“No me pongo yo (así), es el sentido común el que se pone, el uomo qualunque, el hombre y mujer de a pie, del vehículo y de la calle, el corriente y currante. Y más que nadie el pensante, un Homo que también habita en cada uno de nosotros, además del Homo stupidus stupidus” [el que se rebela y chirría contra ese dios justiciero, predicado y enseñado, capaz de despedirse con un: ¡Vete maldito! al tiempo que señala la puerta].
Don Gonzalo Puente Ojea no es un vehemente enemigo de la Iglesia y de la religión, pero sí un contradictor, un adversario de toda alineación religiosa, en especial de la institucionalización de esa alineación en forma de iglesias, sectas o asociaciones. Más que ateo es agnóstico. La obra de don Gonzalo se dirige contra esa obediencia ciega, perinde ac cadaver, contra esa obediencia del entendimiento, contra ese suicidio racional expresado en el célebre credo non quod sed quia absurdum est –creo, no lo que, sino porque es absurdo-, su combate es un combate contra la alineación del ser humano, en pro de la humanización de los fines. La ciencia convierte en ociosa a la fe, y las fantasías de la religión desvían al ser humano de los métodos de conocimiento. Don Gonzalo es alguien empeñado en comunicar mediante sus numerosos libros a los demás algunas conclusiones de su personal búsqueda de la verdad. Y lo tiene claro: el fundamento de la dignidad moral es, para todo ser humano, el reconocimiento y plena asunción de su finitud, de su naturaleza mortal. Actualmente retirado, (jubilado) de la carrera diplomática, nos ofrece en un addendum en su libro “Elogio del ateísmo. Los espejos de una ilusión”, como él dice, algunos apuntes para un itinerario intelectual, que sirvan de soporte de algunas reflexiones sobre ciertas experiencias personales.
Don Manuel Olasagasti Gaztelumendi de Lezo (Gipuzkoa), nacido en el 24 como don Gonzalo, nos ha legado un “libro, folleto, opúsculo, libelo, panfleto, o lo que estime el lector/a”, titulado Otras noticias de Dios, una “especie de recetario de bien vivir y morir”. Manuel es un hombre crítico pero receptivo ante un Dios silente. Es un creyente tenue pero radical, que desde su atalaya de los ochenta y con ayuda de sus traducidos vuelve al Estado de la cuestión de Dios, libro suyo publicado en el 76. Y vuelve “con mi atormentada duda de si el motivo supremo de la conducta humana, más a la altura del hombre y de Dios, no tendrá que ser el buen gusto, el obrar bien porque sí, sin esperar recompensa por el mérito. Recrearse en la obra bien hecha como Dios, que se recrea en crear continuamente”. Otras noticias de Dios viene a ser como el libro Mil nuevas noticias insólitas del también gipuzkoano Iñaki Egaña, “las historias que nos sacan de la rutina, las que nos hacen olvidar precisamente que el mundo está mal construido y que humanos somos y, por tanto, nos movemos en otras coordenadas como las culturales, históricas e, incluso, pasionales”. Olasagasti se rebela en todas las hojas de su libro contra ese Dios justiciero, temido, de infierno y castigo, envidioso del hombre, tan predicado a lo largo de los siglos, acartonado y desfigurado en dogmas y biblismo. “Además de la no justificación por las obras (buenas) hay que proclamar la no condenación por las obras (malas)... Los pasajes del nuevo testamento, que hablan de castigo y condena de Dios, no deberían llamarse relatos sagrados sino apuntes o fragmentos de comedias bárbaras, pertenecientes a épocas salvajes en religión”. Diríamos abiertamente, que Manuel Olasagasti en absoluto es un comercial del dios de las religiones al uso y sí, en cambio, un adorador de un Dios desnudo, cual cordero asado de amor, entresacado y fabricado a lo largo de su vida, un Dios hecho a retazos por un uomo qualunque convencido firmemente de la presencia ausente de Dios cual música al alba o brisilla de atardecer. “Es invisible, está ausente; pero se presiente”. El hombre no acaba de creerse que Dios le quiere. Su inconsciente está ocupado por el mysterium tremendum, que le han presentado interesadamente los poderes religiosos y civiles. Y Olasagasti quiere vaciar ese inconsciente contaminado. “El humano puede soñar que la nieve arde, pero también que Dios le quiere de modo pleno y sin condiciones. Y hasta puede llegarlo a pensarlo en serio”. Como él. Lo que falta a la humanidad, lo que está por llegarle al homo religiosus es el cambio radical de mentalidad, la conversión, la metanoia: atreverse a pensar, capacitarse para creer en la bondad de Dios. “Dios está por aligerarle al hombre de obligaciones desde el principio… El hombre se va cargando de obligaciones al vivir en sociedad. A medida que conoce al Dios verdadero tiende a aliviarse de las obligaciones”.
“El hombre se fabricó un dios malo. Cuandoquiera es hora de deshacer el entuerto y devolverle a Dios la bondad robada”. Manuel Olasagasti, de la mano de la ciencia y la razón y echando mano del método crítico-histórico aplicado a la Biblia, despoja de adherencias al Dios de la historia, lo desnuda y acerca, le despoja de esa careta de terror y mueca, le humaniza y piropea con ojos de amante, le redondea y hermosea. Si no se enojara, diría que es un Dios más vendible que el impresentable de Rouco o Ratzinger, pero ¿de dónde sabe que el hombre se fabricó un dios malo y no más bien un dios? ¿De qué fuente brota su firmeza? ¿Y las citas bíblicas, a las que acude, son de Jesús, querer de dios, de Lucas o de algún Manuel de su tiempo?
Un libro interesante y muy útil para creyentes angustiados: Morir es perderse en Dios. En la otra orilla se encuentra salvado en Dios.“El hombre, al morir, queda sumido en la materia y transfigurado en Dios; perdido y salvado en la materia, que es madre tierra; perdido y salvado en Dios, que es amor. Manuel Olasagasti, un autor que hace pensar y merece leerse.
Mikel Arizaleta, 17 827 048
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