ekileakazpian
¿Qué es realmente el IVA? Uno de los mecanismos tributarios más anti-obreros que exista, aplicado por la clase capitalista por medio de sus estados, para cortar e invertir la transformación keynesiana (welfare-state) de los países industrializados de la primera mitad del siglo XX. Es un impuesto en cascada que pone la carga tributaria general principalmente sobre las espaldas del proletariado.
Es, entonces, otra cara de la ofensiva patronal global. Y de sus estados y super-estados.
Una distribución antisocial de una parte importante de la recaudación del estado (de la UE, por empezar), que castiga progresivamente la economía de los más débiles, favoreciendo radicalmente a las clases propietarias y explotadoras.
¿Por qué la partidocracia burguesa, inclusive por supuesto socialistas y socialdemócratas, no sólo no denuncia, sino que apoya este impuesto claramente antisocial?
Pues, es evidente: la partidocracia es políticamente estructural, fundamental, para el sistema dominante. A veces con los reformistas en primera línea. El mangoneo legal de los partidos es lo que ellos llaman democracia. Quienes financian los partidos a través de bancos, administración, favores y apoyos, pero sobre todo con el sistema mediático dominante, lo hacen justamente para que no pongan en cuestión los fundamentos del estado burgués, capitalista. Por mucho derecho y democracia que se contrabandean en sus teorías y discursos, por supuesto de forma totalmente ficticia y manipulada, para justificar o explicar sus mecanismos principales de gestión, realmente autocráticos, centralistas y burocráticos.
Sobre esta base institucional, después de las revoluciones, luchas masivas e insurrecciones obreras de inicios del siglo XX, el sistema está recuperando poco a poco todas las ventajas sociales de aquella gran temporada de ofensivas anticapitalistas obreras, de los consejos y organizaciones de base radicales y revolucionarias.
Han reinstalado una verdadera y abierta plutocracia.
Y se permiten el lujo de atacar principios ya radicados como la jubilación, las 8 horas y más conquistas de la lucha obrera mundial.
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El IVA (BEZ) es parte de este diseño, como verdadero atraco masivo indirecto, ahora estructural en todo el sistema, que nos hace pagar a los que llaman consumidores una parte cada vez más importante de los presupuestos estatales. Al estilo de los peajes medievales en las carreteras, que instalan estados y diputaciones (*). Es una tasa que añade y suma en cascada, como dicen, un porcentaje muy importante del precio de todos los productos y servicios en todas las fases del proceso productivo-mercantil, hasta que descargue todo su peso al final, sobre el consumidor.
Con cada producto que compramos, pagamos poder y riquezas de las clases dominantes, así de claro.
Más claro aún con lo que llaman crisis. Anulando de manera considerable la carga de redistribución que contienen (o contenían, habrá que decir) los impuestos directos. Hasta que han empezado a reformar estos también, como todos sabemos, en ventaja de los sectores sociales propietarios y de rentas más altas.
La progresividad impositiva es un chiste de mal gusto, a estas alturas y en prácticamente todos los estados. Y en las nuestras queridísimas diputaciones forales, naturalmente.
 
Mientras que los dispositivos tributarios keynesianos, justamente y sobre todo los impuestos directos, más proporcionales a las rentas y riquezas de los contribuyentes, (a pesar de que los están precisamente desmontando desde hace unos años, estos ladrones institucionales, sus partidos y mandos capitalistas, véase por ejemplo las decisiones forales de las últimas legislaturas), servían para financiar los gastos institucionales repartiendo de forma más equilibrada la carga tributaria, el IVA hace justamente lo contrario: sacar a las clases desfavorecidas (¡que eufemismo!) el dinero para los gastos del estado, negando radicalmente la progresividad.
Lo que explica también porqué y cómo seremos nosotros a pagar la nueva reestructuración capitalista, el gran atraco global financiero.
Por supuesto, tienen todo el derecho de hacerlo.
Nosotros les votamos (en los estados donde el voto es libre, no en Banaña), nosotros admitimos esta clase política, nosotros aceptamos un sistema o régimen institucional para nada democrático, fundado en la partidocracia del capital, y nosotros pagamos y a callar, ovejtas. Ya no tenemos organizaciones políticas que denuncien estos atracos masivos generales y sistémicos. Y naturalmente legales. Como mucho, existen algunos raros sindicatos que organizan determinados sectores de la clase obrera, los que trabajan de forma más o menos fija y segura, es un decir, pero allí termina todo. Sus reivindicaciones ya no inciden en absoluto sobre la tendencia progresivamente reaccionaria del sistema económico e institucional global.
Casi todos se han vuelto (¿definitivamente?) mecanismos reguladores internos al sistema.
Eu pura defensa, en realidad, de unos sectores de la clase obrera (ekileak), los que tienen empleo, que trabajan de forma más o menos fija (langileak). No tienen dirección comunista, obrera, revolucionaria, dedicada y comprometida con todo el abanico obrero, proletario. Trayectoria dirigida en el eje general de la clase, de una tenaza comunista de reparto del empleo y de la renta social. Con medidas radicales, no de parche o de nuevas formas de chantaje social (workfare).
El estado keynesiano sirvió justamente para esto: bloquear el desarrollo de las luchas de clase de los inicios del siglo pasado, sus revoluciones, insurrecciones, huelga generales obreras y en particular de los sectores trabajadores. Por medio de reformas que otorgasen algunas ventajas sociales para callar o encauzar la protesta obrera. Reformas tan importantes como la seguridad social, o muchos servicios sociales, etc. para parar el efecto dominó internacional de las revoluciones soviética, luego alemana, china, etc.
Y los crecientes procesos insurreccionales en cada vez más estados (USA, Italia, Francia, etc.) en los comienzos del siglo.
El estado del welfare, el new-deal, y el fordismo productivo para con los obreros trabajadores, sirvieron para empujar hacia la (su) paz social desde los años 20 y 30 del siglo pasado, con el objetivo de contener la creciente radicalización obrera y proletaria internacional. Para cortar de raíz, dividir e integrar las luchas fundamentales de aquellos años. Por otro lado, fueron también acompañadas por la instauración de sistemas fascistas en países en situación muy crítica, pero donde también aplicaron en parte las mismas medidas, por supuesto. Y luego con una terrible guerra de reacumulación y repartición imperialista general.
Sin embargo, a partir de los años 60-70, ha empezado el proceso de desmontaje de toda la estructura del estado llamado del bienestar. Es lo que denominan neoliberismo o neoliberalismo. Y en eso estamos y seguimos, y con estas crisis intentan dar los últimos golpes de hachazo social y de vuelta al dominio absoluto del capital, que llaman ahora financiero. Que es el mismo bandidaje asocial y criminal de siempre: el poder y las riquezas en manos de una absoluta minoría; a cambio de hambre, guerra y miseria para miles de millones de personas. Con unos cuantos millones que trabajen para ellos, a las condiciones que dicten y en progresiva precariedad mundial. Y unos cuantos listos que hablen y estudien sus crisis, sin decir ni hacer nada sobre las luchas que tenemos que llevar adelante, ahora y aquí.
¿Hasta cuando seguiremos aguantando?
¿Hasta cuando vamos a escuchar los mismos discursos seudosocialistos de siempre? ¿O empezamos de nuevo a organizarnos de forma radical y contundente contra un sistema inicuo, inmoral y saqueador, intentando no repetir los errores del pasado? ¿Intentando no dejarnos engañar por nuevos tipos de sirenas reformistas de un sistema abyecto?
Se acerca el primero de mayo, celebración, dicen... del trabajo, o peor aún del ...mundo del trabajo: ¿Vamos a repetir procesiones folklóricas de protesta, laboristas, o empezamos a plantear en serio un trabajo contra el sistema de rapiña? ¿Empezando por nuestro propio proyecto de autodeterminación nacional? ¿Buscando la unidad de acción nacional, absolutamente, en y con la diversidad social, pero sin olvidar que la nación no se reconstruye sin saber y hablar nada de materiales e ingeniería social?
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Es impresionante observar la ¿estulticia?, ¿ignorancia y ¿pereza teórica?, ¿irresponsabilidad?, complicidad? de esas fuerzas políticas que se dicen de izquierdas, es decir parlamentaristas, que por ejemplo en las juntas generales ni tan siquiera son capaces de sostener una lucha ideológica (no digo política o social, no se fastidien el sillón por favor), sobre cuestiones tan escandalosas y evidentes como estas.
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