HONDURAS.
Honduras, nuestro hermano más pobre.
Alfonso J. Palacios Echeverría
Leo noticias provenientes de diversas fuentes y me asombro –que no debería, pues ya tenía aceptado el hecho de la manipulación de las noticias según la orientación del medio-  por la forma en que se exponen los sucesos y las opiniones que se deslizan para influenciar al lector. Y el ejemplo más elocuente de ello es lo que se dice de la situación de Honduras.
Por un lado se defiende lo indefendible: un golpe de estado al más puro estilo de épocas supuestamente superadas (con lo que se demuestra que no habían sido superadas), y se oculta la serie de actos criminales como rociar la embajada del Brasil con gases tóxicos que llegan hasta producir hemorragias internas, afectando incluso a la población aledaña. Como en su momento hizo Sadam Hussein con la población curda. Además del irrespeto por parte del gobierno golpista de todos los convenios internacionales. Y por el otro, una apología de la actitud de los que resisten la situación de facto, llegando incluso a sugerir que se está gestando una revolución violenta, cuando en realidad los ciudadanos no tienen cómo resistir a un ejército hondureño armado y entrenado por el ejército norteamericano. Pero quienes lo dicen es porque lo desean, para fortalecer sus argumentos acerca de que la única forma de contrarrestar las oligarquías y las plutocracias criollas es con la violencia. ¡Claro, la sangre la pondrán los hondureños, no los apologistas!
Mientras tanto, todo se va declaraciones diplomáticas y escaramuzas de quienes deberían expresarse rotundamente, porque –claro está- Honduras no tiene la importancia geoestratégica de Israel, Irán o Corea del Norte.  Y no es que se esté insinuando que el gobierno de los Estados Unidos intervenga, como lo hizo en Panamá y otros países latinoamericanos, ya que existen dos realidades: no es necesario, ya él está allí, dentro, en la base de Palmerola, que representa una avanzada estratégica importante junto a la rebelde y esquizoide Nicaragua; y por otro lado no se aceptaría un nuevo acto de prepotencia imperial, a nivel de toda Latinoamérica. Ello le haría muchísimo daño al gobierno de Obama en un momento como el actual, cuando está tratando de hacernos creer que existe en el Departamento de Estado una nueva actitud hacia nuestra región.
Mientras tanto, como de costumbre es el pueblo el que sufre. Y esta triste realidad nos está demostrando, una vez más, que en la región centroamericana todavía persisten las características de las “banana republics”, esta vez cubiertas del oropel de los avances tecnológicos. Las oligarquías criollas, hermanadas con las transnacionales extranjeras (casi en su totalidad norteamericanas), siguen manipulando gobiernos y políticos, nadando en una miasma de corrupción e impunidad, pero protegidas por los que imponen en el imperio las normas de política exterior que protegen los intereses comerciales norteamericanos.
Pobre Honduras, nuestro hermano más pobre, hacia quien sentimos un cariño muy particular. Porque no vemos una salida lógica, ya que la lógica ha estado ausente desde el principio en este triste episodio de nuestra historia como región. Y en esta oportunidad ni siquiera cuenta con el apoyo de la Iglesia Católica, ya que el “papabile” Cardenal Rodríguez Maradiaga se puso del lado de los golpistas, porque le habían quitado el dinero que recibía del gobierno. ¿Les parece conocido el fenómeno?
Honduras, nuestro hermano más pobre, atrapado en medio de intereses geopolíticos incomprensibles para el pueblo ignorante de cómo se manejan los hilos del poder. Pero que si sabe de sufrimiento, limitaciones, explotación y olvido.
Es una situación difícil, complicada, que no vemos cómo se ha de solucionar. El gobierno norteamericano, en esta rara oportunidad y quizá presionado por las circunstancias, ha tomado tímidas medidas en contra de los golpistas. Pero –para asombro de quienes creemos en la democracia- vemos cómo el Gobierno de Panamá, que parece que olvidó los sufrimientos padecidos por casi veinte años de dictadura, se muestra proclive a darle su apoyo a los golpistas.
Si nos alejáramos un poco, si tomáramos distancia de los hechos, nos parecería que todo está orquestado hábilmente. Cada actor desempeña su papel a cabalidad en un escenario confuso, surrealista, pero el final debe está ya redactado, en donde nadie quedará bien parado. Y como siempre, quien pagará la factura será el pueblo hondureño, con una carga más de sufrimiento y frustración.
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