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Fundamentos Naturales para la Construcción del Socialismo
Desde los niveles subatómicos hasta la especie humana.
José Javier González de la Paz | 13-1-2010 a las 19:42 | 226 lecturas
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Estamos asistendo a la imposición del pensamiento úncio que pretende construir, y construye, una nueva religión a partir de las premisas de la competitividad, la libertad de mercado y el individualismo, razonando, en último término, que esto obedece a leyes naturales: la ley del más fuerte, la ley de la selva aplicada a las sociedades humanas y modificada por ellas mismas.

Lo primero que hay que hacer es desmontar estos argumentos y aclarar que, en la Naturaleza, el indvidualismo competitivo no existe, y cualquier actuación que a ésto nos recuerde está siempre fundada en el principio de bienestar del grupo social al que se pertenezca.

En la Naturaleza, la competencia -no competitividad- nunca llega al colapso y, mucho menos, a la extinción, tal y como nosotros "conseguimos" reiteradamente con multitud de especies hermanas. Esta competencia natural, paradójicamente, nunca sobrepasa los límites de la colaboración entre especies -por crueles que nos parezcan, a veces, las manifestaciones de esta colaboración- para seguir compartiendo y disfrutando el medio común.

En lo que se refiere al término "libertad de mercado", que podría aplicarse a sociedades primitivas en las que primaba el intercambio, tendríamos que distinguirlo muy mucho de la "dictadura del mercado" que sufrimos hoy en día, al supeditar todas las iniciativas sociales y/o políticas a los beneficios económicos de cualquier actividad: el hombre al servicio de la economía en lugar de la economía al servicio del hombre.

Estudiando someramente la historia de la evolución -me refiero a la evolución de toda la materia, no exclusivamente a la darwinista- veremos que la Naturaleza opera siempre con principios socialistas: las micropartículas lanzadas por la explosión primigenia no cesan hasta asociarse y organizarse en átomos; éstos, a su vez, también por el método asociativo, constituyen las moléculas y, asociándose éstas, dan lugar a todos los materiales conocidos, incluida la materia orgánica, viva, que acaba convirtiéndose en célula. Esta célula, siendo ya un ser individual, no ceja en el empeño de seguir creando, mediante la asociación de unas con otras, individuos más complejos y perfectos, dando innumerables variedades de vegetales y animales, incluida la especie humana. Ya el científico y teórico anarquista, Pedro Kropotikin, refiriéndose a la ciencia moderna en su ensayo-conferencia Los Tiempos Nuevos, decía: "…el individuo mismo es tratado como un ser complejo, como una colonia de pequeñeces infinitas asociadas entre sí, pero conservando su vida propia".

Y llegamos, así, hasta las colectividades de lo que se ha dado en llamar especies superiores. El fenómeno de la manada -obviemos ya las perfectas colonias de insectos- replica fielmente la asociación de individuos, que hemos visto con anterioridad, para conseguir un cuerpo más grande con el objeto de abordar mayores retos, que serían imposibles de vencer afrontados de forma individual. Aquí es donde más se fijan aquellos que pretenden basar en la Naturaleza sus concepciones individualistas y capitalistas. Hablan del león o del lobo como ejemplos de líderes que someten al resto de los miembros del clan mediante la fuerza, erigiéndose como jefes indiscutibles y siendo hasta los primeros en comer. Omiten estos liberales que esos jefes son también los primeros en caer cuando es necesario, ofreciendo la vida por su especie (no como ellos, que siempre huyen los primeros) y callan, sobre todo, que estos animales operan así en beneficio de su grupo social, no propio.

En el ser humano, las hordas y primeras tribus funcionaban también con un sistema socialista, lo que se llama "comunismo primitivo". Pero el pensamiento, que es un arma de doble filo que puede inclinarse tanto a la filantropía como al egoísmo, optó por lo segundo, por racionalizar (de ración, porción) en lugar de razonar (de razón) y la lógica (logos) quedó vencida ante el poder en cuanto los más fuertes inventaron al jefe (Estado) al brujo (Iglesia) y a los guerreros (Ejército) Poco después, los protegidos de estos fueron las castas superiores del grupo social.

Pero esto no es más que una aberración contra la que todo el género humano lucha, cuando menos, desde Espartaco. En el fondo de nuestra conciencia -la individual y la colectiva- subyace la convicción de que estamos haciéndole la contra al Universo. Y ese es el motivo de nuestra resistencia continua contra los poderes opresores.

En el ser humano, la fuerza no "es" la razón, sino que "está" en la razón, por lo tanto, en la asamblea de iguales. Es el socialismo natural, primigenio, universal, sublimado por la inteligencia, última manifestación de la materia -hasta ahora- para llevar a toda la Naturaleza a un estadio superior de absoluta y fraternal colaboración en el que realmente todos (unicelulares, vegetales, animales y humanos -como punta de lanza de toda la materia-) forjemos nuestra propia redención.

Por el contrario, si consetimos en que se siga rompiendo la tendencia socialista universal, la Naturaleza de la que formamos parte nos lo hará pagar

http://www.cgt.info/aytomadrid
 
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