Sacerdotes aprendiendo a disparar durante la Guerra Civil
El nombramiento de los ministros ha puesto de nuevo sobre la mesa el continuo debate de la aconfesionalidad del Estado. Está claro que si en un nombramiento oficial seguimos manteniendo un crucifijo y una Biblia, las imágenes que salgan en los medios de comunicación no diferirán mucho de aquellos NO-DO, donde demócratas (de toda la vida) juraban cargos casi vitalicios.
Por ello, y ya que estamos metidos en el meollo hay que revisar esos acuerdos que someten a un teórico estado aconfesional a seguir comiendo la mierda de una única religión: la católica. ¿Qué ocurriría si uno de los ministros fuera judío o musulmán?
Si es que ya que vamos a por la confesionalidad del Estado, hagámoslo bien. En cada nombramiento deberá haber los símbolos de cada religión: qrán, torá, biblia, crucifijo, etc, etc, etc. Si no los hay, siempre podremos quejarnos.
En Madrid, al gobierno autonómico, comandado por la todopoderosa lideresa, se le ha ocurrido incluir a la Iglesia en los Comités éticos, cuando la respuesta de un cura ante cuestiones como el aborto, se puede resumir con una grabadora y un cassette. Una decisión que vuelve a poner en la mesa lo mismo de siempre ¿qué pinta la religión en estos fregados? Está claro, nada; aunque algunos se empeñen en negarlo.
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