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Hi ha una sortida per l'Esquerra
La única salida que tienen los trabajadores para defenderse de la ofensiva de la derecha en tiempos de crisis, venga esta de la mano del PSOE, del PP o de la patronal, fue, es y será la lucha
PSUC de Terrassa | Para Kaos en la Red | 26-11-2009 a las 0:05 | 1547 lecturas
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Hay una salida por la Izquierda, luchamos por el Socialismo


La crisis en marcha...

Ahora hace veinte años que el muro de Berlín se vino abajo, tras este acontecimiento bastaron sólo tres años más para que colapsaran la Unión Soviética y los países socialistas que emergieron de la segunda oleada revolucionaria del siglo XX aparejada a la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial a manos del Ejército rojo. Tras esta derrota camparon a sus anchas los relatos del fin de la historia, los discursos que consideraban a la sociedad capitalista y sus democracias occidentales de corte liberal como el mejor y más idílico de los mundos posibles.

Sin embargo, fue suficiente un breve lapso de tiempo para que el sistema capitalista internacional mostrará su verdadero rostro: durante la década de los noventa las bombas de uranio empobrecido cayeron sobre la antigua Yugoslavia, se desarrollaba un bloqueo fratricida sobre Iraq, se persistía en el bloqueo económico y financiero sobre Cuba, etc. El 11 de Septiembre de 2001 sirvió de coartada para dar una vuelta de tuerca más a estas políticas reaccionarias: Afganistán fue atacada militarmente desde los cielos, se perpetró el golpe de Estado fallido en Venezuela, Iraq era nuevamente bombardeada y ocupada a partir de 2003, etc. Todos estos sucesos fueron presentados primero como una defensa de los derechos humanos, después, tras la caída de las torres gemelas, como una lucha contra el terrorismo internacional. El cinismo llegaba así a su máxima expresión: ¿Cuál era, y es en la actualidad, la situación de los derechos humanos en Estados Unidos? ¿Qué gobiernos engendraron la criatura del terrorismo internacional en su lucha contra el comunismo y los procesos de liberación nacional anticolonialistas a lo largo de la guerra fría? ¿No es un auténtico acto terrorista de tipo colectivo bombardear poblaciones civiles inermes como las de Iraq o Afganistán? Estados Unidos y sus aliados occidentales carecían, igual que carecen hoy, de autoridad moral alguna para erigirse en baluartes de tales empresas. ¿A qué respondían entonces en realidad toda esta trama histórica? El capitalismo en la nueva situación histórica creada por la desaparición de la Unión Soviética y los países socialistas halló el momento propicio y favorable para acceder a su antojo a los recursos naturales de muchos rincones del mundo, para formar gobiernos títeres afines a sus intereses, para extender sus áreas de influencia política y económica, etc. En Iraq lo que estaba en juego era el petróleo, en Afganistán el gas y el incremento del cerco sobre Irán y China, en Yugoslavia el paso de los oleoductos del Caspio. Todo este proceso histórico aseguraba en lo inmediato una nueva etapa de expansión y acumulación capitalista, accesos a nuevos mercados, crecimiento de la industria armamentística, en resumen, salvaba de la crisis al capitalismo internacional encabezado por Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Desde el punto de vista subjetivo este proceso ha venido acompañado, sobre todo en las potencias imperialistas de la UE, en Estados Unidos y Japón, de un optimismo ingenuo respecto a la sociedad capitalista, el mercado y sus sacralizadas formas políticas de tipo liberal. El crecimiento económico, prácticamente ininterrumpido desde la IIGM, parecía no tener límite y alimentaba este optimismo desmesurado. La idealización de la sociedad capitalista era de ensueño. No obstante, si bien este fenómeno estaba estrechamente ligado a la expansión capitalista indicada, también podían entreverse síntomas graves de una futura crisis económica de calado en Estados Unidos, Japón y otros países. La crisis de Syllicon Valley, esto es, de las llamadas nuevas tecnologías, la larga recesión de Japón a lo largo de toda la década de los 90, la crisis financiera de Brasil en 1998, el “corralito” iniciado en Argentina a partir de 1999, etc. eran las señales que anunciaban el porvenir incierto en que ahora nos hallamos. Tras estos antecedentes reprimidos por la ideología oficial la fallida del sistema financiero internacional, simbolizada en la ruina de Lehman Brothers con sus hipotecas subprime, abrió definitivamente el abismo entre la realidad capitalista y el sueño que de sí misma esta sociedad construía. La crisis económica en marcha no tiene precedentes desde el crack de 1929. Asimismo, dado el marcado carácter internacional de la economía, la crisis capitalista, si bien ha tenido su origen en Estados Unidos, ha precisado tan solo de un suspiro para propagarse como un reguero de pólvora por todo el planeta. Bajo este escenario todos los voceros de la clase dominante, de Obama a Zapatero, de Sarkozy a Merkel, se han unido en un mismo discurso: la crisis capitalista es resultado de malas políticas, de gestiones equivocadas, de decisiones erróneas en el ámbito económico y financiero. Nos aseguran al unísono que es precisa la refundación de un “capitalismo humano”. De esta manera intentan ocultar el carácter estructural de la crisis, el hecho de que esta crisis responde a la naturaleza propia del sistema capitalista, a su carácter tramposo y de rapiña, a su deseo de generar beneficios a cualquier costo y de cualquier manera, tenga el costo humano que tenga. Apostar por un “capitalismo humano” es como intentar concebir un “circulo cuadrado”, es decir, algo que carece de todo sentido. Es la propia lógica del capital, su naturaleza, la que impone la crisis como su solución, la que hace del dolor y sufrimiento humanos una condición para la producción de beneficios.

España y nuestra ciudad...

En España la crisis se ha manifestado con una dureza mayor que en el resto de la Unión Europea. La causa se ha debido a las particularidades propias de la economía española: una dependencia exagerada del sector de la construcción, de los créditos externos, del sector servicios, el papel subordinado de la oligarquía española a los capitales franco-alemanes, etc. Es importante también recordar que el desmantelamiento industrial de España a lo largo de los últimos treinta años ha dejado al país en una situación especialmente vulnerable. No obstante, la crisis no se ha dejado sentir de igual manera para todos. Mientras los principales bancos y empresas españolas como el Banco Santander, BBVA, La Caixa, Repsol-YPF, Telefónica, etc. continúan aumentando sus beneficios, la crisis se ceba con los trabajadores y los demás sectores populares.

El paro, un mal estructural de nuestra economía que en épocas de bonanza económica no ha bajado nunca del 7-8%, por efecto de la crisis está en la actualidad sobre el 20% si se incluye a las personas que han agotado los subsidios de desempleo. Esto supone más de cuatro millones de parados. Por si esto fuera poco estos datos del paro no contemplan a los numerosos trabajadores inmigrantes que están colocados en la economía sumergida y/o carecen de contrato. A un mismo tiempo las personas en paro sin ningún tipo de subsidio ascienden ya a más de medio millón de personas. El país, por tanto, está al borde de una crisis social profunda.

Bajo este contexto el gobierno de Zapatero ha respondido con medidas destinadas a salir del paso que no abordan el cambio estructural que necesita la economía española. Medidas como el Plan E, el incentivo para el consumo de automóviles, la prórroga en el pago de hipotecas, etc. responden más a una lógica del parche que al intento de aplacar las verdaderas causas económicas estructurales que han propiciado que la crisis nos afectara de forma tan aguda. Asimismo, la subida de los impuestos indirectos, la eliminación del impuesto de patrimonio, etc. son medidas que perjudican a la basta mayoría de la población y que favorecen a los sectores más acaudalados de la sociedad española. Por no hablar ya de las inyecciones multimillonarias de dinero público a la banca que luego son usadas para saldar deudas financieras de los propios bancos, para hacer nuevos negocios o para otorgar créditos irresponsables y esperpénticos. El gobierno Zapatero no gobierna, no tiene el coraje de enfrentarse a los sectores económicos poderosos del país, asume, así pues, no ser mucho más que el “gobierno del desgobierno del capital”.

En lo que concierne a nuestra ciudad, Terrassa es la ciudad del Vallés Occidental con más parados rozando las 19 mil personas. El incremento del paro de enero de 2008 a septiembre de 2009 ha sido espectacular. El número de desempleados, aproximadamente, ha pasado de 10.200 a 19.000 personas, esto es, de un 9.12% a un 16.78%. El paro, por tanto, casi se ha doblado en poco más de año y medio. Dado que el perfil económico de Terrassa es similar al del resto del Estado, muchos de estos nuevos parados son trabajadores directa o indirectamente ligados a la construcción. En los últimas décadas, la CECOT, es decir, la patronal más importante del Vallés, conjuntamente con las políticas de CiU, han sido responsables directos del desmantelamiento industrial de nuestra ciudad y, por tanto, han contribuido con creces a la situación de fragilidad actual de la ciudad. Baste recordar el cierre de la AEG.

Salidas políticas y propuestas comunistas....

Frente a esta situación, por un lado, el PSOE propone como solución potenciar sectores económicos ligados a nuevos sectores de servicios, a sectores financieros de las telecomunicaciones y a nuevos conglomerados energéticos liberalizados, etc. El objetivo es quitar peso al sector de la construcción. Por otro lado, el PP y la CEOE proponen una mayor flexibilidad laboral, despido libre total, reducción al mínimo de las cuotas a la seguridad social, etc. Lo que persigue en última instancia la derecha más rancia es una reforma laboral contra los trabajadores que permita a los empresarios campar a sus anchas. Si bien ambas perspectivas buscan dar salida a un nuevo ciclo de acumulación capitalista, la posición política del PP y de la CEOE se atrinchera en posiciones políticas reaccionarias que atacan a los trabajadores y que intentan hacerles responsables de la crisis. El problema según el PP y la CEOE es la poca flexibilidad de nuestro mercado laboral, la carestía del despido, la baja productividad y en consecuencia la poca competitividad de España en el mercado internacional. Esta perspectiva se sitúa fuera de todo sentido común, busca eliminar al completo unos derechos sociales y laborales ya mermados en los últimos años y que fueron conquistados por largas luchas del movimiento obrero. La única salida que tienen los trabajadores para defenderse de la ofensiva de la derecha en tiempos de crisis, venga esta de la mano del PSOE, del PP o de la patronal, fue, es y será la lucha. Por ello los comunistas estamos convencidos de que dada la situación hay razones de peso para la huelga general.

Los comunistas proponemos toda una serie de medidas de choque con vistas a paliar los efectos inmediatos de la crisis. Estas medidas son de carácter general y local. En cuanto a las primeras:

a) Banca pública. Intervenir la banca privada y en caso de ser necesario nacionalizarla sin complejos. Desarrollar una banca pública no subordinada a los bancos, que dé créditos de bajo interés y facilidad de pago, que vele por un control hipotecario. La política financiera en su conjunto, como toda política que se autodenomine de izquierdas, debe atender al interés de la mayoría y no a intereses particulares.

b) Política fiscal. En esta misma línea la política fiscal debe grabar más a los que más tienen; apostamos así pues por un fiscalidad progresiva, por un restablecimiento del impuesto de patrimonios y el impuesto de sociedades.

c) Política industrial. También es necesaria una política decidida de carácter público que desarrolle nuevas industrias, la investigación y la ciencia, un sector energético a la altura de nuestros tiempos, etc.

d) Derechos sociales. Con la mirada puesta en las personas que están pasando las mayores dificultades sería necesario aumentar y alargar los subsidios de desempleo de forma ilimitada. Consideramos que el trabajo es un derecho y que mientras no se realice tal derecho el Estado debe cubrir las necesidades de las personas desempleadas. Asimismo, consideramos que la situación de sufrimiento y marginalidad a que se ven abocados muchos inmigrantes, los cuáles por ser los más débiles en muchos casos han sufrido de manera especialmente dramática la crisis, debe ser superada con el reconocimiento pleno de los derechos sociales, económicos y políticos que tiene cualquier ciudadano. Pero ante todo es necesaria una política de empleo que no permita la aprobación de más ERE's. Asimismo se deben aumentar los salarios y las pensiones a un salario mínimo interprofesional que esté en la franja de 1000-1200 Euros. Finalmente, también es preciso repartir el trabajo mediante la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales por ley y sin reducción salarial.

En cuanto a las medidas inmediatas locales proponemos:

a) Elaborar proyectos que den respuesta a las necesidades sociales de los barrios (centros de salud, geriátricos públicos, guarderías, etc.). Gestión totalmente pública, ya sea municipal o por parte de la Generalitat de un banco de alimentos para la población necesitada. Las instituciones tienen la responsabilidad de cubrir las necesidades básicas, no puede ser que ésta caiga en empresas privadas (Cruz Roja, Cáritas y Ayuda Directa).

b) El Ayuntamiento y las demás administraciones públicas deben generar puestos de trabajo públicos estables y de calidad, así como la creación de empresas cooperativas por trabajadores en paro. No puede ser que instituciones como Foment de Terrassa sólo contribuyan a generar trabajo precario.

c) La Generalitat y los Ayuntamientos deben contribuir junto con el Estado a una verdadera política industrial de carácter nacional, que trabaje por un modelo productivo sostenible.

d) Es necesaria una política de vivienda pública a nivel local. La administración debe gestionar un parque de viviendas de alquiler y de venta con un precio máximo por metro cuadrado razonable.

e) El Ayuntamiento debe hacer público el sueldo y primas del alcalde, los concejales y los técnicos municipales con vistas a que tengan un sueldo equiparable al sueldo medio de cualquier trabajador y asegurar una transparencia y control democrático. Eliminación de la quinta vicealcadía y de los cargos de confianza. Control y reducción salarial de los gerentes de las 12 empresas municipales (EGARVIA, ECO-EQUIP, etc.).

f) Eliminación de la zona azul de los barrios obreros (como Can Palet, Ca n'Anglada, etc.). Fomentar y mejorar el transporte público.

Pero es más, los comunistas pensamos que todas estas medidas de tipo económico y social únicamente son viables en el marco de un proceso constituyente popular y participativo que establezca las bases de la III República. Somos conscientes de que este cambio político supone una ruptura democrática pendiente con el actual marco jurídico surgido de los Pactos Constitucionales de 1978, así como de la Ley de Amnistía que, de facto, suponían un pacto de silencio. Asimismo dicho proceso, en su vertiente económica, tendrá que rebasar los límites impuestos por los Pactos de la Moncloa y los tratados europeos de Maastricht, Lisboa, Amsterdan, etc. La lucha por la III República en este sentido forma parte de una lucha más amplia, una lucha por una Europa de izquierdas con mayúsculas.

No obstante, a pesar de la voluntad en avanzar hacia el cambio político indicado, los comunistas no nos hacemos ilusiones respecto a una salida definitiva de la crisis, es más una salida a medio o largo plazo de la actual coyuntura no pasaría de ser el preludio de una futura crisis aún más profunda. El capitalismo no ha estado nunca, ni lo estará jamás, en condiciones de solucionar los grandes problemas de la humanidad. Entre otras cosas porque, paradójicamente, los grandes problemas de la humanidad son las soluciones del capital. Mientras el capitalismo sea capitalismo las guerras serán una manera ampliar mercados, las enfermedades serán el negocio de las farmacéuticas, nuestra vida será reducida a fuerza de trabajo y al consumo, la vivienda no será un derecho sino una fuente de especulación, el medio ambiente será visto como un mero recurso a explotar, etc. Los comunistas tenemos la firme convicción de que no vale la pena perderse en sueños de una vida mejor bajo el capitalismo. La única solución es la revolución que nos situé en la vía del socialismo y el comunismo.

PSUC-viu de Terrassa

terrassa@psuc.org

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