Este mes de junio ha estado marcado por dos discursos y dos convocatorias electorales principales cuyas consecuencias pueden dibujar la orientación del futuro mundial con respecto al problema central de nuestra época: ¿Diálogo o guerra de civilizaciones? El lugar geográfico del conjunto de esos acontecimientos es Oriente, y en el corazón de dichos acontecimientos la relación del Islam y Occidente, de la cual el conflicto entre Israel y Palestina es el símbolo más elocuente.
El primer acontecimiento fue el discurso programático de Obama en El Cairo, lugar simbólico, cuna de las civilizaciones, del cruce de religiones y de la simbiosis entre la tradición y la modernidad. En su alocución dirigida a los musulmanes, el presidente estadounidense recordó el alcance espiritual, el mensaje pacifista del Islam y la aportación de esa civilización a la cultura mundial, señalando que los musulmanes de hoy se han alejado del espíritu de ese mensaje. El aspecto cultural de su discurso tenía una finalidad política cuya idea central es la reconciliación de los musulmanes con el Islam, una reconciliación que tenga como modelo político a los países moderados, como el caso de Egipto, y la no violencia como filosofía de combate, puntos de referencia para una refundación de la relación de Estados Unidos con los países musulmanes.
Esta filosofía reduce el conflicto israelí-palestino a un conflicto de derechos cívicos y pasa por alto su naturaleza colonial. Dicho conflicto, de esencial colonial, sobrepasa a sus únicos protagonistas (israelíes y palestinos) para poner en evidencia la relación en la que se engloba: Occidente-Islam. El alcance programático del discurso de Obama en El Cairo se dirigía sobre todo a influir en la orientación de las elecciones en Líbano e Irán, una orientación que se comprueba conforme con la estrategia estadounidense en la región. El discurso de Obama dirigido esencialmente a los musulmanes una semana antes de las elecciones libanesas e iraníes, pretendía influir con toda su fuerza para conseguir el fracaso de la oposición en Líbano, con Hezbolá a la cabeza, y el triunfo de los reformistas en Irán.
Con la ayuda de los países árabes «moderados», el dinero de Arabia Saudí, un sistema electoral arcaico y una presión internacional sin precedentes, en Líbano se consiguió el objetivo. Por su configuración étnica y su constitución histórica, Líbano es receptivo a los aires de Occidente. Hezbolá, por medio de su líder Hassan Nasralá, aceptó la vía de la legalidad y se sometió a la voluntad popular expresada por las urnas, demostrando que el espíritu democrático y político de Hezbolá tiene como único axioma que ninguna voluntad puede prevalecer sobre la elección del pueblo. Se ha escrito mucho sobre la fuerza militar de Hezbolá y su capacidad de imponer un orden político en Líbano, pero la realidad demuestra que la organización está profundamente anclada en el tejido sociopolítico del país y que la fuerza victoriosa que derrotó a Israel acepta su justo lugar de oposición en el tablero político interno.
Los movimientos islamistas, que se considera que poseen una esencia dictatorial, aceptan legalidad de las urnas, reconocen su derrota y mantienen toda su confianza en la administración del país que proyectaban gobernar. El guión libanés no se ha reproducido en Irán. Lo que era previsible. Ahmadinejad era el candidato favorito y todo le destinaba a un segundo mandato. Lo importante era transformar su victoria cierta en un auténtico proceso del régimen. Mucho antes de las elecciones ya se lanzó la idea de que una probable victoria de Ahmadinejad sólo podía ser producto de un «rellenado de las urnas». Una campaña mediática orquestada con esmero daba la impresión de que Teherán estaba más cerca de Occidente que de la Revolución y sus dirigentes.
No ignoramos la dinámica social de la sociedad iraní, de la que una parte, principalmente la juventud de las ciudades, aspira a un cambio; y no es una parte pequeña, ya que representa el 33% de los sufragios emitidos. Pero esa dinámica no puede prescindir de otra verdad: Irán no se reduce a una parte de la juventud de Teherán. Las elecciones iraníes, al contrario de lo que se dice aquí y allá, principalmente sobre el fracaso y la condena de la República Islámica, se inscriben en el espíritu de la Revolución de 1979, porque marcan la victoria definitiva de los desheredados.
Las personas que votaron a Ahmadinejad no tienen acceso a Internet, no se miran en la vida de las estrellas, no poseen móviles multifunción, no lucen brazaletes y no padecen la falta de libertad, sino la falta de justicia social. No tienen el espíritu vuelto hacia Occidente, sino hacia ese hijo del pueblo y esa Revolución que ha convertido al hijo de un herrero en el servidor de un pueblo, un pueblo determinado a transformar la historia del mundo.
Por lo tanto, la reelección de Ahmadinejad se inscribe en la fidelidad a la Revolución Islámica de 1979. Los hijos de los desheredados de 1979 quieren seguir los ideales de sus padres. Lo que les faltaba a los iraníes, y al mundo, en la época del sha no era la idea de libertad, sino la de justicia. En nombre de la Ilustración y la filosofía liberal, occidente ha hundido al mundo durante más de tres siglos (la esclavitud y la colonización) en un mar de injusticia. La victoria de Ahmadinejad es la victoria del pueblo. El triunfo definitivo de la Revolución Islámica. De la soberanía popular. De la idea de la justicia.
Como en una gran parte del mundo musulmán, particularmente en el mundo árabe, la juventud de Teherán vive, según la expresión de Marc Cote, en un espacio que mira hacia Occidente (1). Así, al contrario que en el universo árabe, el modelo del pueblo iraní no está en la refinada juventud con sus aspiraciones a la modernidad, sino en el Irán profundo y su cultura musulmana. Lo que se critica de Ahmadinejad se sitúa más en su condición social y en su promesa de luchar contra la corrupción, que en sus elecciones políticas.
Fue bajo el reinado de Khatami, el promotor de la idea del diálogo de las civilizaciones, cuando se clasificó a Irán en el centro del eje del mal. Y es la determinación de Ahmadinejad en su enfrentamiento con el orden injusto del mundo la que ha aumentado su popularidad y ha inculcado en los iraníes el sentimiento de que deben traducir su fuerza en una misión para un mundo más justo.
Ahmadinejad era casi un desconocido en 2005. Como tal ganó las elecciones presidenciales contra Khatami. Rafsandjani, repudiado por las elecciones legislativas y presidenciales, sólo pretendía defender sus intereses. Entonces, ¿cómo se explica la alianza del conjunto de los candidatos presidenciales y del campo reformista contra Ahmadinejad? Desde 1979, Irán nos tiene acostumbrados a elecciones limpias y la administración ha demostrado, a lo largo de todas las elecciones que se han celebrado en Irán, que nunca ha estado al servicio del gobierno, sino al servicio del pueblo.
Ahmadinejad siempre ha ejercido sus funciones políticas desde la legitimidad popular. ¿Podemos admitir que una persona, frente a los desafíos que esperan a Irán, se pueda seguir considerando servidora del pueblo a sabiendas de que ha robado su victoria? ¿Podemos comparar a la administración iraní con la de un país árabe cercano (Egipto) o lejano (Argelia), que sin ninguna duda han hecho y deshecho las elecciones al gusto de los príncipes y con la bendición de las capitales occidentales?
La vieja guardia, la nobleza del régimen, de alguna forma se niega a admitir que el hijo de un herrero, el pueblo sin más, los desheredados, la representen. El pueblo necesita su representación y sólo llega a la conciencia de sí mismo bajo la égida de una élite ilustrada. Según esa corriente de pensamiento y su vinculación con Occidente, con Ahmadinejad y el guía de la Revolución Islámica, Irán está condenado al fracaso.
En esa oposición también se diseña la orientación filosófica asignada a la Revolución. Los reformistas, al crear la ilusión de una victoria en las elecciones, puesto que ya las habían ganado en el terreno mediático después de lanzar el descrédito sobre el régimen (sin que el resultado estuviese a su favor), quieren reapropiarse de la Revolución, aburguesarla y confinarla en el marco del Estado-nación. «Iranizar» la Revolución Islámica y convertir a Irán en el alfa y omega de la acción política.
La pretensión de aburguesar la Revolución tiene como telón de fondo el espíritu de la Revolución Francesa. La tendencia estaba presente en el movimiento revolucionario, pero relegada a un segundo plano por la grandeza de Jomeini y el aliento de espiritualidad política de la Revolución. La occidentalización contra la que se sublevó el pueblo iraní en 1979 ha acabado ganándose a una franja de la población por medio de la globalización.
La occidentalización del mundo durante los dos últimos siglos se asocia con la modernidad. La modernidad en el mundo musulmán ha dado lugar a una dominación del Estado contra la sociedad y de esa forma se ha convertido en un obstáculo mayor para la emancipación del pueblo y la llegada de la democracia. La modernidad política en el mundo musulmán se ha revelado antipopular en la práctica. Tratado como un siervo, el pueblo sólo puede optar por la resignación, el servilismo, el exilio, el suicidio o la cólera asesina.
Esta ecuación occidentalización-modernidad es la que Irán desdeña y rechaza. El triunfo de Ahmadinejad marca la victoria definitiva de la llegada de la espiritualidad política (2) como factor determinante de la globalización. Así, constituye el cumplimiento de la Revolución Islámica de 1979. Contra la modernidad política surge el Islam político. Si «el Islam político es incapaz de responder al desafío de la modernidad política (3)» es porque en él está la negación. La modernidad política entendida como secularización de la política y separación de las esferas engendra inevitablemente la exclusión del pueblo como actor político y aúpa a una minoría occidentalizada, dominadora y arrogante, a la vanguardia depredadora de las riquezas de la nación.
La globalización es un mazazo al dúo occidentalización-modernidad. La victoria de los desheredados en las elecciones iraníes tiene la tarea filosófica de liberar al mundo de las garras ideológicas de la modernidad política. La globalización, por la elección de Ahmadinejad, es una salida definitiva de la teoría filosófica de la historia entendida como el futuro mundo de Occidente.
El mundo, ahora más que nunca, padece una escandalosa falta de justicia. El mundo necesita a Irán. Al Irán de Ahmadinejad, que otorga a los desheredados del mundo la voz de la que carecen. La reelección de Ahmadinejad marca el cambio mundial y el desplazamiento hacia un horizonte social donde la justicia es el bien supremo. La libertad, tal como se despliega en la filosofía occidental, ha terminado convirtiendo el mundo en una selva. El último de los acontecimientos señalados es el discurso de Netanyahu, que muestra descarnadamente el rostro de Occidente rebosante de suficiencia, dominador y arrogante.
Dicho discurso podría haber reconciliado a los dos campos políticos contrarios en el mundo árabe. Occidente no ha expresado ninguna crítica al citado discurso. La reacción de Occidente y el mundo árabe a las palabras de Netanyahu desplaza el asunto israelí-palestino de un conflicto político regional hacia su verdadera naturaleza: Oriente-Occidente. A la imagen de la antigua Grecia, se enfrentan dos verdades. El conflicto no da lugar a ninguna revelación filosófica. La escena es trágica.
La modernidad política ha causado estragos durante siglos al considerar como un credo la cita de Pascal: «Verdad a este lado de los Pirineos, error al otro lado». Un representante de ese dogma, Alexandre Adler, en la presentación de su libro Le monde est un enfant qui joue, el miércoles 17 de junio en la librería Kleber de Estrasburgo, interrumpió mi intervención y me impidió exponer mi pensamiento. Después de escucharle durante hora y media, no se dignó concederme dos minutos. Bastó con que entendiera que las elecciones iraníes representan el triunfo de los desheredados para dictar sentencia: yo no tenía derecho a la palabra.
La modernidad política, donde quiera que se manifieste, nunca admite más reinado que el de su verdad. Ayer Gaza, hoy Irán: se repite el mismo guión. El universo orwelliano extiende su dominio sobre la escena mediática. Con el objetivo de estudiar la realidad occidental, el libro 1984 de Orwell se aplica sobre la concepción de la verdad en el pensamiento occidental. Tanto en la forma marxista como en la liberal, el totalitarismo es consustancial a la verdad occidental. Los partidarios de la modernidad política siempre se oponen, bien con golpes, elecciones amañadas o detención de los procesos electorales, a la soberanía popular. Irán no es Ucrania, ni un país árabe ni el Irán de 1953.
Ya es hora de que Occidente aprenda a considerar sus verdades como productos de su historia. Y la historia de Occidente no es la historia del mundo. La victoria de Ahmadinejad tiene como objetivo filosófico el advenimiento de otra verdad en el escenario mundial. La que Alexandre Adler no me permitió decir en Estrasburgo y Oumma me permite escribir.
Notas
(1) Marc Cote, l'Algérie ou l'espace retorné, Flammarion, 1988.
(2) Remito al lector a mi artículo: «l'Iran, une menace? La leccon de Foucalt», Oumma, 11 y 24 de marzo de 2009.
(3) Yann Richard, «La république islamique s'est condamnée a l'échec», Le Monde, 17 de junio de 2009.
Texto original en francés: http://oumma.com/Iran-la-victoire-des-defavorises
Mahmoud Senadji es Doctor en Filosofía y ex profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de Argel.
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#1.- ¿de dónde llegará el socialismo, pues?
miguel|24-06-2009 23:15
Realmente este hombre tiene razón, y más todavía, tiene razones excelentemente argumentadas, para defender sus ideas. Nos cuesta a los occidentales entender esto. Pero hace tiempo que muchos nos dimos cuenta de que el socialismo no vendrá de los países 'desarrollados', sencillamente porque el capitalismo ha desembocado en el imperialismo más atroz, y las poblaciones de occidente somos sus cómplices. Es una experiencia dolorosamente vivida día a día para el que tiene algo de conciencia. La 'izquierda' europea cómplice del genocidio palestino, (de la derecha mejor ni hablar);  es como para morirse de vergüenza. Cómplices de las mentiras que tan rentables nos resultan. 
Cuando el presidente de los EE.UU. habla de derechos humanos, a los pobres del mundo se le ponen los pelos de punta. Pero la historia no se ha acabado, a pesar de los sueños liberales.
Ahminajed, el amigo de Chávez, amigo de Morales, que pide a la O.N.U. el socialismo, que no llegará del occidente liberal defensor de sus rentas y beneficios. Otro mundo es posible y necesario, y existe: está fuera de  Occidente.  
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#2.- Espectacular Nota
Maria Taurizano|24-06-2009 23:23
Te felicito. Coincido en tus argumentos. Lástima que la gente se confunde con tanta facilidad y les cuesta ver claramente más allá de las imágenes de los multimedios que proyectan de acuerdo a sus intereses financieros.
Gracias. Uno no se siente tan solo cuando lee que hay alguien del otro lado que comparte esta preocupación en el mismo sentido.
María
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#3
zheltyk|25-06-2009 00:24
Por favor...esto es delirante. La Repúblia Islámica es el Estado heredero de una revolución traicionada por los clérigos radicales.
La revolución en Irán a finales de los setenta  vino de  un gran movimiento popular contra el sha prooccidental. La izquierda de entonces se alió con los islamistas, el proletariado petrolero se alzó y se crearon las shoras (sóviets). Después los islamistas traicionaron la revolución, prohibiendo las organizaciones de izquierda, acabando con las vidas de miles de militantes, eliminando los derechos de la mujer, disolviendo las shoras...esosí, todo dentro de una gran retórica antiimperialista. El hecho de estar en contra del imperialismo no puede  significar vincularnos a las dictaduras teocráticas. Si pensáis que lo de Irán es  algo cercano a una ideología antisistema  os sugiero que miréis el número de empresas privatizadas por Ahmadineyad (167 privatizaciones en 2007/08, y otras 230 en 2008/09)  o cómo andan por allí los derechos de militancia política o sindical.
Un artículo bueno:
http://www.marxist.com/solidaridad-masas-iranies-declaracion-cmr.htm
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#4.- Apoyo y crítica constructiva
Iopsubisarionea|25-06-2009 10:27
Esa tesis  de revolucion traicionada aburre y parece servir para explicar todo, incluída  la hipocresía de los privilegiados occidentales que la formulan.
Para nuestro hermano Ahmadineyad:
Dos cosas a vuelapluma, haz currar a los funcionarios y trabajadores estatales, como hacía Stalin y exige* al pueblo  iraní que controle su índice de natalidad, (como hizo Mao). Es decir, produce con eficacia y limita el nº de bocas futuras que puedes acabar como la Argelia socialista, con millones de jóvenes en paro, bomba de relojería.
A cambio les garantizas condones, (que ya son legales y promocionados por la sanidad estatal iraní) y pensión de jubilación.
La cultura chií- tradicional de familia numerosa la tienes que moderar o erradicar o estás perdido. Ningún Sistema puede crecer tanto como para cubrir un crecimiento demográfico descontrolado.
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#5.- Ultraizquierdismo
Iosu Bisarionea|25-06-2009 10:35
Para zeltick: Las críticas ultraizquierdistas son típicas de los  xxx y  muy útiles para la CIA, como en Yugoslavia. Te recomiendo  varios artículos todavía mejores que el tuyo:
El adios a Milosevic de don Carlos Taibo:
  http://www.kaosenlared.net/noticia/adios-milosevic-don-carlos-taibo
http://www.kaosenlared.net/noticia/adios-milosevic-don-carlos-taibo-2-
  Carlos Taibo y "el estalinista" Michel Collon:
  http://www.kaosenlared.net/noticia/carlos-taibo-estalinista-michel-col
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#6
25-06-2009 10:43
a Nr.4,tu comentario es una verdad universal.
ojala lo entiendan los anarquistas"izquierdistas occidentales.
un saudo proletario,Arturo.
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#7.- Para el 4
zheltyk|25-06-2009 13:57
¡Ahora resulta que el problema de Irán es la ineficiencia de la burocracia y la natalidad descontrolada!
Por favor...¿esto es un foro anticapitalista?
Me acusáis de ultraizquierdista, pero no soy ningún purista, estoy razonando y hasta ahora nadie me los ha discutido. Esto es un foro, ¡debatamos!
¿Qué pasa con los derechos sindicales, los de la mujer, los de los homosexuales...? ¿Me llamáis ultraizquierdista porque estoy hablando de este tipo de derechos en un país musulmán? ¿Creéis que la Rusia de los zares era muy distinta en esto o que no se avanzó en la revolución iraní?
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#8.- aclarémosnos
manuel|25-06-2009 14:30
¡Luz, más luz!, por favor.
Cinco tesis para analizar lo que pasa en Irán.
a) Irán necesita una revolución, esto es, que el pueblo (básicamente intelectuales y campesinos dirigidos por el proletariado) tome en sus manos el poder político  y de un empujón histórico en  el avance hacia el socialismo.
b) La religión es una ideología interclasista, puede confundir al pueblo; también le puede ayudar, porque dentro de los religiosos los hay de todas las clases habidas y por haber. Uno de los errores típicos de  alguna gente educada en el  marxismo progresista-ilustrado  es haber despreciado la importancia de los factores culturales.
c) Una revolución socialista es siempre antiimperialista (las revoluciones de colorines son pasivas: modelo la transición  española -leer a Gramsci-).
d) Las confrontaciones internas de la clase dominante (básicamente lo que está pasando en Irán hasta el momento) pueden ayudar a que la clase  subalterna se active y pueda hacer valer sus intereses de clase.
e) Conclusión: alguien está jugando con fuego en Oriente Medio, y lo más problable es que se queme.
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#9.- Fanáticos
Iosu Bisarionea|25-06-2009 15:43
Los ultraizquierdistas me parecéis ya realmente fanáticos e irreductibles, muchísimo más devotos de textos sagrados y santas verdades que Ahmadineyad.
Pocas veces antes vuestro discurso me había parecido tan espantosamente  pueril y reaccionario  como en esta crisis iraní debatida en estos foros. 
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#10.- Contra la revolución teocrática
Panclasta|25-06-2009 17:51
Primero de todo Ahmadinejad no era un desconocido en 2005. Llevaba años de alcalde de Terehan uno de los cargos más prestigiosos, y era un hombre politico conocido y reconocido por su trayectoria.
  Es verdad que los pobres, desheredados, campesinos han votado principalmente y masivamente a Ahmadinejad, mal que les pese a los gringos. Pero eso no es un triunfo de la revolución. Todos los candidatos son servidores de la Revolución islamica, y esta democracia es relativa, se lege a candidatos escogidos y filtrados por los Ayatolás, y se impide a las mujeres minorías, ateos ser candidatos.
Esta revolución teocratica no va a cambiar al mundo, ni siquiera Iran,  pero nos alegran los planteamientos antiimperialistas de Ahmadinejad, así como su defensa de la riqueza petrolera para los iraníes. Y nos dan vómito los comentarios estalisnistas y dógmaticos de algunos apologistas de Ahmadinejad. 
Tampoco es verdad que los jóvenes han votado por el cambio promovido por el candidato proamericano y pro Israel.  Sólo los jóvenes de las clases medias y altas han votado a Musavi. La mayoría de los que disponen de Internet y hablan inglés.
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#11.- Oportunismo, mentiras e intoxicación
Iosu Bisarionea|26-06-2009 08:50
Para el comentario 10 de "panclasta":
"Contra la revolución teocrática: Esta revolución teocratica no va a cambiar al mundo, ni siquiera Iran,  pero nos alegran los planteamientos antiimperialistas de Ahmadinejad, así como su defensa de la riqueza petrolera para los iraníes. Y nos dan vómito los comentarios estalisnistas y dógmaticos de algunos apologistas de Ahmadinejad.  "
1.- Este texto es absolutamente contradictorio, oportunista e intoxicador.
2.- Han sido ultraestalinistas (tipo UCE) y troskistas los dogmáticos ultraizquierdistas satanizadores de Ahmadineyad.
3.-  Yo personalmente  respeto la figura de Stalin, con sus pros y contras, pero no soy un fanático. Y lo mismo puedo decir de Mahmud Ahmadineyad.
 
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#12.- ANTI Y PRO
Iosu Bisarionea|26-06-2009 08:59
Para el 4 zelhtic que dice: "Por favor...¿esto es un foro anticapitalista?",
La  RADICAL diferencia entre los ultraizquierdistas y los progresistas/comunistas es que  los primeros  son  ANTI (nihilistas) y  los segundos  PRO (constructivistas).
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#13.- El constructivismo enfermedad infantil de los creyentes y gentes con fe.
Panclasta para Iosu|26-06-2009 10:29
Para construir algo, hay que deconstruir primero, sino se reproducen sistemas bárbaros como los estalinistas. Primero hay que deseducarse, quitarse todo el dogmatismo y fanatismo estalisnista, militante y luego seguir a la contra para no cagarla.
Me reprochas que digo mentiras, me contradigo, pero en el texto no señalas ni una sola mentira, solo putos principios, que para tu bien deberias irte quitando. Señalame una mentira. Decir que el texto es absolutamente contradictorio, es una opinión y deberías al menos señalar una contradicción. "Absolutamente", como "todo" o nada, son términos de los dógmáticos. Deberías empezar por hacer limpieza de vocabulario. 
Acusar a otros grupos o sectas es tipico de fanáticos. Satanizar a Ahmadinejan lo han hecho los gringos desde que está en el poder. Cualquier grupo revolucionario que se respete debe atacar a Ahmadinejad, pero sin colaborar con los gringos, ni hacerles el juego, empezando por criticar primero a la teocracia islamica y a los ayatolas que se prestan a desestabilizar Iran y a provocar la guerra civil que quieren los gringos, es decir CIA y potencias occidentales.
El que respetes lo malo y lo bueno de Stalin eso no interesa a nadie, ni sirve para criticar unas opiniones. Ese es un problema tuyo, que con tu constructivismo dogmático lo vas a acentuar. 
  Amigablemente, Panclasta
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