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INTEGRACION, camino obligado hacia la 2ª Independencia
Forzar la unidad latinoamericana es como querer tomar "chicha" sin esperar a que el maíz madure. Podemos estimular nuestra síntesis socio-cultural, lo que no podemos es programar sus resultados.
Fernando Dorado | 25-8-2009 a las 21:03 | 1059 lecturas
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Con ocasión de la reunión de UNASUR en Bariloche

INTEGRACION, CAMINO OBLIGADO HACIA LA 2ª INDEPENDENCIA

Popayán, 25 de agosto de 2009

La asunción de gobiernos democrático-populares con clara orientación nacionalista en diversos países de América Latina es resultado de la resistencia y lucha de los pueblos contra las políticas neoliberales aplicadas en la región por las elites oligárquicas aliadas de los EE.UU. Ese proceso político-social ha coincidido con el creciente debilitamiento de su poderío.

La hegemonía estadounidense está cuestionada. Su ejército – a pesar de tener más de 800 bases militares en los 5 continentes - ya no es el “gendarme del mundo”. Su política guerrerista está cada día más desacreditada. La crisis económica mostró la fragilidad de su modelo financiero especulativo y las limitaciones energéticas y productivas que hoy trasnochan a los planificadores de Washington. Rusia y China se convirtieron en la salvación transitoria, pero ya le cobrarán ese favor.

Es por ello que los Estados Unidos han puesto en la mira - y a prueba - a la incipiente “unidad” latinoamericana. Diversas señales indican que vuelven por su “patio trasero”. Acciones preventivas y provocadoras de carácter político-militar y mediático (golpe de Honduras, re-fortalecimiento del Plan Colombia y del Plan Mérida), apuntan en ese sentido. Además, utilizan las presiones económicas, los acuerdos bilaterales y su poder en los organismos multilaterales de crédito, para doblegar a los gobiernos más endebles. Se trata de aislar al grupo de países del ALBA encabezados por Venezuela.

La reacción de los gobiernos de la región no ha sido la mejor y refleja nuestra realidad. Rechazo formal (diplomático) al golpe en Centroamérica, respuestas desarticuladas e individuales frente a las bases militares en Colombia, y apoyo absoluto de los gobiernos de México y Colombia a la táctica del imperio que utiliza al narcotráfico como instrumento de intervención territorial. Con el argumento de la lucha contra las drogas, USA ha venido militarizando el corredor que une su frontera sur con su cabeza de playa neogranadina en Sudamérica.[1] Frente a este problema el resto de países latinoamericanos no tienen una política concertada.

¿Hay un proceso de integración en América Latina? ¿Cómo se viene impulsando ese proceso? ¿Existe la suficiente conciencia y voluntad política para avanzar en esa tarea? ¿Qué estrategia se está impulsando?

El panorama de la integración regional

El control norteamericano de la región ha sido tan fuerte que hasta los procesos de integración regional y subregional han sido planificados desde Washington. Creada la OEA (1948) y la ODECA (1950)[2], el imperio promueve la conformación de la ALALC y la CAN.[3] El impulso a la “revolución verde” y la creación de una infraestructura productiva subordinada a sus intereses (sustitución de importaciones, desarrollo de industria liviana) hicieron parte de su estrategia de “contención al comunismo”.[4]

Esa fue la respuesta inicial a la inconformidad social y al espíritu nacionalista que los gobiernos “populistas” de Perón, Vargas, Cárdenas y otros[5], canalizaron y desencadenaron en la región en la primera mitad del siglo XX. Para los EE.UU. fue determinante impedir que ese sentimiento libertario se desbordara en la región, como sucedió en Cuba. Se aprobaron en la mayoría de países una serie de reformas institucionales y agrarias, cosméticas y limitadas, que al no ser suficientes, fueron complementadas con dictaduras militares y planes contrainsurgentes. Los conflictos internos en cada país sólo permitieron la integración fronteriza alrededor del comercio, mientras la verdadera “integración” fue impuesta a la fuerza por la doctrina de Seguridad Nacional desde West Point.

Sólo con la reactivación de la CAN (1985) y la creación de Mercosur (1991) se dan pasos reales hacia un proceso de integración económica, pero en el marco del Consenso de Washington. Es la primera fase del ALCA, la política de “apertura económica” para adecuar las redes comerciales subregionales. El IIRSA[6] tiene su origen en esta fase. Nada que ver con una verdadera integración regional dirigida hacia un desarrollo autónomo.

A finales del siglo XX e inicios del XXI surgen nuevos procesos parciales y sectoriales de integración. En Centroamérica se crea el SICA[7], como desarrollo de los esfuerzos de paz en la región. En Mar de Plata, Argentina (2005) el ALCA sufre su más contundente derrota, lo que alienta la aparición del ALBA[8], jalonado por Cuba y Venezuela.

En 2008 se crea la UNASUR[9]. El espíritu de estos acuerdos es más integral aunque sus desarrollos reales son – hasta ahora – parciales y limitados. Existen otros espacios de coordinación y cooperación como el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), el Grupo de Río y otros.

Los movimientos sociales vienen impulsando procesos de acercamiento, coordinación y asociación, que han sido motivados desde los espacios del Foro Social Mundial y el Foro de Sao Paulo. El avance tecnológico de las comunicaciones (internet) ha facilitado ese encuentro, así como la lucha contra los Tratados de Libre Comercio con los EE.UU y la UE.

La Alianza Social Continental es uno de esos esfuerzos más notables, que tiene como mayor insumo el proceso de unidad que impulsan los movimientos de los pueblos originarios, que incluyen además, a los pueblos ancestrales que resisten en Norteamérica (USA y Canadá).

Las nuevas dinámicas sociales y políticas han puesto el tema de la integración regional en una nueva dimensión. Ahora hace parte de la conquista de la 2ª Independencia y de la construcción de la Patria Grande Latinoamericana. Miranda, Bolívar, San Martín, O’Higgins, Martí, y muchos más luchadores y pensadores latinoamericanos del siglo XIX, quienes retomaron el espíritu indomable de Tupac Katari, Guaicapuro, Bartolina Siso y todos los ancestros anticolonialistas que resistieron la Conquista, hoy parecen encarnar en Fidel, Chávez, Evo, Correa, Ortega y en todos los movimientos sociales que surgen de las entrañas de las Américas. El árbol de las tres raíces indo-afro-euro americanas vuelve a brotar. La Doctrina Monroe y el “destino manifiesto” tambalean.

Integración regional latinoamericana y la 2ª independencia

A fin de impulsar un proceso de integración regional autónomo que sirva para consolidar nuestra 2ª independencia, tanto política como económica, cultural, y geopolítica, los pueblos de las tres raíces, desde México hasta la Patagonia, pasando por el Caribe Antillano, Brasil y los Andes, debemos aprehender nuestra compleja realidad.

Hay que entender que nuestras sociedades y Estados son similares, pero tienen sus particularidades. La composición y alianzas de clases pareciera ser igual, pero asume formas especiales en cada país. Es indispensable conocer la dinámica socio-política de los pueblos, etnias, y mestizajes para ser conscientes de nuestras fortalezas y debilidades. Ese re-conocimiento es indispensable para tejer, de la forma más adecuada, ese proceso de integración regional.

Los pueblos y sus elites dirigentes deben aceptar que la 1ª independencia se quedó a mitad de camino. Se convirtió en una “autonomía política” secuestrada por elites oligárquicas con vocación de esbirros neocoloniales, que permitieron que el imperio inglés, y en menor medida el francés y holandés y, después, el norteamericano, nos dividieran y sometieran.

Sin embargo, a pesar de la dependencia, dominación y tutelaje colonial y neo-colonial, cada Estado “nacional” tiene algunos logros y avances, que deben ser preservados y desarrollados a favor de la integración y la unión. Sabemos que será un camino lento, largo, dispendioso, y conflictivo. Pero ya está en marcha y ya nadie podrá revertirlo. Las interferencias externas y nuestras propias limitaciones lograrán frenarlo, desviarlo o obstaculizarlo, pero – una vez los pueblos se apropian con fuerza del objetivo -, es inevitable su progreso y concreción.

El asunto es relativamente simple. Si somos débiles, no podremos ser independientes. Cuba es la excepción que confirma la regla. El pueblo cubano derrotó a su oligarquía y defendió heroicamente su independencia, apoyándose inicialmente en una coyuntura internacional (guerra fría), que le permitió neutralizar la política y la acción intervencionista del imperio gringo.

Cuba podrá ser realmente autónoma en la medida en que Latinoamérica le de la mano solidaria, como lo viene haciendo Venezuela. Nicaragua, a pesar de que intentó hacer su revolución democrática - al final de ese período (1979) -, sufrió el embate imperialista, y recién está retomando esa tarea.

Hoy las condiciones son diferentes. Algunos creen que realizar alianzas con Rusia, China, Europa, Irán o India, garantizan - de por sí -, el camino hacia la independencia y la autonomía. Es evidente que se debilita la dependencia económica de los EE.UU. Sin embargo, la dinámica capitalista que ha tomado fuerza en esas potencias, las llevará en forma inevitable a la expansión económica y territorial. No podemos salir de una dependencia para entrar en otra.

El problema fundamental consiste en determinar si somos capaces de constituir un gran frente de naciones latinoamericanas que nos permita crear: (i) una base económica fuerte, (ii) un gran mercado interno supranacional, (iii) un acuerdo político que nos posicione en el concierto internacional, (iv) una mayor equidad social al interior de cada espacio nacional, y (v) la afirmación de nuestra identidad y cultura indo-afro-euro-americana.

Algunas particularidades de nuestra realidad

Las oligarquías entreguistas ya no son las mismas de hace 200 años. La clase hacendataria se fundió con la burguesía comercial y bancaria en cada uno de estos países, subordinando a los sectores empresariales que estaban construyendo una plataforma industrial “propia”. Se aliaron con las transnacionales y gobiernos imperiales, y en los últimos 30 años aplicaron el paquete neoliberal que consistió en la adecuación del Estado a los intereses del capitalismo global (legislación del despojo y privatizaciones) y la entrega del territorio y los recursos naturales a la expoliación internacional.

Para poder entender las dinámicas actuales se deben diferenciar esos procesos de fusión de las clases dominantes en cada uno de los países. Aunque cada país es un caso particular, se pueden hacer ejercicios agrupando características similares. Veamos:

1) En algunos países las clases dominantes “nacionales” mantuvieron cierta autonomía frente a los EE.UU. y demás imperios. Diversos factores económicos y/o políticos jugaron su papel. Fue el caso de Brasil, Argentina y Uruguay (relativo desarrollo industrial, migración europea), Venezuela (renta petrolera, debilidad de la clase terrateniente, influencia migratoria europea) y México (histórico sentimiento nacional frente a EE.UU., revolución agraria).

En ellos, la clase obrera estatal (petrolera - Petrobras, Pdvsa, Pemex -, metalúrgica, agroindustrial y otros sectores) ha tenido una relativa fuerza pero fue cooptada por las clases dominantes, debilitando la alianza con los sectores populares urbanos y rurales.

En Venezuela, la elite burocrática “obrera” perdió el control de sus bases gracias al surgimiento de la alianza entre sectores militares nacionalistas y amplios sectores populares de las ciudades que aprovecharon la profunda crisis del sistema político burocrático-comprador para canalizar la inconformidad hacia la actual fase de la revolución bolivariana.

2) En la mayoría de los países centroamericanos, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay, la clase hacendataria mantuvo su poder hegemónico absolutamente subordinado al imperio. Frente a la presión campesina e indígena se realizaron apariencias de reforma agraria, pero en lo fundamental nunca se llevó a cabo una verdadera revolución democrática.

El Estado en esos países siempre ha sido un aparato burocrático de apropiación privada del patrimonio público, adornado con formas “democráticas” superfluas. La “modernización” del campo se hizo por la vía reaccionaria; nunca se afectó el monopolio de la tierra. La clase obrera, en estas “naciones”, ha sido relativamente débil y sólo ha jugado un papel en momentos coyunturales (ejemplo, mineros bolivianos).

3) En algunos de estos últimos países ha tenido continuidad en el tiempo la resistencia indígena y campesina, apoyándose en herencias culturales y la defensa del territorio. El renacimiento de estas luchas en los últimos 30 años ha jugado un papel cardinal en la derrota de las políticas neoliberales. El derrocamiento de Lozada en Bolivia, de 3 presidentes en Ecuador, y los importantes procesos de organización en el sur de México, Guatemala, El Salvador, y Honduras, es una muestra de ello. Los sectores obreros de estos países se han aliado con la lucha rural-étnica-política.

La única excepción han sido Colombia y Perú, en donde los levantamientos campesinos e indígenas no pudieron convertirse en fuerza social y política efectiva, debido a la interferencia de proyectos políticos “insurgentes” que se desligaron de sus bases sociales. Las FARC y Sendero Luminoso, intentaron canalizar esas luchas con métodos militaristas y/o coercitivos, les impusieron metas “socializantes” artificiales, y consiguieron debilitar la fuerza social del movimiento.

Los caminos para la integración regional latinoamericana

Existen tres variantes o propuestas para construir la integración latinoamericana a nivel de países y Estados.

a) Quienes condicionan la integración a la derrota completa de las oligarquías de cada país. La base común sería la ocurrencia de verdaderas revoluciones democrático-populares. La única revolución democrática que realizó las dos tareas básicas (independencia nacional y reforma agraria democrática) ha sido la revolución cubana. La “revolución bolivariana” en Venezuela - hasta ahora - ha desplazado a las clases dominantes de una parte del poder político (gobierno), ha afectado en parte sus poderes fácticos (capital, tierras y medios de comunicación), e intenta alimentar procesos sociales y políticos de mayor profundidad. Por ese camino van Ecuador y Bolivia.

b) Una variante más radical sólo ve posible la concreción del ideal de la Patria Latinoamericana mediante una “vía socialista”. Consistiría en afectar los monopolios del capitaly de la tierra (empezando por las transnacionales), e impulsar procesos de “socialización y apropiación colectiva de los medios de producción” y la construcción de un humanismo latinoamericano a partir de nuestras realidades socio-culturales.[10]

c) Quienes piensan que la integración puede impulsarse y concretarse respetando los desarrollos políticos de cada uno de los países. De acuerdo a esta visión, una cosa es la integración regional y, otra, - de mayor contenido y trascendencia - la 2ª independencia. Según esta visión, la integración, siempre y cuando sea autónoma, genera condiciones para construir la efectiva independencia. No basta declararla, debemos estar unidos y fuertes para poder ejercer soberanía y construir autonomía.

Si tenemos en cuenta el desarrollo diverso y desigual de las sociedades, países y Estados latinoamericanos, es evidente que las alternativas planteadas no se contraponen.

La integración puede tener dinámicas bilaterales, grupales y subregionales (que ya están operando), pero es necesario – y viable – aprobaruna mínima normatividad regional que nos permita reforzar y vigorizar nuestras economías nacionales, aprovechar nuestras potencialidades, neutralizar las ofensivas de los imperios, negociar en calidad de iguales con otras potencias y/o bloques económicos, y avanzar hacia una unidad cada vez más consistente en beneficio de los pueblos.

Ese terreno – pacífico y de respeto mutuo – es el mejor ambiente para el desarrollo de la conciencia entre nuestros pueblos de la necesidad y la posibilidad de construir esa Patria Grande. Forzar niveles y dinámicas de integración – en lo inmediato - le crea inmejorables condiciones a los imperios para dividirnos y debilitarnos, y le da oportunidad a las oligarquías regionales para alentar falsos nacionalismos.

Un ejemplo local de “integración” desde la perspectiva indígena

Esta visión de integración progresiva – paciente y seguramente “poco espectacular” – estaba presente (en germen) entre los fundadores del Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC (1971), cuando entre sus primeras cartillas planteaban una política de alianzas que se plasmaba cuando decían: “Somos colombianos, somos campesinos y somos indios”.[11]

Cuando se reconocían “colombianos” (y agrego, latinoamericanos), era para plantear que los indígenas no podrían conquistar su autonomía y defender a plenitud su cultura y territorio, mientras la Nación colombiana no se librara de la dominación norteamericana. Para conseguirlo debían aliarse con el conjunto del pueblo colombiano. Ahora sabemos que una verdadera independencia no la vamos a conseguir cada país por separado.

Cuando se identificaban como “campesinos” era porque, además de habitar en el campo y sobrevivir de las actividades agropecuarias, sabían que para mantener y ampliar sus resguardos (territorio) tenían que aliarse con todos los campesinos colombianos, y conquistar una reforma agraria democrática. Esto sólo es posible en Colombia con la afectación de la propiedad monopólica de la tierra en manos de la clase gran-terrateniente hacendataria.

Y por último, cuando se distinguían como “indios” era porque eran conscientes de su fuerza histórica, representada en más de 500 años de resistencia, queha demostrado ser un baluarte combativo y fuente de inspiración del renacer actual de los movimientos revolucionarios latinoamericanos. ¡Pesadilla para los gringos! La tarea era entonces, y sigue siendo, reconstruir sus pueblos, recuperar sus lenguas, costumbres, cosmovisiones y culturas ancestrales, así como su territorio vital. No es una reivindicación étnica, es una meta política de gran alcance.

Diversas interferencias ideológicas y políticas impidieron que este sabio pensamiento fuera desarrollado a plenitud. Apresuramientos e impaciencias estimuladas desde el exterior de las comunidades, lograron aislar al movimiento indígena y reducirlo a sus “reivindicaciones étnicas” (como las denomina el Estado y algunos nefastos agentes de la política de segregación, destrucción y exterminio de los pueblos originarios).

Sólo desde hace 6 años el movimiento indígena caucano ha empezado a plantearse nuevamente una estrategia política integral que se manifiesta en La Minga de Resistencia Social y Comunitaria, aunque todavía con muchas vacilaciones y dificultades. Pero, según se observa, el camino se ha ido aclarando en medio de la Marcha y el “caminar de la palabra”.

CONCLUSION

La construcción de la Patria Grande Latinoamericana es una tarea revolucionaria de primer orden. La integración regional – respetando las identidades políticas, sociales y culturales de los pueblos, países y Estados – crea condiciones para avanzar. Esa integración va generando ambientes óptimos para alcanzar metas de mayor alcance en lo social y lo político, que pueden irse desarrollando en cada país, subregión y/o grupo de países y pueblos. Los gobiernos pueden jugar un papel muy importante en este proceso, siempre y cuando la dirigencia que esté al frente de ellos, tenga claridad y visión estratégica.

Forzar la “unidad latinoamericana” es como querer tomar “chicha”[12] sin esperar a que el maíz madure. “Ensillar sin tener las bestias” dicen los arrieros antioqueños. Podemos estimular nuestra “síntesis socio-cultural”, lo que no podemos es anticipar ni programar sus resultados.



[1] Herren, Gustavo. Más allá de Obama. Estados Unidos inicia ofensiva por metas y objetivos en América Latina” - Argenpress.info (publicado en www.selvasblog.com).

[2] OEA: Organización de los Estados Americanos. ODECA: Organización de Estados Centroamericanos.

[3] ALALC (1960-80): Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, se transformó en la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) en 1980; CAN (1969): Comunidad Andina de Naciones.

[4] Punta del Este, Uruguay, Alianza para el Progreso, 1961.

[5] José Domingo Perón (Argentina), Getulio Vargas (Brasil), Lázaro Cárdenas (México).

[6] IIRSA: Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (2000). http://www.selvas.eu/DossIIRSA140508.html

[7] SICA: Sistema de Integración Centroamericano (1996) creado en el marco de la ODECA en 1991.

[8] ALBA: Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP (2004).

[9] UNASUR: Unión de Naciones Suramericanas (conocida por su acrónimo UNASUR) es una comunidad política y económica que integra a los doce países independientes de Sudamérica: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.

[10] La “vía socialista” no la descarto pero, en vez de verse como una meta que se va a conseguir con una “fórmula”, debe trabajarse a partir de nuestras realidades como un proceso, que incluso ya tiene gérmenes y retoños en lo que estamos haciendo.

[11] Cartilla 1 y 2 del CRIC – Popayán, 1971. Este planteamiento y práctica tiene similitudes con los desarrollos del EZLN entre los pueblos mayas de Chiapas.

[12] “Chicha” es el nombre que reciben diversas variedades de bebidas alcohólicas derivadas principalmente de la fermentación no destilada del maíz y otros cereales originarios de América.

 
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