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Hacia una teoría revolucionaria del Todo.
Si algo es urgente en el pensamiento revolucionario contemporáneo es ponerse al día en cuatro aspectos: ciencia, espiritualidad, conciencia y pensamiento filosófico,congruentes entre sí.
Patrocinio Navarro | Para kaos en la Red | 11-10-2009 a las 10:25 | 649 lecturas
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I
¿HIJOS DEL COSMOS?

 

Esta es una reflexión científico espiritual no perteneciente a ninguna religión institucional, basada en tres tipos de fuentes: la física cuántica, la filosofía egipcia, las coincidencias místicas de los Vedas, el sufismo y las enseñanzas de Cristo ocultadas, traicionadas y desfiguradas hasta hacerlas irreconocibles por las iglesias llamadas cristianas.

 

 

No es preciso, amigos lectores, exhibir demasiados argumentos cuando se trata únicamente de recordarnos unos a otros que nuestra filiación cósmica es doble. De una parte, nuestro cuerpo material, constituido de las mismas sustancias minerales que la Tierra, es la misma materia estelar proveniente del Cosmos.

Por otro lado disponemos de una energía personal de la que somos conscientes. ¿Sería entonces razonable afirmar que somos hijosde la fuente de energía del Cosmos infinito?

En este caso la física cuántica nos informa que cualquier forma de materia física no es otra cosa que energía condensada, degradada, energía de baja vibración, y constatamos que el Cosmos no es otra cosa que manifestaciones múltiples y organizadas según ciertas leyes de UNA fuente de energía que nutre, sostiene y transforma lo existente.  Todo lo existente    es así   debido a esa única fuerza propulsora, mantenedora y transformadora que actúa en todo y mantiene en pie el orden del Universo infinito creado por ella misma. Esto incluye todos los grados de manifestación de energía, desde el grosero mineral a la nota musical sutil o a luz sutil que escapan a ser captadas por nuestros sentidos, pero que pueden captar refinados instrumentos científicos o simplemente nuestro perro o nuestro gato.

¿Sería razonable entonces afirmar que nuestra limitación sensorial o tecnológica no son fuentes fiables del conocimiento al existir realidades más allá de  sus límites de percepción?

Es así como nuestra mente puede aceptar que existan diversas formas sutiles de existencia más allá del mundo de la apariencia. Existencias que pueden experimentarse según grados de sensibilidad, trabajo y apertura mental, y que ni siquiera los instrumentos científicos pueden captar, pues estos están influenciados a su vez  –léase, contaminados- por el propio observador. Este es el conocido Principio de Incertidumbre del físico Heinsenberg.

No existe, pues, la objetividad científica del modo que la ciencia clásica basada en Newton pretende, pues la Realidad con mayúsculas no depende de los instrumentos de medida como tampoco del mundo de los sentidos. El observador y lo observado están en el mismo campo. El Todo está en todo, como afirma el Kybalion, el libro más antiguo de la sabiduría egipcia, atribuido a Hermes Trimegistos, el fundador de la Astrología, descubridor de la Alquimia. Considerado anterior a Moisés, y maestro de maestros en Egipto y en todo el mundo antiguo, sus enseñanzas se divulgaron por todo el mundo conocido de entonces.

El primero de los siete principios con que define el orden universal dice textualmente: “El Todo es mente. El universo es mental”. Y  : “en la mente del Todo vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Afirma: “Mientras que todo está en El TODO, es igualmente cierto que el TODO está en todo” y concluye: “Para aquel que verdaderamente entiende esta verdad, le ha venido un gran conocimiento”.

Más de 27 siglos después, David Bohm, profesor de Física teórica en Londres, premio Nobel de Físicay antiguo colaborador de Einstein, en su libro “La totalidad y el orden implicado” retoma este mismo tema, entre otros que ponen en cuestión el valor de la realidad como es percibida, estudiada y transmitida. A este libro pertenece la cita siguiente enmarcada en las conclusiones de Hermes:

Diría que en mi trabajo científico y filosófico, mi principal interés ha sido el de comprender la naturaleza de la realidad en general y de la conciencia en particular, como un todo coherente…. (sic)…

“Después está la cuestión de cuál es la relación que existe entre el pensamiento y la realidad. Como nos muestra una atención cuidadosa, el pensamiento mismo es un proceso en movimiento. Es decir, uno puede experimentar una sensación de flujo en la “corriente de consciencia” muy parecida a la sensación de flujo que nos produce el movimiento de la materia en general. ¿No cabría pensar, pues, que esta consciencia sea parte de la misma realidad como un todo? Pero entonces, ¿querría esto decir que una parte de la realidad “conoce” a la otra? Y ¿hasta dónde sería esto posible? (Sic)….

”Está claro que al reflexionar sobre la naturaleza del movimiento tanto en el pensamiento como en el objeto del cual se piensa, uno llega inevitablemente a la cuestión de latotalidad. La idea de que el que piensa, el Ego, está por principio completamente separado y es independiente de la realidad sobre la que está pensando, está firmemente arraigada en nuestra tradición occidental, pero en Oriente hay una tendencia general    a negarlo…(sic)

“Una experiencia tan extendida como la que se acaba de describir, junto con una gran cantidad del conocimiento científico moderno y relativo a la naturaleza y función del cerebro como sede del pensamiento sugieren que tal división no puede seguir manteniéndose con fundamento. Pero esto nos plantea un difícil reto: ¿Cómo vamos a poder pensar acerca de la realidad de la existencia única, no discontinua y fluyente como un todo que lo mismo contiene al pensamiento (consciencia) que a la realidad exterior a él, tal como nosotros la experimentamos? …Esto nos lleva a considerar la totalidad de nuestra visión del mundo, que incluye nuestras nociones generales acerca de la naturaleza del mundo físico y las relativas al orden total del universo, es decir, la cosmología. Para ello, nuestras nociones de cosmología y las de la naturaleza del mundo físico deben ser compatibles con una visión consistente de la consciencia.

Y viceversa, nuestras nociones sobre la consciencia deber ser compatibles con el concepto de la realidad como un todo. Los dos conjuntos de nociones podrán permitirnos comprender cómo se relacionan realidad y consciencia”…(sic).

”Me gustaría llamar la atención sobre el problema general dela fragmentación de la consciencia humana. Las distinciones generalizadas y omnipresentes entre la gente (raza, nación, familia, profesión .etc etc.) que impiden que la humanidad trabaje unida por el bien común, incluso para la supervivencia, tienen uno de los factores claves de su origen en un tipo de pensamiento que trata las cosas como inherentemente divididas, desconectadas y “fragmentadas” en partes constituyentes aún más pequeñas. Y se considera que cada una de estas partes es esencialmente independiente y que existe por sí misma. Cuando el hombre piensa así de sí mismo, tiende inevitablemente a defender las necesidades de su propio Ego contra las de los demás, o si se identifica con un grupo de gente de la misma clase, defenderá su grupo de un modo parecido. No puede pensar seriamente en la humanidad como una realidad básica que exige su prioridad. Incluso cuando intenta considerar las necesidades de la humanidad tiende a considerarla como separada de la naturaleza, y así.

“La ciencia misma está exigiendo un nuevo concepto del mundo que no sea fragmentario… Se demuestra que tanto en la teoría de la relatividad como en la teoría cuántica unas nociones que supusieran la totalidad no dividida del universo proporcionarían un método mucho más ordenado para considerar la naturaleza general de la realidad”.

Hasta aquí la cita.

¿Podemos, acaso, como entes de energía viva y activa, pensarnos como energía separada del resto de la energía universal? Sin duda sería científicamente absurdo. La Corriente-Una, nutre a través de esos paquetes de energía llamados “cuantos” -que la física reconoce- cada partícula de nuestra energía individualizada llamada alma, ánima o vida, y desde ella penetra en cada célula de nuestro cuerpo a través de centros de recepción en nuestro campo electromagnético conocidos como chakras o centros de conciencia, para penetrar y alimentar a continuación al sistema nervioso. Y desde ahí al cerebro, y a todo el complejo celular orgánico.

Del mismo modo, la energía cósmica alimenta los árboles, las plantas, los animales y la estructura mineral de la tierra, penetra en los cuerpos estelares, y crea sin cesar nuevas formas, pues la Creación es un proceso continuo e inacabable. Esta Energía -Una que se manifiesta en todo lo existente recibió muchos nombres a lo largo de nuestra historia. Le llamamos Todo, Tao, Dios, Manitú, Espíritu, Padre-Madre, Creador, Ser, Ser Supremo y de muchos otros modos según culturas, pero la esencia es siempre la misma: el Ser, la energía activa que crea,nutre y vivifica cuanto es. Se halla presente en nuestra alma como chispa vital: es nuestra célula del Cuerpo Cósmico de energía al que pertenecemos y del que formamos parte (pues Todo está en todo), nuestra fuente de energía vital, el corazón de nuestra alma y el sostén de nuestro cuerpo celular. Cuando esta fuente de vida se retira del cuerpo físico llegado el momento de abandonar la materia, dejamos de existir en este plano y pasamos como cuerpos de energía cósmica envueltos en nuestro traje astral de materia más sutil hacia los lugares del Cosmos correspondientes a nuestra particular vibración correspondiente a nuestra particular evolución. Y allí seguimos viviendo, pues la energía es inmortal…Allí seguimos sintiendo y reconociendo experiencias...

Entre tanto, somos el Hijo Pródigo de la parábola de Jesús.
Cada uno alcanzará antes o después el alto nivel de vibración y pureza con que fue dotado por nuestro Padre común, pues somos, -por extraño que pueda parecer a muchos este nombre, herederos del esplendor del Ser.

 

     

 
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