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Entrevista al genio Fernando Fernán-Gómez
Molestarme, creo que lo que más me molesta es la utilización del lenguaje y sus matices para llevar al lector al terreno en que mejor se defiendan los intereses del capital propietario del periódico. Aunque comprendo que en un sistema capitalista esa es la forma coherente de proceder.
O.L. Belategui/aportado por Pepe Resina | Ideal Digital | 23-12-2006 a las 14:38 | 3934 lecturas | 1 comentario
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Fernando Fernán-Gómez, actor y director: «Me arrepiento de no haber sabido expresar mi cariño a la gente que he querido»
A sus 85 años, el protagonista de 'Mía Sarah' admite que «sin trabajar» se encuentra «muy bien»
O. L. BELATEGUI/MADRID   
 
   
José Luis Cuerda le adjudicó por algo el papel de Dios en 'Así en el cielo como en la Tierra'. Fernando Fernán-Gómez siempre ha estado ahí: el cura de 'Balarrasa', el españolito superviviente de 'El inquilino' Historia de un cine español que sigue echando mano del pelirrojo de la voz de trueno, en los últimos tiempos acomodado en papeles de patriarcas otoñales lúcidos y descreídos, cascarrabias de buen corazón.

'Mía Sarah', debú en el largometraje de Gustavo Sánchez Ron, no es una excepción y luce al actor como un entrañable abuelo. A sus 85 años, Fernán-Gómez está demasiado enfermo para participar en tareas promocionales. Sólo accede a contestar por escrito un cuestionario desde su casa en la sierra de Guadarrama, con respuestas escuetas pero contundentes que transcribe su compañera Emma Cohen.

-En 'Mía Sarah' instruye sobre el arte de la seducción. ¿Un actor es un seductor por naturaleza? ¿Se puede enseñar a amar?

-No estoy muy seguro, pero me parece que el actor, cualquier actor, no es seductor por naturaleza. Lo que sí le conviene es ser 'múltiple por naturaleza'. En cuanto a la segunda pregunta de su primera pregunta, los sacerdotes de la religión cristiana creen que sí; yo tengo mis dudas.

-A su personaje no le inspiran mucha confianza los psicólogos. ¿Cómo ha combatido usted sus neurosis?

-No estoy de acuerdo con mi personaje. Y si yo he tenido neurosis, he procurado ignorarlas.

-¿Se siente bien rodeado de actores jóvenes, como los de 'Mía Sarah'? ¿Aprende algo de ellos?

-A la primera pregunta: sí. A la segunda: no.
-Hace poco se sentaba en 'la silla' de David Trueba y Luis Alegre. Sus directores afirman que retratan a un hombre «libertario y sincero». ¿Se reconoce en esos adjetivos?

-Como una realidad, así, a rajatabla, no estoy muy seguro. Pero me gusta que me consideren así.

-En ese documental recuerda que cuando cayó la primera bomba sobre Madrid se dio cuenta de que no era el aventurero que pretendía ser. ¿Ha echado de menos más aventura en su vida?

-No. El supuesto afán de aventuras fue sólo un deseo de infancia.

-¿Hoy es posible vivir la bohemia como ustedes lo hicieron? ¿Se ha mitificado el Café Gijón y las noches de parranda por Madrid?

-Aquello no era bohemia; o por lo menos a mí no me lo parecía. Y supongo que a los demás clientes del café tampoco.

-También comenta en ese filme que ha buscado mujeres que le destruyeran, pero sólo las ha encontrado bondadosas.

-Lo de buscar mujeres que me destruyeran me parece recordar que era sólo en teoría, y lo de encontrarlas bondadosas, ¿qué quiere usted que le diga?: ha sido una suerte.

-¿Qué admira en una mujer?

-En primerísimo lugar, la belleza.

-Siempre lamenta no vivir su vejez rodeado de lujos. ¿No será que, en el fondo, no sabe estar sin trabajar?

-Sin trabajar me encuentro muy bien; me atrevería a decir que mejor que trabajando. Eso no lo relaciono con el lujo. El lujo que echo de menos es el lujo suntuario, el que disfrutan los verdaderos ricos.

-¿Sólo los problemas de salud le apartarán de la profesión?

-El apartarme de la profesión o seguir en ella no depende solamente de mí. Estas profesiones son muy inseguras, ya lo sabe usted. No se sabe nunca cuando van a dejar de necesitarle a uno. O si van a necesitarle cuando uno está deseando descansar.

-Este lunes se anuncian las candidaturas a los Goya. ¿Sigue pensando que es una fórmula injusta de premiar el cine español?

-No recuerdo haber pensado eso Ni sé muy bien lo que quiere decir. Pero, en fin, no, ahora no lo pienso.

-La última vez que le entrevisté me dijo que las películas españolas que veía no eran de izquierdas. ¿Confía en el cine como motor de cambios sociales?

-No. Para que el cine influyera en los cambios sociales antes debería haber algunos grandes cambios sociales.

-¿Qué le indigna más cuando abre los diarios: los desmanes urbanísticos o la crispación entre los políticos?

- Crisparme, no recuerdo que me crispe nada. Molestarme, creo que lo que más me molesta es la utilización del lenguaje y sus matices para llevar al lector al terreno en que mejor se defiendan los intereses del capital propietario del periódico. Aunque comprendo que en un sistema capitalista esa es la forma coherente de proceder.

-¿España le duele?

-Ése es un sentimiento muy alto, al cual yo no alcanzo.

-Revisitar la Historia está en boca de todos. ¿Qué piensa cuando ve en los diarios estos días esquelas de la Guerra Civil?

-Sin necesidad de ver esas esquelas, para las personas de mi edad la Guerra Civil española es uno de nuestros peores recuerdos, si no el peor.

-¿Hablar con alegría de «las dos Españas» en el siglo XXI no es un acto de inconsciencia absoluto?

-No estoy seguro de que lo sea. No lo he pensado. Me pilla usted desprevenido.

-¿Ha sido usted el número uno en su profesión?

-Me gustó mucho la respuesta de un torero, no recuerdo cual, cuando le hicieron esta misma pregunta: respondió 'yo no tengo número'. Me gustaría que se me hubiera ocurrido a mí.

-¿Cómo quiere ser recordado? ¿Qué satisface a estas alturas su vanidad?

-Pues, poco más o menos, eso mismo que está usted diciendo. Me gustaría ser recordado. Hoy por hoy me parece que con que se me recordase estaría satisfecha mi vanidad.

-¿Cómo puede ser un día perfecto, una jornada cualquiera, en la vida de Fernando Fernán-Gómez?

-Sin trabajos obligados, con la lectura de un buen libro, la visita de algunos amigos

-¿De qué se arrepiente?

-Eso va en días De tantas cosas Pero, en fin, digamos que de no haber sabido expresar a veces mi cariño a las personas que he querido y quiero.
http://www.ideal.es/granada/prensa/20061215/vivir/fernando-fernan-gomez-actor_20061215.html
 
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[18-2-2005] | 3333 lecturas | 2 comentarios

Comentarios (1)

Excelente artículo de Fernán-Gómez en el diario ABC sobre los

Pepe Resina|23-12-2006 14:44

La retrohistoria
POR FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
29-10-2005

| LA TERCERA DE ABC |

... Al partir de la investigación retrohistórica del presente español hallan que tiene su «causa» en nuestra guerra civil, y que ésta no se inició en la fecha que hasta ahora todos los historiadores daban por válida, julio de 1936, sino que tuvo su «causa», y no solamente su «causa» sino también su inicio, en la

revolución obrera de Asturias de 1934...

SEGÚN una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

Aquí, en España, entre un grupo de exigentes, escrupulosos, historiadores ya ha prendido esta tendencia retrohistoricista. Al partir de la investigación retrohistórica del presente español hallan que tiene su causa en nuestra guerra civil, y que ésta no se inició en la fecha que hasta ahora todos los historiadores daban por válida, julio de 1936, sino que tuvo su causa, y no solamente su causa sino también su inicio, en la revolución obrera de Asturias de 1934. Como es sabido, para sofocar el brote revolucionario se trajeron apresuradamente de Marruecos fuerzas de la Legión que operaron según las directrices marcadas por el general Franco. Para los historiadores adictos a la retrohistoria había estallado la guerra civil sin esperar al 18 de julio de 1936.

Aquel fue el acontecimiento. ¿Cuál fue la causa del acontecimiento?

Ahora, sumergidos ya en plena retrohistoria, los retrohistoriadores de esta tendencia retrohistoricista deben cuanto antes poner manos a la obra de investigar cuál fue la causa -o cuáles fueron las causas- de aquella revolución obrera de 1934, pues si investigan con la aplicación y la honradez obligadas en su magisterio, hallarán en esa causa o causas el origen no sólo de la guerra civil sino de todos los hechos históricos que, para bien o para mal, han acontecido después.

Siempre que mis divagaciones son de esta índole me viene el recuerdo de una tarde en el Café Gijón, hace muchos años, en aquella tertulia de la Juventud Creadora que presidía el poeta José García Nieto. Fue una de las pocas tardes en que asistió un sacerdote, cuyo nombre no hace al caso, muy relacionado con la gente de letras. En respuesta a una pregunta, un tanto impertinente, que le hizo uno de los tertulios, respondió:

- Sí, es verdad que la Iglesia se pone siempre del lado de los ricos; pero lo hace para procurar su salvación.

- ¿Y los pobres? -insistió el otro.

- Los pobres se salvan solos.

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