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Gobierno del pueblo para el pueblo
La hora de las democracias capitalistas esta tocando tanto fondo como los de inversión, sumidos en el desconcierto,la improvisación, los parches y el autoritarimo creciente para mantener el sistema.
Patrocinio Navarro | Para kaos en la Red | 16-9-2009 a las 9:42 | 774 lecturas
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Puesto que vivimos bajo sistemas democráticos aparentemente plurales e imperfectos donde se deciden a diario cuestiones que nos afectan, parece natural el querer profundizar en esta imperfecta democracia formal que permite cada vez mayor injerencia, desde hace muchos años, de los tentáculos de las grandes empresas en los ámbitos del poder político, social y cultural .La consecuencia de esto es la corrupción de los órganos de gestión política de las democracias. Y esto, que nos aleja cada vez más de la democracia real, es lógico que deba preocuparnos y motive serias reflexiones entre los que soportamos las consecuencias de un modo o de otro, pues no existe causa sin efecto, y las malas siembras nunca trajeron buenas cosechas.

Parecería de lo más normal en un estado democrático que se contase con la presencia activa en los hemiciclos de todo tipo de asociaciones ciudadanas (¿no son ciudadanos lo que desean los gobiernos?). Pues ahí deberían tener cabida desde las asociaciones de vecinos, de profesionales, de consumidores, cooperativas de todo tipo, círculos culturales, o­nG y todas aquellas agrupaciones de colectivos que pudieran aportar su propia energía al conjunto, y que tuviesen que ver realmente con la vida pública en todas sus manifestaciones EXCEPTO en aquellas que tengan por objeto precisamente el manipular las conciencias y el desunir y desestabilizar, y nunca dejarla en manos de ineptos. O sea: políticos profesionales -siempre distantes-, sindicalistas siempre burocratizados ( y siempre minoritarios con respecto al conjunto),unos y otros sometidos a múltiples presiones por grupos de poder extraparlamentarios y miopes más allá de sus intereses partidistas. No son los adecuados para dejar en sus manos multitud de asuntos de interés cívico que podrían ser resueltos mucho mejor con la participación libre y directa de los ciudadanos. Pues, ¿no son los ciudadanos los que tienen que votar? ¿No son los ciudadanos los que legalizan el poder?¿No son los que sostienen a empresarios y políticos con su trabajo y sus impuestos? ¿No es a los ciudadanos a los que se quiere para edificar los estados? ¿No son en definitiva, los que justifican la existencia misma de los estados llamadosdemocráticos?

¿No deben ser entonces los ciudadanos los que decidan la forma de los estados, los asuntos que deben ser abordados y resueltos por los gobiernos locales y nacionales y los modos de llevar a cabo las soluciones de los problemas colectivos? Y, por supuesto, los que deben exigir que se cumplan sus decisiones. Porque no vale hacer promesas electorales para engañar a la gente, y asegurarse de este modo ilícito el uso de un poder inmerecido. En tal caso, se debería disponer por el pueblo de los recursos legales para juzgar a los que no cumplen sus promesas. Parecería lógico,- -¿no es cierto?- exigir que dimitan los irresponsables, los corruptos, los ineficaces, los que no acuden a cumplir sus horarios en los Parlamentos, y todos aquellos que no respetan la voluntad popular ni cumplen con la responsabilidad adquirida al ser elegidos. Tan lógico como posible en una sociedad civilizada con una democracia real.

Lo dicho y mucho más que podría decirse serían datos indicadores de una verdadera democracia y de un verdadero estado del bienestar. ¿Quién se negaría a vivir en un país con los mencionados avances? Sin embargo, estamos tan lejos, que lo que tenemos actualmente es tan sólo un esbozo pobrísimo de lo que podría ser. ¿Y por qué no es? Porque falta una conciencia mayoritaria en que sostenerse; porque la gente en general está dormida, acobardada, desconcertada, anclada en su propio ombligo, y carece mayoritariamente del sentido de eso que podríamos llamar “ El Nosotros”, que es conciencia social y ética.

Y si esto no existe,y si todavía no es posible, ¿dónde estamos?

¿No estamos en todas partes bajo dictaduras camufladas con mejor o peor fachada? ¿Acaso no estamos, bajo la más refinada forma de un poder dictador que nos hace creer que nos representa para que lo legalicemos con nuestros votos,  y  una vez conseguidos nos impide participar adecuadamente para defender nuestros verdaderos intereses como personas y como ciudadanos? Miremos de frente la verdad. No tenemos democracias: sólo bocetos. Y lo peor de todo: aún así, nuestra conciencia colectiva no ha llegado a ser capaz de encontrar mejor solución a tanta degeneración ética como manifiesta la suma de tantas conciencias individuales incapacesde tomar las riendas tanto de sí mismas como de la sociedad. Sería impensable que una sociedad de espíritus selectos y libres pudiese tener organizaciones sociales tan burdas como las que exhibimos la presente humanidad, con democracias de pacotilla (mafiocracias con cobertura política) en el mejor de los casos .Y en el peor, con regímenes totalitarios, jefaturas vitalicias obtenidas por violencia, gerontocracias religiosas, y otras maneras de apoyar la bota en el cuello de los pueblos o de asfixiarlos con dogmas y con incienso.

 
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