El giro a la izquierda de América Latina. El Insolente
En esta década se desencadenan una serie de triunfos electorales en Latinoamérica que conllevan a un nuevo resurgir de los gobiernos de izquierdas, si bien unas izquierdas heterogéneas e interclasistas, y con importantes diferencias entre unos países y otros.
En el caso de Venezuela, tras el triunfo de Hugo Chávez (por el Movimiento V República, ahora unificado en el Partido Socialista Unido de Venezuela) se suceden una serie de reformas jamás vistas en el país. En 2001 se aprueban aprueban tres importantes leyes, la Ley de Tierras (que supuso el inicio de una Reforma Agraria), la Ley de Hidrocarburos (por la cual se nacionalizaba este sector) y la Ley de Pesca (que limitaba la pesca de arrastre a favor de la artesanal). A partir de 2003 se impulsan un programa muy activo de políticas sociales llamadas Misiones, sobretodo en el ámbito educativo, como las misiones Robinson, Ribas y Sucre (con importante apoyo de educadores cubanos), y también en el plano sanitario como la misión Barrio Adentro (con apoyo de médicos cubanos) y económico en la misión Vuelvan Caras (la producción de bienes y servicios por parte de las sociedades organizadas conocidas como “Consejos Comunales”). En el 2005 se ponen en marcha una serie de expropiaciones de latifundios para entregárselas a campesinos pobres y asalariados. En 2007 se nacionalizan varias compañías de telecomunicaciones. Tras numerosas victorias electorales, Hugo Chávez ha demostrado ser un presidente democrático y con un gran apoyo popular, ratificado en numerosos referéndums. Sus medidas han logrado reducir el paro y la pobreza con bastante contundencia, aunque queda mucho camino en Venezuela. Por el momento, Chávez ha tenido una posición de izquierdas claramente anti-imperialista con respecto a los crímenes de Israel en Palestina, y un enfrentamiento claro con el imperio EEUU, con la expulsión del embajador del imperio de Venezuela. Sus excelentes relaciones con la Revolución Cubana (mediante intercambios de médicos y educadores por recursos energéticos), y con Irán ratifican este hecho. Además, la Revolución Bolivariana ha sido la gran impulsora de una verdadera política de integración en Latinoamérica.
En 2005, el sindicalista cocalero Evo Morales (por el Movimiento al Socialismo) consigue el triunfo. En una de sus primeras acciones redujo su salario y de muchos otros funcionarios del gobierno y de la administración pública en un 57%. Otra fue una campaña de alfabetización, llamada “Yo, sí puedo” con el apoyo de educadores cubanos. En 2006, Morales decretó la nacionalización definitiva los recursos hidrocarburíferos del país. A esto se sumaría la nacionalización de los servicios de ferrocarriles. Además, impulsó una serie de decretos sobre la distribución de las tierras, con el fin de entregar títulos de propiedad de tierras estatales a campesinos pobre en particular indígenas, además a largo plazo se debería nacionalizar latifundios para su redistribución. La política de Bolivia también se puede caracterizar de anti-imperialista y progresista.
Otro caso es el de Ecuador dirigido por Rafael Correa (por Patria Altiva i Soberana), desde 2007. Ha iniciado políticas como la renegociación de la deuda externa y ha criticado fuertemente la dolarización del país, ya que esto afecta a la soberanía nacional.
La victoria del sindicalista Luiz Inacio “Lula” da Silva en Brasil (por el Partido dos Trabalhadores) y de Néstor Kirchner en Argentina (por Frente para la Victoria) en 2003; y de Daniel Ortega en Nicaragua en 2006 son otros tres ejemplos de triunfo de la izquierda, aunque una izquierda más vacilante y “moderada” que los casos anteriores, es decir, sin una oposición frontal al imperialismo y sus políticas neoliberales, más allá de ciertas críticas en determinados momentos y de algunas políticas sociales determinadas.
Las últimas victorias del obispo Fernando Lugo (por Alianza Patriótica para el Cambio) en Paraguay; y del FMLN (Farabundo Martí de Liberación Nacional, un partido político que anteriormente fue una guerrilla) en el Salvador, liderado por el periodista Mauricio Funes, después de un largo periodo de gobierno de la criminal ultraderecha del partido ARENA, vienen a culminar este proceso de auge de la izquierda en Latinoamérica.
El auge de las izquierdas en Latinoamérica obedece a unas causas de fuertes desigualdades en la región, pero además a una fuerte tradición de lucha y también al ejemplo dado por la Revolución Cubana, muy activa siempre en la solidaridad internacional con los países pobres, lo que constituye una fuerte labor ideológica, sobretodo en Latinoamérica, sobretodo tras el nuevo proceso abierto de integración regional que ha reforzado dicha labor. El fuerte enfrentamiento de la clase obrera, campesinos y diversos sectores populares en los países latinoamericanos (dichos sectores, mucho más empobrecidos que en los países ricos) a las políticas neoliberales del imperialismo estadounidense y europeo y de las multinacionales, y de instituciones cómplices como el FMI y el Banco Mundial, han culminado con un importante giro a la izquierda del continente, no sólo en las victorias electorales sino en el reforzamiento de la izquierda política en general, de la lucha de clases y de los movimientos sociales. Las políticas de integración como el ALBA (incluidos Cuba, Venezuela, Bolivia, Honduras y Dominica), Petrocaribe y Mercosur han favorecido el comercio interno entre los países de Latinoamérica y del Caribe, y una cierta independencia económica de los países integrantes a las políticas neoliberales del FMI y del Banco Mundial. En este contexto de auge de la izquierda, puede favorecer la concienciación de la región, dando un duro golpe al imperialismo estadounidense. Cierto es que las presidencias de izquierdas latinoamericanas, salvo Cuba, no hagan una verdadera política de clase y revolucionaria (como máximo puede definirse como democrática, popular y anti-imperialista en el caso de Venezuela y Bolivia), y es cierto que existe un bloque reformista y tambaleante liderado por Lula y Cristina Fernández (la esposa de Néstor Kirchner y su sucesora en el poder desde 2007), así como otra “derecha-izquierda” sin ningún tipo de política transformadora ni oposición anti-neoliberal, como es el caso de Michelle Bachelet en Chile, Tabaré Vázquez en Uruguay, o Alán García en Perú. Sin embargo, el debate sobre otro modelo posible de producción y el camino hacia el socialismo en algunos países se están empezando a vislumbrar como un posible horizonte, o al menos sí que existe una fuerte orientación anti-imperialista de numerosos países de la región, siendo claro el desgaste de la hegemonía de EEUU en el continente.
Con todo, falta mucho para lanzar las campanas al vuelo, pero es posible que este proceso contribuya a consolidar la soñada unidad latinoamericana de Simón Bolívar, y ello, en oposición al modelo de explotación capitalista, pueda contribuir, a abrir la puerta para que la clase trabajadora se cuestione la toma del poder y la construcción del sistema socialista.
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