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¿Indignados o antisistemas? ¿Pintar la fachada o destruir el capitalismo?
Hessel lanzó su Indignaos no contra el capitalismo como sistema, sino en disconformidad con el impacto de los recortes del gasto social ¡Cuidado!la crisis es sólo la excusa para las privatizaciones
José Iglesias Fernández | Para Kaos en la Red | 28-10-2011 a las 11:38 | 1172 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/indignados-antisistemas-pintar-fachada-destruir-capitalismo
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Indignarse no es suficiente

En estos casos no sólo hay que dejar de penasr en términos de Estado sino también de nación. Sólo quedan las tribus, las comunidades, como en Chiapas. Las gentes de las comunidades sólo piensan en la comunidad autónoma y autosuficiente como sostén de sus vidas. Raúl Zibechi

Indignados, sí. Pero, ¿antisistemas?

En su día, Stéphane Hessel lanzaba la ya famosa consigna del indignaos, no contra el capitalismo como sistema social dominante en el planeta, sinoen disconformidad con el impacto negativo que están teniendo sobre las poblaciones los recortes del gasto social, que, por orden de banqueros y empresarios, están realizando los gobiernos.¡Cuidado!, porque la crisis es la excusa para las privatizaciones de los sectores públicos del capitalismo. Debemos recordar que “ya antes de la crisis no se podía consumir toda la producción. [Además, la pérdida de poder adquisitivo, mediante la reducción de salarios y subidas de precios], hacía que las familias tuviesen menos para consumir y pagar las deudas, lo que volvía a repercutir y reforzar la crisis de sobreproducción”,[1] que permanecía un tanto oculta a los ojos, saberes e intereses de los no críticos.

Esta ocurrencia de Hessel surge y tiene eco en generaciones que hasta el momento habían estado viviendo a la sombra de una falsa abundancia del desarrollo del capitalismo, que ofrecía empleo, aunque fuese precario; unos salarios, aunque fuesen justo para llegar a fin de mes; la entrada a una vivienda, aunque la hipoteca fuese para el resto de la vida; acceso al crédito para mantener la ilusión de cierto consumismo (coche, salidas nocturnas, de fines de semana); o, en muchos casos, con la ayuda familiar como colchón tolerante y solidario de esta cultura del despilfarro. Sin ser un pensador de mi devoción, Zygmunt Bauman lo expresa acertadamente: “el estrés es la enfermedad que acompaña a esta sevicia. Las gentes se sienten solas y amenazadas por la pérdida del empleo, la disminución del sueldo, la dificultad de adaptación al riesgo. El estrés es corriente entre los parados pero también en los empleados, acosados por los cierres y despidos, las prejubilaciones o los salarios cada vez más bajos. En Estados Unidos el estrés produce tantos daños económicos como la suma conjunta de todas las demás enfermedades. Las bajas laborales por estrés llegan a costar 300.000 millones de dólares (216.600 millones de euros) al año y la cifra no deja de crecer”.[2]

Tal ilusión hedonista y nihilista (pasota) tenía que acabar. En el capitalismo, las crisis son cada vez más recurrentes y profundas, por lo que este período de vacas gordas, de capitalismo humanista, gestionado por la socialdemocracia reformista, y como algunos académicos comienzan a pensar que es posible revivirlo ahora, [3]desapareció, se extinguió, dejando al descubierto las verdaderas entrañas depredadoras de la bestia capitalista. [4] El nuevo modelo de acumulación maltusiano del capitalismo [5] introdujo una precariedad acentuada, con salarios cayendo en picado (con grave pérdida del poder adquisitivo), con una paro que se dispara hasta los 4,5 millones de trabajadores (45% como tasa de paro juvenil), la pobreza (el 22% de los hogares vive por debajo del umbral de pobreza) y los desalojamientos lo mismo (la media mensual de alquiler son 652 euros [6]), los bancos de alimentos están al borde del colapso, los gobiernos locales revisan y recortan las ayudas sociales (RMI, dependencia, etc.), las pensiones se congelan, los salarios de los funcionarios se recortan, hay que cerrar quirófanos y camas de hospitales, así como centros educativos y niños escolarizados en barracones, todo por reasignación del presupuesto: los gobernantes dan prioridad al rescate de bancos en vez de realizar inversiones sociales o pagar al personal de estas invaluables actividades comunales. De hecho, una pancarta del 15-M decía: juventud sin futuro; sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo. Lo único que los gobiernos del capital respetan son los impuestos sobre las ganancias y las remuneraciones de los ricos, así como dedican el dinero de las arcas públicas a salvar los bancos y subvencionar con planes renove sectores como el del automóvil, bienes blancos, etc. Los intocables ya no son las capas miserables (por su extremada pobreza), sino que, desde el sistema legal, son los multimillonarios.

Todos estos recortes exigidos por el agotamiento del modelo de crecimiento del sistema alertó y alarmó a la población que pensaba que el capitalismo abundante era eterno, que el cuerno de la abundancia no se acababa (excepto en el del Este de África). Del no hay derecho o no es justo se pasó a la indignación, al revélate, a la movilización, pero todavía no contra el sistema sino contra las medidas que recortaron la tranquilidad y placidez que el capitalismo keynesiano toleraba. Por ahora, el 15-M y el 15-O “representan una interesante llamada a la insurgencia”.[7] Sin embargo, hacía tiempo que la UE, el FMI, el BM, la OCDE, ya venían alertando e urgiendo la aplicación de estos recortes que ellas llaman ajustes, así como apremiando a los gobiernos a privatizar los sectores públicos donde pueden extraer beneficios.[8] Los gobernadores de los bancos centrales, y especialmente el del Banco del España (ojo, instituciones públicas, nacionalizadas), no paraban, ni paran, de insistir en acelerar las reformas y agravar más la vida de los ciudadanos.

¿Coincidencias? No, contradicciones estructurales

Ante esta realidad, la llamada de Hesselcoincidía con la manifestación en Madrid contra el pacto del Euro y que pasó a ser conocida como el 15-M. Hay quién ve, o quiere ver, en las movilizaciones y acampadas que se extendieron, primero por el territorio español, y despues por otros países extranjeros (15-O), una relación entre ambos acontecimientos (el grito de Hessel y la convocatoria de movilizaciones), sin especificar cual de ellos fue la causa y cual la consecuencia.


(...)

Para leer el artículo completo, ver la versión en PDF >>>>>


[1] Francisco Ferrer, del Seminario de Economía Crítica Taifa, en el “Curso de economía crítica”. Centro Cívico Santiago Escartín. Huesca, octubre del 2011.

[2] Vicent Verdú en una entrevista a Zygmunt Bauman: “El 15-M es emocional, le falta pensamiento”.

En http://www.kaosenlared.net/noticia/zygmunt-bauman-15-m-emocional-falta-pensamiento

[3] Un ejemplo de este intento de recuperar el capitalismo humanista-verde puede encontrarse en Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España. En http://www.fundacionsindicaldeestudios.org/fse/menu.do?Inicio:273917

[4] Gentes de Baladre. Viaje al corazón de la bestia. Virus editorial 1999.

[5] Ver José Iglesias Fernández. Malthus odiaba los pobres; Marx odiaba la pobreza y Artur Mas y otros gobiernos aplican el capitalismo maltusiano para acabar con la gente del RMI y los desamparados.

En http://www.kaosenlared.net/colaboradores/joseiglesias

[6] El SMI para el 2011 está en 641,40 euros.

[7] Joaquim Coll. “El derecho moral a la insurgencia”. El Periódico de Cataluña, 19 octubre del 2011.

[8] Ver los informes del Seminario de Economía Critica de Taifa. En http://seminaritaifa.org/

http://www.rentabasica.es
 
 
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Comentarios (1)

#2.- ¿Cambio global para la guerra global?

Juanjo|28-10-2011 18:42

A ver si resulta que el cambio global procede de la misma factoría que la guerra global:

http://www.kaosenlared.net/noticia/como-peter-pan-nos-lleva-pais-nunca-jamas

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