Desde la escuela se pretende obtener un alumno cien por cien controlado, sumiso, gris, resignado, pasivo y adaptado al Sistema, con predominio tiránico de lo intelectual, del que importan poco sus conflictos emocionales, sus relaciones sociales inter-grupo o la educación armónica de su sensibilidad.
Se pretende conseguir seres humanos capaces de reprimir con su voluntad, aliada al miedo, y rendida al autoritarismo,toda posible emoción que exprese públicamente su genuina individualidad o su frustración, y pueda interferir en el diseño de la programación pensada para ellos, sin que contraríe a sus programadores... Esta es una excelente preparación-base para ser luego un adulto sumiso y conformado, aceptable para un sistema de producción sin alma; preparación que empieza en el seno de muchas familias y sigue luego en las aulas.
Naturalmente, el tipo de alumno de mente y emociones controladas “a la carta” no existe ni en las mejores películas, y manifiesta cada vez más con sus conductas de enfrentamiento, pasividad o huída,los conflictos que lleva en su interior, que no puede menos que evidenciar el conflictivo mundo en que viven, produciéndose así una respuesta de descontento de sus educadores o de las autoridades académicas correspondientes, que, sumado al del propio alumno al verse ahora juzgado y presionado para hacer casi siempre lo que no desea, (lo que no desea muchas veces, con toda razón, por antinatural), puede desembocar en toda una gama de respuestas en contra.
La disciplina escolar es una excelente preparación-base emocional negativa para incorporarse a la Sociedad Mundial de la Confrontación al cumplir los años.
En el  marco descrito  tenemos cada vez más conductas antisociales de los jóvenes (cada vez más dependientes económicamente de sus familias) y adultos emancipados; conductas que pueden alterar profundamente la convivencia en el seno familiar y luego revierten en la vida social y laboral cotidianas. Conductas que en circunstancias concretas llevan al mundo de las drogas, a la apatía social, a la predelincuencia o, abiertamente, a la delincuencia. Se podrían considerar estos como síntomas-testigo de rechazo hacia un mundo configurado erróneamente, donde no tienen cabida las propuestas minoritarias de cambio que evidencian los jóvenes más conscientes. Me refiero a los que se manifiestan, por ejemplo, a favor del protocolo de Kyoto y exigen cambios globales en otras “cumbres” planetarias paralelas alternativas, o a los que militan en onG que incomodan, como Green Peace, Amnistía Internacional, o las diferentes asociaciones de defensa de la vida animal  o que  se muestran a favor del  vegetarianismo o directamente contra los valores del capitalismo.
Es importante señalar que es a partir de la edad en que los alumnos empiezan el tramo de secundaria obligatoria, (pero cada vez antes, pues la infancia se acorta estremecedoramente, debido a este tipo de sociedad) cuando todos los problemas acumulados se agudizan, y hace eclosión lo que andaba soterrado en tantos casos, manifestándose en graves problemas de convivencia dentro de los centros escolares. Y si no es ahí, será más tarde, fuera de los muros de la escuela.
Por su parte, las familias de esos mismos alumnos luchan por salir adelante y alcanzar unas cuotas de bienestar que cada unas e propone en función de sus posibilidades (habiendo asociado falsamente“bienestar” con “comodidad y posesiones”,más que como satisfacción de necesidades objetivas), aunque el precio que hace pagar la sociedad capitalista por las necesidades que crea es siempre desproporcionado y genera estréss , pobreza y frustación en las familias.
A falta de estudios para averiguar qué sucede realmente en el interior de los hogares para que haya un grado de infelicidad y frustración semejantes, (como atestiguan el número de separaciones matrimoniales y divorcios y los casos inacabables de violencia doméstica machista y asesinatos a mujeres), se puede decir casi en términos matemáticos lo siguiente:
1) Elevado número de horas de trabajo= elevado número de horas ausentes los padresdel hogar =elevado número de familia sen cuyo seno reina la desarmonía y el conflicto a diferentes niveles= elevado número de alumnos conflictivos.
2) Elevado número de familias con problemas económicos, sociales o en situación de paro = elevado número de familias que se desinteresan del trabajo escolar de sus hijos y suelen prestar poca atención a sus necesidades educativas. Piensan que hay que priorizar la subsistencia.
En consecuencia, los hijos se desinteresan también de sus tareas escolares al ver que no tienen mayor importancia para sus padres y buscan también sus propias prioridades. Muchos de ellos están solos en casa la mayor parte del día en edades muy tempranas, con todos los riesgos que eso supone.
Existe un altísimo número de familias inmigrantes, con muchísimos problemas legales de todo tipo, que tienen escolarizados a sus hijos legalmente, sin embargo, para mayor contradicción.Enmedio de toda clase de incertidumbres psicológicas, pocos ingresos, paro, inseguridad laboral, desarraigo social, problemas de vivienda, desconocimiento del idioma en tantos casos, y desintegración cultural, se espera que los hijos de estas familias altamente cargadas con tantos conflictos y problemas inminentes por resolver urgentemente sean tan perfectos que puedan sortear con éxito las dificultades que supone aprender en otro país con tantas diferenciasde valores culturales de todo tipo, modelos sociales de conducta, valores espirituales, educativos, de estilos de aprendizaje, de expectativas ante los estudios... Unas pruebas bien duras que deben superar, sin embargo,si desean integrarse en la sociedad de acogida. Una sociedad de acogida que no es precisamente un modelo de perfección en nada y tampoco en su sistema educativo, y de ahí la necesidad de cambiarlo con urgencia, pues los males de la situación presente se agravarán cada vez más a medida que aumente la inmigración y se acelere la crisis económica y de valores de comportamiento colectivo.
Por otra parte los sectores más pobres y marginales en general, ( que en España suponen entre los 8 y los 10 millones) son un preocupante número rojo que afecta a 1 de cada cuatro habitantes, sin contar los inmigrantes “inexistentes”, los jóvenes que no logran un empleo, los parados de larga duración que han agotado sus posibilidades de ayuda social, los titulados universitarios en paro forzoso, y los mayores de cuarenta años, en especial las mujeres que buscan trabajo, o las separadas y/ o maltratadas que se quedan de pronto en la calle. Todos ellos, junto a los inmigrantes no asentados, constituyen hoy por hoy las franjas de población “de riesgo” donde mayor esfuerzo imaginativo es preciso para solucionar sus problemas básicos y para motivar, en su caso, el aprendizaje de sus hijos y acordar pautas educativasy de apoyo económico y social adecuadas para todos.
Lamayoría de las gentes en todas partes ha sido condicionada por la cultura dominante del querer tener y casi todo el mundodesea vivir como los ricos.
La gran mayoría, inmigrantes o no, ricos y pobres, desean sin embargo, tener más, siempre más; andan insatisfechos y, muchos llenos de envidia y deseos de posesión de todo tipo de bienes materiales. Esto produce  desinterés por cuestiones intelectuales, sociales   y espirituales, muchas veces desesperación, y siempre poco aprecio por una cultura o un conocimiento que no produzca beneficios materiales. Todo ello se transmite a los hijos consciente o inconscientemente a través de la palabra y del modelo de conducta que observan en sus mayores y en el conjunto de la sociedad. Esta atmósfera es especialmente dañina para los escolares, pero está presente inevitablemente en muchos hogares. Después de todo, la cultura del tener es el modelo social visible y aceptado por antonomasia. Podría sorprenderse el lector del bajísimo número de libros que se encuentra en las estanterías de las familias. La última encuesta que conoce este autor daba el tremendo resultado de un 2 % de hogares en España con 200 libros o más. Descontados los sectores profesionales relacionados con la cultura, el dato resulta escalofriante y revela el verdadero alcance de la educación que se ha impartido a generaciones enteras. Esto, en una sociedad que pretende profundizar en su democracia, no es un dato halagüeño.
Por lo que atañe a la educación de los hijos, las familias en general adoptan ante la institución educativa las mismas pautas que  como   ciudadanos ante los políticos: dejan en sus manos pasiva o resignadamente según el caso,la dirección de sus vidas, y así   hacen a la escuela, simultáneamente, responsable única de la educaciónde su prole. Pero la escuela ni tiene la exclusiva ni la obligación primera, ni puede educar si no existe un consenso con las familias.
La educación empieza en los hogares y debe ser compartida con la institución escolar en aspectos muy concretos de validez universal. Las familias tienen que ser parte activa y organizada en torno a ciertas pautas de actuación de acuerdo con los profesores de sus hijos.
Tan perjudicial sería que la escuela viviera sometida a la presión de cada familia, como que impusiera arbitrariamente a sus alumnos, y en desacuerdo con sus padres, modelos educacionales del tipo que fuese.Y esto es lo que pasa.
Igualmente resulta perjudicial en extremo que el Estado o alguna Iglesia oficial interponga sus propias necesidades en este punto como se viene haciendo, pues los resultados históricos son ya bien conocidos. No hay más que echar la vista sobre el mal aprovechado siglo XX para comprobar el enorme desastre mundial en materia de educación  por la   intromisión conjunta  estatal y eclesiástica.
De lo que se trata ahora es de que existan, en cada comunidad escolar, acuerdos sobre educación, acuerdos concretos que se estimen convenientes para coordinar la actuación de todos: padres profesores y alumnos; acuerdos que contemplen objetivos globales de los distintos grupos de alumnos partiendo de sus necesidades concretas. Es muy importante la participación real de los alumnos, y que se tomen en consideración sus propuestas, y no sobre el papel como hasta ahora; y hay que empezar desde la familia y desde el aula a potenciar eso, a valorar el hecho de que todos participen en asuntos que les afectan y que exigen cambios. Hay que motivar, ilusionar, escuchar, comprometerse con los más jóvenes y ofrecerles salidas donde puedan manifestar su potencial creativo. Hay que tomárselos en serio.
Poco a poco vamos conociendo, aquí y allá situaciones y respuestas conflictivas de los estudiantes y escolares. Es una llamada de atencuión grave. que revela que no se puede ir ya más tiempo de espaldas a sus necesidades básicas como personas y estudiantes. Y estamos llegando al límite en lo que respectaa su silencio y a no contarcon ellos a la hora de hacer planes de estudios.
Los estudiantes están decepcionados por no encontrar en sus programas de aprendizaje el agua que calma su sed, por no haber hallado en sus profesores a verdaderos maestros que sepan guiarles con amor en las dificultades. Andan cansados los estudiantes de su indefensión ante tanto profesor caprichoso,egocéntrico e incompetente en cuestiones de pedagogía o psicología, y de no hallar en sus padres la claridad, la estabilidad y el apoyo precisos en los momentos difíciles por falta de tiempo o de preparación ante los nuevos retos. Eso origina en los pequeños y jóvenes muy a menudo una baja autoestima, frustración, desorientación, apatía y otras manifestaciones de rechazo (violencia incluida) que tienen consecuencias en la convivencia diaria, y conducen hacia posturas fanáticas.
Los padres culpan al profesorado de las deficiencias de sus hijos; los profesores, a los padres y a los estudiantes, mientras estos últimos no entienden qué tienen que hacer con todos esos problemas que les superan. Esto les lleva a la pérdida de confianza en ambos, y, por extensión, en la sociedad. Y sin esa confianza no existe educación posible, ni respeto, ni disciplina real... El Sistema educativo, siempre bajo consignas políticas, impone entonces medidas autoritarias correctoras sin resultado,  pues se obstina con insólita tozudez en que tiene que funcionar así para garantizar su propia continuidad.
 
Hoy, sin embargo, la escuela no puede ser más lo que siempre fue: vivero de los Estados para formar ciudadanos a su medida. Este siglo que acaba de empezar va poniendo ya a la vista de todos nosotros el fracaso histórico de la humanidad a causa de tanta desigualdad social, tanta injusticia, tanta violencia, tanta ignorancia REAL, tanta corrupción, tanto odio, tanto deseo de poder, tanta insolidaridad, y tan poco amor. La Tierra da testimonio, con todas sus convulsiones de enferma, de la educación real de los hombres, de sus infinitas maneras de contaminar y matar cualquier forma de vida que se le antoje, si eso produce beneficios egoístas. Toda esta barbarie revela con fuerza también el fracaso escolar mundial, el fracaso global de la auténtica cultura,- la cultura de la cooperación-, y el triunfo provisional de la cultura de la fragmentación, la desigualdad y la confrontación general. Tamaña situación debería ser abordada para el cambio con enormes dosis de entusiasmo, de imaginación, de colaboración y sobre todo, de amor. Esto tiene que dar un vuelco. Pero hoy. No mañana...Mañana puede ser demasiado tarde.
Después de casi cuarenta años de profesión dedicada al mundo de la enseñanza, el autor de estas páginas alberga la convicción de que la insistencia sobre los temas que se mencionan aquí nunca es suficiente debido al mundo que hemos creado por no tenerlos en cuenta durante siglos, y pensando siempre en los más pequeños y en los jóvenes como los verdaderos beneficiarios que han de ser luego elementos de transformación futura.Porque El futuro, no nos engañemos, es el presente.
Muchos padres suelen querer para los hijos lo que ellos no tuvieron y se esfuerzan por conseguir.Pues bien: nunca tuvieron una escuela digna, nunca recibieron una educación emocional decente, nunca fueron felices aprendiendo, nunca supieron casi nada sobre sí mismos, siempre fueron manipulados por unos u otros poderes.En definitiva, nunca llegaron a comprender el valor de la vida  ni de su vida como un acto de cooperación universal, desde la más pequeña estrella hasta la más pequeña célula, desde la individualidad libre a la cooperación en libertad en un tipo de sociedad por construir.
Tal vez ha llegado la hora de empezar a vivenciar el aprendizaje, la educación y la conducta no como mundos separados y en frecuente conflicto, como hasta hoy, sino como mundos perfectamente ensamblados y armónicos donde se manifieste la plenitud del Ser en cada uno.
En el fondo del corazón humano pervive la semilla del progreso, el cambio, la justicia y la evolución, que han sido intencionadamente desviadas por los poderes negativos que manejan los grupos sociles del Poder  en este Planeta en todo los ámbitos,y han conducido a la humanidad actual hacia un callejón sin salida.
Estamos asistiendo al crepúsculo de una civilización sin porvenir que hace, sin embargo, como todos los monstruos suelen hacer en su agonía: dar coletazos de muerte, y cosechar el caos y la destrucción que sembraron.Mírese, si no, lo que pasa cada día en todas partes.
Por eso es tan urgente dar un vuelco a la educación de nuestros hijos.
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