Humberto Solás
La muerte de Humberto Solás es una triste noticia no solo para Cuba sino para la cinematografía mundial. Aclamado cineasta con más de 40 años en el oficio, fundador del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, creador de Lucía (1968), una de las grandes películas de todos los tiempos, y Premio Nacional de Cine 2005, este maestro imprescindible para la historia del cine cubano e iberoamericano vivió sus últimos años bajo el mismo espíritu innovador y los mismos preceptos éticos y estéticos que en los años 60 lo situaron a la vanguardia del arte en el continente. Filmó en 2001 la primera película cubana realizada en video digital, Miel para Oshún, y continuó escribiendo historia del cine con la creación del Festival de Cine Pobre de Gibara, que presidió desde 2003 hasta la fecha de su deceso. Omar González, presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), recuerda al realizador de El Siglo de las luces (1991) y Barrio Cuba (2005) como “un cubano por antonomasia” y un gran pensador, cuyas ideas y conceptos sobre el arte y en especial el cine han dejado una huella tan profunda en la cinematografía cubana como su propia obra fílmica, y cuyo legado no declinará con su desaparición.
¿Qué características hicieron de Humberto Solás un cineasta notable dentro de la gran explosión de talento que marcó la creación del ICAIC en la década del 60?
Humberto siempre hizo las películas tal como las concibió, tal como las quiso. Entre sus películas y su ideario, su noción misma del arte, hay una gran correspondencia. Fue un cineasta sincero en todo momento. Humberto pudiera parecer iconoclasta, era un hombre reacio a toda estrechez dogmática, a todo intento por encasillarlo, por domesticarlo, a todo intento por parcelar o cercar su voz propia y su libertad de movimiento.
La suya fue siempre una libertad muy responsable, porque fue siempre dentro de la Revolución, sin que esto signifique que su discurso fuera uno domesticado o que hubiera hecho del discurso político un axioma propagandístico. Por el contrario, él hacía arte, y ese arte era esencialmente revolucionario. No se puede perder de vista que Humberto recibió la medalla por la lucha clandestina. Fue un luchador clandestino antes del triunfo de la Revolución. Era un jovencito cuando se funda el ICAIC, hace Lucía con la edad de 27 años, una película paradigmática, que forma parte del canon del cine más importante de Iberoamérica.
A Humberto, sin exagerar, le veo una dimensión que trasciende este continente. Varias de sus películas, no solo Lucía, están al primer nivel del cine mundial. Creo que, entre otras cosas, fue el director cubano que ha conseguido mejores resultados con el cine de multitudes, por ejemplo, en la cena fastuosa de Un hombre de éxito, para la que utilizó a los propios trabajadores del ICAIC. También hizo varios de los mejores documentales de arte, como Obatareo y Wifredo Lam.
Cuba puede sentirse orgullosa porque tiene tres grandes cineastas de esa dimensión excepcional: Humberto Solás, Titón [Tomás Gutiérrez Alea] y Santiago Álvarez. Los tres han muerto y permanecerán como modelos, pero es importante que los nuevos paradigmas tengan visibilidad, sin obviar la influencia de estos que ya no están con nosotros. En esto deben contribuir mucho los medios y el propio cine, en un momento en que, no solo en Cuba sino en todo el mundo, las jerarquías están bastante borrosas, bastante imprecisas, por efecto de la globalización, de las tecnologías, del acceso al arte y de los medios, que padecen de un estrabismo indudable. Las jerarquías son imprescindibles en el arte.
Precisamente con la creación del Festival de Cine Pobre se abre un espacio para la visibilidad de nuevos talentos…
Cuando Humberto Solás crea el Festival del Cine Pobre en Gibara, va construyendo paradigmas. Va por caminos diferentes a los que tradicionalmente operan en el cine, donde lo más fastuoso y opulento es generalmente lo que más trasciende. Él fue por el camino de las nuevas tecnologías, de la novedad y la juventud, de lo nuevo en el arte, que es precisamente la democratización de los nuevos medios digitales que favorece a la gente con talento pero sin recursos, porque el cine en 35 mm es sumamente costoso. Por allí fue revelando paradigmas y modelos, y él mismo se reinventa. Hay que leerse el Manifiesto del Cine Pobre para ir viendo cómo va surgiendo la idea de sus experiencias más recientes, pero también de su experiencia en el cine, porque hay que recordar que Solás durmió en los parques de París cuando no tenía un centavo y estudiaba cine. Terminó haciendo un cine que tiene mucho que ver con su primer cine, es como si cerrara un ciclo. Manuela y sus primeros documentales son lo que típicamente llamamos cine de bajo presupuesto, que él llamó cine pobre. Pobre desde el punto de vista financiero, pero rico desde el punto de vista del talento o la pretensión estética. Por eso Humberto es un cineasta muy vigente, probablemente el cineasta que mayor vigencia tiene a partir de su credo estético. Fue un hombre que supo adaptarse a las circunstancias, como creo que han hecho todos los grandes cineastas cubanos. Los cineastas cubanos tienen esa flexibilidad de pensamiento, lo que demuestra que ni en la práctica de la industria cinematográfica, que tiene sus normas, que parte de un guión, que implica una producción, una lógica productiva, han sido ortodoxos.
Humberto, además, era un renacentista. Hay que partir de que esto no era algo episódico para él, no era una moda, sino algo orgánico en su vida. Era un hombre sumamente culto. Cuando uno hablaba con Humberto se adentraba en universos de mucha complejidad desde el punto de vista temático y cultural, por la riqueza de fuentes que manejaba. Era un gran conversador, y cuando hablabas con él podía llevarte desde la cocina china, hasta el barroco, la cultura persa y el teatro francés. Sin embargo, era un cubano por antonomasia, en su arte y su vida. Lo veía todo desde un prisma y un color muy cubanos. Toda interpretación que hacía de cualquier elemento artístico partía de esa cubanía tan arraigada. Su pensamiento era como una atalaya en cuanto a los procesos culturales: vislumbraba los cambios mucho antes de que acontecieran. Por ejemplo, tenía la tesis de que ahora en Cuba iba a producirse un salto muy importante en el cine porque se está dando nuevamente un salto muy importante en el teatro, y aunque los dramaturgos no sean guionistas, el ver buen teatro va a influir notablemente en la concepción del cine que hacemos. Ciertamente, en Cuba hay un auge muy grande del audiovisual y de la producción cinematográfica, calidades aparte, al igual que en el teatro; pero para que se produzca una obra maestra es preciso producir mucho.
Humberto veía con mucho optimismo el momento que estamos viviendo en la cultura. En ese sentido, quería que el Festival de Cine Pobre de Gibara fuera un crisol, una confluencia de todas esas manifestaciones; que Gibara, un pequeño pueblo de Holguín, se transformara en un laboratorio de la cultura contemporánea. Ya allí están participando los artistas plásticos de primerísimo nivel en Cuba, los teatristas, los músicos, los ensayistas, los críticos, los periodistas… todos en torno a Gibara. Y no allí únicamente, sino que se fue creando una red y se exhibió, por ejemplo, en el País Vasco, en Bolivia, en Perú. Esos son los presupuestos originales del Festival, que se concibió para que tuviera esa implicación cada vez más creciente, esos anillos que fueran llegando a muchos lugares del mundo. Ya están participando cineastas de Irán, de Asia y de África. Ha ido convirtiéndose en un laboratorio del cine menos visible.
El cine en general tiene poca visibilidad porque los mecanismos de distribución no le pertenecen. Todos somos periféricos de Hollywood, pero hay un cine que es aún más invisible: el de bajo presupuesto. De ese cine se estaba ocupando Humberto, con una propuesta estética muy revolucionaria, un proyecto muy avanzado desde el punto de vista conceptual y cultural. Llega a los más desposeídos sobre la base de la calidad, con un rasero estético que no hace concesiones, y tiene articulación con todos los movimientos alternativos que se producen en el mundo. Tiene articulación con todas las redes emancipatorias del ámbito político, social, cultural y económico. Al Festival de Gibara habría que compararlo con los Foros Sociales Mundiales, está en esa dimensión, esa es su aspiración: Articular una gran red y darle voz y luz —porque al fin y al cabo iluminar es difundir y proyectar— a los que menos tienen.
¿Qué futuro le espera al Festival en estas difíciles circunstancias?
El Festival tiene que continuar, porque lo contrario sería pobre favor a nosotros mismos, una ingratitud y una renuncia al ejemplo de Humberto Solás. Él dejó guiones por hacer y dejó concebido el Festival para el futuro. Hay que tomar en cuenta que el Festival es una película tal cómo el lo concibió. Es una producción, como si fuera a hacer la película de la vida, del cine. Es una película sobre el mismo cine, con toda su riqueza y lo que significa, que incluye a todas las manifestaciones artísticas.
Humberto estará actuando con su ejemplo y su modestia, su calidez humana. Ya sentimos su falta y la única manera de suplir esa carencia es haciendo lo que él se propuso y articuló perfectamente dentro de la institución.
Humberto Solás acompañó desde sus inicios la evolución del ICAIC y con el surgimiento Festival de Cine Pobre añadió un nuevo capítulo de esta historia. ¿En qué condiciones recibe la institución este legado?
El desafío que tienen las instituciones de cultura en Cuba es la crisis que va surgiendo del propio desarrollo de la Revolución y la profesionalización de las nuevas generaciones. Son crisis típicas del desarrollo, más allá de estas circunstancias actuales de los huracanes. Este problema no lo tienen otros países subdesarrollados que simplemente no tienen instituciones ni esa fuerza y ese talento floreciente en la sociedad. En Cuba hay hoy muchos más cineastas que posibles módulos o equipos industriales para producir cine, muchos más cineastas que cámaras, que grabadoras de sonido o equipos de edición. Esa situación tensa el papel de una institución como el ICAIC y de la producción cinematográfica, que es una industria costosa aun cuando se haga cine pobre. Solo hinchar una película de video a 35 mm cuesta más de $ 35 mil dólares, que es como único puede circular y exhibirse en los festivales más importantes del mundo: a Cannes, a San Sebastián o a Mar del Plata no se puede ir en video.
Humberto Solas creó el Festival —del que el ICAIC que no es un ente ajeno, sino que participó desde su concepción—, previendo que no solo esa reserva que tiene nuestra sociedad, sino también, que es lo más interesante, la de fuera de Cuba, estuvieran presentes, y tuvieran un espacio para la visibilidad y la interacción entre todos esos hacedores de cine alternativo y cine pobre en el mundo. La institución se nutre de esas experiencias sumamente vanguardistas, como se nutre de la Muestra de Jóvenes Realizadores, que están concebidas con el propósito de dar cabida y seguimiento a este talento, y constituir un espacio de reflexión y de exposición de las nuevas hornadas de creadores y de las posibilidades que abren las nuevas tecnologías más allá de la institución.
El ICAIC viene transitando por un cambio de modalidad tecnológica en el mundo para el que hace falta dinero. Migrar de los sistemas analógicos de producción a los digitales es un proceso que implica toda la cadena productiva hasta la exhibición. Cualquiera no hace cine con una cámara y una computadora. Quizá puedas hacer una película, pero eso no implica que vayas a hacer una segunda, menos una tercera, porque te descapitalizas. No hay un mercado para ese tipo de cine. El Estado cumple un papel muy importante en la producción de cine, que es necesariamente costosa y subsidiada. En un país donde la entrada al cine vale uno o dos pesos, las cuentas no dan; para lograr una producción sistemática es necesario que exista el subsidio.
Para nosotros, el Festival de Cine Pobre, la Muestra de Jóvenes Realizadores, el Festival de documentales Santiago Álvarez, el Festival de Cine en la Montaña, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano —que va camino de sus 30 años y es el festival de los festivales—, son laboratorios y espejos muy importantes para la institución, que se alimenta de ellos y está al mismo tiempo participando de diferentes procesos en la vanguardia artística del cine. Todos los festivales nuestros constituyen un sistema y son complementarios y coherentes. El Festival de Cine Pobre ha cumplido en este sentido un rol importante, porque se ocupó, sin entrar en conflicto con ningún otro, de una zona menos visible que ha ido creciendo, que tiene un componente de abnegación muy grande. Ese sistema lo hemos defendido y lo hemos mantenido con bastante esfuerzo, porque no siempre existe la visión necesaria para comprender su importancia estratégica y también por las dificultades económicas, que hacen imposible apoyar todo lo que se concibe en la creación artística. A través de estos eventos conceptualmente nos formamos una visión de la realidad productiva y creativa en el campo del audiovisual, ante la cual tratamos de tener una respuesta lo más coherente, abarcadora y eficaz posible.
Para nosotros, persistir en la producción cinematográfica desde nuestras circunstancias es un acto heroico. En ese sentido, un ejemplo como el de Humberto, que hizo en la última etapa de su vida un cine desde la modestia, y un Festival desde la humildad y la sinceridad, desde la hospitalidad y el afecto, es un paradigma imborrable.
Artistas del mundo donan obras para restaurar pueblo cubano de Gibara
La Habana, 22 sep (PL) El actor cubano Jorge Perugorría anunció hoy aquí la donación de obras de artistas de todo el mundo a una galería en Internet destinada a recaudar fondos para la restauración del pueblo cubano de Gibara.
Esa localidad del norte costero de la provincia de Holguín, en el oriente cubano y famoso por ser la sede del Festival Internacional de Cine Pobre, fue devastada recientemente por el paso del huracán Ike.
Para contribuir a la restauración de Gibara, artistas de todo el mundo han comenzado a donar sus obras y las primeras proceden de los creadores de esta Isla, destacó Perugorría. También han llegado obras de España, México, Argentina, Venezuela y El Salvador e incluso, de coleccionistas privados.
La galería se abrirá la próxima semana en el sitio www.arteporcuba.com y mostrará pinturas, fotos, esculturas y otras obras de los donantes.
Cuba ha recibido varias muestras de solidaridad tras el paso de dos devastadores huracanes por el territorio nacional, que dejaron pérdidas de más de cinco mil millones de dólares y daños severos en la agricultura, viviendas y la industria.
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