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Extractos del libro: Miseria de la teoría de E.P. Thompson. Sobre marxismo y stalinismo
Thompson en este libro acusa a Althusser de muchas cosas entre otras de reproducir ideológicamente el estalinismo; incluye una brillante descripción ideologica, politica y historica de lo que  fue esta corriente ideológica del marxismo y es lo que  se reproduce aquí.
Kaos. Historia | 26-11-2007 a las 13:08 | 5722 lecturas | 3 comentarios
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E.P. Thompson

Thompson es uno de los más importantes historiadores marxistas del siglo pasado. Su obra más representativa "The Making of English Working Class", esta considerada como una de las más importantes obras de historia de todo el siglo.

Destacado exponente de lo "historia desde abajo" junto  al grupo de historiadores marxistas ingleses. Abandonó el Partido Comunista de la Gran Bretaña a raíz de la invasión soviética de Hungría el 1956 -junto a otras prominentes nombres del grupo como Hill, Saville, Samuel, etc- fue uno de los principales impulsores de la "New Left" y teórico y portavoz destacado en el movimiento antiguerra y por la desnuclearización a los años 80.

Extractos de "La miseria de la teoría" (Barcelona, Critica, 1980; obra original en inglés ed. 1978, polémico ensayo de debate historiográfico y ideológico con Althusser y el estructuralisme. Thompson en este libro acusa a Althusser de muchas cosas entre otras de reproducir ideológicamente el estalinismo; incluye una brillante descripción ideologica, politica y historica de lo que  fue esta corriente ideológica del marxismo y es lo que  se reproduce aquí.

"No sólo estamos hablando —por favor, que nadie lo olvide— de unos cuantos millones de personas (la mayoría de las cuales eran «indebidas») muertas o confinadas en ‘gulags’. Estamos hablando también de la deliberada manipulación del derecho, los medios de comunicación, la policía y los órganos de propaganda de un estado para bloquear el conocimiento, difundir mentiras, difamar a ciertas personas; de procedimientos institucionales que confiscaban al pueblo soviético todos los medios de autoactivación (ya sea en formas democráticas o de control obrero), que substituían a la clase obrera por el partido, al partido por los dirigentes (o el dirigente) del partido, y a todo y todos por los órganos de seguridad; de la confiscación y centralización de toda expresión intelectual y moral a manos de una ortodoxia ideológica de estado; en suma, no sólo la supresión de las libertades democráticas y culturales de los «individuos», lo cual ha llegado a ser lamentado incluso por el eurocomunismo (y nos alegramos de que sea así), si bien incluso en el momento de lamentarlo se supone a veces que estas libertades de. disidencia individual son «extras», suplementos al menú de la construcción socialista, que después de sesenta años el estado soviético debería ser capaz de permitirse; no es sólo esto, sino que además, en el contexto de la usurpación de los «derechos» individuales al conocimiento y a la expresión, se añade la subsiguiente usurpación de los procesos de comunicación y de formación del conocimiento de todo un pueblo, sin los cuales ni los trabajadores soviéticos ni los campesinos colectivizados pueden saber qué es cierto ni qué piensa cada cual"

[pags. 130-133]

Como ideología, tal vez pueda considerarse como resultado de aquel momento de inmovilidad ideológica polarizada, en la cúspide de la guerra fría, que antes he señalado. Fue también en ese momento cuando el estalinismo ofreció una caricatura del marxismo que presentaba con una terminología muy distinta pero con un, vocabulario igualmente abstracto, una idéntica reificación del proceso, según la cual una «sobreestructura» quedaba reducida a confirmar o legitimar una determinada base. Esta «base» -escribió Stalin en 1950- «es la estructura económica de la sociedad en un determinado estadio de su desarrollo», y la sobreestructura consiste en las concepciones políticas, jurídicas, religiosas, artísticas y filosóficas de la sociedad, y en las instituciones políticas, jurídicas y de otro tipo que corresponden a aquéllas:

“La sobreestructura es un producto de la base; pero esto no significa que refleja meramente la base, que es pasiva, neutral, indiferente al destino de su base, al destino de las clases, al carácter del sistema. Por el contrarío, tan pronto como surge, se convierte en una fuerza sumamente activa, que ayuda activamente a su base a configurarse y a consolidarse, y que hace todo cuanto puede para ayudar a que el nuevo sistema llegue a su cima y elimine la vieja base y las viejas clases.

No puede ser de otra manera, La base crea la sobreestructura precisamente con objeto de que la sirva, de que la ayude a configurarse activamente para la eliminación de la vieja base moribunda y de su vieja sobreestructura.”

Esto parece decir: «lo existente crea lo existente cuya primera función consiste en consolidar su propia existencia, y también en machacar todo lo que existió antes», Ésta es una descripción aproximada del estalinismo más conspicuo, en el cual el estado era realmente «una fuerza sumamente activa» que hacía cuanto podía para «eliminar la vieja base y las viejas clases», aunque los historiadores de la Unión Soviética alimentan la sospecha de que, al llegar a un determinado nivel, «lo existente» -de la sobreestructura de Stalin estaba creando artificialmente (y de una manera teoréticamente impropia) su propia base. Esto concuerda menos fácilmente con otra de las notables formulaciones de Stalin:

“La sobreestructura no está directamente ligada con la producción, con la actividad productiva del ser humano. Está ligada con la producción sólo indirectamente a través de la economía, a través de la base. La sobreestructura, por consiguiente, no refleja inmediata y directamente los cambios en el desarrollo de las fuerzas productivas, sino que los refleja sólo después de producirse cambios en la base, a través del prisma de los cambios impresos en la base por los cambios en la producción. Esto significa que la esfera de acción de la sobreestructura es estrecha y restringida.”

No tengo la intención, en estos últimos tiempos, de examinar las credenciales de Stalin como teórico marxista. El propósito actual consiste en señalar una idéntica, reificación del proceso histórico tanto en Smelser como en Stalin, que se incluye en las premisas y se extiende hacia el vocabulario empleado en el análisis; ambos ofrecen o pretenden ofrecer, la historia como «proceso sin sujeto»; ambos concurren a expulsar de la historia la acción humana, salvo como los «soportes o vectores de ulteriores determinaciones estructurales; ambos presentan la conciencia y las prácticas del hombre como cosas automotívadas.

Hay aún otra cuestión. El concepto explícito de la historia como «proceso sin sujeto» es un descubrimiento no de Smelser ni de Stalin, sino de Althusser; el cual, por añadidura, sostuvo que esto es «la base de todos los, análisis de El capital» (LF, p. 117; PH pp. 182-185; Ensayos, p. 51). Pero podemos conjeturar que el origen de esta observación tan notable reside en la obra de Stalin Marxismo y lingüística, texto por el cual Althusser ha mostrado siempre un respeto fuera de lo común. Es sabido que Althusser ingresó en el partido comunista francés en 1948; entonces sintió estar enfrentándose, subjetivamente, con una gran dificultad; «Un filósofo profesional que ingresa en el Partido sigue siendo, ideológicamente, un pequeño burgués. Debe revolucionar su pensamiento con objeto de ocupar una posición proletaria de clase en el terreno de la filosofía» (LF, p. 17). Ante esta dificultad, echó los dientes con la «original» contribución de Stalin a la teoría (1950), que proporcionó el primer choque» que empezó a desalojar el sectarismo y dogmatismo característicos del movimiento comunista en sus inicios. O así es como presenta el acontecimiento retrospectivamente, en «un período que se puede sintetizar caricaturescamente en una sola frase, con una bandera o­ndeando en el vacío: “ciencia burguesa, ciencia proletaria”»:

“Paradójicamente, hizo falta nada menos que Stalin, cuyo contagioso e implacable sistema de gobierno y de pensamiento inducía dichos delirios, para reducir esa locura a algo más de razón. Leyendo entre líneas las pocas y sencillas páginas en las que reprochaba el celo de los que pretendían a toda costa demostrar que el lenguaje era una sobreestructura, entrevimos que había límites al empleo del criterio de clase, y que se nos había enseñado a tratar la ciencia -siendo la condición de científico algo que se atribuía a cada una de las páginas de Marx- como una ideología cualquiera. Tuvimos que dar marcha atrás, y, sumidos en la confusión, volver a los primeros principios. (PM, pp. 12-13)”

Es así como presenta su propio desarrollo intelectual: un «pequeño burgués», iniciado en el dogmatismo estalinista, pero rescatado de su más extremo delirio... por Stalin, La operación de rescate le dejó, precisamente, con el concepto inmanente de la historia como «proceso sin sujeto», con un vocabulario estructuralista reificado, con una inexorable y mecánica metáfora de base y sobreestructura... ¡y con una noción del marxismo como «ciencia» no perteneciente a ninguno de los dos niveles!

Althusser, naturalmente, ha negado, después de Lire le Capital, que su versión del marxismo sea un estructuralismo, aunque admite que «el cachorro se escurrió entre mis piernas».


(pags. 201 –202)

Después del 4 de noviembre de 1956, cuando las tropas soviéticas entraron en Budapest, se inició una acción disciplinaria realizada en todo el movimiento comunista internacional, con objeto de reimplantar los controles disciplinarios del estado o partido, de restablecer la ortodoxia ideológica, y en definitiva para reconstruir, en unas condiciones distintas, un estalinísmo sin Stalin. Esto tuvo lugar, en circunstancias y en países diferentes, con ritmos y formas también diferentes; en un lugar, una acción policíaca tangible (Nagy fusilado, Tibor Dery encarcelado, militantes antiestalinistas de los consejos obreros de Budapest una cosa o la otra); en otro sitio, la expulsión de «revisionistas», el cierre de periódicos disidentes, la restauración de las normas estalinistas más rígidas de centralismo democrático. Junto con esto, naturalmente, hubo una acción de la policía ideológica. Se consideró que el «principal enemigo» era no el trotskismo (que constituía una tendencia subordinada dentro de la oposición), sino el «revisionismo», los «renegados», los «elementos pequeñoburgueses», y su virus ideológico era identificado como «moralismo» y ... como «humanismo socialista»-.

Así, pues, podemos considerar la emergencia del althusserísmo como una manifestación de una acción policíaca general en el campo de la ideología, como el intento de reconstruir el estalinismo en el nivel de la teoría.

[pags. 203-204

[...] Cuando las ilusiones finalmente se disiparon en 1956, la tarea de Althusser consistió en cerrar los ojos de la gente y taponar sus oídos, en dar una forma más sofisticada la entera estructura corrompida de la falsedad.

Nunca me dejé engañar, ni siquiera por un instante, por esta estructura. Tampoco mis camaradas y amigos. Lo conocíamos desde hacía tiempo, lo conocíamos demasiado bien. Althusser era, para nosotros, el viejo enemigo, las razones del poder estalinista.

[...]

Pues entonces ¿donde estaba Althusser en 1956? Sabemos la respuesta. En realidad este adverbio ya debería colocarme a mí en una posición incomoda, como a todos los canguros arrepentidos: si preguntamos por 1956 ¿por qué no preguntar también por 1953, 1948, etc? [o 1936-37,1932,1927...] Sin embargo ¿como fue tan inexplicablemente pospuesta la «crítica» de Althusser? En 1956 se «reveló» ampliamente, de manera oficial, que el estalinismo, durante décadas, había estado aplastando seres humanos como moscas –lo mismo comunistas que no comunistas- y, nueve años, más tarde, Althusser carraspeó, salió de su meditación rigurosa y musitó la palabra «dogmatismo»; después de otros siete años, volvió a carraspear y arriesgó la hipótesis de una «desviación» [...]el humanismo socialista era, por encima de todo, la voz de una oposición comunista, de una crítica total de la práctica y la teoría estalinista.[...]

(pag. 208)

Desde mi propia posición, no puedo imaginar ninguna ola en el movimiento obrero que esté mas a la «derecha» que el estalinismo. Desde cualquier punto de vista de una actividad independiente de la clase obrera, de libertad socialista, ¿cómo es posible estar más a la «derecha» que el antihistoricismo y el antihumanismo de Althusser?.

(pag, 209)

[...] Y ahora se trae a un contorsionista para ilustrar el juego de manos. Un cierto Grahame Lock, que ha sido llamado para presentar los últimos escritos de Althusser y Balibar a un público británico, se coloca en el centro de la sala y glosa los textos. El economicismo es «descuidar la lucha de clases, y descuidar la lucha de clases es ‘humanismo’, Stalin fue descuidado en este asunto, y «cayó tanto en el economicismo como en el humanismo». De ahí que cayera (como nos ocurrió a nosotros en 1956) en ciertas trampas preparadas por la astucia de la burguesía. Los ‘gulags’, los procesos falsificados y todo lo demás «fueron ‘métodos burgueses’ usados contra la burguesía, y tuvieron efectos desastrosamente contraproducentes». «Los procesos y las purgas desempeñaron un papel ‘determinado en última instancia por la lucha de clases en el interior de la URSS’, aunque en la práctica sus víctimas fueron las “indebidas”» (Ensayos pp. 14-15). Dejaremos en este punto al señor Lock retorciéndose en el suelo, con un pie detrás del cuello y el otro en la boca. Solo le habíamos hecho entrar para tener un entretenimiento ligero.

[...]

Toda esta sección ha sido espantosa... Solo la he escrito por compasión hacia la inocencia de una «generación postestalinista». Un día u otro alguien tenia que contarles las cosas.

[...] Pueden preguntar: «¿Por qué hacéis volver a todas estas antiguallas?.[...]


[pag. 210-213]

Mi respuesta breve es esta: no sois una «generación postestalinista». Sois una generación en cuyo seno las razones y legitimaciones del estalinismo, mediante la «práctica teórica», vienen siendo reproducidas día tras día. [...]

Debemos distinguir —como con todos los problema-» de este tipo entre el estalinismo como acontecimiento histórico/político/sociológico particular, y la ideología, las instituciones y las prácticas que surgieron dentro de este momento concreto del acontecer. El estalinismo en el primer sentido pertenece sin duda al pasado. No fue algo enteramente planeado, ni fue —como parecen suponer Althusser y Lock— el resultado de alguna «desviación» en la teoría, algún tropiezo momentáneo en el rigor teórico de Stalin. Fue el producto de acciones humanas frustradas, en el marco de una serie de contingencias desesperadas y bajo las severas determinaciones de la historia soviética. Este muy difícil examen debe ser proseguido según su propia lógica. En un determinado momento, el estalinismo puede verse como una formación social sistemática, con una lógica y una legitimación ideológicas correspondientes: el marxismo-leninismo-estalinismo. De esta matriz histórica surgió el estalinismo en el segundo sentido. El estalinismo fue no sólo ciertos «errores» o ciertas prácticas insatisfactorias, que, después de unos veinte años, incluso Althusser es capaz de denominar «crímenes». No sólo estamos hablando —por favor, que nadie lo olvide— de unos cuantos millones de personas (la mayoría de las cuales eran «indebidas») muertas o confinadas en ‘gulags’. Estamos hablando también de la deliberada manipulación del derecho, los medios de comunicación, la policía y los órganos de propaganda de un estado para bloquear el conocimiento, difundir mentiras, difamar a ciertas personas; de procedimientos institucionales que confiscaban al pueblo soviético todos los medios de autoactivación (ya sea en formas democráticas o de control obrero), que substituían a la clase obrera por el partido, al partido por los dirigentes (o el dirigente) del partido, y a todo y todos por los órganos de seguridad; de la confiscación y centralización de toda expresión intelectual y moral a manos de una ortodoxia ideológica de estado; en suma, no sólo la supresión de las libertades democráticas y culturales de los «individuos», lo cual ha llegado a ser lamentado incluso por el eurocomunismo (y nos alegramos de que sea así), si bien incluso en el momento de lamentarlo se supone a veces que estas libertades de. disidencia individual son «extras», suplementos al menú de la construcción socialista, que después de sesenta años el estado soviético debería ser capaz de permitirse; no es sólo esto, sino que además, en el contexto de la usurpación de los «derechos» individuales al conocimiento y a la expresión, se añade la subsiguiente usurpación de los procesos de comunicación y de formación del conocimiento de todo un pueblo, sin los cuales ni los trabajadores soviéticos ni los campesinos colectivizados pueden saber qué es cierto ni qué piensa cada cual.

Así pues, de esta matriz histórica surgió el estalinismo como un conjunto de instituciones y prácticas. Y junto con ellas surgió la apología, la legitimación teórica de la práctica. Difundiéndose fuera de la Unión Soviética, a través de la Komintern, esto impregnó todo el movimiento comunista internacional. Las prácticas y la ideología fueron reproducidas, y los agentes de esta reproducción (el núcleo central y de confianza de las burocracias de los partidos comunistas de los distintos países) se convirtieron, según una analogía muy exacta, en la casta sacerdotal de una Iglesia universal, que practicaba la apologética teológica y la homilética «humanística», que embaucaba directa y conscientemente a sus propios militantes, que mostraba una gran agilidad en la casuística y que reforzaba su control mediante procedimientos y formas característicos del estalinismo: el «centralismo democrático», la supresión de las fracciones y del debate, el control exclusivo de los órganos políticos, teóricos y (en la medida de lo posible) intelectuales del, partido, la difamación de críticos y oponentes y la manipulación disimulada de compañeros de viaje y organizaciones de masas. No es verdad que el comunismo internacional «no supiera» nada del estalinismo antes del XX Congreso del PCUS; sabía mucho y lo asumía como propio, a la vez que no 'quería' saber de lo demás y lo denunciaba como calumnia; lo que «no sabía» es que era entonces «correcto» denunciar como crímenes de ‘un’ solo hombre lo que antes había ensalzado y elogiado con el lenguaje de la teoría marxista.

[...]

La primera es que nunca hemos dicho o supuesto, ni por un momento, que esto era ‘todo’ lo que el comunismo internacional hizo, hace o ha venido haciendo a lo largo de estas décadas. Los comunistas nunca pueden ser reducidos a agentes de una conspiración estalinista: han estado haciendo cientos de otras cosas, muchas de ellas muy importantes y situadas dentro de una tradición socialista auténtica y alternativa, algunas heroicas y algunas otras tales que nadie más las habría hecho. Esta es una de las razones por las que los combates ‘en el interior’ del comunismo han sido tan agudos. La segunda reserva es que en nuestra lucha contra el estalinismo nunca hemos dejado, ni por un instante, que nuestro combate contra el capitalismo y el imperialismo occidental se interrumpiera. No solo esto, sino que nunca caímos en el propósito deshonesto de separar el estalinismo de su génesis histórica en una situación de emergencia y contingencia producida en buena parte por la furiosa hostilidad del capitalismo internacional ante el surgimiento de cualquier sociedad socialista. Nunca supusimos que el estalinismo hubiera de ser atribuido en su origen a tal o cual «error» teórico, ni a la maldad innata del marxismo, ni que el análisis quedaría zanjado con un chascar de la lengua moralmente desaprobatorio. Siempre consideramos al capitalismo internacional como coautor de la degeneración socialista.

Pero de esa profunda degeneración, en la realidad social, en el pensamiento y en las formas organizativas, no tuvimos nunca la menor duda.

(pags. 214 217)

Sin embargo, ¿pertenece realmente al pasado? Pues ha sido no sólo un proceso histórico particular, sino también uno de los más extremos desastres de la mente y de la conciencia humanas, un punto final del espíritu, una zona catastrófica en la que toda profesión socialista de «buena fe» era destruida y llevada a la hoguera, Y sí uno se amamantó en esta zona, dando saltos y proclamando que eso era la utopía, ¿puede uno librarse de ello con sólo unos pocos saltos oportunistas más?

Así que dejemos de jugar al «juego de las generaciones»». Si tomamos el estalinismo en su segundo sentido, como conjunto de formas institucionales, prácticas, teorías abstraídas y actitudes dominantes, entonces la «generación postestalinista» no ha nacido aún. El estalinismo en este sentido nos dejó la tarea del presente, y sus formas y modos «pesan como una montaña» sobre los cerebros de los vivientes. Y los vivientes, no importa la generación a la cual pertenezcan, necesitan su fuerza combinada para mover esa montaña. Si uno ha tenido una montaña sobre su cerebro, sabe que no se la puede quitar con un simple encogimiento de hombros («economicismo», «humanismo»).

No sólo quiero decir que la Unión Soviética, la mayor de todas las montañas, está gobernada por prácticas y legitimada por una ideología de estado (el «marxismo») que derivan directamente del estalinismo. (Puedo predecir [1978] con seguridad que en los próximos veinte años tendremos ocasiones espeluznantes para recordarnos esto; que las multiformes afirmaciones espontáneas del pueblo soviético, en la mayoría de los casos, expresarán un rechazo agudo del partido [Polonia, 1980] y su ideología; y que el señor Marchais [PCF] se enfrentará a repetidos retrocesos electorales.) No sólo quiero decir que la enigmática China revive, año tras año, recuerdos turbadores; cuando los dirigentes más respetados del país, y marxistas clarividentes, se convierten de un día para otro en una «banda de los cuatro», no entendemos lo que está pasando, pero sabemos que nadie lo explicará, ni a nosotros ni al pueblo chino, y nos acordamos con malestar de otros casos anteriores de descubrimiento de «traidores» en la cúspide misma del poder. Tampoco quiero decir sólo que haya ciertas continuidades en el personal, las formas, los procedimientos, el vocabulario, la estrategia y los métodos de los partidos eurocomunistas «reformados», continuidades que pueden ser modificadas por medidas oportunistas pero que muy a menudo, pueden no estar sometidas a una crítica a fondo y de principio (como no sea por un «enemigo del partido»). Se lo he preguntado a mi gato, y me ha explicado que todo eso es lo que le había hecho reír. Pero hay aún algo más que todo lo dicho. Se trata de lo que ha sido el tema de todo el presente ensayo.

El estalinismo, en su segundo sentido, y considerado como teoría, fue no un «error», ni siquiera dos «errores», susceptibles de ser identificados, «corregidos», lográndose así que la Teoría resulte reformada. El estalínismo no tuvo una actitud de distracción ante los crímenes, sino que los alimentó. En el momento mismo en que el estalinismo emitía retórica «humanista», ocluía las facultades humanas como sí el hacerlo fuera parte de su necesario modo de respiración. Su mismísimo aliento hedía (y todavía hiede) a inhumanidad, porque encontró una manera de ver en las personas los portadores de estructuras {kulaks} y en la historia un proceso sin sujetos. No es una teoría admirable estropeada por algunos errores; es una herejía contra la razón, que propone que todo el conocimiento pueda concentrarse en una sola Teoría, de la cual él es el único arbitro y guardián, No es una «ciencia» imperfecta, sino una ideología que se ampara en el buen nombre de la ciencia con el fin de negar todos los derechos independientes y toda autenticidad a las facultades morales e imaginativas. No es sólo un compendio de errores; es un marco del cual fluyen sin cesar nuevos errores («equivocaciones», «líneas incorrectas» ). El estalinismo es un modo de pensamiento diferenciado, ideológico, una organización teorética sistemática del «error» para la reproducción de más «error».

Todo esto pude percibirlo, aunque de modo confuso, cuando el humo ascendía en el cielo de Budapest. Miles de otras personas, en mil lugares diferentes, pudieron ver lo mismo. Yo detallé los «errores» de la teoría estalinista, uno por. uno: la «dictadura del proletariado» (en su versión estalinista), el «vocabulario militar», la teoría del partido:

“También la teoría mecánica de la conciencia humana es errónea; y la teoría según la cual la ciencia histórica, «puede llegar a ser una ciencia tan precisa como la biología, pongamos por caso» la subordinación de las facultades imaginativas y morales a la autoridad política y administrativa es errónea ... el temor al pensamiento independiente... la personificación mecánica de fuerzas de clase inconscientes ... todo eso es erróneo”

E identifiqué también los órganos reproductivos de todo ese prolífico «error»: «el modo de pensamiento estalinista es ... el del idealismo mecánico» y «debemos considerar el estalinismo como una ideología, como una constelación de actitudes partidistas y de ideas falsas, o parcialmente falsas», «que establece un sistema de falsos conceptos en el interior de un modo de pensamiento que es idealista, en el sentido marxista de la palabra». Finalmente, identifiqué la propia, pretensión de Stalin a la preeminencia como aplicador de este sistema. No sólo era, según se había descubierto en el día de su cumpleaños, el Supremo Marxista, el Supremo Filósofo, el Suprema Lingüista, etc., sino que era también el Supremo Canguro. Pues un modo idealista de esta índole, debido a su impermeabilidad al discurso «empírico», debe por fuerza reproducir repetidamente «equivocaciones».y ««resultados erróneos». «El estalinista oscila entre el axioma y la 'Realpolitik',. el dogmatismo y el oportunismo. Cuando los axiomas dejan de producir resultados, se admite una "equivocación". Pero el marco del cual proceden las "equivocaciones" con tanta abundancia nunca se pone en tela de juicio.» ¡Hop!—(materialismo dialéctico)-—¡hop!—("práctica teórica)—-¡bump! AI final de este ejercido altamente teórico está el informe secreto de Jruschov,

Sí, todo esto podíamos verlo miles de nosotros. Pero no podíamos, en definitiva, identificar la organización de la estructura teórica de Stalin. Esto no se debía sólo a nuestra incompetencia. Se debía también a que esta estructura, en su pura belleza teorética y en su coherencia conceptual, no había sido aún elaborada. Pues Stalin era una mezcla de teórico marxista, de pragmático y de hipócrita. Tuvo tiempo de atender a algunas partes del sistema (la «base crea la sobreestructura precisamente con objeto de que la sirva»), pero éste estaba lleno de grietas y huecos, que él remendaba con retórica humanista, decisiones empíricas y decretos represivos. Sólo en nuestra época ha recibido el estalinismo su expresión teórica auténtica, rigurosa y totalmente coherente. Esta expresión teórica es el planetario althusseriano.

No quiero ser desconsiderado con una «generación postestalinista», pero hace falta ser terminante. Los prácticos teóricos están muy impregnados de un concepto central de Marx; el de que un sistema productivo dado no sólo produce bienes, sino que se reproduce a sí mismo, sus relaciones de producción y sus formas y legitimaciones ideológicas. Éstas, a su vez, se convierten en una condición necesaria del proceso de reproducción. El estalinismo como ideología ha seguido reproduciéndose a sí mismo mucho después de haber pasado el momento histórico concreto de su realización más genuina. Y mientras ocurra esto en la teoría, tenderá a reproducirse a sí mismo en los hechos; no exactamente de la misma manera, por supuesto, pero en una forma suficientemente incómoda para sus objetos humanos, e incluso para algunos de los intelectuales que le sirven como sacerdotes oficiantes. De modo que, lejos de ser una «generación postestalinista», los althusserianos y los que comparten sus premisas y sus maneras idealistas trabajan duramente, día tras día, en la cadena de montaje teórica de la ideología estalinista. En términos de teoría, ellos son los estalinistas. Son los portadores de esas «razones» de irracionalidad e inhumanidad contra las cuales formulamos las tareas de 1956...


[pag. 248]

Además, si aspiramos a alguna forma de sociedad futura caracterizada como «socialista», no hay error más paralizante y peligroso para la práctica de cualquier libertad humana que la idea de que hay algún modo de producción «socialista» (equivalente a propiedad pública o estatal de los medios de producción), en cuyo seno vienen ‘dadas’ unas relaciones de producción «socialistas» que proporcionarán una garantía categorial de que una cierta sociedad socialista inmanente (es decir, unos valores, unas ideas, unas instituciones, etc.) procederá a su ‘propio despliegue’: tal vez no instantáneamente (pues hay la «autonomía relativa») etc., etc.), pero sí a su debido tiempo, a partir del seno del modo de producción mismo. Esto es enteramente falso: cada opción y cada institución está todavía por hacer, y suponer otra cosa equivale a caer en un error tan asombroso por su crudeza mística como la idea althusseriana de que bajo Stalin la «infraestructura socialista» pudo «desarrollarse, en lo esencial, sin perjuicios» (p. 245). Así lejos, de que la Teoría nos haya ofrecido tan confortadores garantías, la aparición de tan monstruosas teologías metafisicas (en las que desaparecen la voluntad, la elección, los valores y los hombres y mujeres mismos) –en el interior de partidos y de ideologías que pretenden estar en la vanguardia de las aspiraciones socialistas- es una premonición de mal agüero. Debemos liberar nuestras mentes ‘ahora mismo’: si esa ideología llega jamas a reivindicar su participación en el poder, será demasiado tarde


(pag. 256-257)

Es en la noción misma de marx-‘ismo’ como «Ciencia» donde encontramos la auténtica marca registrada del obscurantismo, y de un obscurantismo tomado, como tantas otras cosas, de una ideología burguesa de gran longevidad. Los utilitaristas, los maltusianos, los positivistas, los fabianos y los estructural-funcionalistas suponen –o supusieron- todos ellos que practican una «ciencia» y el menos inhibido de los centros académicos con ideología capitalista sin paliativos en la Inglaterra contemporánea se proclama Escuela de Economía y ‘Ciencia’ Política. Cuando Marx y Engels pretendían estar aplicando métodos científicos al estudio de la sociedad, la pretensión podía a veces sostenerse; si suponían que estaban fundando una Ciencia (el Marx-‘ismo’) estaban encerrando en una prisión su propio conocimiento.

[...]Hombres honorables como Cornelius Castoriadis, que no han abandonado jamás ni por un instante su compromiso contra el capitalismo, han dejado la tradición marxista así: la ven como irreparable, intrínsecamente elitista, dominante y antidemocrática (los «científicos» frente al vulgo restante), y condenado por sus frutos ortodoxos y estalinistas [...] Pero la tradición marxista abierta, exploratoria, autocrítica ha sido otro desarrollo enteramente distinto. Su presencia puede detectarse en todas las disciplinas, en muchas prácticas políticas y en todas las partes del mundo.

(pag 266)
[...]invencible formula estalinista, pronunciada en todas las ocasiones difíciles por todos los plumíferos del partido: la verdadera moralidad coincide con todo lo que promueve los mejores intereses de la clase obrera; el partido, guiado por la «ciencia» marxista, es el más capaz para decidir cuales son esos mejores intereses (¡que suerte tiene la clase obrera de tener un papá así!); y puesto que lo que está en cuestión son ‘intereses’, que pueden ser determinados con la precisión propia de la ciencia, no puede entrar en consideración ninguna elección de valores (o de medios). Cuando el partido decidió, después de la muerte de Stalin, que éste había estado equivocado en algunos puntos, no se tomó en absoluto en cuenta la hediondez moral del estalinismo: una investigación sobre este ‘asunto’ podría haber arrojado sospechas incluso sobre el marxismo y el partido. El vocabulario permitía solo «errores» y «equivocaciones», es decir, juicios errados sobre los mejores intereses. El hecho es que, unos años más tarde, haya sido autorizado el término, decididamente acientifico, de «crímenes», puede atribuirse no a revisionismo, sino a un reflejo oportunista ante la sensibilidad moral acusatoria de millones de personas.

(pag. 271)
[El estalinismo ha supuesto] la subordinación de la imaginación (y del artista) a la sapiencia del partido; la imposición de una idea de «realismo político» que rechaza todo debate sobre valores, a todos los niveles de la organización del partido; la estrategia y la estrecha propaganda economicistas basadas en la necesidad material, que es ciega a áreas enteras de necesidades de otro tipo (sexual, cultural), que menosprecia los recursos culturales propios de las personas y que asume lo que el pueblo realmente «quiere» pero sin permitirle a él elegirlo. Como consecuencia, debido a su inhibición de todo «utopismo» y a su represión de la «educación de los deseos», reproduce en el interior del capitalismo las razones mismas del capital –la definición utilitarista de «necesidad»,- y por ende, en el momento mismo en que invita a luchar contra su poder, inculca la obediencia a sus reglas.

[...]

(pag. 290)

Pero, ¿como es posible decir que no hay enemigos de esta índole después de la experiencia del estalinismo, después de Budapest de 1956 y de Praga de 1968?

 
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[21-8-2010] | 1759 lecturas | 6 comentarios

¿Lecciones del stalinismo?

Iñaki Gil de San Vicente | Para Kaos en la RedEl marxismo extrae lecciones incluso de sus peores enemigos, en este caso del stalinismo, porque la dialéctica materialista afirma que en todo océano de error siempre descubre una gota de verdad.
[16-6-2010] | 4256 lecturas | 116 comentarios

Aumenta el número de nostálgicos de la Unión Soviética en Rusia en grupos de todas las edades

Pravda | Los rusos sienten pesar por la desintegración de la Unión Soviética y este sentimiento es compartido por la mayoría de personas entrevistadas.
[23-12-2009] | 2058 lecturas | 7 comentarios

Louis Althusser y otras cuestiones

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la RedUn repaso al nº 251 (diciembre 2008) de El Viejo topo, entre otras cosas, me ha traído un recuerdo de Louis Althusser, tan olvidado
[13-12-2008] | 3867 lecturas | 16 comentarios

Respuesta a Manuel Taibo. Reflexiones sobre el stalinismo (y 2)

Antonio Liz | Para Kaos en la RedAnalizar el stalinismo no es criminalizar a los miles y miles de trabajadores que militaron en la época de la URSS en los Partidos Comunistas. De ninguna manera, bajo ningún concepto, de eso nada.
[23-11-2008] | 1793 lecturas | 8 comentarios

Respuesta a Manuel Taibo. Reflexiones sobre el stalinismo (1).

Antonio Liz | Para Kaos en la RedHoy no querer ver lo que fue verdaderamente el stalinismo es darle un balón de oxígeno a la burguesía y restarle capacidad de lucha a la clase trabajadora.
[18-11-2008] | 2643 lecturas | 64 comentarios

Comentarios (3)

Sobre marxismo y stalinismo

Enrique|27-11-2007 13:13

¿Se ha publicado en castellano el libro de Thompson? En caso afirmativo, ¿en qué editorial?

Gracias

Enrique

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Para Enrique

Mazhuku|27-11-2007 20:40

Sí, hay una edición de la Editorial Crítica, del año 81.

Salud

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interesante

leyes|11-12-2007 15:38

La obra de thompson va mucho mas alla del materialismo histórico, la coyuntura que genera. Y a lo largo de su vida ha ido madurando, como un instrumento de conocimiento. Sin embargo debe tomarse en cuenta que la problematica radica en el cientificismo.

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