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Elecciones 20N: ¿La voz de la abstención?
Han ganado, están aquí, es su momento. La gaviota sobrevuela el estado español sumido en la penumbra de una recesión que parece no tocar fondo.
Juan José Colomer Grau | Tiempos de Nadie | 28-11-2011 a las 14:27 | 493 lecturas | 1 comentario
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Han ganado, están aquí, es su momento. La gaviota sobrevuela el estado español sumido en la penumbra de una recesión que parece no tocar fondo. La gaviota que nació del águila roja y gualda, la de los irreductibles, los fieles, los que tienen coches deportivos como ejercicio del derecho a la desigualdad, toman el bastón de mando. Con apenas quinientos mil votos de más con respecto a la legislatura anterior, ha engordado sus escaños debido al desplome del puño y la rosa. No entraremos en esa espiral de recriminaciones que apelan al voto útil y a la irresponsabilidad de ser uno de los cuatro millones que prefirió votar a partidos sin posibilidades de victoria o abstenerse, dejando en bandeja el gobierno a las derechas. El hecho es incuestionable, les toca como hace seis meses estaban llamados a que les tocara.

No obstante, no se puede dejar de sentir cierto desasosiego cuando intuimos que solo se ha seguido un patrón predefinido, y que pese a la efervescencia de la campaña electoral, los mítines, los carteles, los debates, los aplausos y la agitación de banderas, las cartas ya estaban descubiertas. Puede que los fuegos artificiales nos hicieran creer en la incertidumbre del voto y puede que si hacemos memoria y apelamos a históricos errores de los sondeos, tendríamos el consuelo de que las cosas pudieran haber sido de otro modo. Pero los votos hablan por sí mismos y el reparto de escaños más. Iban a ganar. Han ganado. Ahora van a gobernar sin trabas ni exigencias de nacionalismos que una vez les hicieron hablar catalán en la intimidad.

Algunos llaman a esto alternancia electoral, según la cual, a gobiernos de puño y rosa le sucederían gobiernos gaviota a los que después les sucedería de nuevo gobiernos de puño y rosa. Alternancia que para algunos es síntoma de madurez democrática. No obstante, no podemos dejar de doblar la inicial sensación de desasosiego cuando advertimos que a los hechos probados del puño y la rosa en materia de recortes no van a sucederle formulas diferentes, sino más bien una profundización de las mismas, lo cual nos hace pensar de nuevo en un patrón predefinido, el cual, además, lleva inserto el postulado de que con la continuidad (e incluso radicalización) de dichas reformas tarde o temprano se saldrá de la crisis.

Si hablamos de sensación de desasosiego es debido a que al mencionar patrones predefinidos no podemos sino relacionarlos con falta de libertad. Sin embargo, chocamos con el hecho de que a nadie se le ha puesto una pistola en la cabeza para que dé su voto a la gaviota o en su defecto (atendiendo al patrón económico) al puño y la rosa, lo cual pondría en cuestión la tesis del patrón definido y nos devolvería a la ilusión de las elecciones libres. Ante esta disyuntiva nos es necesario acudir a la abstención, ya sea en la forma directa del voto en blanco o en la indirecta de la no participación. Ahora bien, a efectos del reparto de escaños la abstención no cuenta y la queja no vale en la medida en que sabiendo esto tampoco se le has puesto una pistola en la cabeza para que se abstengan. Y esto significa ante todo, que la gaviota se carga de legitimidad para el ejercicio del gobierno como antes se cargaron los del puño y la rosa y puedan decir que “los españoles han elegido” o que “el pueblo ha hablado”.

Pero si recurrimos a la abstención no es para ningunearla, que es lo que hacen de hecho. Antes al contrario, la abstención es un indicador de desafectos hacia eso que hemos venido en llamar patrón predefinido, ya fuera en su forma de alternancia de partidos ya como asunción incondicional del libre mercado. La desafección puede traducirse al menos en dos vertientes: la del desafecto que recibe todo con mansedumbre borreguil y que opta por ir a la playa; o el que hace de la abstención un acto de protesta y en donde saca a relucir el carácter de estafa que tienen los procesos electorales en los que no cabe otra posibilidad que redundar en una alternancia regida por la ortodoxia neoliberal.

No obstante, nos topamos con la ausencia de indicadores que pudieran darnos porcentajes sobre qué tipo de abstencionista predomina. Esta ausencia de indicadores se debe, en un primer momento, al carácter no diferenciado de la abstención frente a la diferenciación que supone el acto de votar a gaviotas o puños y rosas, por ejemplo. Podríamos decir que la abstención carece de color, de ahí que se la asocie con el blanco. Ahora bien, el carecer de color no significa que se carezca de voz, y es en la voz en donde encontraríamos el indicador que nos daría al primer tipo de absentista como aquel que calla, que no dice nada y precisamente por no decir nada otorga. En cambio, la denuncia exige un decir con la voz alta, un decir de oposición que no otorga nada, sino todo lo contrario. Pero ocurre que la voz parece secuestrada por la única validez del voto, por decirlo de alguna manera, coloreado; de modo que los de la gaviota y todos los medios informativos oficialistas se someten a la voz del pueblo sin que se les sonroje la cara, devotos de las mayorías aplastantes.

Este monopolio de la voz no es sino una de las razones que refuerzan la idea de un patrón definido: Tenían que gobernar y van a gobernar, o como decíamos al principio del artículo, ha llegado su momento. Asimismo, el monopolio de la voz reduce toda la abstención a un callarse, a un no definirse que delega toda responsabilidad en aquellos que han tomado color. En este sentido, y tomado al pie de la letra, parece que nos quieran decir que acabado el proceso electoral se clausuran asimismo las razones de la agitación social o cualquier razón que ponga en duda al nuevo gobierno.

Pero poseer el monopolio de la voz no excluye la existencia de otras voces, sino que produce impedimentos en el hacerse escuchar, de tal modo que podríamos pensar que la voz del abstencionista es una voz impedida. Ahora bien, ¿este impedimento se circunscribe tan solo al interior de la urna o por el contrario es extensible a otros espacios? Para resolver esta pregunta cabe recurrir al lugar en donde las voces toman base en el hacerse escuchar. Este lugar no es sino la calle, las plazas, en definitiva el espacio público. Y es aquí en donde sería interesante situar la voz del abstencionista que denuncia la farsa, de tal modo que solo sería en la calle en donde adquiere cuerpo el indicador que nos permite diferenciar a un abstencionista de otro. Así pues, es en la calle en donde la abstención pasaría de ser una cantidad indiferente a una cantidad calificada que pondría en cuestión la legitimidad de los gobiernos avalados por mayorías absolutas basadas en el impedimento de las voces discordantes.

Juan José Colomer Grau

http://tiemposdenadie.wordpress.com/

 
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Comentarios (1)

#1.- ABSTENCIÓN=¿ ABORREGAMIENTO?

nelo setrill|28-11-2011 20:50

Personalmente no estoy de acuerdo con la abstención: hay que utilizar el parlamento de altavoz; ahora bien, respeto a todos aquellos q realizan una abstención activa y luchan día a día en todos los ámbitos, me parece una actitud muy consecuente aunque no la comparta.

Si el número de gente abstencionista lo fuera por ideología o por táctica de lucha política, estaríamos al borde de una revuelta social, porque el porcentage es bastante elevado. Por eso creo q la inmensa mayoría d la gente q se abstiene (por desgracia) tiene un nivel de conciencia política muy por debajo incluso d aquellos q votan al PPSOE, q por lo menos hacen de "hooligans" (estilo futbol:Barça contra Madrid) de sus respectivos partidos.

  "El analfabeto político" (el peor de los analfabetos según Brecht) es el ciudadano medio del Estado Español.

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