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El escritor Harold Pinter falleció la nochebuena del 2008
Fuertes voces por la paz nos han dejado en 2008, gente que utilizó su arte para el cambio social, y que a menudo debió pagar un alto costo personal.
Kaos. Cultura | Recopilación | 3-1-2009 a las 18:11 | 835 lecturas
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Harol Pinter
Las voces de la resistencia siguen cantando
 
Fuertes voces por la paz nos han dejado en 2008, gente que utilizó su arte para el cambio social, y que a menudo debió pagar un alto costo personal.
 
por Amy Goodman (*)
 
Odetta fue una legendaria cantante de folk del movimiento de derechos civiles. Considerada la “Reina de la Música Folk Estadounidense”, dio a conocer la música folk, el blues y el gospel afro-estadounidenses a las audiencias de todo el mundo.

Su cumpleaños era el día de fin de año. Este año hubiera cumplido 78. Cuando se le preguntó a Rosa Parks qué canciones tenían mayor significado para ella, respondió “Todas las canciones que canta Odetta”.

Odetta cantó “Oh, Libertad”, una canción espiritual afro-estadounidense de los esclavos, en la Marcha de Washington en 1963. En sus comienzos, suscitó el interés de Harry Belafonte y Pete Seeger. Su voz, su talento con la guitarra y el estilo natural en el que llevaba su cabello - que luego se denominaría estilo “afro”- la hacen un ícono del movimiento de los derechos civiles. Dijo en una entrevista en 2003:

“Cuando recién comencé, cantaba estas canciones de prisión. Llegó un momento en que hacer música me curaba. Era música de quienes estuvieron antes que yo. La música les dio fuerza, y la música nos dio la fuerza para continuar”.

Inspiró a Bernice Johnson Reagon, miembro fundadora de los Cantantes de la Libertad del Comité de Coordinación Estudiantil de la No Violencia (SNCC, por sus siglas en inglés). Había sido suspendida de la universidad en Albany, Georgia, por haber participado en protestas por los derechos civiles, luego fue a la Universidad Spelman, donde el historiador Howard Zinn y su esposa, Roz, la llevaron a conciertos de música folk de Joan Baez y Odetta.

Reagon recuerda la primera vez que escuchó a Odetta: “En Georgia, donde crecí en el campo, las carreteras eran construidas por prisioneros encadenados. Conocía el sonido, porque los hombres cantaban mientras trabajaban. Pero nunca pensé que lo escucharía en el escenario de un concierto. Cuando cantó canciones de prisión o canciones de trabajo, era justo lo que necesitaba para comenzar mi vida como luchadora por la libertad y como Cantante de la Libertad”.

Más tarde Reagon fundó el grupo a capella de mujeres Sweet Honey in the Rock.

Otra gran cantante de la liberación que perdimos este año fue Miriam Makeba de Sudáfrica, conocida como “Mama Afrika”. Cantó en contra del apartheid, luego pasó décadas en el exilio. Belafonte también la ayudó a lograr reconocimiento.

En 1968, se casó con el líder del SNCC, que luego se convirtió en Pantera Negra, Stokely Carmichael, por lo que estuvo en la lista negra de Estados Unidos hasta la década del 80.

Inmediatamente después de su muerte, le pregunté al Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu acerca de Makeba. El arzobispo sudafricano sonrió: “Su canto, su voz, ayudó a muchas personas a conocer un poco más sobre el despiadado sistema de apartheid. Fue un estupendo ser humano, una gran pérdida para nosotros y para África”.

La cantante y actriz Eartha Kitt también fue incluida en la lista negra en 1968. Kitt murió a los 81 años esta Navidad. En 1968, fue invitada a un almuerzo de celebridades en la Casa Blanca por Lady Bird Johnson, quién le preguntó a Kitt sobre la pobreza urbana. Kitt respondió: “Ustedes envían a lo mejor de este país a morir o a quedar lisiados. Se rebelan en las calles. No quieren ir a la escuela porque van a ser arrebatados de sus madres para morir en Vietnam”. Dicen que la primera dama rompió en llanto. Durante los años siguientes, Kitt actuó solamente en el exterior y fue investigada por el FBI y la CIA.

Las voces de estas mujeres, que surgieron en el Sur Profundo y en Sudáfrica, cantaban tanto desde las salas de concierto como desde las manifestaciones. Otra voz que acabamos de perder cantaba desde la letra escrita. Harold Pinter murió en Noche Buena en Londres. A pesar de que estaba muy enfermo para viajar a Estocolmo para recibir su Premio Nobel de Literatura en 2005, envío un mensaje filmado: “A la mayoría de los políticos no les interesa la verdad, sino el poder. Para mantener ese poder es esencial que la gente permanezca en la ignorancia. Lo que nos rodea entonces es una vasta red de mentiras”. Pinter se refería a la política de Estados Unidos de Guantánamo a Irak.

Mientras estos íconos descansan, sus voces continúan inspirando a millones. Barack Obama pronto tomará las riendas de la nación más poderosa de la Tierra, con promesas de cambio. Pero ahora se necesitarán las acciones de esos millones, que tengan en cuenta estos ecos del pasado y los transformen en sus propias voces, para lograr un cambio real.


(*) Amy Goodman es presentadora de Democracy Now! un noticiero diario de una hora que se emite por radio y televisión en más de 550 emisoras en inglés y 200 emisoras en español.
- Denis Moynihan colaboró como investigador para esta columna.
- Texto En Inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.

Harold Pinter: Un rebelde con muchas causas
 
Manuel P. García

El escritor que falleció el miércoles de noche buena a los 78 años es autor de obras como La fiesta de cumpleaños, traducida en México por Carlos Fuentes, El regreso a casa o El guardián nocturno.

Harold Pinter por recomendación de su médico, en 2005,  no estuvo presente en Estocolmo para la entrega del Nobel que le fuera otorgado, mas ello no fue impedimento para que exigiera en su discurso un juicio por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional en La Haya contra el presidente Bush, y el primer ministro británico Tony Blair. Dijo el dramaturgo británico: La invasión a Irak fue un acto de bandidos, un acto de terrorismo de Estado abierto, que demostró el desprecio absoluto por el principio del derecho internacional.

Grabado por Pinter poco antes de ingresar al hospital, el discurso refleja la estatura política e intelectual del dramaturgo, considerado como el máximo exponente del arte dramático inglés de la segunda mitad del siglo XX y, en particular, una voz rebelde, un activista político muy crítico, en especial con los gobiernos de Londres y Washington.

El escritor que falleció el miércoles de noche buena a los 78 años es autor de obras como La fiesta de cumpleaños, traducida en México por Carlos Fuentes, El regreso a casa o El guardián nocturno, entre las más de 30 que conforman su bibliografía, Harold Pinter también fue poeta, actor y guionista, pero por encima de todo ha sido el eje del teatro británico con un inequívoco estilo hecho de pausas, modismos y juegos de palabras en un intento de clarificar las personalidades de los protagonistas de sus obras. Pinter siempre estuvo convencido de que el silencio podía expresar incluso más violencia que la palabra más dura y la Academia Sueca, al concederle el máximo galardón literario reconoció que en sus obras descubre el precipicio que hay detrás de los balbuceos cotidianos y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión..

Hijo de un sastre judío, Harold Pinter había nacido el 10 de octubre de 1930 en Hackney, barrio por excelencia de la clase obrera londinense. De joven publicó poesía, y comenzó a trabajar como actor bajo el seudónimo de David Baron. Su primera obra, La habitación (1957) fue representada por primera vez en la Universidad de Bristol por los estudiantes de la misma.

La fiesta de cumpleaños (1958) fue inicialmente un fracaso, a pesar de la crítica positiva del prestigioso Harold Bobson en The Sunday Times, pero tan sólo dos años después el autor alcanzaría ya la notoriedad con El cuidador.

Las mencionadas obras, y otros de sus trabajos tempranos como El amante en 1962 o El regreso a casa (1964), han sido muchas veces etiquetados como "teatro del absurdo". En ellas se parte usualmente de una situación aparentemente inocente, situación absurda y amenazante debido a la conducta peculiar de algún personaje que resulta incomprensible para el público, y en ocasiones para el resto de los personajes. La obra de Pinter muestra una marcada influencia de los primeros trabajos de Samuel Beckett, con quien mantuvo una larga amistad.

Pinter empezó a dirigir con más frecuencia durante los setenta, convirtiéndose en el director asociado de Royal National Theatre en 1973. Sus obras tardías tienden a ser más cortas, y los temas más políticos, utilizando muchas veces alegorías de la represión. Fue alrededor de 1970 cuando Pinter comenzó a manifestarse más claramente en el aspecto político, adoptando una postura netamente de izquierdas. El dramaturgo se esfuerza continuamente por atraer la atención pública sobre las violaciones de los derechos humanos y la represión, publicándose de manera habitual sus escritos en The Guardian y The Independent.

Es de comentar que en 1985 Harold Pinter viajó a Turquía con Arthur Miller. Allí conoció a muchas víctimas de la represión política y así, en la función realizada en honor a Miller en la embajada estadounidense, en lugar de intercambiar las habituales cortesías, Pinter mencionó a personas que habían recibido descargas eléctricas en sus genitales, declaraciones que hicieron que lo echaran. (Miller, abandonó la embajada con él). La experiencia de Pinter en la represión turca y la supresión del idioma kurdo inspiraron la obra de 1988 Mountain Language.

En 1999 se convirtió en un apasionado crítico de los bombardeos a Kosovo autorizados por la OTAN como así también manifestó en forma permanente su oposición a las  invasiones de Afganistán en 2001 y de Irak en 2003.

En 2005, anunció que se retiraba del teatro para dedicarse a la acción política.

Nos deja pues, un multifacético personaje, controvertido, pero coherente, autor de una obra dramática profunda, a veces virulenta y obsesiva, que hizo escuela y modificó los parámetros de la puesta en escena. Fue un pragmático que en ocasiones se permitió jugar con lo trivial y lo absurdo, desmontando las contradicciones que subyacen en las relaciones humanas e indagando en la naturaleza del poder y los peligros del fascismo cotidiano. Un rebelde con muchas causas.
 
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