Es cada vez más evidente que confrontamos un gran desafio. Estamos en una encrucijada global, lo que implica no sólo un colapso del sistema económico (de robo y saqueo) que nos ha guiado, sino el enterarnos de que estamos alcanzando límites que nos hemos empeñado en ignorar -límites en los recursos de alimentos, energía, agua fresca. Persistimos en agotar y contaminar nuestro medio ambiente, nuestro hogar y nido. Continuamos vaciando los oceános, agotando los suelos, llevando especies a la extinción, contaminando el planeta, su agua y su aire. Pero no nos mostramos aún comprometidos seriamente a un cambio radical, por el contrario,  invertimos energias en enterrar la cabeza en la arena. Mencionar estos desafíos provoca una de dos reacciones: unos cuestionan nuestro “pesimismo” y nos recomiendan pensar “positivamente”; otros aunque de acuerdo nos dicen que es incambiable, por lo que mejor ni preocuparse. Aceptar las cosas como están, sin embargo, no es opción. Ayudar a entenderlas, aceptar responsabilidad en cambiarlas es el único camino hacia un futuro sostenible.
Naturalmente, preferimos ponernos lentes rosados y evitar ver, pues es más fácil pretender que enfrentar la tarea que parece imposible. Queda en el fondo la secreta esperanza de que alguien, de alguna manera,  en alguna parte, transformará la preocupante realidad. Pero construir un mundo sostenible requiere primero que nada que entendamos los desafíos a enfrentar. Los medios de información tienen obligación de hablar verdad, dejar de promover falsas esperanzas y mentiras mediáticas de que el consumo volverá triunfante para salvarnos. El consumo debe detenerse, si detiene el consumo la crisis no es sino una bendición. La velocidad a la que se mueven las cosas, acrecienta los desafíos que enfrentamos porque limita el tiempo que tenemos para definir y para implementar alternativas sostenibles.  Puede que importe poco si vemos el vaso del porvernir medio lleno, y vemos a esta como una  oportunidad de crear formas de vivir balanceados, o medio vacío y este dejar de consumir ya no es opcional sino mandatorio. El mundo que se avecina, nos guste o no, deberá de funcionar con mucho menos.   
¿Seremos más  capaces que las bacterias?
Las bacterias en una placa Petri, igual que nosotros, se reproducen en forma exponencial hasta que alcanzan el máximo sostenible de su medio ambiente. Se produce entonces una meseta, seguida de la caída en el número de sobreviviente. Se canibalizan las unas a las otras a medida que el medio se empobrece y así terminan. Es una lección fundamental: todo medio cerrado es finito. Nuestro planeta, aunque grande no es infinito, tiene límites. Es fundamental, entonces, que comencemos a pensar en formas de manejar el crecimiento, evitar consumir los recursos hasta agotarlos y por evitar contaminar nuestro medio ambiente (que debe sostener la vida) o podemos terminar como las bacterias, canibalizándonos los unos a otros.
Reconozco que he questionado el sistema económico vigente por explotativo y criminal. Aunque este haya sido, muy benignamente denominado “nuestro estilo de vida” no creo que lo sea, es más bien nuestro estilo de “muerte”. De más joven confiaba que encontraríamos formas más humanizadas, balanceadas, e igualitarias, de vivir, y no pierdo las esperanzas ni los deseos en favor de una realidad alternativa. Pero ni mis deseos por un mundo más justo, ni mis esperanzas de que llegará, son tan convincentes como los resultados que hoy enfrentamos. Muchos han comenzado a entender el potencial de muerte que el llamado “capitalismo” acarrea. En cuanto más pronto entendamos esto, pienso, mejores chances de futuro hemos de tener. La famosa física hindú, Vandana Shiva ha planteado estos desafíos más claro que nadie y habla de la necesidad de proteger y sostener la Red de la Vida (www.ecoworld.com/government/vandana-shiva-in-her-own-words.html).
Sabiendo donde estamos...
Chris Martenson, en su “Crash Course” habla de los desafíos que enfrentamos con respecto a la crisis económica y cuestiona algunos de los principios que se asumen como fundacionales dentro de nuestro “estilo de vida.” Martenson habla de economía, energía y medio ambiente como fundamentales y explica elementos que debemos entender para entender nuestra situacion en el mundo hoy.  Martenson, por ejemplo, desafía el mito de que el crecimiento es bueno y de que equivale a prosperidad, argumenta que crecimiento y prosperidad no son equivalentes sino que compiten por un mismo excedente, el superavit. Podemos invertir nuestro superavit en crecimiento, dice, y crecer o podemos invertirlo en prosperidad, y construir un futuro mejor. El crecimiento no es de por si una cosa buena, aunque se nos hace creer que si lo es. Supermercados más grandes, mayor consumo, casas más grandes, más autos, más grandes porciones de comida y más de todo, incluso más gente (vistos al fin como un mayor mercado de consumidores). Por tiempo hemos tratado muy mal a quienes deciden tener un sólo hijo o hija, o no tener ninguno, los hemos vistos como frios, indiferentes y hasta como egoistas. Pero en realidad deberíamos de agradecerles esa elección pues con ella han contribuido a disminuir la presión demográfica que el planeta experimenta, dándonos un poco más de tiempo para resolver los desafíos que enfrentamos. Nuestro planeta puede sostener un número finito de habitantes, y por muy grande que ese número sea estamos camino a alcanzarlo a paso veloz.
El concepto de crecimiento exponencial, explica Martenson, común a muchas funciones biológicas, desde el crecimiento de bacterias en una placa Petri hasta el nuestro en la Tierra, es poco entendido. El crecimiento exponencial identifica el crecimiento porcentual pequeño pero a un ritmo constante, que alcanza en un momento dado in nivel numérico relevante y desde entonces se produce una aceleración, que no se debe a que el ritmo de crecimiento aumente sino a que el tamaño alcanzado tiene implicaciones importantes. En el caso de la población mundial, la aceleración tiene mucho que ver con el medio ambiente, vivimos en un sistema finito. En un sistema abierto infinito no  identificaríamos aceleración. En un sistema finito como el nuestro la aceleración significa que tomó casi 700 años en alcanzar mil millones de habitantes (1804), tomó 100 en alcanzar los dos mil millones (1927), poco más de 30 años en alcanzar los 3 mil millones (1960),  alcanzó los 4 mil millones en 1974, los 5 mil millones en 1987, los 6 mil millones el 2000 y alcanzará los 7 mil millones para el 2010. Una vez que doblamos la esquina de los mil millones de habitantes en nuestro sistema finito que se llama Tierra, el tiempo que tenemos para lidear con grandes montos de cambio se achica crecientemente.
Probablemente aprendimos esto en biología, en la secundaria, pero raramente reflexionamos sobre el efecto de las funciones exponenciales y la aceleración sobre nuestras vidas. Iris, que conocí de casualidad este pasado fin de semana en una emergencia de hospital en Halifax, me alertó casualmente sobre la velocidad que han tomado las cosas en nuestras vidas. Es un sentimiento compartido, que con los años se nos hace más evidente y no sólo porque nos enlentecemos sino porque nos transformamos en testigos históricos del monto de cambios y adivinamos la aceleración general, traducida en mayores niveles de actividad y trabajo, velocidad en el transporte, la comunicación y la vida diaria. O no sabemos como o no podemos desaceler, refleccionar, prestar atención a detalles importantes. 
Otro concepto importante que Martenson explica bien es el de “capitalización”: la acción realmente comienza una vez doblada la esquina y llegada la aceleración porque tenemos entonces tiempo muy limitado para ver y actuar por lo que, explica, “No hay mucho espacio para maniobrar,” estamos en la vertical de la gráfica. Para entender mejor este punto Martenson recomienda un artículo del Dr. Albert Bartlett (www.chrismartenson.com/dr_albert_bartlett) en el que este plantea un ejemplo muy clarificador sobre este punto, el limitado tiempo para reaccionar y actuar correctamente llegado el período crítico. El curso de Martenson aparece en español en: http://www.chrismartenson.com/blog/el-crash-course-en-espanol/24286.
Para Bartlett la importancia de la función exponencial es grande, la mas grave limitación de los seres humanos explica, “es su limitación en entender la función exponencial.”   Pero no es que entenderla sea tan dificil, más bien la hemos ignorado, en parte porque hemos confiado demasiado en la ciencia y la tecnología. Richard Lamm, en su capitulo del libro “The virtues of ignorance: complexity, sustainability and the limits of knowledge” argumenta esto.
Formas de vivir
Atendiendo a Martenson entendemos que estamos comprometidos con una forma de vivir insostenible, que require fé ciega en crecer (población, mercado, consumo) aún cuando hemos llegado a límites de recursos, energías, y sostenibilidad. La energía como límite es interesante porque es evidente que hemos llegado al punto en que sólo será más costosa y dificultosa de obtener, y de que tenemos pocas alternativas energéticas saludables desarrolladas y estas también implican que vivamos de otra manera.
Al tiempo que todo apunta a la necesidad de vivir y pensar de otra manera, se continúa favoreciendo ideologías suicidad, se sigue promoviendo el crecimiento y se invierte todo superavit allí donde no se soluciona nada. Martenson identifica cuatro posiciones en cuanto a lo que nos está sucediendo hoy: están quienes (a) ven la situación en conexión a ciclos económicos y esperan la vuelta a la normalidad, que es consumir igual que antes. Están quienes (b) ven la situación como una prolongada recesión, quizás incluso una depresión, y pueden plantear soluciones como las que se adoptaron en 1930.  Estan quienes (c) ven la situación como posible colapso financiero, lo que  es más serio. Y están quienes (d) creen en la posibilidad de un posible colapso del gobierno de los EEUU. Sin importar demasiado donde uno esté, explica que vale la pena considerar que es lo que podemos hacer para protegernos. Plantéa un formato para actuar que incluye la auto-determinación de la situación personal, posibles alternativas, y formula estrategias que priorizan la acción. Es un ejercicio que contribuye a desarrollar mayor entendimiento de la situación, y posibles opciones. Es un ejercicio individualista, incluso aunque Martenson plantéa repetidamente que los desafíos a enfrentar nos trascienden como individuos. Martenson no puede ver, debido a su propia formación individualista, formas que transciendan las acciones individuales como la acción política colectiva organizada. 
Lo mas importante de su presentación es el argumento de que el paradigma económico dominante, de crecimiento constante, es insostenible. Lo hace insostenible no sólo su dependencia en petróleo y gas, recursos en agotamiento e irremplazables (ni energía nuclear que el uranio es muy limitado,  ni solar ni eólea) sino también que habitamos un medio ambiente finito. Estamos experimentando el estrés bio-sistémico: hemos agotado suelos, océanos y otras especies. Se suma a esto lo evidenciado por la crisis financiera de hoy: que muestra que el paradigma dominante es insostenible desde ese punto también: la deuda total de los EEUU, de 48 billones, significa que cada persona en ese país debe U$S 183.000 o más de U$S 700.000 por residencia. Y la deuda pesa sobre el “futuro del trabajo humano” pues tales níveles de endeudamiento asumen un crecimiento del Producto Interno Bruto (PBI) de los EEUU aunque es obvio que esto es imposible -porque incluso los números del PIB de hoy son dudosos e inflados. La inevitable conclusión de Martenson es el fin de este paradigma. Nos adaptaremos a un mundo de menos y lo haremos, explica, voluntariamente o nos golpearemos contra el muro y no tendremos otra que adaptarnos. Los próximos 20 años van a ser muy diferentes de los pasados 20 años. Podemos ver esto como una transformación fascinante o sufrir el fin de la sociedad de consumo pero eso no cambiará mucho que enfrentamos una nueva realidad.
Otras formas...
Jorge Beinstein, el conocido economista argentino, años atrás notó que el consumo de los EEUU estába desconectado de su realidad económica: “los americanos consumen, importan y acumulan deuda como nunca antes, animados por un gobierno que imprime cerca de un billón y medio de dólares cada año.”   El resto del mundo, particularmente Asia, toma esos dólares y los cambia por bonos del tesoro de los EEUU, lideando así con la deuda fiscal americana. No se trata de caridad, dice Beinstein, mantienen vivo al mayor mercado del mundo para sus productos. China y Japón venden la mayoría de sus productos en los EEUU. Y los europeos invierten en los EEUU enormes montos de su capital excedente. Las finanzas se vuelven más importantes para la economía mundial porque pagan mejor, aunque sean más arriesgadas que otras inversiones: se llama financiarización. Beinstein habla de megacriis: deficits financieros globales que en un 70% pertenecen a los EEUU, declive del dólar continuo aun cuando no emerge substituto para él, crisis de energía marcada , creciente brecha entre pobres y ricos en todas partes, crecientes gastos militares de guerra como estrategia para controlar los recursos de energía,  desintegración social -que en EEUU se ve a través del número de personas encarceladas, con ese país en la cima con 25% del total de la población carcelaria del mundo. Son todas malas noticias para Washington, que intenta continuar a la cabeza del imperio. Las malas nuevas financieras, energéticas y militares se juntan, la injección masiva de liquidez a través de una gigantesca paga de fianza a las instituciones financieras no disipa los rumores de colapso. Beinstein ve un colapso lento pero inevitable, y espera que el formato de mundo que emerga sea más igualitario pero sabe que puede ser también más opresivo, jerárquico, explotativo e inhumano. Al fin el formato final dependerá de todos nosotros, si acaso entendemos el desafío que enfrentamos y lo enfrentamos para crear un mundo mejor. En su canción R.E.M. lo ha dicho: “Es el fin del mundo que conocemos...”
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