Sin embargo esta misma supuesta "comunidad internacional" aboga por el entendimiento entre los dos sectores, otorgando así cierta legitimidad a los golpistas.
El propio gobierno golpista, por boca del presidente Roberto Micheletti, declaraba hace unas horas que Zelaya podía volver pero sin Chávez. En esta afirmación la clase dirigente hondureña se delata. Si Zelaya se deja controlar, si Honduras sale del ALBA y no se cuestiona el Tratado de Libre Comercio con EEUU, si no se abre el melón constitucional, para consignar derechos como la soberanía alimentaria: entonces Manuel Zelaya podrá volver. Es decir la clase dirigente hondureña deja claro que acepta las reglas “democráticas” siempre, y cuando los gobiernos de turno defiendan férreamente sus intereses.
Por otro lado está el pueblo, los y las trabajadoras y los y las campesinas que sufren una de las tasas de pobreza más altas de la zona, un 70% de los hondureños y hondureñas son pobres. Estos sectores de la población han visto una esperanza de cambio en algunas de las reformas, llevados a cabo por el gobierno de Zelaya. Los procesos que a su vez se suceden en Ecuador, Bolivia y sobretodo Venezuela constituyen también un acicate para las demandas constitucionales del pueblo. El mismo Zelaya es también un actor clave dado su papel simbólico de presidente destituido y reclamado por el pueblo en las calles.
La situación puede desembocar en un proceso similar a la de Jean Bertrand Arsitide, derrocado del gobierno de Haití en 1991 por un golpe. En 1994 y bajo fuertes presiones de no recuperar su programa político izquierdista fue restituido en el poder. Es muy posible que esta sea la opción que le interesa a la oligarquía hondureña, así el golpe conseguiría el objetivo principal: desactivar el proceso constituyente. A su vez la vuelta de Zelaya propiciaría la vuelta de la gente a sus casas y trabajos, minimizando las pérdidas del capital. La inestabilidad provoca huelgas y paros, poniendo en peligro la inversión internacional. De ahí que los golpistas estén interesados en resolver la situación cuanto antes. Eso siempre y cuando Zelaya accediera a interpretar el papel de “domador” que le tienen reservado.
Esta opción no es la única, podía suceder que la resistencia en las calles restituyera a Zelaya en el poder, tal como sucedió en 2002 con Chávez en Venezuela. En esa ocasión un Chávez todavía dubitativo, fue “obligado” por las masas a acelerar el proceso bolivariano a través de las misiones, en especial a partir de 2003. Otros escenarios posibles son el enquistamiento del golpe, con la consecuente derrota de la resistencia que podría desestabilizar la zona.
Pero quien tiene la última palabra en todo esto son los movimientos de base en Honduras. Solo su autoorganización en las calles, barrios y puestos de trabajo decidirá como acaba este golpe de estado. Un ejemplo de eso es el sector público, que ha iniciado una huelga nacional con los y las profesoras al frente, mientras que en diferentes zonas del país han comenzado los cortes de las carreteras.
Des de aquí es necesario seguir apoyando a la resistencia en las calles y denunciando el golpe a través de la solidaridad internacional.
En lucha/En lluita
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) | |
| Microdonación de 2 euros | Donación de importe libre |






