El Gobierno japonés ha lamentado no haber informado al público acerca de importantes resultados sobre la observación de radiactividad que se efectuó cerca de la central Fukushima Uno poco después del accidente nuclear.
El Gobierno central y las autoridades prefecturales de Fukushima recabaron los datos con el fin de determinar las medidas de evacuación y las restricciones de alimentos y agua que se aplicarían a los residentes como consecuencia de los daños causados por el terremoto y el tsunami sobre la central nuclear el 11 de marzo.
En una lectura realizada el 12 de marzo se detectó telurio radiactivo a siete kilómetros de distancia. El telurio se genera cuando se funde el combustible nuclear de la central.
Sin embargo, en una conferencia de prensa realizada ese mismo día, la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial informó que el combustible nuclear estaba intacto.
El Gobierno tampoco reveló que se habían detectado altos niveles de radiactividad en hierbas a entre 30 y 50 kilómetros de la central. El 15 de marzo se detectó yodo radiactivo 131 en un nivel de 1 millón 230 mil becquerelios por kilogramo en un lugar a 38 kilómetros al noroeste de Fukushima Uno.
El profesor Yasuyuki Muramatsu, de la Universidad Gakushuin, afirma que el yodo radiactivo provoca efectos altamente nocivos en los niños. Agrega que si los datos se hubieran publicado con mayor antelación, se habrían podido tomar medidas para protegerlos contra la exposición.
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