Estadísticas y escala de valores morales.
La estadística es una ciencia que como herramienta ayuda a detectar desviaciones del rumbo o planeamiento trazado pero no es capaz de reflejar en números fríos la pérdida de los valores morales.
Nuestro aparato burocrático hace un buen uso de las estadísticas y da a conocer sólo aquellas que magnifican de alguna manera los logros alcanzados, que no son nada despreciables desde el punto de vista de la sociedad y son loables los logros en la mortalidad infantil que este año alcanzó un significante y encomiable 4.5 por cada mil nacidos vivos, que nos sitúa a la cabeza de América en este rubro.
Pero no todos los datos que se reflejan en las estadísticas dejan ver la verdad de nuestra situación del actual nivel de vida, cosa que atañe muy directamente a todos, y como humanos racionales “el hombre piensa según vive”. Hay parámetros que se dejan de introducir en determinadas coyunturas para evitar dar una mala imagen de los avances de nuestro proceso social, al que ya lamentablemente no podemos llamar socialismo, tal como nos lo enseñaron en las escuelas y como lo replantearon los grandes pensadores del Marxismo incluyendo por supuesto al propio Marx. Si hablamos de muertes maternas ya el índice cambia sustancialmente a pesar de que se le han suprimido datos inconvenientes a las estadísticas, asistencia primaria, accesos a estudios especializados como; análisis especiales de laboratorios, radiografías, resonancia magnética, tomografías y otros que sólo son asequibles por una minoría burocrática y clasista de la sociedad y otros parámetros desvirtuados como los relativos al índice de desempleo, son sólo ejemplos de la manipulación de las estadísticas que no se informan y se ocultan deliberadamente para salvaguardar la imagen internacional a toda costa.
Análisis de informe preliminar de la CEPAL del 2008.
A comienzos de 2009, aún no había estadísticas de la producción en 2008 (salvo el azúcar) por lo que se reportan las de 2007 en 20 bienes clave para consumo interno y exportación, y 14 de ellos estaban muy por debajo del nivel de 1989. El mejor desempeño se produjo en la minería gracias a la inversión extranjera: la obtención de gas natural aumentó 35 veces (era minúscula en 1989); la de petróleo, cuatro veces, y la de níquel, creció un 62%, aunque desde 2003 la producción de petróleo declinó y la de níquel se estancó. La producción interna de petróleo y sus derivados satisface sólo el 35% de las necesidades; el resto, es importado. Cuba estima sus yacimientos de petróleo potenciales en la costa norte en 20.000 millones de barriles, pero aún no se ha producido un descubrimiento importante de crudo comercialmente rentable.
La participación industrial en el PIB cayó del 28 al 15% en 1989-2007. En este último año, la producción en la mayoría de las manufacturas era muy inferior a la de 1989: el azúcar (antes la exportación principal) se redujo un 82% y fue la peor cifra en un siglo. Acero, cemento, textiles, fertilizantes, zapatos y jabón disminuyeron entre el 17 y el 98%.
La generación de electricidad creció un 13%, manteniendo el mismo nivel por habitante después de 18 años. La producción de puros aumentó un 34%.
El peor desempeño ha sido en la agricultura, cuya participación en el PIB cayó del 10 al 4% entre 1989 y 2007. La producción en 2007 estuvo por debajo de la de 1989: un 23% en número de cabezas de ganado vacuno; entre el 12 y el 68% en leche, arroz, huevos, cítricos y pescado-marisco, y un 38% en tabaco en rama, crucial para la manufactura de puros. Por el contrario, aumentó un 117% la producción de tubérculos (un 24% por debajo de su cenit de 2004). En resumen, ha ocurrido un declive radical en la autosuficiencia alimenticia forzando a la importación del 84% de la canasta básica de alimentos, incapaz, aun así, de satisfacer las necesidades.
Mientras disminuyó la participación de la industria y la agricultura en el PIB, la de los servicios saltó del 48 al 73% entre 1989 y 2008, para generar el 70% del crecimiento del PIB, aunque su valor es sobrestimado por la nueva metodología del PIB usada en Cuba.
Indicadores sociales
La tasa oficial de desempleo fue del 1,6% de la población económicamente activa (PEA) en 2008, un 80% inferior a la de 1989 y la menor en América Latina. Pero esta tasa subestima seriamente el desempleo real, al contar como empleados a trabajadores despedidos en reentrenamiento, a estudiantes que reciben un pago, a cultivadores a tiempo parcial de alimentos en los traspatios de sus casas y jardines urbanos. En 2008, 300.000 personas permanecían “desvinculadas del trabajo” (6% de la PEA) y subsiste el desempleo encubierto. Los economistas cubanos consideran imposible continuar creando puestos de trabajo con pérdidas sistemáticas en la productividad.
La razón de médicos por 10.000 habitantes es la mayor de la región, aunque el 40% de ellos trabaja en el extranjero, principalmente en Venezuela, provocando una severa escasez interna. La mortalidad infantil en 2008 fue del 4,7% (versus un 11% en 1989), la más baja del hemisferio después de Canadá. Por el contrario, la mortalidad materna en 2006 era de 49 por 100.000 (versus 29 en 1989). La infraestructura hospitalaria, de agua potable y alcantarillado se ha deteriorado seriamente y hay una severa escasez de medicamentos, la mayoría accesible sólo en tiendas en divisas.
Como se pueden apreciar de estos datos hay mucha tela por donde cortar en cuanto a la información estadística que se le debe de brindar a la población para que esté preparada y pueda conscientemente participar activamente en la recuperación del nivel de vida de la sociedad, no se trata de simples índices y si se mantienen las actuales información oficialistas a la población sólo basados en pragmatismos y magnificencia de lo hasta ahora alcanzado, jamás lograremos levantarnos con el actual estado de ineficiencia burocrática y sin aplicar en la producción a trabajadores asociados y no a esclavizados por un salario misérrimo.
Si se pudiera reflejar el tema de los valores morales creados en la sociedad en índices estadísticos, nos moriríamos del susto y obtendríamos un lugar nada halagüeño en el hemisferio sobre el cual comparamos todos nuestros logros sociales y económicos. Nadie puede desestimar o ignorar los altos valores morales de la generación del centenario, ni de nuestra gloriosa juventud universitaria con la FEU al frente y que se constituyeron posteriormente en el frente del Directorio en el Escambray, y donde se formaron esos valores morales? “no fue por que existía el capitalismo” sino porque el seno familiar los propugnaba, además de que por suerte existieron mentes preclaras como la de Eduardo Chivás y otros líderes que no dejaron morir el ideario martiano, entonces porqué se pierden esos valores en el socialismo que nos han aplicado, para eso quiero exponer algunos fragmentos de un valioso escrito de Roberto Fernández Retamar a continuación.
LA CRISIS DE VALORES EN CUBA. Roberto Fernández Retamar (parcial)
Con independencia de las diferencias que, a causa del cambio generacional y de época, debe producirse en la sociedad cubana de nuestros días, no es menos cierto que se aprecia a todas luces, en la mayoría de las personas menores de cincuenta años un evidente abandono de las buenas costumbres, las tradiciones, normas morales, de convivencia social y de respeto mutuo; un creciente y peligroso irrespeto al derecho ajeno, a la propiedad social, al cuidado del entorno, a las personas mayores; y un crecimiento inversamente proporcional de la chabacanería, las malas conductas sociales, el desapego al trabajo, la violación de la ley y el incremento de las maneras incorrectas; la falta de educación formal, el desconocimiento y la falta de interés por la Historia patria y la lengua materna, la cultura autóctona… Tendencias que se incrementan en la medida en que sea mayor el universo que se estudie. Pero, sobre todo, llama la atención que este fenómeno ocurra, precisamente, en este gran segmento poblacional, integrado por diversos grupos sociales de diferentes generaciones, la mayor parte de ellas a estas alturas ya bien alejadas de la juventud y, por tanto, de los cambios generacionales antes mencionados; las que, sin embargo, tienen como denominador común haber nacido y crecido dentro de la Revolución. Asimismo, llama también la atención esa común actitud de marinero presa del pánico frente al inminente “sálvese quien pueda”: tirarlo todo por la borda y no buscarse problemas por nada, pues nada que no sea lo propio interesa ya a nadie.
Luego entonces, podríamos preguntarnos: ¿Cómo es posible semejante paradoja en un país con un gobierno que lo ha dado todo por su pueblo, particularmente en la educación, al cual se le considera modelo universal en ese terreno? Trataré de explicarlo desde mi punto de vista, a partir de la relación directa que le veo a esta problemática con la esencia de mis trabajos, anteriormente publicados en este mismo espacio, los que el lector habitual de este sitio debe conocer y tal vez recuerde.
Luego entonces, los valores morales son el resultado de un largo proceso educativo y de influencias de diversas índoles, que nos llegan a través del medio familiar, la comunidad, la escuela, los maestros, las normas jurídicas, los órganos de justicia, el estado como tal y sus instituciones, así como de la sociedad en su conjunto, que llegan a formar parte, lenta, espontánea y voluntariamente, una vez convertidas en profundas convicciones, de la conciencia del sujeto, por lo que, una vez logrado este alto grado de concientización, los valores lentamente adquiridos llegan a condicionar, sin siquiera pensarlo ni proponérselo el individuo, la actuación del mismo, hasta autorregularla, acorde a la escala de valores morales que, para entonces, rigen su actuación cotidiana desde su mundo interior. O lo que es lo mismo, su escala de valores.
Ahora bien: Visto todo lo anterior se impone una pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con la supuesta crisis de los valores en Cuba? A partir de aquí trataremos de explicarlo, según nuestra apreciación. La pérdida de valores morales en la sociedad cubana que, sin dudas, hoy reviste un carácter, además de generacional también progresivo, a mi juicio pudiera tener su origen más lejano y profundo en las consecuencias de la violación continuada del ya aludido en anteriores trabajos principio de distribución socialista: “De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”
Pero la prolongada falta de satisfacción de las necesidades de la población, aumentadas por los rigores del interminable bloqueo económico, unido a los continuados errores en la dirección de la economía a nivel nacional, así como a las periódicas catástrofes naturales que en gran medida han ayudado siempre a enmascarar la responsabilidad de muchos por las malas decisiones económicas, así como las deficiencias en la educación, hizo que, poco a poco, la gente de las generaciones emergentes se fuera desentendiendo de aquel futuro luminoso prometido desde los tiempos de sus abuelos, y que nunca acababa de llegar y cada vez parecía estar más y más lejos, hasta convertirse para los jóvenes de hoy en una quimera en la cual creían menos cada día; pues al no ver solución a sus necesidades materiales de existencia, poco a poco dejaron de confiar en el discurso oficial y se desentendieron del mismo, poniendo en primer plano sus propios intereses individuales. No olvidemos que la miseria material engendra, en la mayoría de los casos, miseria espiritual, mucho más cuando se trata de una sociedad en tránsito del capitalismo al socialismo, en la que, al no haberse creado aun la base económica del socialismo, tampoco ha surgido la forma de conciencia social correspondiente a la nueva sociedad, y la que prevalece es la vieja conciencia social capitalista, que las jóvenes generaciones reciben por carácter transitivo del ambiente social y familiar en el que nacen y se educan, el cual ejerce una influencia más poderosa y decisiva en los niños y adolescentes que la que les llega de la escuela, los medios de difusión masiva y todo el Sistema de Valores Instituidos en su conjunto, pues no debemos olvidar aquella afirmación marxista:”el hombre piensa como vive”, (13 de Agosto del 2009).
Nota: Los subrayados son míos.
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