Brian Fitzgerald "Fitzcarraldo" era un hombre excéntrico, que amaba la ópera con obsesión. Decidió construir un teatro de ópera en plena selva amazónica. Para ello debía conseguir primero el dinero, y hace fortuna en el negocio del caucho. Para realizar su plan debía transportar un gran barco fluvial fuera del agua, por encima de un monte, para lo cual contó con la ayuda de un gran número de nativos. La epopeya de subir y bajar el barco en una sola pieza, unido al paisaje y a la ambientación hacen de la película que narra estos hechos (Werner Herzog, 1982) un film en la categoría de cine-arte, según Wikipedia.
Pero lo nuestro no es una película, sino una pesadilla. Un nuevo Fitzcarraldo, -Rodriguez Ibarra, su hábil y honesto empresario de cabecera, Gallardo, o un híbrido de ambos-, ha puesto sus ojos en mi tierra - a 300 km de cualquier mar- y ha ideado y decidido la construcción y puesta en marcha de una refinería en pleno corazón de Extremadura, de la Extremadura fértil, en Tierra de Barros. En este caso los nativos son los funcionarios del PSOE regional y local, que en una gesta sin precedentes están siendo capaces de acallar, ningunear, desprestigiar, -y llegado el caso fustigar- a cualquier voz que se alce en contra de esta, cuando menos, dudosa empresa.
No hay sitio, no ya para la discusión, sino siquiera para la polémica o el simple diálogo: “son perdedores de derechas, son resentidos de izquierda, no son nadie, son ecologistas trasnochados, son la "derecha agraz y montaraz" defendiendo privilegios....” cualquier etiqueta descalificadora es buena para negar el diálogo con quienes se oponen a la obra, y esto, que es la ignominia, va más allá de las razones económicas, medioambientales o sociales que haya tras la empresa, que ni siquiera se pueden abordar en foros democráticos. La utilización que en este tema se está haciendo de los medios públicos -y de los privados "afines"- es paradigmática. No vale el argumento de que el PSOE gana las elecciones por mayoría en las zonas afectadas. Las elecciones no son un plesbicito, y votar al PSOE por muchas otras razones posibles no significa apoyar la refinería. Ellos deberían entenderlo así.
Se construya o no finalmente, el episodio está marcando el talante del PSOE extremeño, que no está dando, desde luego ejemplo de actitud democrática en este punto, sino que están incluyendo este aspecto de su proceder en la pequeña y gran historia universal de la infamia. Hasta hace poco el PSOE estaba solo en la defensa del proyecto; ahora se le ha unido el PP, al ver que no saca rédito político de la oposición a una operación que, además, se diría más propia de ellos y de su estilo. Quizás la adhesión del PP abra los ojos de los socialistas que defienden el proyecto de buena fe para advertir en qué sitio -y con que maneras- están poniendo la era
Mi propuesta, como extremeño de la diáspora concernido por lo que ocurre en mi tierra, es que tras un periodo de debate en todos los foros posibles -políticos, sociales, mediáticos o académicos- se convoque un referendum -mejor vinculante- en los municipios afectados. Al fin y al cabo, -más allá de los intereses suprarregionales que puedan exisitir, cuyo control corresponde precisamente a las autonomías- serán los que se beneficien de las ventajas, o sufran con los inconvenientes de este proyecto que a primera vista es innegable que parece anticuado, antiestético, contaminante y poco o nada rentable en el medio y largo plazo.
Y además, es que por experiencia sabemos que el mal viento siempre sopla pal pueblo.
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#1.- Minidebate
Carapapa|15-11-2008 10:18
Esta entrada ha dado lugar en el blog de donde procede a un pequeño debate en el que se han dicho algunas cosas interesantes, aunque al final, como siempre en estas cosas, las espadas quedan en alto, con más peso , en mi opinión,  de las críticas a la gestión que el poder hace del asunto, y con ligera ventaja final para el no a la refinería.
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