Los biocarburantes son combustibles que derivan de la biomasa, es decir, de organismos recientemente vivos o sus desechos metabólicos. Se consideran biocarburantes el alcohol etílico producido a partir de productos agrícolas o de origen vegetal (bioetanol), el alcohol metílico (biometanol) y una serie de aceites vegetales. El petróleo y sus derivados, de los que depende de forma prácticamente total la energía en Canarias, no es un “biocarburante”. Sí es, en cambio, un carburante de origen fósil. Exactamente igual que el gas natural, una fuente de energía tan sucia como el carbón o el fuel.
Por lo tanto, a pesar de que las reservas de gas natural son mayores que las del petróleo, estamos hablando de una fuente energética no renovable, cuya implantación en el Archipiélago no va a reducir nuestra dependencia del exterior, ni nuestra vulnerabilidad, sino todo lo contrario.
El  GNL tampoco es rentable desde el punto de vista económico porque, aunque es más barato que el petróleo, el proceso de transporte, licuefacción en origen y regasificación posterior del GNL, unido a que en Canarias no hay una industria potente que use el GNL como energía primaria ni una necesidad de calefacción generalizada, hace que se vuelva más caro que cualquier otro combustible fósil. Por lo tanto, tendrá que ser subvencionado.
A ello hay que unir el hecho de que el consumo de electricidad no es homogéneo a lo largo del día y, a diferencia del fuel, una planta eléctrica de GNL no puede atender esos cambios lo suficientemente deprisa, por lo que habrá que mantener en funcionamiento plantas de fuel para atender los picos de consumo.
La única rentabilidad de meter con calzador el gas en Canarias es la que va a obtener la multinacional europea Endesa y su filial Gascan a costa de dinero público y en el pelotazo que supone la construcción de las carísimas instalaciones de puertos gaseros y estaciones regasificadoras que el GNL requiere. De esta manera, además, Endesa garantiza su monopolio energético en Canarias, y de paso neutraliza y se embolsilla las escasas inversiones en energías renovables.
La actuación del gobierno colaboracionista autonómico como simple agente político-comercial de Gascan, contra toda razón, parte de su logro de introducir como accionistas de esta filial, con un 40%, a lo más granado de la oligarquía criolla, en una maniobra del entonces consejero de Hacienda, José Carlos Mauricio.
De esta manera, entraron en la tarta José Fernando Rodríguez de Azero, Pedro Luis Cobiella, Antonio Plasencia y Pedro Suárez, por Tenerife, y Lopesan (Eustasio López), Satocan (Juan Miguel San Juan y Jover), Astican (Germán Suárez), Pérez Moreno, Laymos (del Editorial Prensa Canaria, filial de Editorial Prensa Ibérica, del grupo Moll catalán, que edita los periódicos La Provincia y La Opinión) y Pedro Agustín del Castillo (Conde de la Vega Grande), por Gran Canaria.
Por si fuera poco, el GNL emite grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, además de dióxido de nitrógeno y otros contaminantes. Esta contaminación tiene repercusiones negativas sobre la salud humana, en especial la de niños, personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares crónicas.
Además, se trata de instalaciones peligrosas, que ya han sufrido graves accidentes en todo el mundo con este tipo de instalaciones, desde el de la East Ohio Natural Gas Company de 1944 (128 muertos en la explosión), hasta la de Skikda en Argelia de 2004 (27 muertos y 80 heridos), pasando por la de Staten Island en New York de 1973 (37 muertos) o la de Lusby, Maryland, de 1979 (1 muerto).
Desde cualquier punto de vista, solo la avaricia de la burguesía colonial y su supeditación al imperialismo europeo explican la perreta del gas. Lo de “disminuir la vulnerabilidad y dependencia” sólo es una mentira infame y especialmente burda.
(*) Teodoro Santana es militante del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) | |
| Microdonación de 2 euros | Donación de importe libre |





