El 17 de enero de 1961, Eisenhower ordenaba, en ese que era el último día de su mandato, el asesinato de Patrice Lumumba. Se había atrevido a proclamar que los extraordinarios recursos naturales del Congo eran patrimonio de su pueblo. El comisionado de la policía belga Gerard Soete, presume hoy ante las cámaras de poseer dos dientes suyos, dos dedos y pelos arrancado aún en vida. Exactamente 40 años después, el 16 de enero de 2001, era asesinado el presidente Laurent Kabila, que iniciaba negociaciones con países incómodos como China o Venezuela. Eran los últimos días del segundo mandato de Bill Clinton, máximo responsable tanto por acción como por omisión –responsabilidad demostrable con multitud de pruebas que no caben aquí- de los terribles cambios producidos en Ruanda y el Congo durante sus dos mandatos, entre 1993 y 2001.
Criminales con aureola
Ahora también, justo en este interregno entre Bush y Obama, poderosos lobbies mineros quieren hechos consumados. Han dado a Ruanda la señal de ataque en la región del Congo fronteriza con Ruanda, el Kivu Norte. La banda de criminales de guerra que lidera Laurent Nkunda seguirá degollando y destripando con bayonetas a centenares de civiles indefensos como lo hizo hace unos días en Kiwanja. A pesar de que la personalidad y la misión de este títere del presidente ruandés, Paul Kagame, son a cuál más oscura, muchos se empeñan en presentarlo revestido de una especie de aureola de rebelde con causa. De hecho está perseguido formalmente por la justicia internacional junto a su mano derecha Jhon Bosco Ntaganda. Pero, gracias al poder de las más altas diplomacias, gozan de facto de una generosa impunidad.
Aquí en España
Importantes medios nacionales a los que sociedad española jamás toleraría la publicación de una cínica entrevista con un cabecilla de ETA, presumen sin embargo de haber logrado una con Nkunda hace tan sólo unos días. Una entrevista que, como mínimo, raya en la apología del genocidio, una entrevista sin la menor valoración crítica o ética por parte de la periodista ni del editor. Como si tanto sufrimiento no fuese ya suficientemente penoso, estos acontecimientos son analizados por la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación de una manera sorprendentemente mediocre, ambigua e incluso cómplice. A pesar de todo, la sociedad percibe que algo huele mal, percibe algo indecente. La pregunta “¿qué está pasando en el Congo?” y la queja “no se entiende nada”, son ya casi un clamor.
Ocultando a los verdaderos agresores
El ejército ruandés viene también participando directa e intensamente desde hace ya muchos días en estos ataques, hasta con tanques y artillería con las que Nkunda no cuenta. Altos responsables de la onU, cuyo papel, de nuevo lamentable, será juzgado duramente por la historia, se han visto forzados a reconocerlo tras las manifestaciones del Comandante en jefe del Ejército uruguayo, Jorge Rosales. El contingente uruguayo de cascos azules en Goma, la capital de Kivu Norte, es de 600 hombres. También a la sociedad internacional se la bombardea con armas de desinformación masiva. Estos días, en concreto, se la engaña con la falacia de que Ruanda se verá obligada a intervenir si Angola se atreve a aparecer en ese escenario del Kivu. Aunque la realidad es exactamente la contraria.
En el corazón de las tinieblas
Aún a riesgo de simplificar en demasía un conflicto tan complejo y, sobre todo, tan intencionadamente enredado para confundir a la opinión pública, voy a intentar formular de la forma más escueta y clara el núcleo del problema. Lo haré sirviéndome de la expresión de uno de los tres grandes líderes de las Azores: “aquellos que cuentan”. Se trata de una expresión sumamente reveladora de la mentalidad, del corazón, de la elite que controla los destinos de la llamada ‘comunidad internacional’. Control que ejercen según una lógica totalmente diferente a la del hombre ordinario, una lógica de grandes estrategias, una lógica inmisericorde. Se trata de una expresión reveladora de sus coordenadas mentales; de sus alianzas que, aunque aparentemente son públicas, ocultan acuerdos mucho más inconfesables; de su autoconciencia de ser los dueños de la fuerza y de la información, como presumió José María Aznar en su comparecencia sobre los atentados del 11-M.
El proyecto
Pues bien, “aquellos que cuentan” tienen, desde hace al menos dos décadas, un proyecto para toda la rica y estratégica África Central, como lo tienen para todo el Oriente Próximo. Un proyecto adaptable a las cambiantes circunstancias, pero cuyos objetivos finales, geoestratégicos y de control de los excepcionales recursos naturales de esa región, son claros e irrenunciables. Han decidido unilateralmente que los congoleños no están capacitados para realizar una explotación eficiente de los excepcionales recursos de su territorio y que son ellos mismos quienes deben efectuarla, o más bien controlarla, en beneficio de nuestra sociedad de consumo.
Potencias emergentes
Frente a ellos, aquellos que quieren empezar a contar, las potencias emergentes entre las que destaca la China, luchan por abrirse paso. Buscan la manera de satisfacer su creciente demanda de esas materias. Algunas son tan estratégicas como el coltan, la casiterita o el estaño, de las cuales hay precisamente en el Kivu Norte importantísimos yacimientos. El verdadero problema está en que el joven presidente Kabila tuvo el atrevimiento de firmar hace ya un tiempo unos acuerdos con China por valor de 9.000 millones de dólares. Unos acuerdos mucho más favorables para su pueblo que los abusivos de los que gozan desde hace años aquellos gobiernos y lobbies que actualmente mantienen el control de esa región. Control logrado en las anteriores invasiones, ejecutadas por Ruanda y Uganda. Frente a esa pretensión, la reacción está siendo brutal. Hay que poner a Kabila de rodillas. Estas son las verdaderas claves que se nos ocultan o se ignoran.
Elites domesticadas, masas desinformadas
En la etapa que precedió y siguió al histórico e inolvidable encuentro de los tres megalómanos de las Azores, una cosa me impresionaba sobremanera: la incapacidad de toda una elite estadounidense para el más mínimo distanciamiento crítico respecto a la versión oficial, fabricada artificialmente e impuesta masivamente a la gran masa social de ese país. La incapacidad para el más elemental ejercicio de crítica por parte de tantos políticos y diplomáticos experimentados, de la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación, de tantos analistas de primera línea, de tantos supuestos expertos, fue verdaderamente escandalosa.
Consensos sobre doctrinas impresentables
La enorme presión social y emocional, las censuras desde el vértice del poder político o empresarial, la autocensura cotidiana y otros muchos factores semejantes fueron capaces de producir lo que en principio parece impensable y un poco “paranoide”: el consenso prácticamente general sobre una tesis basada en un manojo de mentiras burdas e impresentables. Desde mi punto de vista, que llevo elaborando desde hace ya tres lustros con una dedicación prácticamente en exclusiva a este conflicto, creo que eso mismo es lo que está sucediendo ahora respecto a esa vasta región africana. Aunque ahora los manipulados por una implacable y eficaz propaganda ya no son sólo los estadounidenses sino también todos nosotros, los europeos.
Pinochet y Videla, “niños del coro”
Esta gran farsa, con la que la que nuestro mundo está siendo confundido y desmovilizado, es posible gracias a algunos factores que diferencian este conflicto del de Irak. El más significativo de ellos, para no extenderme en otros muchos, es el hecho de que la coalición internacional que lidera los EEUU no ha tenido ni tiene necesidad de intervenir con fuerzas militares propias en un enfrentamiento directo, como sí sucede en Irak. Sus gendarmes en África Central, primero los ugandeses liderados por Yoweri Museveni y ahora sobre todo los tutsis ruandeses de Paul Kagame, han hecho la tarea sucia. En particular la actuación de Kagame ha sido y sigue siendo tan bárbara, tan excesiva, tan criminal, que respecto a él los dictadores latinoamericanos como Pinochet o Videla parecen, como un buen analista ha dicho, “niños del coro”.
Genocidios inexistentes o tribales, pero siempre ajenos
Pero estos grandes crímenes del Frente Patriótico Ruandés, que controla Paul Kagame, han podido ser ocultados durante años por las fuertes y constantes presiones ejercidas desde Washington. Los informes oficiales, que dejan en evidencia sus crímenes, siguen embargados en la onU, el Gersony y el Hourigan en especial. A la vez que los crímenes realizados por los extremistas hutu en los llamados “cien días”, desde el 7 de abril al 17 de julio de 1994, han sido depurados de todas sus implicaciones políticas e internacionales y presentados como un genocidio tribal sin ninguna relación con “aquellos que cuentan” y sus continuas maniobras, unas veces desestabilizadoras y otras de apoyo al poder establecido. Así que esta “salvaje” tragedia africana, a diferencia de la de Irak, no tienen nada que ver con nosotros los ciudadanos de la civilización, de la cultura y del progreso.
Juan Carrero Saralegui es Presidente del Forum Internacional para la Verdad y la Justicia en el África de los Grandes Lagos
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