró de guaña ha-blando nada menos que de Keppler y Einstein de los que posiblemente nada mas que sepa eso. 
Chico, pero, ven acá  ¿qué fijación es la que tú tienes con Rivero Collado que no duermes con tal de poner veinte comentarios con diversos sinónimos y hasta sin ninguno? ¿Le fajó a tu mujer,  te robó un hijo, te  escupió la cara, te robó dinero, te partió la nariz? Compadre, ya lo tuyo cansa,  inventa otra cosa.
Algo tiene que  haberte hecho Rivero para que tengas esa monomanía tan abu-rrida con él. 
¡Ah, ya sé el gran daño  que te hizo Rivero Collado! Te pusiste a leer uno de sus artículos históricos y te dio tremendo dolor de cabeza que te duró once  dias y a partir de entonces tienes un silbido en el oído  derecho que no te deja ni dor-
mir.  Toma dos  NyQuill y un tilo doble y tú verás como duermes hoy.
Es verdad que este Rivero es un criminal, como dice Tales de Mileto. Mira que ponerse a hablar de historia en  Miami. Puede hasta  provocar un genocidio. Y eso que no es sionista.  
   
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#51.- Al marica del Comentario 50
Héctor, el de Güines|09-01-2009 15:19
Mira, cretino, eres el mismo que pone los comentarios ofensivos a los articulos de Rivero y de otros que escriben en Kaos.  Ni eres surveyor ni eres un carajo, eres un tipo enteramente mariconil con fijaciones de vieja fletera de la Calle Pajarito. Ya apestas. 
Entre las avenidas 42 y 47 y entre las Calles 8 y la 16 del southwest NO ES CORAL GABLES, ES MIAMI. 
Da la casualidad que tengo un primo que vive en la misma esquina de la Calle 9 y la Avenida 43 y esa calle hasta el cementerio que está en la Avenida 44 es una zona de casas muy modestas y trailers.  
Eres lo más hijo de puta y lo más cobarde que hay en Miami. No te ha bastado con ofender a Rivero y a otros, ahora estás ofendiendo a un muerto amparado en la mariconería del anónimo.
Estoy seguro de que eres judio, tan hijo de puta y tan cobarde como todos los judios. Por eso estás así. Rivero es un enemigo de los sionistas. Yo soy un enemigo DE  LOS JUDIOS. ¡Cuánto daría por dar contigo, carajo! 
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#58.- AIC
10-01-2009 18:50
Se  imagina ustedsin la posibilidad de decir nada que no sea a favor del gobierno, se imagina usted que no pudiera escribir nada a favor del gobierno, investigado constantemente, vigilado  constantemente, cuestionado por todos por lo que hace, por lo que tiene y como los hace o lo tiene, no amigo, personas como usted no pueden vivir en la Cuba actual, le daria un infarto, se moriria de rabia, pues personas luchadoras y rebeldes son las menos deseadas, quiza por eso no le dan permiso de entrada. Por cierto, seria tambien muy bueno que usted nos ayude con  su experiencia a proteger la revolucion, que cree de las ideas de Cobas Avivar y de Pedro Campos, o de los escritos de Felix Guerra, deberia aclararnos de que lado esta. Por cierto ,a su hermano nunca se le ocurrio ir a Cuba?
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#61
11-01-2009 05:58
ES CASADO
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