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La felicidad burguesa y el sufrimiento del marginado
En la sociedad perfecta,donde el hombre es libre como nunca, donde todos gozamos de los mismos derechos y oportunidades, la felicidad es la norma. Pobre de aquel que no sea feliz en el capitalismo...
Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la Red | 4-3-2009 a las 9:26 | 1913 lecturas | 4 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/felicidad-burguesa-sufrimiento-marginado
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Saben esos días en que uno no se encuentra de humor para afrontar los avatares del mundo, esos días que amanecen entre obscuros y grises, esos días que no hay ánimos para esgrimir una sonrisa en la intimidad. Sí, esos días que tenemos todos de vez en cuando, y, al menos, una vez en la vida. Cuando se recibe una noticia trágica, cuando muere un familiar, cuando se rompe un sueño, en definitiva, cuando nos vienen mal dadas. Son esos días que se llenan de sufrimiento se quiera o no se quiera. Esos días, inevitables días. Días de llanto. Pues en esos días es cuando más evidente se hace la felicidad forzada y figurada que nos rodea por doquier.

Digo todo esto porque me comentaba hoy una amiga una experiencia de esas que te hacen reflexionar. Había tenido un mal día, un día de esos que comienzan con una noticia triste que no te permite levantar el vuelo en toda la jornada, una de esas noticias que nos estremecerían a cualquiera. Me contaba lo mal que se había sentido segundo a segundo, minuto a minuto, hora a hora durante casi todo el día. Lo curioso del tema es que me decía que se había sentido mal por una doble razón; la primera por la noticia recibida, dura pero superable, la segunda, la que más le había frustrado según me aseguraba, por haber tenido que pasarse todo el día fingiendo una aparente felicidad que en nada se correspondía con la realidad, forzada por las circunstancias de su vida cotidiana. Era como si lloviese sobre mojado, me decía. De verdad que la entiendo; ¿quién no la entiende?; Estar mal y tener que sentir la presión de una gente que te mira esperando tu mejor sonrisa, deseosa de verte entregada, volcada con las apariencias del buen trato. ¿Quién no ha vivido algo así? Que inhumano.

Vivimos en una sociedad donde la creencia generalizada es que todo el mundo tiene que ser feliz todo el rato, o, al menos, aparentarlo. En  la sociedad de las apariencias, la felicidad no se podía quedar al margen. Estar triste no está bien visto. Estar tiste, abatido, decaído, es síntoma de decadencia. No importa cuán duro haya podido ser su día, ni cual tormentosas puedan ser sus circunstancias vitales, usted entrará también en el saco del que puede y debe ser feliz todo el rato o, al menos, aparentarlo. Por eso si a usted alguien le pregunta qué tal le va, por cortesía, su respuesta deberá ser siempre un... ¡bien, gracias! O un.. ¡ahí vamos, tirando!, como mucho. Nadie indagará que se esconde detrás de esa respuesta. Es la normal, lo habitual, lo natural. Estar bien o, al menos, no estar mal, es lo adecuado, lo inherente a su condición de ser humano. Pruebe, en cambio, a responder que le va mal; las preguntas indiscretas lloverán por todos lados. A nadie le interesará saber por qué le va a usted bien, es lo común, lo habitual, pero, en cambio, todos querrán conocer los motivos por los que ha respondido usted lo contrario, por qué va a contracorriente, cómo osa mostrar su malestar en público. El mundo es un puto anuncio de compresas y todos debemos bailar al son que nos marca la sonrisa en la boca del prójimo. Todos debemos ser felices todo el tiempo o, al menos, aparentarlo. ¡Que lastre!

Reivindico desde aquí el derecho a estar triste, deprimido, a sufrir con las circunstancias y a no tener que ocultarlo acomplejado por el qué dirán, el qué pensarán. Es lo apropiado. Todos tenemos días buenos y días malos, todos pasamos por malas experiencias en la vida, todos tenemos momentos donde el estar triste no sólo es una necesidad, sino casi una obligación ¿Qué hay de malo en ello? ¿Por qué la sonrisa forzada y la carcajada gratuita de alguien que no conocemos nos deben llenar más que su sincera mirada estremecida o su cara compungida cuando ese ser está sufriendo? ¿Por qué nos atormenta tanto el sufrimiento del prójimo? ¿No es la tristeza, el sufrimiento, el malestar existencial, etc. un sentimiento tan cotidiano como la alegría o la felicidad? Me atrevería a decir que incluso más. ¿Por qué entonces huimos despavoridos del sufrimiento ajeno, y aún del nuestro propio, y vivimos forzados en todo momento a fingir una supuesta felicidad que las más de las veces no es más que mera apariencia? ¿Por qué volverle la espalda al sufrimiento?

¿Será acaso que el concepto de la felicidad que manejamos en esta sociedad enferma no es más que una idea egoísta de la misma? La felicidad del yo, el yo y después otra vez el yo, luego ya si acaso también los míos, no más. La felicidad del burro con anteojeras. La felicidad del que no ve más allá de su propio ombligo. La felicidad del burgués. La felicidad del problema concreto del tener frente al problema global del ser. La felicidad del que no ve, ni piensa, ni siente más que por sí mismo, para sí mismo. La felicidad que hace al hombre como hombre desde su propio yo, desde sí mismo, del que se mueve en un mar de apariencias donde la debilidad del sufrimiento no puede dejarse entrever de puertas para afuera. La felicidad que no se centra en el otro, en el excluido, en el que sufre, en el marginado, en el desposeído. Ellos allí, yo aquí, feliz, al menos en apariencia; no puedo ser como ellos. Es la felicidad burguesa, la felicidad del confort, la felicidad del tanto tienes, tanto vales, la felicidad de la sonrisa de marca de dentífrico y el lujo de la apariencia de cara a la galería. Que nadie airé tus miserias. Para dar pena con su sufrimiento ya están los otros, esos otros a los cuales tú no perteneces; el pobre, el marginal, el humillado, el condenado.

Decía el Che aquello de "sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario." Pero, ¿quién podría soportar tanto sufrimiento? Es mucho mejor vivir para el yo, el yo y después también el yo. Quien sufra, que sufra en silencio. Que no perturbe la paz de los cementerios en la que habitan nuestras alienadas consciencias burguesas. ¿Quién en su sano juicio podría ser feliz sabiendo que allá en el mundo, ese mundo que va más allá de tu ombligo, lo que abunda de verdad es el sufrimiento, el cruel y tormentoso sufrimiento? Es mejor no verlo, no mirarlo, no sentirlo, no palparlo, empezando para ello, como una obligación más, por uno mismo, empezando desde la negación de cara al público de su propio sufrimiento. No, yo no soy como ellos. Yo soy un ciudadano normal, con su felicidad inherente, con su sonrisa impecable, su buen trato, sus dientes blancos y brillantes que mostrar al público (aunque sean amarillos y putrefactos). El sufrimiento es eso que asociamos con lo marginal, lo excluido, lo decadente de la sociedad. Está mal visto. Ellos allí, nosotros aquí. Que sufran por nosotros, ya pasaremos por su lado con nuestra mejor sonrisa para que no queden dudas de quién está en un bando y quién en el otro.

Eso sí, tampoco ellos tienen derecho a quejarse ni a manifestar su sufrimiento. Si lo hacen serán tachados de subversivos. Peor aún, de anti-sistemas. Y quién se atreva a sufrir con ellos será tachado de algo mucho peor; de traidor a la causa burguesa. Todos sabemos que sufren pero a nadie debe importarle. También sufro yo y no por eso lo digo. No lo ves, cada día voy a mi trabajo con mi mejor sonrisa, aunque no tenga gana ni de mover un dedo, agarrotado por el sufrimiento. ¡Que no se quejen! En la sociedad de las apariencias, la felicidad no puede quedar al margen. Tampoco para ellos. Los únicos que sí pueden quedar al margen de tal sociedad son ellos mismos en cuanto tales; los excluidos, los marginados, los empobrecidos. Y cuanto más al margen, mejor. Lo perfecto sería no saber nada de ellos. Que se queden allí, lejos, con su sufrimiento. Yo estaré aquí con mi mejor sonrisa brindando por mi gran fortuna y ya de paso por su desdicha, que no es la mía. ¡Y es que esa es precisamente mi fortuna! Que su desdicha no es la mía.

Yo tengo derecho a ser feliz, más aún, todos tenemos derecho a serlo o, al menos, a aparentarlo. Esa es la norma de la felicidad burguesa imperante por doquier. Aunque, a la hora de la verdad, todos sabemos que el sufrimiento es parte inherente de la vida, que no hay nada malo en ello cuando es pasajero, que manifestarlo no ofende ni daña a nadie, mucho menos a uno mismo. En cambio, cuando tal condición de sufrimiento es perenne, ya es otro tema, mucho más serio. ¡No!, ¡No todos podemos ser felices todo el tiempo! Es algo demostrado por siglos y siglos de historia humana. Es más, algunas personas ni si quiera tienen derecho a serlo a tiempo parcial; son ellos, los excluidos, los marginados, los empobrecidos, los parias del sistema. Pero qué importa eso. En la sociedad perfecta, donde todo es perfecto, donde el hombre es libre como nunca antes en la historia, donde todos gozamos de los mismos derechos y oportunidades, la felicidad es norma generalizada. Pobre de aquel que no sea feliz en el capitalismo, con el capitalismo. Tras tu sonrisa estará tu monedero. También sus muertos, sus excluidos y sus marginados. Pero eso es mejor no verlo. Sigue sonriendo.

www.pedrohonrubia.com

 
 
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Comentarios (4)

#1.- Uff!

Gise|04-03-2009 13:56

Es terrible a lo que estamos condenados la mayoría de las hora de nuestra vida. Es terrible como el sistema te condena a sus caprichos y penumbras. Haciendonos parecer todo el tiempo como lo normal y lo fructifero de nuestra razón de ser. Esto es lo bueno! esto es como debes estar! solo asi serás aceptado! olvidandonos de nuestros sentimientos más profundo y humanos que tanta falta nos haría poder llevarlos con naturalidad y simplesa.

No es facil pero lo bueno es q de a poco vamos abriendo los ojos y la mente...

Valoración: 3    |  Avisar provocación

#2

04-03-2009 17:17

Excelente articulo.

Ayer por la noche en el programa  de falsimedia para tener entretenida a la gente en plena crisis en la que se repasaba los años 80 y 60 pude ver con toda claridad por que valores lucha tanto esta enferma sociedad.Soy nacido en los 80 y el estar feliz era una obligación capitalista,cuanto monigote del capitalismo había.

Valoración: 6    |  Avisar provocación

#3.- Bien pensado.

Venza|05-03-2009 01:12

Y bien dicho.

Valoración: 0    |  Avisar provocación

#4.- Sufrimiento y derechos humanos.

Al|05-03-2009 15:34

¿Hay una escala para medir el sufrimiento?,no.
Cada uno tiene su tolerancia y su actitud.
¿Todos sufrimos?si,todos.
¿Quien tiene la vara para medir que persona o grupo humano soporta mas sufrimiento?
Todas estas son cuestiones individuales ,  por eso cada uno somos irrepetibles.

Lo que si podemos hacer , utilizando ese entendimiento que la naturaleza nos dio , es dejarnos ayudar, o pedir ayuda si sufrimos y a la vez ayudar a los demas.
Cada uno tendra su vara de medir personal y , desde su posicion , hara o no hara algo por si mismo y por los demas.
lLa doctrina catolica tiene un mandamiento muy bueno , amaras al projimo como a ti mismo , pero alejado de la realidad... como hacerlo si incluso entre hermanos peleamos.
Creo que es obvio que , aqui , disfrutamos de una situacion privilegiada  .  Mientras la mitad del mundo vive con un $ al dia , nosotros incluso tiramos la comida. No es lo mismo sufrir un dolor de cabeza que no tener para comer, aun que el hambriento se queje menos...por ahi podemos empezar a medir y a priorizar para que de entrada todos suframos lo que significa comer todos los dias.
Muy interesante articulo sobre el sufrimiento y la condicion humana... nos hace pensar... avergonzarse del sufrimiento es muy malo , aprendamos de los animales, ellos no tienen verguenza .

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