Sobre la crisis política boliviana no es difícil encontrar opiniones, las hay de todo tipo y color. Lo que ya es más complicado es encontrar lecturas de la misma que pongan a l@s bolivian@s en el centro de la cuestión, no como sujetos que “reciben” política, sino como protagonistas activos de lo que allí sucede. Esa premisa, una vez aceptada, evita juicios desenfocados y comparaciones que sólo se pueden ensamblar desde un esforzado universalismo eurocéntrico.
La crisis del estado boliviano es una fractura en una formación política inestable, sustentada sobre el racismo y la dependencia exterior. Racismo porque la construcción nacional boliviana descansa en una clasificación social y cultural hecha desde la matriz blanca, europea y masculina de poder, según la cual lo indígena (y lo femenino) es representado como atrasado. La racialización produce una jerarquía social heredera de la colonización, el colonialismo interno.
Dependencia porque la colonia, una vez formalmente independiente, sigue ocupando en el mercado mundial una posición de satélite caracterizada por la expropiación de sus excedentes hacia los países centrales de la economía-mundo, y por el gobierno informal que estos poderes ejercen sobre la vida política boliviana.
Comenzando con la “Guerra del agua” en Cochabamba en el año 2000, y extendiéndose en levantamientos, insurrecciones, bloqueos y movilizaciones por espacio de cinco años, se desarrolla en Bolivia un potente ciclo de luchas contra la mercantilización de los bienes comunes que hace imposible en el país el mando neoliberal. Sin duda lo más novedoso de ese período es que en él se consolida la emergencia de las multitudes indígenas a la cabeza de un bloque social más amplio: el bloque indígena-popular, que tumbó tres gobiernos e hizo patente la irreversibilidad de la crisis del viejo estado elitista, liberal y colonial.
No obstante, la salida política no se dio en clave insurreccional sino electoral. El Movimiento Al Socialismo de Evo Morales triunfó en las elecciones en Diciembre de 2005 con un resultado histórico, proponiéndose como el intermediario de los movimientos sociales en la toma del poder político. Así su programa estaba fundamentalmente constituido por la agenda de reivindicaciones fraguadas por las organizaciones sindicales y las comunidades indígenas: nacionalización de los hidrocarburos, reforma agraria y reorganización territorial del estado en un sentido de reconocimiento de las autonomías indígenas y de descolonización. Todo ello precisaba para su articulación de un nuevo marco constitucional adaptado a la nueva hegemonía indígena-popular. Por eso la apertura del proceso constituyente en Agosto del 2006 condensa todos los conflictos en la sociedad boliviana, y los escenifica en las posiciones adoptadas dentro y fuera de la Asamblea Constituyente. Los movimientos acuden a reforzar y profundizar el proceso, unos plenamente identificados con el gobierno, y otros desde una postura de respaldo crítico frente a la vía institucional-liberal. La derecha, aunque aún maltrecha por el naufragio de la política elitista y clientelar, acudió a sabotear el proceso o a forzar su cierre en falso como mera reforma administrativa. 
 
Bloqueo político, derecha secesionista y perspectivas del referéndum.
Ante la crisis general de las élites tradicionales y sus agencias políticas, identificadas con la corrupción y las políticas antipopulares, la derechaquedó desplazada de los nuevos consensos que, aunque frágiles, reordenaban ya el panorama político boliviano. En esas condiciones, la oligarquía latifundista y financiera de la región de Santa Cruz, históricamente favorecida por el estado central como polo de desarrollo agroexportador, capitanea un proceso “autonomista” con una verdadera capacidad de movilización de masas. Desde un discurso abiertamente racista, las élites cruceñas se posicionan como modernas y desarrolladas, frente a la miseria y el desorden que supondrían las multitudes, mucho peores cuanto más indias. La reivindicación de mayor autonomía regional es entonces un cortafuegos que permita a la oligarquía frenar las transformaciones sociales más avanzadas (nacionalización de los hidrocarburos, reforma del latifundio, reconocimiento de las lenguas indígenas, etc) sin tener por ello que disputarle al bloque indígena-popular su hegemonía a escala nacional. Significativamente, las principales competencias autoatribuídas por los Estatutos de Autonomía son las fiscales y de propiedad.
El bloqueo político entre las élites orientales y el gobierno central y los movimientos, es la confrontación propia del “punto de bifurcación” en que se encuentra el estado boliviano. Habida cuenta de la escasa capacidad coercitiva de la maquinaria estatal, y de las propias credenciales del actual gobierno, el MAS optó por la vía electoral para forzar una salida a la situación: los referendos revocatorios del día 10 de Agosto someterán los cargos de ocho de los nueve prefectos departamentales, así como los del Presidente y Vicepresidente de la República, al voto popular. Aquellos que reciban un voto negativo superior al que les dio el poder, tendrán que marcharse.
Las perspectivas para el duelo del día 10 de Agosto son inciertas, pero el resultado general más plausible es una confirmación a grandes rasgos de la situación actual.
Evo Morales y Álvaro García Linera, presidente y vicepresidente, fueron elegidos con un histórico 54% del voto popular en unas elecciones con abstención casi inexistente. Es francamente difícil que la derecha consiga concentrar un porcentaje y número total de votos similar a aquel. Desde esa posición Evo reta a la oligarquía atrincherada en las regiones: el liderazgo del MAS es más que contestado en algunas regiones, pero no existe alternativa a medio plazo en la escala nacional.
En el nivel regional, lo más probable es que la derecha revalide los mandatos de los cuatro prefectos de la “media luna” oriental, con más holgura en Santa Cruz y el Beni que en el amazónico Pando o en Tarija. Los departamentos mineros y aymaras de Oruro y Potosí, por otra parte, permanecerán sin duda en manos del Movimiento Al Socialismo. Las prefecturas claves de los departamentos de La Paz y Cochabamba, actualmente en manos de la derecha, bien podrían inclinarse hacia el MAS –especialmente el primero- reflejando así la fuerza política de las organizaciones sindicales y vecinales en ambos
Si estas previsiones se confirmaran, la derecha gobernaría cinco departamentos y mucho más territorio, mientras la izquierda indígena cuatro en el mejor de los casos, pero más población. La oligarquía controlaría la primera ciudad en Producto Interior Bruto, y la izquierda las dos siguientes.
Así las cosas, el Gobierno parece haber optado por arrastrar a la oligarquía regionalizada a un enfrentamiento electoral que salve la institucionalidad alejando el fantasma de una intervención extranjera que alegase el “enfrentamiento civil” interno. Resituando el conflicto en la escala nacional Evo pretende remarcar lo evidente: que la derecha criollo-mestiza no tiene proyecto nacional alguno; la efectiva oposición y sabotaje de las élites contra la frágil hegemonía del bloque indígena-popular no debe confundirse con una capacidad de sustituirlo.
Pretende el gobierno de Evo Morales despejar en esta contienda electoral el camino constituyente hacia una transformación política de Bolivia inspirada y conducida por las clases subalternas.
Sin embargo, si es verdad que la sociedad boliviana está en un punto de bifurcación histórica, el durísimo enfrentamiento de clases que se vive no es coyuntural, ni se resolverá por referéndum. La oligarquía no cederá en su estrategia de bloqueo y hostigamiento al proceso constituyente abierto en el país, por muchas elecciones que pierda, ni será sencillo enfrentar su enroque en una suerte de desconexión regional para preservar sus inversiones y privilegios. Además, el propio proceso constituyente no se cerrará con ningún acto jurídico. Podrán cerrarse etapas concretas, pero hay una irrupción política histórica de más larga traza, que será muy difícil clausurar: la de l@s nadie, dispuestos a ser una nueva Bolivia, soberana, justa y para tod@s.
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#3
Zárate Willca|29-07-2008 11:26
Los ricos tienen miedo al referendum, y por eso quieren frenarlo.
Se acabó la bolivia sometida, se acabó la américa obediente al norte.
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#4.- miedo?
C. Amanda|04-08-2008 05:58
Si hay miedo de perder...es por parte del MAS...si no para que tanto gasto "inutil" de propaganda? Si la tienen tan segura, porque tenemos que incrementar la deuda con Venezuela!? los petrodolares NO son gratis... vas a pisar mas coca Zarate Willca??..o no vamos a poder resarcir la deuda con el MICO-mandante...nuestro nuevo manda MAS. Bolivia sometida...al Chavez!
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#5
trenchtown|04-08-2008 10:35
Niños ricos y blancos bolivianos ladran en sus ordenadores lo que ya no pueden en la calle: ladran por sus privilegios,ladran porque ahora gobiernan las mayorías, que ya no bajan la cabeza ante los señoritos.
Eso es señal de que los pueblos latinoamericanos van por buen camino.
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