1 de mayo: cuatro millones a la cárcel
por Manuel F. TrilloDe este día me quedan muchos recuerdos, como a todos los trabajadores, pero de todos ellos hay algunos que son más intensos. En 1965, en la carretera de Les Pieces en Sama de Langreo, alguien –algunos- escribió en la carretera un texto que yo pude leer, pero que no entendí. La caligrafía era muy bella, la pintura blanca, y allí estaba escrito algo sobre el derecho que tienen todos los trabajadores a no ser explotados. El otro recuerdo corresponde a un hombre insigne muerto en la pobreza – José Afonso- con su “maio, maduro maio”: “Maio maduro Maio Quem te pintou , Quem te quebrou o encanto, Nunca te amou… Qu'importa a fúria do mar Que a voz não te esmoreça Vamos lutar  Numa rua comprida ”.
Hoy, en 2009, los jóvenes desconocen por qué el 1º de Mayo es fiesta para todos. No es cuestión de explicar qué es lo que se conmemora, sino de reflexionar sobre un día que fue perseguido, ocultado, menospreciado, difamado. Hoy este día se ha incluido en el santoral de los sindicatos obedientes, pues basta con observar lo que dicen las castas de liberados sindicalistas, para saber que nada te protegerá como trabajador, que tendrás un abogado si has pagado la cuota sindical, pero que nada harán para descabalgar al sistema capitalista. En los escritos de Karl Marx sobre el sindicalismo, les otorga un papel de benevolencia, de “tranquilidad”, de pequeña racionalidad para conseguir reformas mínimas, pero jamás, jamás, los sindicatos tienen un papel revolucionario, transformador, radical. Viven los sindicatos dentro del sistema capitalista, se nutren de sus propias contradicciones, y se marean entre la ideología -el modo de pensar el mundo- y la práctica oportunista. Jamás un sindicato les dirá a los trabajadores que arranquen sus derechos usando la misma violencia que usan quienes les arrebatan sus derechos y de quienes se quedan con su plusvalía.
El 1 de Mayo es la fecha en que son ahorcados los dirigentes de las huelgas de Chicago. ¿Cuántos de los dirigentes sindicales que tan ufanos salen a la calle en este día estarían dispuestos – ya no a ser ahorcado, pues hoy día no se estila- sino a ser apresados porque vinieren a defender radicalmente los derechos de los trabajadores?. ¿Cuántos de los que se dicen comunistas y revolucionarios están dispuestos a voltear el sistema desde sus cimientos a las torres en que se reúnen los consejos de administración de la gran banca -la gran banda de usureros- y de las grandes empresas que en tiempos de crisis aún siguen obteniendo beneficios?. No hay comunistas, aquí nos movemos en el magma socialdemócrata, donde todo es posible aunque esté mal el panorama, pero donde aún podemos vivir con coche y piso, o con la pensión del viejo que ha sido prejubilado ya hace un decenio.
Cuatro millones de trabajadores están en paro –sospecho que son más, pero me quedo en los cuatro que afirma los voceros del bloque dominante - y en el último año se han sumado un millón que pensaban que mearían brillantina laboral y que no se verían en esta situación de inútil, de tullido laboral, de pringui ante su familia y sus amigos, de pobre necio ante sus hijos a quienes no sabe explicar por qué hoy no tiene trabajo. Cuatro millones y todos están conformes, pues el inconformista, el rebelde, el que no soporta tanta indignidad sobre su persona busca el modo de superar tal situación, y he de decir que a ese sólo le queda la cárcel. ¿Qué ocurriría si de los cuatro millones solamente 100.000 tuvieran los arrestos suficientes para levantarse contra el sistema?. Otros 200.000 se sumarían, las cárceles estarían llenas de obreros rebeldes porque querrían dar comida a sus hijos; los supermercados están llenos, y tropas bien formadas de trabajadores saquearían las estanterías donde hay bienes de primera necesidad; volcarían el sistema. No habría Estado que soportara que medio millón de trabajadores estuvieran presos por llevarse alimentos de primera necesidad, por ocupar las casas de las que han sido desahuciados; por quemar los coches que les incautan por morosos.
No hay trabajadores como los hombres que fueron ahorcados en Chicago, y ellos sólo pedían una jornada laboral de ocho horas, pero lo hicieron con tanta radicalidad que el sistema, el bloque dominante no pudo menos que dar un escarmiento a todos los demás ahorcando en la plaza pública a sus dirigentes. Hoy, los dirigentes de los trabajadores comen ostras y se codean con el poder político y económico, aunque hay que reconocer que de vez en cuando parece que están muy cabreados y sueltan algunas frases reconfortantes para sus afilados y el resto de la clase trabajadora, que está rezando mientras tanto avemarías para que no sean ellos los siguientes en la cola del paro.
De momento, a la cárcel en este Estado español sólo van los acusados de ser “el corazón y las entrañas” de ETA, aunque no hayan cometido un delito en su vida; ellos sí van a la cárcel para muchos años, sin embargo los trabajadores que dicen ser revolucionarios se arrugan cuando ven aparecer el uniforme de la Guardia Civil, y por eso prefieren vivir un sin vivir indigno, a ser sujetos de transformación en estos tiempos en que ya no queda más que levantarse contra lo que te humilla.
Todos juntos a la cárcel, los cuatro millones, ¿qué haría el sistema?, ¿te lo imaginas?
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