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La Isla Tortuga: libros sobre la piratería
«En un trabajo honrado/o corriente es trabajar mucho y ganar poco: la vida el pirata, en cambio, es plenitud y saciedad, hacer fortuna, libertad y además poder».
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 3-1-2010 a las 19:28 | 2895 lecturas | 3 comentarios
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A raíz de la preparación de un proyecto sobre el cine de piratas, inopinadamente me he encontrado con más de un amigo amante de esta apasionante historia. Lo que no sabían era que existía una hermosa colección de libros sobre la cuestión, La Isla Tortuga, que es además una de las más características de la editorial Renacimiento de Sevilla que, entre otras más, cuenta con una muy especial dedicada a la recuperación de los escritores del exilio, en especial de los andaluces, amén de una muy variada llamada España en Armas en la en su día servidor pude publicar su Retratos poumistas… 

        Supongo que para cada uno de los adictos esta historia “maldita” de corsario, filibusteros, bucaneros, contrabandistas y de marineros insumisos, de ladrones e idealistas, pudo llegar a través de toda esa mitología (en el sentido griego, de historias recreada por las leyendas que pasaban de generación a generación alimentada por la literatura (La isla del tesoro, Viento en las velas, sin olvidar a Salgari cuya contribución a hacernos sentir gusto por la novela nunca será suficientemente reconocido), la música, el cómic (en mi caso “El Cachorro), y sobre todo el cine, que en la segunda mitad de los años cuarenta y primera mitad de los cincuenta conoció su “edad de oro” en este subgénero del cine de aventuras más logrado.

  Sobre todas estas historias se pueden encontrar una base documental impresionante en la colección que se aproxima a la quincena de títulos, incluyendo un minucioso quien es quién en las piraterías, o en un tratado especial sobre el singular capítulo de las mujeres piratas. Se trata de un material clásica recuperada de antiguas ediciones y en más de un caso traducido de versiones inglese o británicas.

Todo ello formaba parte de una cultura popular que ha sumido la acusación de latrocinio pirata como un desafió a un latrocinio inmensamente más perverso: el de los poderes establecidos, y para cualquier duda no teníamos más que recordar la guerra  del “ejército nacional” contra el pueblo republicano. Así pues, malos quizás, pero a la contraofensiva contra lo peor, y por lo mismo, con un amplio caudal de cinismo. Puede ser la amenaza que empaña la paz en la travesía de los mares o una suerte de justicieros que roban a los ricos aunque nada reparta entre los pobres. En todo caso, la distinción entre buenos y malos bucaneros no es ajena a esta clase de historias. Ya en la Grecia antigua se producían actos de piratería. Etimológicamente el vocablo «pirata» proviene del griego «peiratés» a través del latín y significa «el que se aventura, el que procura lograr fortuna». Así pues, la raíz del vocablo nos ofrece las pautas que guiarán la conducta de estos personajes. Sus antecedentes más claros hay que buscarlos en las cruzadas, una época de desconcierto y guerras que favoreció el florecimiento de los guerreros marinos. Del norte llegaron hasta el Mediterráneo: los vikingos. O sea, los reyes de los mares.

    Según cuentan las crónicas, estos aventureros de casco con cornamenta y que dan título al impecable film de Richard Fleischer (o en los de Mario Bava, menos reconocidos pero muy notables también) llegaron a las costas americanas mucho antes de que lo hiciera Cristóbal Colón, y hay una mala película que lo recuerda, Erik el rojo, con Lee Majors y un senil Cornel Wilde. Fleischer los pinta como brutales, pero nobles y coherentes frente a la corrompida aristocracia británica. Para alabar y dar testimonio de sus hazañas, siempre llevaban un poeta a bordo. La historia y la fantasía empiezan a confundirse con los vikingos y con ellos nace la leyenda. Con el dinamismo que adquieren las rutas comerciales transatlánticas en los siglos XV y XVI, los gobiernos deciden contratar a piratas para defender sus intereses y perjudicar a sus enemigos. Es así como aparece uno de los referentes ineludibles en la historia de la piratería: Francis Drake.

      Corsario o patriota lo fueron Francis Drake (1543-1596), y también John Paul Jones, pirata para los británicos y patriota para los estadounidenses de 1776. Pero el más interesante es el primero que por toda su vida mantuvo ligado a la marina. Navegó desde joven y recorrió medio mundo para batirse con los españoles. Tras varias batallas, fue presentado a lsabel l de Inglaterra, la llamada Reina Virgen (la más cinematográfica de todas las reinas después de Cleopatra) quien aprobó y premió su plan de penetrar en el mar del Sur y saquear las posesiones españolas. Pero más allá de su misión, Drake decidió pelear por su cuenta y se convirtió en uno de los piratas más temidos por la flota española. A su regreso a Inglaterra fue recibido como un héroe. En su nave llevaba abundancia de oro, piedras preciosas y especies. Isabel I le otorgó el título de Sir. Un sir que dedicó su vida a saquear las naves españolas y portuguesas. Dado que Drake fue un pionero, no fueron pocos los que decidieron seguir sus pasos, por lo demás, atrasada en el expolio de las colonias, Inglaterra apostó por ganar la batalla del mar y lo logró, sobre todo después de la Ley de Navegación de Cromwell.

    Entre los corsarios más destacados se encuentra Thomas Cavendish (1555-1592). Cavendish provenía de una familia adinerada. Tipo flemático y elegante, su gusto por la vida disipada le hizo perder la fortuna familiar. Siguiendo sus impulsos de hombre aventurero decidió imitar a Drake, aunque sin tan pingues resultados. Pese a todo, logró amasar una buena fortuna en su primera expedición a América. Claro está que la perdió en juergas y juego. La muerte le sorprendió mientras preparaba su segunda expedición.  
  La bibliografía es muy considerable, y puestos a destacar, quizás haya que comenzar con la “Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas, de Daniel Defoe. Verdadero compendio de las hazañas de los grandes corsarios, el libro significa la fuente principal y mejor documentada sobre el tema y ha servido de referencia a gran número de novelistas. Defoe enumera a los personajes más conocidos de la piratería y desgrana buena parte de sus hazañas. Sirvan estas líneas como recomendación del valioso ensayo y como ilustración impresionista de algunos de los piratas que nutren sus apasionantes páginas. Es Defoe el que nos habla de las Libertalia, de una experiencia socialista utópica sobre la que ya nos extenderemos en una próxima ocasión.

  Otro nombre terrible fue el  de. Barbanegra, también conocido El Capitán Teach, alias Barbanegra (1680-1718), fue uno de los piratas más sanguinarios que surcaron los mares. Temido por su sadismo, no conocía la piedad para con sus prisioneros. Pese a que su actividad como corsario duró sólo dos años, es de los personajes de la piratería con mayor éxito. Gracias, en parte, al film de Raoul Walsh El pirata Barbanegra (1952), donde se mostraba el carácter perverso de Teach. Su barco, Queen Anne’s Revenge, fue tomado a los franceses y con él inició su corta pero arrasadora labor filibustera.

    Sus andanzas hicieron que en 1718 el gobernador de Virginia ofreció una recompensa por su captura o muerte. El teniente Robert Maynard de la Royal Navy lo persiguió con dos barcos hasta darle caza y derrotarlo. Barbanegra murió con veinte heridas de machete y cinco disparos de pistola. Maynard le cortó la cabeza, la colgó de u barco y regresó a por la recompensa. Quizás el pirata que mejor corresponde al molde literario ideado por los románticos sea Bartholomew Roberts (1682-1722). A él se debe la sabia sentencia: «En un trabajo honrado/o corriente es trabajar mucho y ganar poco: la vida el pirata, en cambio, es plenitud y saciedad, hacer fortuna, libertad y además poder». Roarts era conocido como «Black Bart. Tuvo éxito en sus cuatro años de actividad corsaria. Según las crónicas, era alto, atractivo y vestía con toque de elegancia.

  En junio de 1719, el barco en el que viajaba fue capturado por Howell  Dan,  a quien decidió unirse ya quien sucedió después de que éste muriera a manos del gobernador de isla Príncipe. En 1720 capturó al gobernar de Martinica y lo colgó del mástil. La bandera que eligió lo muestra vengándose 5 islas de Barbados y Martinica (con un pie sobre sendos cráneos de los gobernadores de las dos islas). Murió a causa de un balazo que recibió de un soldado inglés. Su tripulación arrojó el cadáver al mar antes de rendirse para impedir que cayera en manos de los británicos.

    Obviamente, hay una especialmente oscura, es la que nos lleva a Jean David Nau, El Olonés (1630-1669). Inició sus truculentas correrías a los 20 años, cuando viajó al Caribe como trabajador forzoso. Fue bucanero en La Española (actual Haití) y finalmente filibustero en la Hermandad de la Costa (fundada por bucaneros franceses) Destacó especialmente por su crueldad extrema con los prisioneros. Se dirigió a Campache, donde naufragó, y tras muchas vicisitudes logró regresar a La Tortuga, una isla de Haití que servía de refugio de piratas. En 1668 capturó una fragata junto a Cayo Fragoso de Cuba, pasando a cuchillo a todos sus tripulantes. Se asoció con Miguel el Vasco y otros filibusteros, con quienes atacó Maracaibo y Gibraltar en 1668, tomando un importante botín y realizando toda clase de barbaridades con los vecinos. De regreso planeó tomar Nicaragua pero las corrientes le llevaron a Honduras, donde asaltó y tomó Puerto Caballos.

      Tras muchas deserciones se quedó con un solo barco y atracó en Darién. Fue capturado por los caníbales de la zona, que decidieron hacer del pirata un suculento festín. Menos truculenta y más acomodaticia, la historia de Henry Morgan (1635-1688) corre por los cauces de la tradición Drake. Morgan provenía de una familia de militares y a los 19 años se embarcó como subalterno en la desastrosa expedición de Western Design, quedándose en Jamaica. La primera acción que Iideró fue el asalto a Puerto Príncipe, en abril de 1668, y después los asaltos a Portobello, Maracaibo, la recuperación de Santa Catalina y finalmente el saqueo de Panamá. Detenido a su llegada, fue trasladado a Londres en agosto de 1672, aunque no llegó a ser juzgado. Nombrado caballero, regresa a Jamaica dos años más tarde, como Teniente de gobernador de Lord Vaughan, ocupando el cargo hasta su destitución en 1678. Vivió sus últimos años al frente de una plantación y dedicado a alternar con la élite de la sociedad jamaicana…

  Esta son cuatro datos extraídos para un breve artículo introductorio, pero quien realmente quiera conocer en serio esta historia está obligado a leer y estudiar La hidra de la revolución. Marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico, obra de Peter Linebaugh y de Marcus Rediker, y editado por Crítica, Barcelona, 2005 en traducción de Mercedes García Garmlla, y que recomiendo con todo el entusiasmo que merece.

  Igualmente vale la pena Piratería libertaria en el Caribe: los Hermanos de la Costa, de Bernardo Fuste, El Garaje Ediciones que además la tiene en CD.

 
 
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Comentarios (3)

#2

04-01-2010 10:37

Igual en algún libro stalinista pone que las masas caribeñas, concretamente de Tortuga, adoraban a "el capitán Bigotenegro", pero sintiendo desilusionarte #1, no es cierto, así que para alabar al padrecito búscate el hilo correspondiente o vete a algún foro internetero en el que serás bienvenido.

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#5

04-01-2010 23:28

Pero os quereis dedicar a comentar a lo que dice el puto texto y no irse por las ramas!!!!!

Yo es que creo que hay gente que escribe de la única cosa que sabe y se dedica a intentar reducirlo todo a eso.

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#6.- etnocentrismo historico

abderrahim|13-01-2010 17:31

ninguna mencion a los ``piratas´´morisquos aunque algunos historiadores los consideran los verdaderos amos del mediterraneo y buena parte del atlantico ...

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