La central nuclear de Garoña está dedicada a la generación de energía eléctrica. Es la central nuclear más antigua del estado español, siendo inaugurada en 1970 y estando originalmente previsto su cierre en 2011, 40 años después. Es hoy día la segunda central nuclear más antigua del mundo en funcionamiento. Su diseño es de primera generación, anterior al accidente de la central nuclear de Three Mile Island, y por tanto sin las medidas de seguridad que se aplicaron a partir de entonces. El reactor fisiona (1)átomos de uranio enriquecido, usando el calor desprendido para hervir agua. El vapor se inyecta a presión contra 3 turbinas que generan la energía eléctrica.
Nuclenor, el consorcio propietario de Garoña, pidió extender la vida de la central hasta 2019. El Consejo de Seguridad Nacional (CSN), un organismo pronuclear que actúa como consejero en temas nucleares del gobierno, apoyó la petición ignorando sus propias exigencias (sustitución del cableado eléctrico y poner solución a los reiterados problemas de la ventilación de emergencia). Finalmente, el gobierno de Zapatero prorrogó la vida de Garoña hasta 2013, incumpliendo una de sus promesas electorales y abriendo la posibilidad de volver a prorrogar esta fecha en el futuro.
 
La central nuclear de las mil y una grietas
Desde su apertura, muchos han sido los problemas que ha presentado la central nuclear de Garoña. Los ejemplos son numerosos: durante el pasado mes de abril explotó un transformador de la central (esto se mantuvo en secreto hasta la denuncia de los ecologistas), un problema con una válvula de seguridad obligó a parar su actividad y un fallo en el generador principal por rechazo de la carga obligó a volver a parar la central. En los primeros seis meses de 2009 se contabilizaron 9 incidentes.
Estos constantes fallos reflejan las condiciones de mantenimiento de la central. El principal peligro de Garoña es la corrosión que sufren los materiales debido a las extremas condiciones de presión, temperatura y bombardeo radioactivo. Esta corrosión afecta principalmente a 3 elementos: el barrilete, el soporte de una tubería refrigerante y los manguitos de las penetraciones.
El barrilete se encarga de que el flujo refrigerante llegue a los elementos combustibles (las barras de uranio) de manera correcta, y soporta la estructura de algunos elementos del núcleo. Si el barrilete llegara a romperse, la geometría del núcleo se vería alterada y sería imposible controlar la reacción al no poder introducir las barras de control que la detienen. Si no se rompe, pero se corroe tanto que se altera su forma, podría provocar que se alterara la uniformidad del flujo de refrigerante provocando un quemado no uniforme del combustible y vibraciones extras incontroladas en el núcleo, que a su vez acelerarían los procesos de fisura. Las fisuras tienen un gran tamaño, superando en total los 10 metros, y se encuentran en todas direcciones. Algunas de ellas son pasantes (atraviesan todo el metal del barrilete) y ocupan la mitad de la circunferencia de la pieza.
Estos problemas se detectaron en 1996, y en principio Nuclenor anunció que sustituiría la pieza. Sin embargo, en 1997 se acometió la reparación del barrilete, una solución más barata pero chapucera. Sobre las fisuras, se soldaron varias barras y cinchos para asegurar que no se abrieran. Sin embargo, esto no hace que el proceso de corrosión se detenga, por lo que las fisuras siguen creciendo con el tiempo. Además, la presencia de las soldaduras pueden añadir nuevas tensiones sobre el metal acelerando su corrosión. Y estas soldaduras tienen que inspeccionarse continuamente obligando a los trabajadores a recibir altas dosis de radiactividad. Sólo esta reparación costó dos mil millones de pesetas, y tuvieron que emplearse 1.000 trabajadores para repartir las dosis de radiactividad. Además las posibilidades de errores se multiplicaban por la tensión de trabajar en un ambiente radiactivo teniendo que permanecer muy poco tiempo soldando.
Por último, decir que esta pieza sólo se revisa entre recargas de la central, siendo perfectamente posible un proceso de corrosión que termine rompiendo la pieza en el periodo de funcionamiento normal.
Los manguitos de las penetraciones de las barras de control también han sido afectados por la corrosión, sufriendo fisuraciones. Estas penetraciones son tubos que entran en la vasija del reactor, permitiendo introducir a través de ellas las barras de control y los manguitos son las piezas que fijan las penetraciones a la vasija. Las barras de control sirven para detener rápidamente la reacción nuclear en caso de emergencia, ya que absorven los neutrones que desprenden los átomos de uranio enriquecido al romperse y que a su vez rompen al chocar otros átomos de uranio (este es el mecanismo de reacción en cadena que libera la energía en una reacción nuclear). La solución consistió en inyectar hidrógeno en el refrigerante esperando disminuir su capacidad corrosiva, en colocar sellos sobre las fisuras y en soldar los manguitos a las penetraciones. Sin embargo se han seguido produciendo nuevas fisuras y han empeorado las ya existentes en un proceso imparable de corrosión.
También los tubos que forman las penetraciones están degradados. Al menos 5 de ellos están seccionados en un 70% de su diámetro, y si llegaran a un 95% de fisuración, el conjunto penetración-manguito podría izarse haciendo imposible introducir a través de ellos las barras de control. De las 97 penetraciones que tiene la vasija del reactor, 66 sufren procesos de fisuración y 55 de ellos han tenido que ser reparados con la instalación de un sello mecánico para asegurar las grietas. Pero estos sellos no paran el proceso de fisuración, de hecho 6 de las penetraciones han tenido que ser aseguradas por segunda vez e incluso existe un caso en el que ha sido necesario un tercer sellado. Sin embargo, 40 de las penetraciones no han vuelto a ser revisadas desde la instalación de su parche a principios de los 90. Y es que en cada parada parar recargar combustible sólo se revisan algunas de las penetraciones, 13 en el año 2003.
La protección contra incendios también dista mucho de estar asegurada. Hay zonas vitales del cableado vulnerables a un incendio, existen conducciones de hidrógeno (gas explosivo) junto a cableado, la ventilación de algunas galerías y salas de cables es insuficiente. Las válvulas de las que depende la refrigeración del núcleo son también vulnerables a un incendio. La alimentación de agua en caso de incendio podría no ser suficiente, ya que la bomba que suministra el agua está conectada a la misma toma que otro elemento de la central, que si está en funcionamiento cuando se produzca el incendio reduciría a la mitad la carga de agua en el sistema anti-incendios. Los paneles de control anti-incendios están obsoletos, nisiquiera identifican las zonas donde se produce. La indicaciones de las vías de escape son muy deficientes y la megafonía no es capaz de avisar de si se está produciendo uno.
También 78 elementos de tipo mecánico, electrónico o de control están severamente degradados y otros 135 se hallan con una degradación mediana o baja. Entre ellos, elementos tan importantes como las válvulas de parada y de control del caudal del refrigerante, que son indispensables para asegurar un correcto uso del refrigerante del reactor nuclear y nisiquiera son revisadas periódicamente por los responsables de la central.
Otros problemas de Garoña
Los residuos radioactivos
Garoña produce 14 tm de residuos radioactivos al año, cuya única solución es simplemente ser almacenados en algún lugar durante cientos de miles de años. Este es un riesgo presente y futuro nada despreciable, además del peligro añadido que supone su transporte. En 1998 un camión que transportaba dos piezas radiactivas de la central (la bomba de circulación principal y un eje suyo) volcó. Nunca se supo si el transporte había sido revisado por el CSN ni porqué estaban las piezas fuera de la central o a dónde se las transportaba. Anualmente se realizan 130 viajes, unos 8.000 km, con 45 bidones de materiales radiactivos cada uno hasta el cementerio nuclear de El Cabril en la sierra de Córdoba. Estos viajes no son supervisados por ningún organismo y los barriles no están preparados para soportar un accidente de tráfico.
También las propias negligencias de Nuclenor son un problema. El 2 de febrero de 2004 envió una partida de materiales contaminados con cobalto-60, que emitían 10 veces más radiación de la permitida, a la chatarrería Reimasa de Bilbao.
Los efectos sobre las poblaciones circundantes
Una central nuclear emite al medio bajas dosis de radiactividad (tririo, radioyodos, partículas varias y gases nobles). Esta exposición continuada más que posiblemente tiene un efecto negativo sobre la salud de las personas (y el resto de seres vivos) que habitan en sus inmediaciones.
En la zona de influencia de Garoña existe una tasa más alta de la normal en la incidencia de leucemia, cáncer de pulmón, cáncer de estómago y problemas tiroideos, siendo un 5% mayor la mortalidad por tumores en Álava que la media del estado español. A pesar de esto no existe ningún estudio oficial sobre este tema, cuando es innegable que la radiación de la central nuclear influye sobre las poblaciones circundantes. Hay numerosos ejemplos que lo señalan: la tasa de incidencia de cáncer es 1.7 veces mayor a 10 km que a 30 km de la central nuclear de Trillo; otro hecho es que las muertes por tumores en el tubo digestivo son entre 3 y 4 veces mayores alrededor de la central de Zorita; alrededor de Zorita también era excesiva la tasa de aparición de mielomas; en Jaraiz de la Vega, pueblo de 8.000 habitantes situado en la zona de influencia de los vientos que pasan por la central nuclear de Almaraz, se han producido 5 sarcomas de Ewing cuando su incidencia normal es de 4.6 sarcomas por millón de habitantes, se produjeron 8 malformaciones congénitas cuando, siguiendo la media de aparición normal, sólo tendrían que haberse producido 2 y se han producido 8 casos de carcicomas de mama cuando la media es de 25 cada 100.000 habitantes.
La minería de combustibles fósiles también produce efectos negativos sobre la salud. 35 mineros de la mina de Uranio de Andújar fueron reconocidos por la administración como víctimas de enfermedades profesionales. Los trabajadores realizaron un informe en el que añadían 60 muertes más (la mayoría por cáncer) y la población circundante tuvo entre un 30 y un 60% más de riesgo de padecer leucemia que lo normal. Esta misma tasa se repitió alrededor de la mina de Ciudad Rodrigo. También alrededor de la mina de uranio de La Haba se disparó el cáncer de riñón.
El Río Ebro tampoco se libra de la influencia de la central. Se ha confirmado la presendia de isótopos radioactivos en sedimentos, plantas acuáticas y peces, estando reconocido por los organismos oficiales que durante los primeros años de funcionamiento de Garoña se virtieron 40.000 litros de agua contaminada al río.
¿Es necesaria Garoña?
Existe el mito de que el estado español necesita importar energía desde Francia. Nada más lejos de la realidad. Al contrario, desde el año 2004 se exporta energía a Marruecos y Portugal. En el año 2008, se exportó concretamente el triple de la producción de Garoña, que con 4.020 gigavatios hora sólo representa el 1.43% de la producción energética total. Es decir, la energía producida por Garoña es perfectamente prescindible.
Otra mentira interesada, de la que nadie se responsabilizó pero de la que se hicieron eco todos los grandes medios de comunicación, es que el cierre de Garoña provocaría una subida del 10% en la tarifa de la luz. Y esto es totalmente falso. El precio de la luz se establece a partir de la energía más cara que se use, que es siempre la que proviene de las centrales de ciclo combinado de gas. Si Garoña se cerrase, el precio de la luz seguiría simplemente siendo establecido por los costos de la energía proveniente de ese tipo de centrales, por lo que no cambiaría el precio, como no lo hizo tras el cierre de la central nuclear de Zorita.
Pero si Garoña es prescindible y supone un riesgo constante, ¿por qué el gobierno la mantiene?
La respuesta es fácil. Para que Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola ganara en 2008 1.826 euros por hora (16,203 millones de euros ese año en total) hace falta que su empresa sea lo más rentable posible. Lo mismo para que Endesa, la otra empresa propietaria de Garoña, pueda pagar 10 millones de euros a Pizarro por dejar la dirección de la empresa para ser diputado.
Dentro de las empresas eléctricas, las centrales nucleares amortizadas como Garoña, son las campeonas de la rentabilidad. Acabamos de explicar cómo se fijan los precios de la luz. Con ese sistema, cada kW que vende una empresa eléctrica procedente de una nuclear amortizada es mucho más rentable que otros que vendan procedentes de las otras fuentes, ya que se les paga al mismo precio pero les cuesta mucho menos producirlo. Así, Garoña genera un beneficio de 250 millones de euros para sus propietarios cada año. En total, Endesa tuvo un beneficio de 7.169 millones de euros en 2007.
Esta rentabilidad ha sido a su vez convenientemente regada por los gobiernos con ayudas públicas. El de Felipe González regaló 7.000 millones de euros como compensación a la moratoria para no construir más centrales nucleares, lo que conllevó un incremento del 3,5% en el recibo de la luz. Es decir, nosotros pagamos los beneficios no obtenidos por las compañías eléctricas. Aznar tras la liberalización del sector les regaló otros 420 millones mediante los llamados Costes de Transición a la Competencia, para afrontar la competencia entre empresas que supuestamente harían bajar los precios...aunque lo que pasó fue todo lo contrario y los precios no sólo no bajaron, sino que subieron. Además, el Estado se hace cargo de los residuos nucleares mediante la Empresa Nacional de Residuos Radioactivos SA (Enresa), ahorrando esos costes a las eléctricas. Otro regalo que se calcula en unos 13.000 millones hasta 2070.
El gobierno y el Estado aseguran el negocio de las compañías eléctricas
Zapatero trata de presentarse siempre como un presidente "de izquierdas", "socialista", "solidario" y..."verde". Así Zapatero prometió en la campaña electoral que cerraría Garoña y todas las demás centrales nucleares que agotaran su vida útil. Sin embargo donde dije digo, digo Diego, y Zapatero finalmente no cerró Garoña, abriendo además la posibilidad para su continuidad al postergar hasta el 2013 la decisión sobre su cierre. Para no desenmascararse, el CSN, donde hay dos componentes sobre 5 del PSOE, no emitió su veredicto apoyando la continuidad de Garoña apurando los plazos hasta después de las elecciones europeas para no evidenciar la mentira de sus promesas electorales.
Por mucho que intente aparecer barnizado en verde, con poco que rasquemos se evidencian las conexiones del PSOE con el lobby nuclear. El ex presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, es hoy presidente de la Fundación Iberdrola como pago a los buenos servicios prestados. Felipe González y Carlos Solchaga son abiertamente pronucleares, José Alejandro Pina y Luis Atienza, ambos han ocupado altos cargos en el gobierno con el PSOE, son presidente de Enresa y de la Red Eléctrica de España (REE) respectivamente. Por definición todos los ministros de industria forman parte del lobby: Pedro Solbes, Joan Clos, Montilla o el actual Miguel Sebastián. El otra ala que nunca se les escapa es la de economía: la secretaria económica actual del PSOE, Inmaculada Rodríguez Piñeiro, va de la misma cuerda.
Sobre el PP y UPD no hace falta demostrar nada porque apoyan públicamente y sin contraprestaciones la energía nuclear. Para evidenciarlo sólo hay que recordar que el PP fue el único partido que votó a favor de Garoña cuando las Juntas Generales de Álava aprobaron una moción por su cierre.
Más allá de un gobierno u otro, la estructura del poder está diseña para proteger los intereses de los directivos de las compañías eléctricas. El ejemplo más claro lo encontramos en el Consejo de Seguridad Nacional. El CSN se creó en 1980 para cuidar de la seguridad nuclear. El CSN se forma con 5 miembros elegidos por los grandes partidos: actualmente sus miembros son dos del PSOE, dos del PP y uno de CIU. Por el PP están Antonio Colino y Luis Gamir. Colino, hijo de uno de los pioneros de la energía nuclear en el estado español, empezó a trabajar para Endesa en 1975 y llegó a ser el director de proyectos de centrales nucleares avanzadas. En 1996 ocupó la presidencia de Enresa. Gámir fue portavoz del PP en temas de energía, con un programa que apostaba claramente por el impulso a la energía nuclear. Por el PSOE están Carmen Martínez Ten y Francisco Fernández, miembro de la sociedad nuclear española, institución cuyo presidente declara que "Garoña está mejor ahora que cuando la abrieron". Por CIU está Antoni Gurguí, que fue director general de industria de la Generalitat. También el legado del franquismo está presente en el CSN: durante los últimos años del régimen Garoña y Zorita emitieron hasta 7 veces más radioactividad de la permitida, hasta un 40% más de lo permitido en forma de gases y los residuos nucleares se guardaban al aire libre en el entorno de las centrales. El responsable de la seguridad de estas centrales nucleares era en aquella época, en el tiempo que Carrero Blanco soñaba con construir una bomba nuclear, Agustín Alonso, que luego fue consejero del CSN. Encargar a esta gente el control de la seguridad de las instalaciones nucleares es como encargar de un bosque a un pirómano, y las consecuencias no se hacen esperar.
Desde el día 8 de agosto de 2008 debería existir un consejo asesor del CSN con presencia de Greenpeace y Ecologistas en Acción que aún no se ha creado. Y es que el CSN tiene mucho que ocultar: En noviembre de 2007 hubo un escape de material altamente radioactivo en la Central de Ascó-1. Hasta el día 5 de abril nada se supo, y sólo gracias a una denuncia pública de Greenpeace se conoció el incidente. El 7 de Abril el CSN dijo que descartaba el riesgo radiológico, a pesar de que aún no se conoce la magnitud del escape ni porqué se produjo. Hasta el día 14 de abril, y en respuesta al escándalo levantado, el CSN no reconoció que la actuación de la central había sido negligente al ocultar información y falsear datos. Y de asegurar que no había ningún riesgo radiológico pasó a analizar radiológicamente a 1.600 personas, es decir, sí había riesgo radiológico y además de ocultar la información, habían mentido. Hay otros ejemplos recientes, como cuando el CSN ocultó hasta la denuncia ecologista que restos radioactivos habían ido a parar a una chatarrería de Bilbao.
Los puestos de trabajo
Ante la posibilidad de cierre de Garoña, el lobby nuclear puso a funcionar todo su aparato mediático difundiendo sus argumentos mentirosos como que la energía nuclear no emite CO2, que no tiene efecto para la salud, que el problema de los residuos está cerca de ser solucionado, que Garoña es segura, que es indispensable para el sistema eléctrico español, que subiría la tarifa de la luz... Dentro de todos esos argumentos queremos discutir uno en especial: Garoña tiene que permanecer abierta porque si no se van al paro sus trabajadores. Vaya por delante que rechazamos que ninguno de esos trabajadores se quede en la calle; deben incorporarse a las tareas de desmantelamiento de la central, que durarían alrededor de 10 años y/o a otras instalaciones de las empresas sin ninguna degradación en sus condiciones de trabajo. Pero queremos señalar la hipocresía de unas empresas, Iberdrola y Endesa, que despiden a sus tabajadores sin ningún pudor a medida que lo necesitan y de un gobierno que permite la destrucción de 1.525.000 puestos de trabajo durante los últimos 12 meses o que al retirar las subvenciones a la energía solar fotovoltaica provoca la pérdida de 20.000 empleos, pero que se escandalizan interesadamente por la destrucción de estos 323 puestos de trabajo. Aceptar esa lógica, significaría, haciendo una comparación exagerada, que no podemos rechazar los desahucios de las familias que no puedan pagar su vivienda porque dejaríamos en paro a los trabajadores que se encargan de llevarse los muebles. Aquí el interés general de la clase trabajadora pasa por el desmantelamiento de Garoña, y la lucha por el mantenimiento de los puestos de trabajo mediante la reincorporación que acabamos de explicar. La postura del comité de empresa de Garoña, que apoyó la continuidad, es por tanto puramente corporativista aunque se presente como una defensa de los trabajadores. Esto se ejemplifica perfectamente en la división que producen entre ellos y el resto de la clase trabajadora, que se beneficiarían del cierre.
Por el cierre inmediato de Garoña
Hemos visto que Garoña no es segura ni necesaria, que aspira dinero público, es agresiva con el medio ambiente, bloquea el desarrollo de las energías renovables y que su único significado es aumentar un poco más las obscenas ganancias de un puñado de directivos. Por eso reclamamos el cierre inmediato de Garoña. Pero no podemos confiar en el gobierno y su sistema político para cumplirlo; ya hemos visto que los empresarios de la energía lo tienen atado y bien atado. Tenemos que ser conscientes que sólo la movilización popular puede imponer su cierre. Y que más allá del resultado coyuntural de esa batalla concreta, dentro de los marcos del capitalismo, la energía nuclear constituirá una amenaza permanente y un freno al desarrollo de fuentes energéticas renovables. El beneficio económico que producen las centrales nucleares a los capitalistas de la energía se basa en su propia degradación: a menos inversión en seguridad, mayores beneficios se llevan. A mayor degradación y peligrosidad para los pueblos de la zona, más beneficios, a mayor uso de la tecnología nuclear obsoleta y menor investigación en desarrollo e instalación de fuentes renovables, más beneficio...esta, que es la contradicción fundamental del capitalismo, también se expresa en este campo. Por eso, sólo podemos asegurar el cierre de Garoña y el progresivo desmantelamiento de las demás centrales nucleares, y su sustitución por otras fuentes energéticas renovables si arrancamos las empresas eléctricas de la lógica del beneficio capitalista, nacionalizándolas bajo un programa para la transformación de la producción y consumo de la energía eléctrica, para cambiar la lógica del beneficio de un puñado de parásitos por la de la seguridad de todos y la extensión de energías renovables que sean respetuosas con el medio ambiente. Y no valen excusas: es una estafa que el gobierno inyecte 200.000 millones de euros al bolsillo de los banqueros pero diga que no puede sostener un sistema eléctrico público seguro y renovable.
Juan Parodi es militante de Corriente Roja.
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) | |
| Microdonación de 2 euros | Donación de importe libre |